abril 22, 2026, Puebla, México

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María Ignacia la Güera Rodríguez y los entretelones de la historia / Carlos Rodriguez Giacintti

María Ignacia Rodríguez de Velasco llevaría por nombre, pero nuestro país la recordaría como la Güera Rodríguez, una de las heroínas nacionales menos conocidas, muy probablemente porque rompía con los estereotipos de la mujer novohispana. A diferencia de sus contemporáneas, la Güera Rodríguez era de carácter fuerte y libre, dotada de una belleza inigualable, increíble destreza mental y una gran habilidad social, atributos que le permitieron deslumbrar en las altas esferas en las que se desenvolvió. Cuando la belleza y la inteligencia se juntan, se genera un arma contundente, María Ignacia Rodríguez lo sabía y logró convertirse en una de las mujeres más poderosas de la Nueva España y de los primeros años del México independiente. De su rostro se hizo un único retrato y de ella se escribió: “La Güera fue libre de mente, a pesar de que tenía familia y de haber puesto en riesgo su riqueza. Después de quedar viuda y madre de cinco hijos, arriesgó su vida, se enfrentó a la Inquisición y conspiró para alcanzar el sueño libertario.” Esta fue la hermosa y brillante mexicana que ilumino y deslumbró a tantos hombres y tantas mujeres de su época….

María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra, (Ciudad de México, 20 de noviembre de 1778-Ciudad de México, 1 de noviembre de 1850), conocida como la Güera Rodríguez. Su nombre completo era María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Fernández de Córdoba Salas Solano y Garfias. Nació en el seno de una familia criolla prominente, hija de Antonio Rodríguez de Velasco (1747-1810), Regidor perpetuo de la Ciudad de México, y María Ignacia Osorio Barba y Bello Pereyra (1751-1818), descendiente de la Casa de los Marqueses de Mortara y del Ducado de Ciudad Real. Tuvo dos hermanas: María Josefa Rodríguez de Velasco (1779-1839), quien se casó con el V Marqués de Uluapa, y María Vicenta Rodríguez de Velasco (1783-1845), propietaria de minas en Tlalpujahua.

Primer matrimonio. El 7 de septiembre de 1794, a los 15 años, contrajo matrimonio con el militar José Jerónimo López de Peralta de Villar y Villamil. De esta unión nacieron cuatro hijos:

– Jerónimo Villar Villamil Rodríguez (1798-1861).

– María Josefa Villar Villamil Rodríguez (1795-1828), quien se casó con el III Conde de Regla.

– María Antonia Villar Villamil Rodríguez (1797-1864), quien se casó con el V Marqués de San Miguel de Aguayo.

– María de la Paz Villar Villamil Rodríguez (1804-1828), quien se casó con el II Marqués de Guadalupe Gallardo.

Este matrimonio terminó en 1802 cuando María Ignacia denunció a su esposo por intento de asesinato, acusándolo de golpearla y realizar un disparo fallido contra ella. En respuesta, López de Peralta la acusó de adulterio con tres sacerdotes, aunque no pudo probar estas acusaciones. De acuerdo con la historiadora Silvia Marina Arrom: «De aquí nacen los primeros rumores de los adulterios de la Güera. Pero en los largos autos el marido no pudo probar nada, y la evidencia más bien sugiere que ella fue una esposa sufrida y maltratada. De hecho, los parientes, amigos y colegas de Villamil tomaron partido por su esposa, quien afirmaban ser la inocente víctima de su carácter volátil y violento -y algunos hasta la habían encontrado “bañada en sangre” por las golpizas que él le daba-. Después de cuatro meses Villamil desistió en su demanda.»

Matrimonios posteriores. Contrajo segundas nupcias con Juan Ignacio Briones Fernández (1753-1807) el 10 de febrero de 1807, un anciano de gran riqueza quien falleció meses después. De este matrimonio tuvo una hija, Victoria Briones Rodríguez (1808-1809), y heredó una considerable fortuna. Su tercer y último matrimonio fue con el chileno Juan Manuel de Elizalde y Marticorena (1791-1870) el 5 de septiembre de 1825, con quien vivió hasta su muerte, quien tras la muerte de María Ignacia se dedicó al sacerdocio.

