En la Red Civil por la Democracia estamos comprometidos con el análisis crítico de toda actividad humana sea esta política, social o cultural. Y en estos días, sin duda alguna, el Mundial de Fútbol 2026 representa una manifestación de primer orden, tanto en los aspectos competitivos, como en los sociales, políticos y culturales que engloba
Asimismo, esta 23° edición del campeonato contiene, en particular, el elemento singular de que por vez primera se organiza y desarrolla simultáneamente en tres países. Uno de ellos el nuestro: México, que cursa en estos momentos por tensiones, derroteros y retos que van más allá de la competencia futbolística y que de alguna manera nos involucra y compromete a todos los mexicanos.
Ante tal realidad, la Red Civil por la Democracia asume como suyo el reto de analizar, tanto la competencia como el contexto nacional e internacional en que se desarrollará, con la única finalidad de invitar a una reflexión crítica conjunta sobre las facetas culturales, deportivas y políticas de este festivo encuentro.
Pero, precisamente como se trata de una fiesta, hemos acordado abordar el desarrollo del Mundial desde una actitud lúdica y gozosa, sin menoscabo de la seriedad analítica y profundidad crítica. De ahí que las siguientes semanas los invitamos a encontrarnos en esta cancha de Mundo Nuestro para defender los colores del espíritu propio, la pujanza de las ideas personales y el honor de sus convicciones con el único interés de conocernos y reconocernos en la esperanza del mutuo entendimiento.
La Selección del Ensueño
Este es el equipo que defenderá los colores y el honor de la RED Mundialista. Para estar a tono con el espíritu futbolístico lúdico que proponemos, cada uno de los integrantes de la Red Civil por la Democracia ha elegido como su alter ego, su alma gemela, su nahual futbolero, a una leyenda histórica de este deporte.

En las siguientes líneas cada uno de nosotros nos presentaremos con nuestras propias palabras y razones por las que hemos decidió formar parte de esta Selección.
1. Juan Carlos Canales “La Araña Negra”: Elegí a Lev Yashin porque creo que es parte del imaginario infantil de toda una generación que atravesó la década del 60. Tal vez se trate de un recuerdo encubierto, pero tengo la seguridad de haberlo visto jugar en el Mundial del 66 y luego en el de 1970. De lo que sí estoy seguro es que mi primer uniforme de fútbol fue el de la Araña Negra, con guantes y rodilleras incluidos. Fue el primer portero que los usó. La otra gran figura que marcó mi infancia fue Boby Charlton. También debo confesar que antes que a Pelé, admiré profundamente a otros seleccionados de Brasil en 1970, como Tostao, Rivelino, Gerson.
2. Eduardo R. Villegas. “El Jamaicón”: Yo fui muy aficionado hasta mis viente. Tal vez lo que más recuerdo del mundial del 70 son: el gol de cabeza de Pelé en la final, el último de Carlos Alberto y a Beckenbauer con el hombro dislocado contra Italia. Después fui perdiendo el interés y me volví “villamelón”, pero ¿qué sería del fútbol sin los villamelones? Debido a que mi segundo apellido es Villegas, elijo como nombre de batalla “El Jamaicón”.
3. Sergio Mastretta. “El Chatito Mastretta”: El “Chatito Ortiz” fue el centro delantero de un Necaxa mítico, que doblegó 4 a 3 al Santos de Pelé en el estadio de CU en una noche inolvidable para mí, guardada en la trasmisión de radio que mis hermanos y yo escuchamos extasiados. Yo no tanto, pues me ganó el sueño hasta el grito de gol del locutor que me sacó de la inconsciencia para enterarme de que el Morocho Dante Juárez clavó el cuarto para el triunfo de los todavía conocidos como electricistas. Pelé era Dios entonces para mí, y con ese mote «Pelé» me conocían en la primaria pues la cascaba yo bastante bien. Desde entonces fui llanero con el equipo Dukla en la liga Juventud en los campos de La Salle; pasé por las canchas campesinas de Jalisco y las rieleras en el deportivo ferrocarrilero del Distrito Federal, y no me retiré sino hasta mis 47 años en una liga rascuacha con campos desperdigados por el norte de esta camotera ciudad. Forza Italia ha sido mi grito siempre, a pesar de estos últimos ingratos tiempos azurris.
Los ratoncitos verdes bautizados así por Manuel Seyde en el Excélsior de los sesenta, lo seguirán siendo manque le pese a los televisos propietarios de su marca. Una vez más, creo que no llegaremos lejos en este mundial, pues ausente está el gol en el equipo del Vasco Aguirre, a pesar del espejismo del reciente 5 a 1 contra los serbios.
