Férrea memoria
I.- Una pianista por los barrios
Los barrios antiguos de la Ciudad de los Ángeles deben ser conocidos con el libro
de la profesora que, hace 58 años, se tituló como maestra en historia con el estudio de ese tema.
Alumna desde el jardín de niños hasta su titulación del Instituto Normal México (INM), donde se licenció en Normal Primaria, Emma García Palacios nació el 7 de agosto de 1945 en la Angelópolis.
Fue en 1967 cuando la normalista presentó su examen profesional, al defender su
tesis “El problema de la educabilidad” el cual aprobó por unanimidad y con mención honorífica. Entre 1965 y 1968 estudió en la Escuela Normal Superior del Estado de Puebla (Ensep), donde obtuvo el título de Maestra de Enseñanza Media de la Especialidad de Historia.
También pianista, desde muy joven dio clases en primaria, secundaria y fue fundadora de escuelas fuera de la Angelópolis, hace sesenta años, cuando viajar era un reto por la falta de carreteras y transportes. También fue catedrática en preparatoria y en universidad.
El tema, que no había sido estudiado y tratado a fondo como lo hizo la maestra, fue publicado como libro Los barrios antiguos de Puebla, en 1972, por la editorial Bohemia Poblana “bajo la supervisión” del Centro de Estudios Históricos de Puebla —nos informa Enrique Cordero y Torres en su Diccionario Biográfico de Puebla Tomo III, 1989—. García Palacios, dedicada a su formación —pese a que desde 1964 daba clases en la primaria de su alma máter, el INM—, de 1967, precisamente a 1972, estudió la especialidad de Geografía en la misma Ensep; obtuvo su título el 7 de junio de 1977.
Si bien la información sobre los barrios, donde se estableció la “república de indios” estaba en diversos textos —como en el de Alcalá y Mendiola, pasando por el de Echeverría y Veytia, hasta el de Hugo Leicht— la normalista fue quien la sistematizó y ofreció en un volumen.
El libro, ahora emblemático de la maestra Emma García ha merecido diversas ediciones, aunque la segunda de ellas hubo de esperar 15 años, pues fue dada a la imprenta en 1987, por la propia editorial Bohemia Poblana; en algunas de ellas, la normalista ha hecho cambios, adiciones y ha agregado información. El texto es un referente obligado para quienes estudian la historia de la antigua Ciudad de los Ángeles a 54 años de su publicación.
Pongámosla junto a Alcalá y Mendiola, a Veytia o Leicht, que merece estar con ellos, como estudiosa y pionera.

II.- Ciudad en cruz
La dedicatoria lo dice todo: “En memoria de mi madre, Olimpia Palacios Gil. A mi esposo Rodolfo Paz Juárez y García. A mis hijos y nietos, con amor”, se lee en la edición del año 2021 de Los barrios antiguos de Puebla, publicada por la Universidad Iberoamericana Puebla, y el Ayuntamiento poblano, a través del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (Imacp) en su editorial 3 Norte. El esposo de doña Emma es contador púbico; sus hijos son Beatriz, Rodolfo y Emmanuel. Doña Olimpia quedó viuda cuando su hija Emma García Palacios cumplió ocho años, lo cual no impidió que la apoyara hasta verla hecha una profesional.
Profesora desde muy joven, García Palacios ha comentado varias veces que sus alumnos vivían en la Angelópolis, pero no la conocían. Ante ello, reflexionando sobre los nombres de las calles que desde 1917 tienen las poblanas —cuatro cuadrantes: nororiente, norponiente, surponiente y suroriente, a partir del llamado popularmente Zócalo, con las avenidas Reforma, Juan de Palafox, 16 de Septiembre y 5 de Mayo que, al menos en el Centro Histórico divide la urbe en cruz— modelo copiado de la ciudad de Washington DC, en Estados Unidos, donde Nueva York también usa un sistema parecido.
Una indicación para las rúas como el actual, fue presentado, nos recuerda la maestra García Palacios, en 1883 “por el señor Acho” precisamente tomando como ejemplo Washington DC.
La Angelópolis, nos explica la maestra Emma García tiene, entonces, “Calles norte y sur”, y ”Avenidas oriente y poniente”, dependiendo del cuadrante en el que estén: suroriente, nororiente, surponiente o norponiente. Y recuerda: “Las calles, según el trazo original de la fundación de Puebla, fueron en forma de cuadrilongo, con la acotación de 102 metros las calles (hoy avenidas) y de 80 metros las cabeceras (hoy calles), sin embanquetado y el suelo con la tierra semiaplanada.”