Desde su juventud estuvo llena de admiradores, los hombres quedaban deslumbrados por su belleza y sobresalía del resto de mujeres, aunado a su impecable clase y cultura. Debido a su inteligencia y carácter, la Güera Rodríguez se convirtió en una mujer popular de la aristocracia novohispana. Una de las fijaciones sobre la biografía de la Güera Rodríguez está en sus amoríos y amistades con personajes notables. A sus 16 años, Rodríguez conoció al científico Alexander Von Humboldt, con quien trabó una fuerte amistad. Asimismo, un año más tarde mantuvo cercanía con Simón Bolivar.

Alexander Von Humboldt  

Simón Bolívar

María Ignacia fue partidaria del movimiento insurgente y apoyó la causa independentista con su propia riqueza. Juan Garrido la denunció en 1810 de apoyar la revolución encabezada por Miguel Hidalgo, a quien patrocinaba con su propio dinero. No se sabe si las intenciones de Rodríguez eran de carácter ideológico, o buscaba defender sus propiedades, que ya habían sufrido estragos. También es importante aclarar que para entonces Hidalgo aún no proclamaba su intención independentista. También el 22 de marzo de 1811 fue llevada al tribunal de la Santa Inquisición acusada de alterar el orden público en pro del movimiento independentista. En aquella ocasión acusó a los europeos de querer envenenar al virrey. Con dichas declaraciones la Güera pretendía minar la facción peninsular. Para agravar el caso, el inquisidor Juan Sáenz de Mañozca la acusó de adulterio. Como consecuencia, el virrey Francisco Javier de Lizana y Beaumont la exilió de la Ciudad de México a Querétaro. En su defensa, María Ignacia puso en cuestión la valía de la palabra del inquisidor. Las acusaciones fueron levantadas por falta de pruebas.

 Francisco Javier de Lizana y Beaumont

Vínculo con Agustín de Iturbide. Otro de sus contactos importantes fue Agustín de Iturbide, con quien se le vinculó sentimentalmente. Es importante mencionar que Iturbide se mantuvo leal a la corona española hasta casi el final de la sublevación. En cartas, el futuro emperador se refería a Rodríguez como «Mi señora María Ignacia». A diferencia de la participación poco nítida de Rodríguez en el movimiento de Hidalgo, hay pruebas de su apoyo a Iturbide. En el Primer Imperio Mexicano, la familia de Rodríguez mantuvo relaciones con el régimen, ocupando distintos cargos de cercanía y honor junto a la Casa de Iturbide.

Agustín de Iturbide

Según Artemio del Valle Arizpe, cuando Iturbide hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México desvió al ejército para pasar frente a la casa de María Ignacia y así homenajearla por su participación. Sobre ello dice: «La carrera que iba a seguir el Ejército Libertador sería desde la Tlaxpana por San Cosme, para pasar frente al palacio Virreinal, pero Iturbide desvió la columna por la calle de la Profesa en la que estaba la casa de doña María Ignacia Rodríguez de Velasco, para que presenciara el desfile y lo viese a él muy arrogante al frente de sus tropas invictas.»

Durante el imperio, la Güera Rodríguez cobró una fuerte influencia en el gobierno y gran notoriedad en la sociedad. Distintas voces de la sociedad comenzaron a especular que ella era quien en realidad gobernaba. “La Huera [era] la reguladora de la conducta de Iturbide y la mano suave que pulsa y mueve las teclas […] en esta estrepitosa orquesta.” Por su parte, el opositor de Iturbide, Vicente Rocafuerte, hizo correr el rumor de una relación entre ambos. En su Bosquejo ligerísimo de la revolución de Mégico declaró: “contrajo trato con una señora principal de Mégico […] preciosa rubia, de seductora hermosura, llena de gracias, de hechizos y de talento, y tan dotada de un vivo ingenio para toda intriga y travesura, que su vida hará época en la crónica escandalosa del Anáhuac”. Adicionalmente, Rocafuerte atribuyó a María Ignacia la redacción del Plan de Iguala, documento fundacional del México Independiente. De ser cierto, la Güera habría sido la principal responsable de la independencia de México. Ciertas fuentes señalan que la Güera tuvo acceso a una carta enviada por el Rey Fernando VII al virrey Apodaca en 1820, lo que fue decisivo para que Iturbide formulara el Plan de Iguala y emprendiera la última fase de la lucha por la Independencia. Por cierto, llama la atención que, el 13 de septiembre de 1821, se llevó a cabo una reunión entre Iturbide, Juan de O´Donojú y Francisco Novella en la hacienda de La Patera, perteneciente a la Güera Rodríguez.