Presente está el infortunio de un país atribulado por la violencia.
4. Jorge Alberto Calles. “El Gato”: Enemigo de las certezas, me declaro escéptico respecto y crítico de toda utopía y los discursos que las sustentan; creo que la mejor manera de imaginar un mejor futuro transita por identificar, con la mayor claridad posible y el menor números de sesgos, la realidad presente y actuar de acuerdo con su diagnóstico y privilegiando, ante todo, lo posible, más que lo deseable.
Como buen tabasqueño, mi infancia transcurrió en campos de béisbol destacando con el manejo del guante (en los jardines e, increíblemente porque desde los diez años uso anteojos, ¡detrás de home!), pero con un desempeño muy por debajo del promedio con el bat. 1970 fue un año importante para mí. Debido a que México fue sede de una Copa del Mundo, por primera vez, Televisa (en aquel tiempo Telesistema Mexicano) hizo crecer su red de repetidoras para alcanzar casi todo el territorio nacional. En Villahermosa se instaló una, canal 13, y gracias a ello pude ver muchos de los partidos de ese Mundial. Tanto el juego de Brasil como la magia de Pelé, especialmente, promovieron mi ampliación de intereses deportivos. Me enamoré del fútbol. Desde entonces soy fiel seguidor de Brasil en certámenes internacionales. Poco después, en 1974, la revolución del fútbol —como se le llamó en ese momento al juego total de los Países Bajos— y el juego brillante de otro gran jugador, Johann Cruyff, me inclinaron a seguir con cierto cariño a la llamada “naranja mecánica”. La presencia de la televisión en Tabasco me permitió empezar a seguir los juegos de la liga mexicana. Por esos años era estudiante de secundaria y mi gran amigo, César Moheno, era hincha del América. Como parte de una buena amistad, siempre busca uno generar rivalidad y competencia. En aquellos años, tras su reciente ascenso a primera división, Cruz Azul ganaba notoriedad, sobre todo porque era uno de los equipos que más cobertura mediática recibía. Me hice, así, seguidor del equipo representativo de la cementera y mi amistad con él se solidificó a través de nuestros debates futbolísticos.
Miguel Marín llegó a Cruz Azul en diciembre de 1971, proveniente del equipo argentino Vélez Sarsfield. Era un portero extraordinario, a quien la voz y la peculiar forma narrativa de Ángel Fernández convertirían en “El Gato”. Lo llamaría también “Supermán” por su singular estilo de volar para atrapar y atajar balones. Su calidad futbolística y la narrativa de Fernández me convirtieron en fan de Marín. He decidido honrarlo usando su mote como propio para fines de este chat.
México tendrá mejor desempeño que el que hemos augurado por su nada brillante trayectoria durante los últimos años. Ganará por primera vez un partido inaugural (será el sexto en el que participe; ha sufrido tres goleadas por parte de Francia y Brasil ─en dos ocasiones— y conseguido dos empates —contra la URSS 0-0, en México 70 y Sudáfrica1-1, en Sudáfrica 2010. El marcador esta vez será 3-0 y propiciará una euforia triunfalista que, lamentablemente, no durará mucho tiempo.
México vive una de sus peores etapas y mucho temo que la coyuntura por la que atravesamos se agudizará, acarreando consecuencias que me resulta difícil imaginar.
Por lo pronto, deseo que disfrutemos lo más que podamos esta contienda.
5. Manuel Pérez Chalini: “El Lapuente”: Mi padre, don Jorge Pérez Irigoyen, fue vicepresidente de la porra oficial del club Puebla F.C. y me llevaba a mis 3 o 4 años al estadio Olímpico Ignacio Zaragoza, a ver jugar al Puebla de segunda división. Entonces, vi jugar a un tal Navarro en la portería y a un tal Ochoa. Antes de ellos, estuvo el Pajarito Moreno, vi al Cachano Muñoz, a Gorki, al Chale Ruiz y desde luego a Gerardo Lupercio, que fue campeón de goleo de esa división. Después vinieron el Meño y Luis Enrique Fernández que eran de Zacatepec. Con el gordo González Gatica y de la mano de Gervasio Quiroz, el Puebla derrotó a los Perros de Naucalpan y ascendió a primera división en un partido polémico (un robo al Naucalpan) jugado en Ciudad Universitaria. Años después, Puebla era sede mundialista y tenía estadio de primera, además de haber sido sede olímpica en 1968. Entonces, vinieron como refuerzos Sánchez Carbajal, Alfonso Sabater, Benito Pardo, el Coco Gómez, Chalo Fragoso, Vantolrá, Jorge Negrete y muchos mas (casi todos del América). Después Manuel Lapuente, Rafa Borja, y dos argentinos segundones pero cumplidores: José Ramón Pérez y otro que era buen repartidor de juego, pero se le reventó el talón de Aquiles y la lesión lo retiró del fútbol. Después, ni más ni menos, que el tata Sconfianza, después Silvio Fogel, el Chaplin Ceballos, Juan Carlos Cárdenas y muchos más… Hasta que a mediados de los ochenta los hace campeones Manolo Lapuente. Y yo, desde las gradas cada quince días, el domingo a las 12 horas, veía partido tras partido. Con Dino Sani llegaron Picolé y Muricy Ramhalo (vaya jugadorazo). Por eso y por muchas cosas más: “Soy Franja o no soy nada”.
