“Ladrona!”y “cínica” es el calificativo más recurrente que le aplican a Guadalupe Taddei Zavala. Si hubiera que imaginarla en una infografía armada para exponer todo el escándalo (y entenderlo mejor), sería saliendo en calidad de rata de una taza de baño. Escatología pura.
No son exageraciones. Es la traducción literal de lo que la gente describe, expresa, condena. Los medios jugaron su papel: ventilaron una montaña de asquerosidad de la dama. Millones obtenidos de contratos tramposos, truqueados, a modo.
Una de las formas más horrendas del cinismo es llevarse a su cuenta bancaria el dinero de la gente y decirse impoluta. Y el contraste no pudo ser más cruel: ocurre todo cuando la presidenta es fusilada en la calle y en los medios con acusaciones mil por el pésimo funcionamiento del IMSS. Precisamente porque falta dinero, porque es mal usado. Mala administración.
Lo hemos dicho, llegar al poder no es gobernar bien. Son dos polos distantes y distintos. Ganar una elección es apenas tener el boleto. Gobernar es sentarse. Es tener el talento, la visión, el temple…y decidir.
Taddei en el INE se enriquece asquerosamente. Mientras, la presidenta hace rococó verbal para explicar por qué faltan medicamentos, instrumental médico en el seguro. Por qué los médicos, enfermeras y demás personal son tan injustamente tratados vía salario. Capotea el temporal pero el fuego sigue.
La funcionaria, entretanto, con sus hijos recibiendo millonarios privilegios de su contratista de alcoba, José Alfredo Hernández. El galán “pone París a los pies del chamaquito” hijo de la interfecta. Ella misma, cúpula de una runfla de cómplices en los puestos clave del INE, lo que equivale a las aduanas de contratos y negocios, se muestra insaciable al acumular fortuna. Todo una red con ella como figura de araña reina.
Pero hay más, mucho mar de fondo. Los órganos electorales de los estados, “los ines estatales”, embarrados también hasta el tuétano de la red fecal “taddeiana”. La “joyita” de la corona: la presidenta provisional poblana, Blanca Cruz García, también firmó con el mismo traficante de amores y negocios un contrato por 130 millones de pesos cuando encabezó el INE poblano.
Hoy, por azares del destino llega a suplir a su maestra y quizá modelo de inspiración. “La iglesia en manos de Lutero”, dice el refrán.
Y todo mundo guardaba un silencio cómplice. En el INE la maquinaria estaba, está, aceitada generosamente con el lubricante de la corrupción en todos sus niveles. Muchos de los consejeros y representantes de partidos, eran y son parte del engranaje. Los medios abrieron el desagüe pestilente. En la cima del poder hubo disimulo primero. Intento de ocultamiento después. Pero el torrente fue inundante.
La historia es circular. Con frecuencia se rotan nombres y personajes, la trama es la misma. Con regularidad se conjugan y coligan personajes, trayectorias, pasiones. Dinero y sexo son parte de la obra. Es comedia barata pero parece drama.
A muchos, toda esta podredumbre hizo traer a la escena a Rosario Robles y el argentino Carlos Ahumada. Igual que ahora: negocios, contratos millonarios, tajadas y moches con aroma de mujer, y finalmente renuncia y cárcel. Corrupción desbordante con perfume de aposento y lujos, “de principios”, “de ideales”.
“Ideales” que se derriten cuando el oro del poder llama a la puerta.
La corrupción no discrimina. Igual embarra a damas y caballeros de casta figura.
El propio Lorenzo Córdova, antes de dejar el IFE había presentado un ambicioso y sospechoso proyecto para construir su edificio propio de mil millones de pesos. Ahí está el archivo de los medios, con maquetas y planes para corroborarlo. Propuestas ambiciosas que parecen justas e indispensables pero huelen a negocio. Fue frenado y luego defenestrado. Y se fue a la oposición para “defender la democracia”.
El dinero derivado del poder huele a adicción, a droga. Hay pillos que nunca se van del todo, ahí están. Husmean tras bambalinas, teledirigen a sus peones y parientes. Cambian de partidos y colores, nunca de mañas, apetitos, ambiciones.
¿Cuál Moral? El viejo cacique potosino y prominente priista, cínico de dimensión celestial, Gonzalo N. Santos ya lo decía: “la moral es un árbol que da moras”. Hay una novísima versión de este dicharajo: “es un árbol que da Moreiras..” En el PRI entienden bien esta sabiduría barata.
Armado todo este rompecabezas, a la presidenta no le queda otro camino que actuar frente a la realidad. No se puede desentender de esta inmundicia que corroe las bases mismas de Morena.
El poder se construye a marrazos de autoridad moral.
Seguro que no deseaba este escenario. Pero le cae a la perfección en el momento y circunstancia que vive. Es una oportunidad de oro para edificar su propio concepto de limpieza, transparencia y compromiso con la democracia.
Los laberintos y vaivenes del ejercicio del poder niegan y otorgan. Castigan y premian. Los vemos todos los días y en todas las esferas de decisión. A veces las crisis son un guiño que abre puertas, muestra senderos, ilumina alternativas.
Todo depende de la sabiduría y el compromiso para tomar decisiones.
En esto no hay medias tintas. Hay o no hay, se tiene o no se tiene.

















