Damos la bienvenida en Mundo Nuestro a Amaranta Dafne Pérez Hérnández. Ella tiene estudios realizados en el Colegio de filosofía de la UAP y es psicóloga de profesión. Actualmente cursa el doctorado en psicología educativa e imparte clases en la UPN-Teziutlán; es además consultora de psicoterapia. Ha colaborado en Ángulo 7 y en el suplemento Entre Mundos, publicado en Mundo Nuestro.
La concepción tradicional y vulgarizada del ecocida es una narración anecdótica y sistemática, pero no explícita. La caracterización del ecocida suele ser la descripción gráfica e impertinente del tipo malo, casi perverso, y sucio de apariencia de ecoloco, o como la caricaturización de un empresario (trajeado, muy importante descripción) de orden y lógica rapaz; no la de una mujer de coleta alza, letrada, izquierdista y abiertamente temida, proclamada y percibida como luchadora social, feminista incómoda para el neo-capitalismo libertario global, madre, abuela, presidenta y esposa de fluidez verbal para un hombre de mudeza institucional hasta donde se sabe, se mira y se sospecha ya que, afortunadamente al fin una figura femenina encabeza las decisiones nacionales (gran paso para el feminismo).
Me encuentro dubitativa, contrariada y confundida desde que una de mis referentes del hacer de la política mexicana declaró la inminencia y el comienzo de la práctica extractivista y ecocida del fracking, pero eso sí, de un fracking no tan malo, como si los apelativos de no tan malo pudieran restarle un poco de estruendo a la palabra fracking,; como si pudieran suavizar el hecho de que el fracking es uno de los proyectos de muerte: de muerte al pueblo, muerte a los activistas, muerte a los animales, las plantas, los cultivos, la tierra. Desde aquella declaración, desde aquella mañanera, me encuentro en el direccionar de una lucha constante hacia la asimilación del fracking no tan malo como posibilidad activa en el suelo mexicano, ¿el fracking no tan malo es ecocida? EVIDENTEMENTE ¿soberanía energética gracias al fracking? TAMBIÉN. Que difícil disyuntiva: lastimar la tierra, el suelo, el aire, los recursos naturales en pro de la obtención de otro tipo de recurso, el recurso del tiempo, comprar más tiempo de vida antes de que Trump o algún otro país sionista, genocida, fascista, decida cerrar la llave del gas natural a México por la postura pública de la presidenta. El fracking, esta vez, busca la soberanía geopolítica de México al no depender del gas natural que se importa de estados unidos y que rondó aproximadamente en el 76 por ciento a inicios del 2026, o al menos es un intento por el logro de esa misma soberanía que tantas constituciones y consignas revolucionarias proclaman, un intento constante por separar a México de la vulnerabilidad geopolítica, pero también es, no un intento, sino un actuar agresivo, destructivo, terrorista, genocida del suelo y el subsuelo, del aire y la tierra, del agua, de todos los elementos y de la que nos abraza, nos contiene y nos da vida, de la madre naturaleza. ¿Cuáles son los límites máximos que permiten la des-subyugación del norte global para justificar el extractivismo de los recursos naturales? No sé, me interesa y por más que busco respuesta, información, análisis, salidas y alternancias, no encuentro argumentación, respaldo, consenso, acierto o negativa que me satisfaga. Por momentos la razón me avienta a la formulación rápida de posicionarme a favor de un proyecto que se ha conceptualizado como DE MUERTE, pero esta vez en favor de buscar la vida y no solo el beneficio empresarial oligárquico, la vida de no ser desaparecidas las características identitarias del mexicano porque la conquista y la repartición estratégica de los recursos naturales son la manera inicial de limpieza étnica entendiendo el concepto de limpieza ética en su retórica textual: la primera manera de dominación de un pueblo es la dependencia de sus recursos naturaleza, la dependencia coloniza y la colonización barre y desaparece todo lo que alguna vez fue, lo que alguna vez fue indígena, diferente, indio, autóctono; pero después mi pensar se sustituye por otra idea, otra formulación, otra postura que versa sobre la incongruencia de buscar la vida matando al planeta porque si bien en este mundo distópico, atrofiado y repleto de guerras ya casi no existe distancia entre la vida y la muerte y la línea entre existir y perecer cada vez se vuelve más fina, la lógica: la lógica biológica e incluso la lógica social, dictamina que es absurdo, que es grotesco pedir vida al hombre generando muerte y destrucción a la tierra.
Este texto no propone alternativas, no propone acciones y tampoco arroja teorías explicativas, solamente es un descargo del peso que conlleva vivir en el mundo actual tan neoliberal, politizado y hoy día de nuevo tan conservador, y es un peso que hoy externo yo, pero es un peso que habla por varios. La subjetividad de estas palabras, de estas ideas, hablan de un miedo y un cavilar propio que pertenece a varias cabezas. Hoy, en este momento, en estos párrafos, mi individualidad es inspirada por la pluralidad, por la colectividad aislada, por las periferias teóricas y por el ansia de solucionar el mundo (pensamiento absurdo y paternalista del que nunca me he podido deshacer, que aún no logro deconstruir), pero también con la desesperanza de saber que cada acción conlleva una reacción y las acciones contemporáneas solo generan muerte, dolor y destrucción.
Se despide de estos hilos narrativos, de estas frases de retórica confusa, difusa e hiperfusa, una revolucionaria hipócrita, una revolucionaria que incluso hasta en el consciente reproduce los isomorfismos del sistema.
Con despecho, desesperanza y reactividad: Amaranta.