La ciudad se divide en cómo vive el desfile…
Puebla despierta con memoria. Este martes 5 de mayo de 2026, la ciudad celebra 164 años de una hazaña: el día en que el general Ignacio Zaragoza y los indígenas de la Sierra derrotaron al ejército más fuerte del mundo. Lo que empezó con machetes en el lodo, hoy se recuerda con uniformes impecables y música.
Más de diez mil personas están listas para marchar. El recorrido es el de siempre, el de los recuerdos: desde los Fuertes de Loreto y Guadalupe hasta la 25 Oriente. Mientras los aviones militares desgarran el cielo, en la tierra esperan carros alegóricos y las famosas bandas de los Centros Escolares. Todo bajo la mirada de la Presidenta de México.
El esfuerzo detrás del uniforme
Para Ana Paola, alumna del Cench, la fiesta empezó a las 5:30 de la mañana. Sus padres la llevaron en coche, cuidando que nada arruinara su uniforme. Al llegar, se alisa la falda y abraza a su amiga.
Ella no lleva la bandera ni toca el tambor, pero camina con orgullo. Su meta es sencilla pero difícil: aguantar el sol sin desmayarse y terminar el desfile para irse a la feria con sus amigas. Eso sí, tiene permiso hasta las siete de la tarde.
Dos realidades en una misma calle
En las gradas están sus primos. Ellos estudian en colegios particulares y ven el día como un simple descanso. No saben qué es ensayar meses bajo el sol ni lo que pesa un uniforme al mediodía. Para ellos es un día libre; para Paola, es un honor que se gana con sudor.
La ciudad se divide en cómo vive el desfile: Los madrugadores llegan con su silla plegable y pelean por un hueco en la banqueta. Los invitados, son funcionarios y sus familias que ven todo cómodos desde las gradas principales. Los vecinos de la ruta, las familias que viven en el Boulevard, rentan su baño o su balcón para sacar unos pesos y arman la fiesta con pozole y cerveza.
Al final, el desfile dejará cansancio en unos y resaca en otros. Es la forma en que Puebla celebra. Una victoria que, aunque hace un siglo trajo consecuencias duras para la ciudad, y hoy se vive como una fiesta de identidad y asfalto.