Alguna vez le pregunté a mi primo Fernando de Anda por qué en Tepatitlán nadie hablaba de la Cristiada. Su respuesta fue clara y elocuente:
“Mira, quizás en la Cristiada mi abuelo mató a tu abuelo. No es bonito hablar de eso”.

La frase muestra un aspecto de esa tragedia colectiva, de cuyo inicio esta semana se están cumpliendo cien años.
Fue una guerra civil cruel y absurda. Dicen que las guerras son quizá la mayor manifestación de la crueldad humana. Dicen que entre las guerras, las civiles son las más crueles. Y de entre las civiles, las que tienen algún componente de religiosidad o fanatismo.
Pero no sólo en las regiones donde se vivió esa guerra es difícil hablar de ella. Generalmente es un capítulo olvidado de nuestra historia. Varios libros de historia política del siglo XX ni siquiera la mencionan.
En muchos cursos, entre los que incluyo los míos sobre política mexicana, no hay ninguna referencia a la guerra cristera.
Tuvo que venir alguien de Francia, Jean Meyer, para investigar a fondo el tema y dejarlo presente en una obra clásica.
Además de cruel, esa guerra fue absurda. El detonante fue una ley, la llamada Ley Calles, que pretendía reglamentar la vida de los ministros de culto religioso. La iglesia católica respondió con una “huelga de cultos”: no habría misas ni sacramentos. No habría bautizos ni bodas religiosas.
Esa ausencia despertó la insurrección popular en el centro y occidente del país. Los muertos por el conflicto se calculan entre 90 mil y 250 mil. Cifras muy altas para un país que tenía unos 16 millones de habitantes.
Hubo una segunda Cristiada en los años 30. Continuó, más acotada, la historia de brutalidad e irracionalidad.
Ya después tuvimos una curiosa versión, en la realidad más que en las leyes, del Estado laico. Recordemos que éste no es el que se opone a las creencias religiosas, sino el que garantiza la libertad de cultos, dentro de los márgenes de la legalidad.
Creo que en México esa libertad se vivió de manera notable. El culto religioso en sus distintas expresiones se realizó sin problemas. La educación católica en las escuelas también (aunque presuntamente debía ser laica). Varias de las universidades privadas más importantes del país son de origen religioso.
Lejos de dar lugar a conflictos, las iglesias, destacadamente la católica, participaron de manera notable en la educación del país y en diversas actividades de interés social. El Estado mexicano fue laico. La sociedad mayoritariamente católica.
Queda el episodio de la Cristiada de un ejemplo del daño que puede hacer la estupidez política, cuando llega a los más altos niveles. Ojalá no se olvide.