octubre 31, 2026, Puebla, México

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El escenario correcto / Armando Pliego Ishikawa

La presentación de una película sobre una mujer que aprendió a alzar la voz para reclamar justicia, terminó con un grupo de mujeres alzando la voz a coro. El gobierno de Puebla, anfitrión de la función, pareció desconcertado por la consecuencia más lógica de la historia que acababa de proyectar.

El 25 de agosto se presentó en el Auditorio de la Reforma el documental Llamarse Olimpia, que relata la lucha de Olimpia Coral Melo contra la violencia digital y el proceso que condujo a la aprobación de la legislación que lleva su nombre. Durante su intervención, Olimpia afirmó que “amor a Puebla, es no perseguir activistas, no perseguir feministas, y defender los derechos humanos en la lucha. Amor a Puebla, es defender los árboles, el agua, la tierra, antes de cualquier innovación en nombre del progreso. Si no defendemos la tierra, los próximos niños y niñas no podrán tocar la naturaleza.”

En ese momento varias asistentes aprovecharon la presencia del gobernador Alejandro Armenta para corear consignas contra el Cablebús: “¡No al Cablebús!” y “¡No es progreso, es ecocidio!”. La protesta fue breve y quedó registrada por distintos medios.

Ante los reportes de este hecho, José Tomé, director de Relaciones Públicas del gobierno estatal señaló en su cuenta de twitter que se trató de “Un grupo de mujeres que manifestaron un tema que no tenía nada que ver con el objetivo del evento. Lamentable que busquen un escenario que no correspondía…(sic)”.

Tomé eligió el peor papel disponible: el de un hombre del gobierno explicándole a un grupo de mujeres cuándo y dónde pueden alzar la voz, dentro de una actividad dedicada precisamente a reconocer la lucha de una mujer que se negó a guardar silencio, ¡en el marco del Día Naranja! No fue muy estratégico de su parte. 

La protesta irrumpe, altera el protocolo y obliga al poder a escuchar aquello que preferiría mantener fuera del programa. Su eficacia depende muchas veces de aparecer donde se encuentran las autoridades, las cámaras y la atención pública. 

La pertinencia de las consignas era evidente. Olimpia había hablado de injusticia, defensa ambiental y valentía para enfrentar al poder. Algunas mujeres trasladaron esas palabras a un conflicto que ocurre actualmente en Puebla. Podrá discutirse su postura sobre el Cablebús, cuestionarse sus argumentos o responderse con información técnica. Pero salir a descalificar el momento elegido evade por completo el contenido del reclamo que además se hace frente a la falta de apertura y canales institucionales para expresar el descontento.

La apertura se demuestra con información completa, procedimientos transparentes y disposición para modificar decisiones. En el caso del Cablebús, la llamada socialización comenzó a anunciarse después de meses de protestas y luego de que vecinos de la colonia Resurgimiento bloquearan trabajos preliminares. Para entonces, el contrato estaba adjudicado, el trazo había sido definido y el gobierno había presentado públicamente la obra como una decisión irreversible.

Ahora los trabajos ya comenzaron frente al CENHCH y en la Unidad Deportiva de Maravillas. El gobierno afirma que ambos puntos cuentan con todos los permisos. Al mismo tiempo, reconoce que cuatro de las nueve estaciones requieren modificaciones al Programa Municipal de Desarrollo Urbano: Parque Ecológico, Parque Juárez, Mayorazgo y Amalucan.

En esos cuatro lugares todavía debe ampliarse la tabla de compatibilidades de uso de suelo. Hasta que el Ayuntamiento modifique el programa, no deberían expedirse las licencias correspondientes. Pese a ello, el gobierno estatal anunció que pretende trabajar simultáneamente en las nueve estaciones durante septiembre.

Una obra integral de esta magnitud debería incorporarse al ordenamiento urbano antes de comenzar su construcción. El gobierno siguió la secuencia inversa: decidió el proyecto, contrató su ejecución, inició trabajos y dejó para después la modificación de las reglas municipales necesarias para implementar el sistema.

El Ayuntamiento aparece reducido a una ventanilla encargada de acomodar la normatividad a una decisión tomada desde Casa Aguayo. El Cabildo tendrá que modificar el PMDU para hacer compatibles usos de suelo que actualmente impiden construir parte del proyecto. La discusión municipal ocurre cuando ya llegaron equipos, comenzaron excavaciones y el gobierno estatal fijó fechas para levantar las estaciones.

En estas condiciones, protestas como la de ayer seguirán apareciendo en actos públicos. La ciudadanía carece de un espacio institucional de deliberación capaz de influir realmente sobre la obra. Las mesas convocadas para informar decisiones consumadas ofrecen poco margen para resolver el conflicto. 

Después de la protesta apareció la defensa digital. Cuentas bots del gobierno inundaron algunas publicaciones para descalificar a las manifestantes y presentar su intervención como una falta de respeto, intentando (de manera burda y torpe) cambiar la narrativa. 

La libertad de expresión protege especialmente las ideas incómodas sobre asuntos de interés público. Los funcionarios están sujetos a un escrutinio social mayor y tienen la obligación democrática de tolerar críticas que pueden resultarles ingratas. Al gobierno le corresponde responder con argumentos y garantizar el ejercicio pacífico de la protesta. Tomé carece de la autoridad para repartir certificados de legitimidad entre las voces críticas.

La apertura democrática se mide cuando el reclamo llega sin invitación, fuera del guión y frente a la persona que ejerce el poder. Las mujeres que protestaron entendieron perfectamente el mensaje de Llamarse Olimpia: guardar silencio protege a quien ya controla el escenario.

Pepe Tomé dijo que aquel no era el lugar y que el reclamo no correspondía con el objetivo del evento. Se equivoca. Mientras el gobierno avance con una obra cuestionada por la ciudadanía, reforma las reglas a modo y mantiene cerrada cualquier posibilidad real de reconsiderar el proyecto, todo espacio donde se encuentre el gobernador será el escenario correcto.

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