6. Roberto Borja Ochoa. “El Uwe Seeler”: Al estar frente a la página en blanco y verme obligado a sincerarme respecto de mis credenciales académicas y mi relación con el fútbol, veo un fondo permanente en mí: he sido un diletante, tanto en el mundo académico como en su momento lo fui en el fútbol. En realidad, siento que he sido un vago en vacaciones permanentes o en la güeva reposada, como me gusta decir. Igual acercamiento he tenido con otras aficiones como la música y quizá también en muchas de mis relaciones con los demás y conmigo mismo. Apasionado lo he sido, aunque sólo en ocasiones, y profesional, sólo cuando no me ha quedado de otra. Mis títulos académicos, licenciado y maestro, los obtuve casi sin darme cuenta. Y siendo Investigador de Tiempo Completo de la UNAM por oposición, decidí abandonar el nicho cuando se me volvió insoportable demostrar mi productividad con papelitos que siempre se me olvidaba pedir en mis conferencias y escritos. Jamás me preocupé por citar correctamente las fuentes, acumular citas de erudición, entrar al SNI u obtener el doctorado y/o la carrera académico-administrativa, a pesar de las oportunidades que tuve. Prácticamente jubilado, soy feliz de que por fin pueda vivir en esas, mis vacaciones permanentes.
Igual en el fútbol. Jugué coladeritas por horas y horas, conocí casi todos los campos llaneros de la Ciudad de México y su zona conurbada del norte. En retadoras del barrio jugábamos hasta bien entrada la noche porque teníamos una enorme glorieta con pasto y alumbrado. Terminábamos porque llegaba la policía y nos dispersaba. En la secundaria estuve en la selección y representamos a las escuelas particulares en un campeonato nacional, inaugurado en Ciudad Universitaria. En la facultad también estuve en las selecciones A y B. llegué a jugar en magníficos campos como los de CU, el CDOM, el Club Israelita, etc. Alguna vez fui a entrenar a los campos del Atlante, pero me quedaba lejísimos y desistí. Además de correr rápido tenía buen toque de pelota por lo que generalmente jugaba de extremo. Tuve muchos compañeros y familiares muy buenos, pero yo realmente nunca me empeñé a fondo. Nunca superé el nivel inicial del amateur. Me conformaba con la diversión.
Escogí el mote de Uve (como se pronuncia en español), en recuerdo y honor al gran Uwe Seeler, Capitán del equipo Hamburgo y Capitán eterno de la selección alemana. Hay mucho que contar de él, pero los remito al internet, donde podrán encontrar mucha información. Yo lo recuerdo como gran líder de su equipo en el llamado partido del siglo en México 1970. En muchos partidos, la porra y el canto del público era Uwe, Uwe, como reconocimiento de la valía del Capitán. En Alemania le decían “Uns Uwe”: nuestro Uve.
Vale la pena hacer notar la ausencia de Italia y de Ucrania, desde el punto de vista futbolístico, y de Rusia políticamente, junto a la presencia de Irán. También cabe mencionar que la FIFA tiene más países miembros (211) que la ONU (193), así como que Canadá y México aparecen como socios menores de los Estados Unidos.
Hoy, la absoluta mayoría de los países asistimos como simples observadores al enfrentamiento comercial y militar entre las grandes potencias por redefinir sus zonas de influencia. No así en el fútbol. Aquí los chinos son muy malos, los rusos fueron vetados y los gringos apenas y aspiran a llegar a cuartos de final. Las potencias en fut son otras. Ya saben cuáles.
