Carta abierta de Juan Carlos Canales a Antonio Gali Fayad

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Mínima Moralia

Carta Abierta a Antonio Gali Fayad/Gobernador del Estado de Puebla



No puede imaginar cuan cara se paga la falta de contemporaneidad. K Brandys

Pero (además voy a) pedir a organizaciones, a consejos ciudadanos, que vayamos de la mano. Y el que no cumpla también que tenga una sanción. Porque es muy fácil desde un aula o desde una rectoría criticar, pero yo pregunto, y estoy hablando en general ¿eh?, a ese colegio, esa prepa, esa secundaria, esa universidad, ¿dónde están tus cursos de prevención a delitos contra las mujeres?, ¿dónde están las pláticas que estás realizando? No las veo. Gobenador de Puebla Tony Gali

Gobernador Gali, la tarea de la universidad consiste en generar conocimientos, opinión pública, reflexiones, sobre distintos ámbitos de la condición humana. A la par de ello, la tarea de las universidades es promover la investigación y la difusión de las culturas; desde luego, incentivar ciencia aplicada, en el entendido de que ésta no puede reducirse a la de un instrumento al servicio de nadie y mucho menos suplir las tareas que el Estado ha incumplido en distintas áreas.

Sí, gobernador, generar conocimientos.



Y lo subrayo, conocimientos, siempre y cuando éstos se problematicen, se indague en sus condiciones de posibilidad en relación a la historia y la política, tanto en el vasto mundo de las ideas como de las creencias; después de todo, no hay conocimiento neutral; existe un vínculo incuestionable entre saber y poder y, al respecto, la universidad tendría la tarea de formar hombres y mujeres con un verdadero compromiso ético; hombres y mujeres que día a día luchen por construir un país menos desigual, más justo, más democrático. Hombres y mujeres verdaderamente críticos que sean capaces de cuestionar y cambiar las condiciones de vida que un régimen económico y político como el nuestro les ha impuesto y nos ha impuesto a todos los habitantes de este país, desgarrado por la violencia, la corrupción, la impunidad.

La tarea de una universidad es mucho más grande que la de garantizar mano de obra al sistema productivo; mucho más que la de formar consumidores pasivos tanto de ofertas económicas como políticas. Resulta una contradicción que acuse a las instituciones educativas de corresponsabilidad respecto a la situación de inseguridad que priva en Puebla y al mismo tiempo descalifique a un conjunto de académicos que ofrecimos un diagnóstico objetivo y preciso, así como algunas vías alternativas de solución, al problema de la inseguridad en Puebla, por la única razón de cuestionar la política de Estado en la materia, cuando ésta demostró su absoluto fracaso y no sólo por razones de incapacidad técnica, sino porque abajo del problema de la violencia e inseguridad en el Estado se extiende un lecho de corrupción e impunidad que usted no se ha atrevido a tocar hasta sus últimas consecuencias, y que, a contrapelo de lo que usted indica, no empieza en su periodo de gobierno, sino se remonta a muchos otros, particularmente al de Rafael Moreno Valle, lapso en el cual la violencia e inseguridad en Puebla crecieron exponencialmente. De suerte, pareciera que usted intenta descargar la responsabilidad de su antecesor y endosársela enteramente a usted mismo. Pero no es así. En último caso, gobernador, lo que le hace falta es investigar, hasta sus últimas consecuencias, la responsabilidad de la clase política de la situación que priva en la entidad.

El señalamiento que hace de modo particular a las universidades privadas destaca, a la vez, el lamentable desdibujamiento de nuestra universidad pública de los grandes debates contemporáneos; desdibujamiento que obedece a la imposición de un modelo educativo que, en aras de la eficiencia, sólo ha hecho privar la competencia, la promoción del éxito individual, la simulación, el espectáculo, un ejercicio eminentemente patrimonial del poder. Entonces, ¿cómo exigir a los educandos una mayor participación en la vida pública cuando lo que verdaderamente se premia es todo lo contrario, cuando la universidad ha perdido un margen de verdadera autonomía que le permitiera mantener una posición crítica frente a distintos poderes? ¿No es un derecho inalienable en una sociedad democrática la protesta social?, entonces, ¿por qué defenestrar a los rectores que la han encabezado, apoyados en la calidad moral que todavía tienen algunas universidades en México? Lo reprochable, en último caso, es la ausencia de la Universidad Pública en un asunto que ha lastimado tanto a la sociedad poblana.

El intelectual, dice Edward Said, siempre tiene la posibilidad de escoger, o bien poniéndose de parte de los más débiles, los peor representados, los olvidados e ignorados, o bien alineándose con los más poderosos. El intelectual, continúa Said, no es un pacificador ni un fabricante de consenso, sino más bien alguien que ha apostado con todo su ser en favor del sentido crítico, y que por lo tanto se niega a aceptar fórmulas fáciles, o clisés estereotipados, o las confirmaciones tranquilizadoras y acomodaticias de lo que tiene que decir el poderoso o convencional, así como lo que éstos hacen. No se trata sólo de negarse pasivamente, sino de la actitud positiva de querer afirmar eso mismo en público. Y esos rectores ya han elegido de qué lado están, amén de visibilizar la condición siniestra que viven muchos ciudadanos en Puebla.

Lo grave de sus declaraciones, gobernador, es que muestra su talante antidemocrático y su intolerancia a la crítica y al disenso. Responsabilizar a algunas instituciones del aumento de violencia en Puebla debido a que no han ofrecido los suficientes cursos para prevenirla es una verdad a medias y producto de la miopía, porque nuestra tarea, repito, no es la que corresponde a una academia de policía. Al menos que su solicitud remita al carácter policial y predictivo con el que nacieron la psiquiatría y otras ciencias en su cruce con los aparatos jurídicos durante los siglos XVIII y XIX y que ya bastante bien estudió M. Foucault.

Por otra parte, hay que rechazar cualquier discurso, provenga de donde provenga, que pretenda legitimar la menor restricción del ámbito privado de los ciudadanos en general y, en particular, de las mujeres, si no queremos avalar una posición eminentemente conservadora y peligrosamente autoritaria. No es restringiendo la libertad de los individuos como volveremos a una supuesta normalidad. La tarea del Estado no es la de acotar las libertades y los derechos ciudadanos o incidir en su vida privada, sino garantizar esas mismas libertades y derechos.

Al último, pensar que penalizar el acoso callejero disminuirá en algo la violencia contra las mujeres no sólo pasa por una mala ocurrencia: descarga al Estado de su responsabilidad para garantizar la seguridad y libertad de las mismas; por experiencia histórica, sabemos que la creación de fiscalías para la investigación de delitos particulares no ha arrojado ningún resultado positivo y sí en cambio lo único que ha conseguido es engrosar el aparato burocrático a costa del erario público; no es necesario seguir generando instancias paralelas a las ya reconocidas constitucionalmente, sino conseguir que éstas desempeñen integralmente su cometido.

Nosotros sí estamos cumpliendo " desde el aula" con la responsabilidad de formar seres humanos pensantes y críticos. Pero, usted, gobernador, no ha podido acatar una de las tarea para la cual fue electo: garantizar la más elemental seguridad de los ciudadanos.

En Puebla, a 28 de Octubre del 2017

Juan Carlos Canales F.

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Juan Carlos Canales