Un rescate vintage de prensa del corazón ante el posible retorno de la dinastía Pahlevi, algo más bien improbable.
Hermann Bellinghausen. Octubre de 1979. La revista Activa está «dedicada a la mujer mexicana de hoy, sin tomar patrones de conducta ajenos a la idiosincracia mexicana». Tal vez para documentar sus intenciones fue que obtuvo la miliunanochesca exclusiva de la vida íntima del Cha (o Sha, como se lee en sus páginas) ¡contada por él mismo! (Números 70 a 72, de junio a agosto de 1979). Así como Ana Martín, la eterna adolescente, ya quería “ser mujer”, el cha Reza ya quería compartir su apasionante vida amorosa con las lectoras de Activa, tal vez en agradecimiento al asilo otorgado por el gobierno de José López Portillo, ilusionado éste de ser él mismo un monarca petrolero.
(Mohamed Reza Pahlevi había subido al trono con 22 años, en 1941. Los ingleses obligaron a abdicar a su padre por sus simpatías hacia Hitler. “Nosotros lo pusimos, nosotros lo quitamos”, declaró primer ministro británico Winston Churchill. En 1951 tuvo que aceptar un primer ministro democráticamente elegido, Mohammed Mossadeq, despuesto por la CIA en 1953. Reza se mantuvo obediente al colonialismo hasta que, en 1979, ante la revolucción islámica, se tuvo que ir. Henry Kissinger presionó a México para recibir al rey inservible. Vivió en la calle Palmira de Cuernavaca y en una hacienda de Atlacomulco. Tras la crisis de rehenes en Irán a fines de año, México no le renovó la visa por temor a las represalías de los ayatolas y para sacudirse a Kissinger).
DIFICULTADES MATRIMONIALES
En 1938, el joven y futuro Cha (conocido ya también como ex Cha) se casó con Fawzia, extranjera hija de rey e incapaz de darle a Reza un hijo varón que lo heredase. Por ello se divorciaron en 1949; la consorte elegida por el Cha padre («Reza el Grande») no funcionó. Desilusionado, el pequeño Cha realizó un largo viaje a Estados Unidos «para levantar un poco mi ánimo». «Ya en la Unión Americana, ciertas revistas especializadas se ocuparon de mi persona -cuenta el ex Cha-. En aquella época, la gran prensa sensacionalista europea no era menos viruelenta que hoy; se preocupaba menos de los reyes y más de las vedettes, de los cantares, de los campeones». Se dijo que la intención del viaje era conseguir nueva consorte, y se habló la Rita Hayworth, Gene Tierney e Ivonne de Carlo. Sin embargo, el mini Cha regresó a su tierra soltero y sin compromiso.
La segunda esposa fue elegida por su madre, Taj Molouk. Narra el ex Cha que su mamá, luego de presentarle a Soraya Esfandiary, le preguntó:
-Mamad (ese era mi nombre cariñoso), ¿te gusta?
Y él respondió que sí. Se casaron el 1951. Soraya se desmayó tres veces durante la ceremonia, «la tercera sin poder recuperarse». «La mala fortuna parecía perseguirme -nos dice el ex Cha-. Una vez más, me casaba mientras mi país atravesaba por una grave crisis interna. Mi nueva esposa y yo no tuvimos derecho a ningún viaje de bodas, a ninguna fiesta particular… Los tres meses siguientes se desencadenó la más fantástica lucha contra el reloj, entre el palacio y el gobierno, por el mantenimiento del régimen y la monarquía… No obstante, el ejército me fue fiel».
Soraya no sólo no pudo darle un varón, sino que ni siquiera le dio una hija. «Creo que hice todo lo posible, humanamente hablando” confiesa el ex Cha-. Lo afirmo con seguridad».
Soraya fue despedida en 1958, rumbo a un destierro europeo bastante movido, como sabe cualquier lector de revistas especializadas, y al cual el ex Cha se refiere con piedad: «Conozco la vida que ella ha llevado en Europa, pero no soy quién para juzgarla».
