Con los ojos bien abiertos eso vemos en el debate sobre la reforma política
En el camino la vida le enseña a uno cosas, o las deduce y las toma como enseñanza. La presidenta Sheinbaum sufre una derrota ante la Cámara de Diputados con su iniciativa sobre la reforma política. Lo normal en política. Las victorias son para disfrutar, las derrotas para aprender
Visto de otra manera, con las victorias haces la licenciatura, con las derrotas los postgrados.
Como mero ejercicio mental, ¿qué habría pasado si le aprueban de modo contundente su propuesta? Al día siguiente quiero suponer algunos encabezados de los diarios: “La aplanadora del viejo PRI”, “Cámara obediente, no le quitaron ni una coma”, “Obedecieron la orden de Palenque”.
Esto es así, hay que verlo con la apertura y objetividad que exige la vida pública.
Sin embargo, lo que está de fondo es lo que se pretende reformar, no las formas y los laberintos para corregir o crear algo. Se lee: “Es una reforma que nadie pidió”. Un número infinito de reformas aquí y en China se dan porque nadie las solicitó.
Responden a múltiples factores. Una necesidad, una visión diferente, una oferta distinta, un método para corregir insuficiencias o edificar algo nuevo. Sólo una visión cerrada y estática imagina la situación de un pueblo o un país congelado, estático, o se satisface con lo que está “para que sigan las cosas como siempre”.
Tiempo atrás hubo drama y escándalos por la reforma al Instituto Nacional Electoral. Se dijo que se derrumbaría la democracia, que era un retraso de cien años, que definitivamente no habría elecciones. Y nada de estos pronósticos diluviales o catastróficos ocurrió. Nada.
En nuestro sistema electoral hay cosas que están mal, pésimas. Se ha dicho hasta el cansancio que en todos los partidos se han enquistado camarillas de usufructuarios de la democracia y que han hecho de ese sistema un botín para el enriquecimiento de ellos y varias generaciones de su parentela.
Ese método, con ajustes y parches, errores y aciertos, ha sido la escalera para crear y engordar una casta poderosa que, con ramajes en los grandes grupos empresariales, dueños de los medios, corrientes religiosas y sindicales, ha tenido bajo su control el país con un engranaje multimodal que sobrevive.
Por ahí han pasado con jugosísimos puestos, sobre todo por la vía de los plurinominales o “minorías representadas”, presidentes, expresidentes, senadores, diputados y especímenes de la peor ralea, con hijos, parientes y hasta amantes, para terminar con pingües fortunas… ”en nombre de la democracia y de la patria”.
Y hay abundantes evidencias, por citar un flanco del tema, de que hasta hoy mismo las minorías supuestamente representadas no lo están, los ecologistas tampoco, y los trabajadores igual, aunque haya un partido denominado Verde ajeno a la ecología, y uno de trabajadores que no aglutina sindicatos ni obreros.
Pero bajo este disfraz, usurpando la condición de los de abajo, han pasado por esos escenarios medrando y construyendo emporios, cacicazgos y negocios, que es algo de lo que hoy precisamente se quiere eliminar. Por eso la reacción de los “minoritarios”. Estos, solo han sido rémoras de los grandes partidos, cómplices en las matemáticas electorales, lo mismo en los ayuntamientos, que en los congresos locales y cámaras nacionales.
Entresaco una frase que le atribuyen a un viejo general revolucionario en los “tiempos de la bola”: “semos los mesmos nomás que estamos devedidos..”
Según los términos de la reforma propuesta, se pretendía o pretende cortar las millonarias prerrogativas a los partidos (que existen todo el tiempo aun cuando no haya elecciones), reducir el número de regidores inútiles y comparsas en la mayor parte de los ayuntamientos del país; suprimir la llave inagotable que surte de dinero a los partidos por parte del presupuesto federal y los de cada estado del país.
De igual modo evitar la duplicidad de enormes recursos y métodos de componenda de los órganos electorales en cada estado del país, al servicio de los gobernadores y poderes dominantes según el caso, donde entra también el crimen organizado tutelado por las cúpulas partidistas nacionales que reparten gobiernos municipales, diputaciones y senadurías como si fueran franquicias.
Por ahí va el sentido de las reformas pretendidas. De paso, hay que decir que la reforma presidencial fue pésimamente explicada, difundida y “vendida”a los medios y al país por Morena, como ha ocurrido tantas veces. Olvidan que una iniciativa o acción que se emprenderá, al ser acertadamente promovida con antelación, puesta en circulación (y escuchando) a todos los actores de la sociedad, tiene la mitad del camino recorrido. Es el sustento de toda política pública, sea material o documental.
Claro, otro aspecto derivado del debate en torno a la multicitada reforma es la pretensión, también cierta, de que por esta vía buscaría el partido en el poder coyunturas o atajos para perpetuarse. Eso es precisamente lo que tendrían que discutir y ventilar los partidos, todos. Y encontrar puntos de coincidencia.
Finalmente, nada sacrílego: es el fin primario de toda organización política en el mundo, conquistar el poder y mantenerlo el tiempo posible.
Eso es lo que hay que combatir, de acuerdo con las experiencias que el país ha vivido. Pero el camino más eficaz son los votos y la democracia, no hay por ahora otro, como dijera Churchill.
Pero no una democracia entrecomillada, vertical, sorda y muda. Eso no funciona.