marzo 12, 2026, Puebla, México

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Combatir la corrupción, una deuda pendiente de la 4T / Daniel Flores Meza

Los resultados han sido desastrosos, la confianza se pierde cuando no es congruente el discurso con los hechos.  No hay semana que no salgan a la luz escándalos de corrupción, desde alcaldes, gobernadores, legisladores, altos directivos del Ejecutivo; y ahora, hasta altos mandos de la Marina embarrados.  Todos con el sello distintivo de Morena

En sus tres intentos por llegar a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, mantuvo como uno de sus postulados y pilar de su campaña, el combate a la corrupción, responsabilizando a los gobiernos que lo antecedieron del creciente cáncer social y la principal causa del agravio a México. Ya como presidente de México en 2018, construyo toda una narrativa para supuestamente acabar con la corrupción, indicando que ésta debería de barrerse como quien barre una escalera de arriba para abajo. 

En sus conferencias mañaneras, este tema ya era parte de la agenda diaria usada como una retórica para persuadir, convencer e influir en la audiencia, argumentando que las cosas iban bien en el país y que la corrupción se estaba combatiendo.  Incluso innumerables veces saco su pañuelo blanco ondeándolo y declarando el fin de la corrupción.

En repetidas ocasiones se le escucho afirmar expresiones como esta: “Un negocio jugoso ilícito en México, siempre lleva el visto bueno del presidente, lo mismo ocurre en los estados.Ya basta de hipocresía para que echarle la culpa nada más al de obras públicas.”  Palabras de un presidente que quedan como testimonio de lo que es capaz un mandatario volverlo costumbre.  Palabras dulces para los oídos de gobernadores y alcaldes.

El primer negocio jugoso ilícito registrado en su administración fue el caso de SEGALMEX, un desfalco con más de 15 mil mdp y con servidores de medio pelo procesados, ni un pez gordo.  Posteriormente, todo un escándalo en torno al sistema de salud y la llamada Megafarmacia del Bienestar. De ahí para adelante, la corrupción se volvió una constante, un estilo de trabajo y manejo de los recursos públicos por quienes administran el poder.  Ante cuestionamientos, la respuesta a los medios se caracterizó por excusas, salidas torpes, tapaderas, o simplemente “Yo tengo otros datos”.

Para cobijarse legalmente y sostener las decisiones, fue necesario conseguir el control del poder legislativo, hasta conseguir mayoría calificada en el Congreso, haciendo alianzas con el mismo demonio a fin de aprobar todo lo que viniera por delante; incluyendo la cuestionada reforma al poder judicial,  y la reforma electoral a modo, sin mayoría calificada y rechazada por sus aliados.

Los llamados proyectos estratégicos de desarrollo (Tren Maya, Interoceánico y AIFA), el supuesto rescate de Pemex y la CFE, siempre estuvieron plagados de irregularidades; tan así que, AMLO termino por clasificarlos como reservados por siete años.  Eso tan solo era el comienzo, había que eliminar a las instituciones que representaban un dolor de cabeza como el INAI para evitar transparentar información, y de paso otros seis organismos autónomos; argumentando corrupción, duplicidad de funciones, y conseguir ahorros.  Irma Eréndira Sandoval, entonces, Titular de la Secretaría de la Función Pública, representaba una piedra en el zapato.  Hoy la Secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno, solo es un eufemismo. 

Los procesos de compra de bienes y servicios sin licitación y adjudicación directa, contratos millonarios a empresas de reciente creación a precios exorbitantes, se volvieron una constante; por eso, la urgencia de declararlos reservarlos bajo el argumento de ser un tema de seguridad nacional.  El mismo caso ocurrió con el expediente del descarrilamiento del Tren Interoceánico declarado como reservado. La llamada “Austeridad Republicana” resulto ser una patraña y una burla.

La creciente corrupción no es un asunto aislado para el caso de México, está íntimamente relacionado con la inseguridad en todo el territorio, incluyendo la insignia de AMLO de “Abrazos no balazos” donde el Estado ha mostrado su incompetencia o complicidad.  Asimismo, se asocian otras facetas de la corrupción como el tráfico de influencias, el nepotismo, la complicidad, el soborno, la opacidad, la simulación, la falta de rendición de cuentas, el blindaje de expedientes, la impunidad; la sustitución de perfiles profesionales, competentes y de experiencia a cambio de lealtades zalameras; la eliminación del servicio profesional de carrera sustituido por lealtades lisonjeras, y el bombardeo diario de discursos mentirosos maquillados de esperanza.   Por ahora, México se posiciona como el cuarto país más peligroso a nivel mundial de acuerdo con el Índice de Conflictos 2025, según la Organización Internacional ACLED.  Además, se ubica en el lugar 141 de 182 países evaluados dentro de la OCDE, en materia de corrupción y transparencia, obteniendo 27/100 puntos en 2025.

Los resultados han sido desastrosos, la confianza se pierde cuando no es congruente el discurso con los hechos.  No hay semana que no salgan a la luz escándalos de corrupción, desde alcaldes, gobernadores, legisladores, altos directivos del Ejecutivo; y ahora, hasta altos mandos de la Marina embarrados.  Todos con el sello distintivo de Morena.  

La presidenta Claudia Sheinbaum llega a la silla presidencial con una expectativa brutalmente alta para todos los mexicanos, prometiendo blindar la economía y mejorar la seguridad, pero en poco tiempo la realidad de su administración choco de frente con las promesas de su campaña.  Para muchos, el desencanto de su gestión llegó cuando se destapo el escándalo del robo multimillonario del huachicol fiscal.  Afirmo que la corrupción en las aduanas ya se había acabado, pero no hay ni un pez gordo procesado, solo la continuidad de un discurso humanista.  

Las expresiones de inconformidad que se escuchan a diario no son hechos aislados de un opositor, ni de la derecha que apuntan; sino, se trata del síntoma de una olla de presión social que se está cocinando a fuego rápido: Desaparecidos, creciente tasa de homicidios, robo y extorsión en carreteras, imparable el cobro por derecho de piso, la “desaparición” del líder de un cartel sin información de la confiscación del soporte financiero bancario y sus redes.  Se señala a la prensa que hace cuestionamientos, se censura lo crítico, y se vilipendian las manifestaciones.  Se crearon enemigos internos a través de la división del pueblo, ricos, pobres, jóvenes, viejos.  Un pueblo dividido no pelea contra el poder, peleo contra sí mismo.  

Y para cerrar, un concierto multitudinario gratuito en pleno zócalo capitalino de una colombiana con caderas en movimiento, intentando hacer olvidar las penas y disipar los males.  La presidenta Sheibaum lo calificó como “un súper espectáculo, donde la gente está bien, refleja alegría y calidez, una maravilla para el pueblo, y un derecho a la cultura”. ¡Qué caray! Nada de música inteligente, solo una porción de pan y circo. 

Que la reciente designación al frente de la Auditoría Superior de la Federación del hijo de un allegado de la presidenta Sheinbaum, no represente un conflicto de interés en el proceso de auditorías como se especula.

“No robar, no mentir, no traicionar” la insignia de López Obrador, quedo fuera del discurso morenista tiempo atrás, solo se recuerda como la esperanza que pudo ser y cambiar, pero se negó.  Posiblemente, su visto bueno basto para que todo lo que se movía avanzara a pesar del pañuelo blanco.  Por ahora, se percibe temor, decepción, malestar y desconfianza en buena parte de la población; y lo peor, con una oposición débil que no levanta.  

Daniel Flores Meza