Además de la Plaza de Armas ¿qué otro indicativo o indicativos, pensó la maestra García Palacio, podía tomar para orientar a sus alumnos y, a la par, como lo vio posteriormente, instruirlos sobre la historia de la capital poblana?
Emma García eligió, entonces, los barrios fundacionales de la Ciudad de los Ángeles, habitados por “naturales de la tierra” o indígenas, mal llamados indios, dependiendo del territorio: tlaxcaltecas los más numerosos, mixtecos, cholultecas, mexicas y otros.
El índice del libro —seguimos la edición séptima, la del 2021, presentada en el aniversario número cincuenta de la edición príncipe, en el año 2022—, por el que más conocemos a García Palacios es: Introducción; Barrio de Analco; Barrio de San Antonio; Barrio o pueblo de San Baltasar; Barrio de San Francisco; Barrio de San Matías; Barrio de San Roque; Barrio de San Sebastián; Barrio de Santa Ana; Barrio de Santiago; Barrio de Xanenetla; Barrio de Xonaca; Barrio del Alto y Barrio del Artista.
El resto de los capítulos están dedicados al Barrio del Carmen; Barrio del Parián; Barrio del Parral; Barrio de La Luz; Barrio de la Soledad, y Barrio de los Remedios, a los cuales siguen unas “Conclusiones”, “Aplicaciones pedagógicas”; la Bibliografía; los Centros de información que conoció, y una “Carta del autor.”
Para el lector, pretendía, y logró la investigadora, se trata de una guía, como las hubo Roji, sobre todo en tiempos en que las brújulas eran de bolsillo y no electrónicas con indicaciones de ubicaciones desde satélites.
Precedido por presentaciones de Sergio Vergara, Enrique Cordero y Torres y Pedro Ángel Palou, el libro propiamente dicho inicia con la Introducción que hace la autora, donde precisa algunas cuestiones: “Actualmente han desaparecido los barrios, de manera que su ubicación se recuerda sólo para indicar rumbos.”
No es la primera aclaración en el texto, pero sí quizá una de las más importantes en una urbe que, a inicios del siglo XX, cuando estaba por cumplir 400 años de fundada, se llenó de colonias —la primera de ellas, la Humboldt— y se desechó el término barrio, con todas sus implicaciones, como antes se prefirió hotel por hostal o mesón.
“Este trabajo es solamente de investigación histórica, no pretende ser una verdadera monografía de los antiguos barrios, con la extensión del conocimiento de las colonias o fraccionamientos actuales…”
De los tres presentadores, Cordero y Torres, en su texto “Pórtico a buen libro” escribió que la maestra Emma García se acercó al Centro de Estudios Históricos de Puebla A.C., para pedir ayuda en su investigación, que le ocupó dos años y dos más para redactar y, posteriormente publicar.
En el año 2008, por gestiones de diversas personas, la entonces presidente municipal Blanca Alcalá invitó a la pianista a pertenecer al Consejo de la Crónica de Puebla.
Hoy, jubilada después de cuarenta años de servicio docente, la maestra Emma García ha participado en, por lo menos catorce libros, siendo autora de algunos de ellos —como el multicitado Los barrios antiguos de Puebla, o el recuento de personajes ilustres y sus reconocimientos en la Angelópolis, Los monumentos de Puebla, donde identifica bustos y efigies de poblanos que ahora no tienen datos en sus reconocimientos, como en la Avenida 43 Oriente-Poniente o el Bulevar Forjadores de Puebla—. Además, como parte del Consejo de la Crónica, ha participado en libros sobre el Sitio de Puebla de 1863, Juan de Palafox, y la Revolución de 1910, sobre cuyos “actores poblanos” ha escrito.
III.- Nombrar las calles
En la citada Introducción a su libro, la maestra Emma García Palacios indica también, después de explicar cómo se dio tres tipos de nombramientos a las calles, y cómo las condiciones sanitarias eran precarias, por lo que todos los desechos iban al río de San Francisco y el agua, con pocos pozos en las casas, se surtía a los ciudadanos de las fuentes públicas:
“Lo anterior es la síntesis de la historia de la formación de los barrios hasta mediados del siglo XVIII. La documentación que compilamos y transcribimos data desde la fundación de Puebla, en orden alfabético de temas y acontecimientos, y éstos por orden cronológico.”
Finalmente, en sus conclusiones, hace un recuento de cómo fue el sistema sanitario de los primeros siglos de la Ciudad de los Ángeles, cómo se deshacían los pobladores de los desechos, y cómo comenzó la recolección pública de ellos.
De igual forma, al describir cómo eran los patios de las casas, habla del sacrificio de animales para venta y de la construcción del primera matadero o rastro; y cómo, también al sacrificar animales, lo que tiraban, iba al río de San Francisco.