En México no queda más que esperar que las lluvias, la CNTE y Clara Brugada lo permitan. El ridículo de los gobiernos federal, de la CDMX y de Nuevo León ya quedaron para el anecdotario. Se abren las apuestas. ¿Aumentará en estos días la lista de los gobernadores y funcionarios señalados por los gringos?
7. Patricio Eufracio Solano. “El Pelusa”: Fui el único de mi camada familiar que no jugó al fútbol. Mis primos todos pertenecieron a algún equipo hasta antes de irse a la universidad. A “La Roja”, principalmente, la escuadra campeona y, por lo mismo, respetada y admirada en la Unidad Habitacional del IMSS en Tequesquináhuac, donde vivían la hermana de mi madre, su marido y sus cuatro hijos y yo pasaba las vacaciones escolares.
Yo era rollizo y poco entendido de la estrategia y movimientos en la cancha resultando poco a nada cooperativo para el buen desempeño del equipo. Un día me harté y lo dejé por la paz, no sin antes incubar en mi pecho un creciente desagrado por el juego. Del desinterés pase al franco rechazo y aun a la desmesurada aversión. Mi argumento era claro: si no me quieren, yo menos.
Sin embargo, cuando mi hijo mayor aún pequeño tomó conciencia y apego por el juego, me interesé en tratar de entender qué lo atraía de él. Me empeñé en comprenderlo, pero aún así me seguía pareciendo insulso lo que ocurría en la cancha. En contrapunto, comenzó a interesarme lo que sucedía en las tribunas. Era alucinante ver a los aficionados, “al jugador número doce”, compenetrarse del partido, sublimarse en el triunfo e inmolarse en la derrota siempre pasajera hasta el próximo encuentro.
Entonces me volví un aficionado, un tanto voyerista y morboso, de los aficionados, de los hinchas, del “respetable”, de “la fanaticada”. Me fascina verlos portar sus playeras, besar los escudos de sus escuadras, reclamar al árbitro, arengar al rival, festejar un gol propio hasta el paroxismo y sufrir el desgarro del alma por un tanto en contra; vivir y renacer y volver a morir cada noventa minutos.
Sigo sin apreciar mayormente la competencia en la cancha, pero cada día aprecio más la entrega de los aficionados, los verdaderos beneficiarios, creo, de la emoción, la angustia, el duelo o la consagración que se busca y obtiene entre el silbato inicial y final.
Elegí el mote primero de Diego Armando Maradona: “El Pelusa”, por auténtico. A mi entender siempre fue eso: un pelusa de barriada arrabalera. Inmaduro, impredecible, un tanto barbaján, echador, primitivo, pero bendecido con un talento para el juego y, sobre todo, para el espectáculo, el show, la compenetración hasta la médula con sus admiradores. Calzándose los tacos, se transformaba en la ilusión y esperanza de millones iguales a él en su esencia de gladiadores domingueros. Fuera de la cancha era aún más genuino en su malcrianza, en sus excesos, en sus temeridades y sus fans lo adoraban por ello hasta el punto de transformarlo en su Dios futbolero y en un símbolo identitario para Nápoles, tanto como La Camorra misma. Y, no obstante la gloria y adoración vividas, nunca logró remontar lo “pelusa”, en todas sus acepciones de: pelambre, envidia infantil y arrabalero, un tanto como yo mismo, creo.
En cuanto a la situación política de México y Puebla, espero que el Claudismo deje de alentar al Obradorismo decadente de la 4T y comience a enfrentar directamente a sus enemigos; por su parte, hago votos porque en Puebla el priísmo decadente deje de ser el mantra del armentismo delirante y mediocre con el que hemos luchado todos aquellos que presumimos más de dos neuronas conectadas y más redaños democráticos que los actuales gobernantes.
La dinámica de “Pase a la RED”
Quienes se acerquen a nuestro minisitio encontrarán tres secciones, denominadas como las partes de un encuentro: Primer tiempo: con el análisis de los partidos jugados y por jugar; Medio Tiempo: en el que se analizará la problemática social, política y cultural del país y de nuestro Estado, y Segundo Tiempo: en donde encontrarán los pronósticos tanto deportivos como sociales del desarrollo del Mundial.
Asimismo, la sección final estará dedicada a las sugerencias literarias, ensayísticas y analíticas del fútbol de nuestra Selección del Ensueño y los comentarios que nos hagan llegar al correo electrónico que habilitaremos para comunicarnos. Esta sección se denominará: A ras de cancha y la iremos conformando con todos aquellos que participen del diálogo.
Todos los integrantes de la Red Civil por la Democracia los invitamos a participar de esta fiesta conjunta.
Comunícate: [email protected]