julio 23, 2026, Puebla, México

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Oportunidades desperdiciadas / Xavier Gutiérrez

Por lo menos resulta extraño el ángulo de visión de la presidenta Sheinbaum en los días recientes. Se pasó casi una semana hablando en las mañaneras sobre el caso de Ismael “El Mayo” Zambada. Eso, sin que el tema fuera actual, ni altamente atractivo. Sencillamente no estaba ese asunto en el foco de atención de la gente de la calle.

Ella abundó sobre la soberanía, la explicación que nos merecían los gringos, que si el piloto, la Procuraduría, el avión, etc. Vueltas y más vueltas con una terminología farragosa. A más de un despistado, incluso, le pudo parecer que desde Palacio se hacía una sutil defensa del famoso delincuente preso en los Estados Unidos.

Todo esto, cuando estaba fresco y sobre la mesa un par de temas excelentes para ganar imagen, aplausos y puntos en las encuestas que tanto importan a los políticos: el gratísimo sabor de boca que dejó la Selección Mexicana de futbol entre todos y la bellaquería del ex director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, al golpear salvajemente a su esposa, exhibida profusamente en un video que suscito la repulsa general.

Dejó pasar la señora Sheinbaum una doble oportunidad que pudo haber abordado de una manera sencilla, hábil e inteligente. Por ejemplo, ofrecer una cena y cálida recepción a los seleccionados, y junto con ellos a una treintena de los mejores cronistas deportivos del país. Tener con ellos una cercana convivencia, lo que estaba en el anhelo de millones de mexicanos.

Todos absolutamente, habrían reconocido la fina sensibilidad de la mandataria, empezando por los periodistas especializados. Ellos mismos y el grueso de los fanáticos del futbol, eufóricos aún con las celebraciones, de modo natural habrían cubierto una cauda de comentarios favorables al menos diez días de la agenda mediática.

Una reacción presidencial en línea directa y conexión natural con el ánimo optimista dominante en la mayoría de los mexicanos. Esto no ocurrió.

Lo otro: hacer una razonada y enfática condena a la ruindad despreciable del exfuncionario y sellar un compromiso de protección pública a todas las mujeres expuestas a esta clase de energúmenos. El video difundido al respecto había provocado en el ambiente un repudio y desprecio unánimes. La reacción presidencial al respecto fue tibia. El ambiente colectivo se quedó expectante y nadie llenó ese vacío.

Los espacios y medios de cada día son un escenario obligado para la lectura de los hombres públicos. Me parece que deben tener el olfato y visión como antenas, atentos para interpretar con gran juicio el momento oportuno y definir la reacción más sabia.

No me refiero necesariamente a actos de cálculo o de oportunismo político carente de sentido. Cuando esto es simulado o artificial, la gente lo registra y desconfía, o lo rechaza en automático. No, simple y sencillamente en sintonía con el sentir popular.

Todavía se recuerda y condena la pasividad, lentitud y actitud pusilánime de Miguel de Lamadrid ante el terremoto de 1985.

La gente tiene eso que llaman un sexto sentido, una intuición natural a flor de piel para conectar ( o no) con sus gobernantes. El representante popular debe tener muy aguzado el sentido del oído para interpretar ese sentimiento colectivo que forma la opinión pública.

Entre la sociedad y el poder están los medios, pero estos no siempre son un reflejo fiel y desinteresado de lo que opina la gente de a pie. Este es un terreno viciado y adulterado en el que muchos poderes meten mano. Ni están todos los que son ni son todos los que están.

Esta situación impone procederes que, si se aplican adecuadamente dan magníficos resultados. Uno es que la comunicación no es delegable, o es directa y personal o se diluye en el camino.

Y lo otro, el contacto personal. Este es insustituible. Hoy en día, ambos han sido marginados en el quehacer gubernativo, ocupando mayor atención de quienes toman decisiones las redes y el resto de medios convencionales. Todo esto da presencia, multiplica imágenes, pero no consigue cerrar el proceso de comunicación ni construir confianza.

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