Los casi dos años que la presidenta Sheinbaum cumplirá al presentar su segundo informe este primero de septiembre han sido algunos de los más tensos e intensos de la política mexicana reciente.
El epicentro ha estado en Sinaloa, podríamos decir. O más precisamente, en temas de delitos como narcotráfico y corrupción. La mandataria ha dedicado buena parte de su esfuerzo en arreglar el desorden que en estos rubros que le heredó el sexenio pasado.
En las últimas semanas destacan dos apellidos: Rocha Moya y López Beltrán. El primero por el presunto vínculo entre los narcotraficantes sinaloenses y los políticos del partido en el poder. El segundo por las sospechas que hay de que pueda estar involucrado en temas de corrupción multimillonarios.
Trascendió y fue publicado por Raymundo Riva Palacio que Sheinbaum ha dicho varias veces a su equipo más cercano que “está cansada de limpiar los pañales de los hijos del presidente y estar harta de sus torpezas.”
Grave, que habiendo tantos problemas en el país, la primera mandataria se dedique a ese tipo de limpieza.
Más allá de personas en particular, la herencia en materia de seguridad pública fue muy complicada. La más complicada que ha recibido cualquier presidente. Considerando datos como índice de homicidios, desapariciones, extorsión.
Y hay que mencionar la molestia del vecino del norte por la producción y el envío masivo de fentanilo desde nuestro país, lo que ha ocasionado muertes que se cuentan en cientos de miles. El epicentro de esa producción está en Sinaloa.
La economía está también en un momento difícil. Estamos creciendo menos que los tiempos del tan criticado neoliberalismo. Lo que matiza el gran logro del sexenio anterior: la disminución de la pobreza.
Un logro que nadie niega, pero queda la pregunta si es sustentable en una economía que no crece. El 55% de los trabajos en México están en la economía informal. Algo que va contra aquella idea de que “la mejor política social es un empleo formal”.
Los trabajos informales tienen muchos inconvenientes. Recuerdo lo que contaba el profesor Francisco Gómez Jara, que en una “investigación participante” trabajó como comerciante en lo que entonces se llamaba “mercado sobre ruedas”, vulgo tianguis.
El trabajo era extenuante (más, imagino, que ser alto funcionario de Morena). De manera que al terminar el día sólo deseaba una cosa: drogarse. ¿Cuántos trabajos habrá así en México, incluyendo en la jornada los tiempos de traslado?
Último tema de los muchos que se pueden comentar: la 4T ha considerado que la política social equivale a regalar dinero. Lo que se justifica sin duda en algunos casos. Pero ha dejado de lado dos dimensiones de esa política, pilares de una buena sociedad: educación y servicios de salud.
Algo se ha corregido en la educación: se sacó de la SEP, policía de por medio, a un funcionario llamado Marx Arriaga, que deterioró la calidad de los libros de texto como nunca.
Parece pues que el “segundo piso de la transformación” consiste básicamente en limpiar los errores, múltiples y costosos, que dejó el primer piso.
