Si bien hubo un primer depósito de desechos al sur de la Angelópolis, en Huexotitla, nos informa Emma García, no se vivía en las mejores condiciones higiénicas en la urbe y, en ese panorama, los menos beneficiados aun, eran los barrios, las poblaciones de la “república de indios”.
Posterior a la publicación de Los barrios antiguos de Puebla, se ha escrito profusamente sobre ciertos aspectos que García Palacios indicó hace más de cinco décadas; Rosalva Loreto, por ejemplo, ha hechos estudios amplios y bien documentados sobre el agua como problema social. Se ha detallado el estudio de las enfermedades más allá de las epidemias, como las de cólera, viruela y otras, que tanto afectaron a las poblaciones indígenas; y en cuanto al resto de servicios que ella menciona, como el primer hospital, ya en junio de 1531, recién fundada la Ciudad de los Ángeles; o del alumbrado y la seguridad (primero con topiles en día de tianguis, después con guardias con turnos de doce horas), hasta las cañerías que durante centurias fueron de barro y sólo hasta el siglo XIX; en la traza del Centro Histórico, fueron cambiadas “por tuberías”, servicio que tardó todavía décadas en llegar a los barrios.
También ha sido importante la publicación, después del texto de la maestra Emma García, de los Anales del barrio de San Juan del Río. Crónica indígena de la ciudad de Puebla, siglo XVII, un manuscrito en español y náhuatl, con numerales romanos y prehispánicos, que cuenta parte importantísima de esa parte del tlaxcaltecapan del nororiente de la Angelópolis.
IV.- De Reserva Territorial Atlixcáyotl a Angelópolis
La edición a la que nos hemos estado refiriendo, cuenta con una “Carta del autor” al final del libro, la cual le sirve a la historiadora para ubicar su texto que, como se ha dicho, originalmente fue publicado en 1972. Reconoce que para la década de los años noventa del siglo pasado, veinte años después de la primera edición de su emblemático texto, la Angelópolis, vista desde el aire, para ella se divide en dos: al nororiente la Puebla antigua “con sus cúpulas de iglesias, y casas coloniales” y al sur “el paisaje se funde entre altos edificios que muestran la arquitectura moderna y los grandes complejos comerciales.”
La autora recuerda que lo que hoy llamamos Angelópolis, surgió en los años noventa como Reserva Territorial Atlixcáyotl —algunos todavía usan ese nombre oficial, en los municipios de Puebla y de San Andrés Cholula— la cual describe brevemente, recordando que es una zona comercial e inmobiliaria, principalmente, cuando —agrega quien esto escribe— fue expropiada para utilidad pública, como se ve actualmente.
Detalla, entonces la profesora y pianista, que en ese sitio se encuentran las trece hectáreas del Parque del Arte, con “dos lagos con patos y cisnes, grandes jardines con muchos árboles y amplias calzadas.”
Enseguida menciona al Ecoparque Metropolitano y el Paseo del Río Atoyac, que abarcan, en total, veintiún hectáreas, que contienen cien mil plantas de quinientas especies diferentes y cuatro mil árboles.
Después, se refiere al complejo museístico La Constancia, al norte de la Angelópolis, y al Puente de bubas, abierto al público en el año 2015 que, con el de Ovando, son dos sobrevivientes —pese a todo— de una ciudad que soterró su río. Escribe la historiadora:
“Estos puentes fueron parte importante para los barrios indígenas ya que servían de paso al Centro Histórico, donde habitaban los españoles. Al recorrerlos y caminar por las zonas subterráneas de la ciudad se podrán admirar los cimientos de las viejas casonas en la zona de San Francisco, que fueron hermosas casas estilo californiano de los años cuarenta del siglo XX, además de conocer la importancia del río Almoloya o San Francisco.”
Si la Ciudad de los Ángeles fue la segunda durante el virreinato, y en algunas ocasiones la primera por su desarrollo económico y cultural, Emma García Palcios concluye que, con el despliegue que ha tenido en las últimas décadas, está a la altura de otras importantes urbes del mundo, ahora como parte de la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, desde el 11 de diciembre de1987.
PD. La octava edición de Los barrios antiguos de Puebla del año 2021, que hemos comentado, cuidada por José Morales Melo, es digna del contenido. Aunque no se da crédito a quien diseñó el libro —con una acertada portada—, sí se reconoce que la “selección y edición iconográfica” es de Lilia Martínez y Torres, por lo que las fotografías incluidas en el volumen son de la Fototeca Lorenzo Becerril A. C.
Es cuanto.