Algunas otras fuentes no descartan por lo menos una fuerte influencia de Rodríguez sobre Agustín de Iturbide; sin embargo, alguna otra historiadora indica que es imposible determinar si María Ignacia influyó en las ideas políticas de Iturbide. Aun así y sin duda alguna, la contribución más importante que hizo Rodríguez al movimiento de Independencia fue su colaboración con el general Agustín de Iturbide.

Imagen: Firma del Plan de Iguala.

De los rumores referentes a un vínculo sentimental de Agustín de Iturbide con María Ignacia, todo parece indicar que son versiones elaboradas después de la muerte de ambos y existe la gran probabilidad de que la verdadera amante de Iturbide fuera Antonia, una de las hijas de la Güera. De acuerdo con un periódico dirigido por Miguel de Beruete, en 1822 la emperatriz sorprendió a Iturbide con la hija de Rodríguez. Aún con ello, no es posible afirmar la veracidad de dicho episodio. Finalmente, de la presunta relación de Rodríguez con Iturbide, no hay mayor documentación, pero tan sólo dos años después de la caída del Primer Imperio Mexicano, Rodríguez contrajo nupcias con Manuel Elizalde y aún cuando se mantuvo activa políticamente, su vida fue más tranquila y apegada a la fe católica. Elizalde, su tercer esposo, comerciante y de origen chileno, ocupó diversos cargos en el gobierno republicano. Durante la guerra con Estados Unidos formó una junta para la recolección de donativos destinados a hospitales que atendían a los heridos. Continuó Rodríguez como referente social, con su gran belleza física, carisma y perspicacia. Impresionó a la misma Marquesa Calderón de la Barca —esposa del primer embajador de España en 1833—, quien la describió en sus memorias como una mujer importante y de gran influencia en México. Murió La Güera Rodríguez el 1 de noviembre de 1850, a los 71 años, a causa de una enfermedad degenerativa, ya no podía caminar y veía la vida de la nación pasar desde su balcón.


Los restos de María Ignacia Rodríguez reposan en el Templo de San Francisco del Centro Histórico de la CDMX.

Legado Cultural. La figura de María Ignacia ha trascendido en la cultura mexicana de diversas formas:

  • Se cree que el artista Manuel Tolsá se inspiró en ella para esculpir la Virgen de La Profesa, coincidiendo con la “Conspiración de la Profesa” donde grupos de élites novohispanas del clero, la burguesía y el ejército, gestaron la movilización de la población afín para concretar la independencia, nombrando comandante a Agustín de Itutbide.

Su vida ha sido objeto de diversas obras artísticas:

  • Una biografía novelada escrita por Artemio de Valle Arizpe (1949).
  • La película “La güera Rodríguez” (1978), protagonizada por Fanny Cano y dirigida por Felipe Cazals.
  • Una obra teatral presentada en 2010 en el teatro Helénico, interpretada por Chantal Andere.
  • Una biografía documentada por Silvia Marina Arrom (2020).

A lo largo de nuestra historia han existido personajes que se mueven en los entretelones, que manejan los hilos y deciden destinos. Tal fue el caso de la Güera Rodríguez, a quien la naturaleza la dotó de una belleza inigualable, increíble destreza mental y una gran habilidad social; estos atributos le permitieron deslumbrar en las altas esferas en las que se desenvolvió. Para reflexionar.

La Virgen de la Profesa de Manuel Tolsá.

Imagen: Actriz que representó a la Güera Rodríguez en una obra teatral.