«Esta vez sí estaba verdaderamente en juego el trono. Si con una posible tercera esposa, no obtenía el hijo que esperaba el pueblo, podía sobrevenir lo peor… y no exagero. El pueblo estaba descontento por supuesto; mis detractores se hallaban felices, pues con ello tenían argumentos en mi contra».
La tercera es la vencida. Su hija Shahnaz, casada con el hijo del general y primer ministro Zahedi, le consiguió la tercera y definitiva esposa: Farah Diba. La ceremonia nupcial se llevó a cabo en el Palacio de Mármol en 1959.
«Diez meses más tarde, ella me dio ese hijo tan esperado. Era hermoso, muy moreno y pesaba tres kilos y medio. Lo llamé Reza Cyrus. Reza en recuerdo de mi padre, el fundador de la dinastía de los Pahlevis, y Cyrus en memoria del fundador del imperio persa, hace 25 siglos».
Farah, hoy su compañera en el exilio, es 20 años más joven que el ex Cha. «Cuando yo tenga 60 años, ella tendrá cuarenta, y no me parece una diferencia notable. Además, tanto alla como toda la gente que me rodea, jamás me han hecho sentir esta circunstancia».
BAÑOS DE MUCHEDUMBRE
Recuerda el ex Cha: «Me gustaba conducir, perdido en la muchedumbre… A veces, pese a las gafas del sol, la gente solía reconocerme, me saludaba como si fuese un simple ciudadano».
En 1965 fue víctima de un atentado «que hizo correr mucha tinta». El trauma que por ello sufrió Farah originó una desavenencia conyugal: «Hubo portazos, más portazos. Pero lo cierto es que yo estaba irresistiblemente empujado hacia el exterior, debía respirar en la calle, entre los míos». Solo, el entonces Cha salió a recorrer la ciudad de Teherán. «Estos baños de muchedumbre son el mejor remedio que conozco». La aprobación apoteótica con que el pueblo lo saludó permitió concluir que el atentado «había sido obra de un enfermo mental, un caso aislado y que el pueblo no lo aprobaba».
HAY UN CHA EN SU FUTURO (CONTRAPUNTO)
En febrero de 1979 triunfó en Irán una revolución islámica que expulsó al Cha Mohammed Reza Pahlevi. Las manifestaciones más numerosas de la historia y una guerra civil derrumbaron el imperio político-petrolero de la dinastía Pahlevi, con 57 años de existencia. Sólo su padre y él habían ocupado ese trono. En 1922, al caer la dinastía de los Kayar, de origen turco, Reza Savad Koohi se autocoronó Sha de Persia e instauró la dinastía de los Pahlevi.
El depuesto Cha eligió nuestro país como sede de su exilio. El ayatola Khalkhali declaró en Irán a la revista Proceso (16 de julio de 1979): «El Cha es una víbora y lo será en todas partes. Si hay una víbora aquí y se pasa a otra casa, el daño que hace aquí lo hará en la otra. Una víbora es siempre una víbora». Y dirigiéndose al pueblo de México, Khalkhali dijo: «Nos gustaría invitarlos a unirse a nosotros y a que hicieran manifestaciones para que se expulse a ese individuo de su país, porque se trata de un lobo que devora seres humanos, y así es como vivió, devorando gente».
Tan aficionado a los baños de muchedumbre, el ex Cha nunca soñó que Irán sería limpiado de su presencia justamente con un multidinario y unánime baño de muchedumbre. Mientras el presidente de la corte islámica pide «que México no lastime nuestra llaga» refiriéndose al ex Cha, este nos regala sus memorias cortesanas y permite que las activas mexicanas sueñen con un Cha azul que las espera en algún palacio encantado de Cuernavaca o Acapulco. ¿Para qué ir más lejos?
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En la foto, el ex cha de Irán y su esposa Farah Diba son atendidos en Cuernavaca, 1979