La misión de una maestra dedicada a cambiar las vidas de sus niños, en un poblado que hoy corre el riesgo de ser un pueblo fantasma, allá en el Municipio de Nauzontla, en la Sierra Norte de Puebla.
ENTREVISTA / PRIMERA PARTE
“Nosotros llegamos más o menos en el 2002, tenemos ya 24 años. Llegamos de manera esporádica, veníamos cada 15 días. Yo llegué primero a vivir, desde el 2007 hasta la fecha, ya radico aquí prácticamente”, “…lo que veo hoy, como en todos los pueblos, que la gente joven se va y se quedan los adultos. Eso es precisamente lo que está pasando acá y a mí me da la impresión de que Tepanyéhual corre el riesgo de ser en pocos años un pueblo fantasma”.


Mtra. Rosario Cuesta Muro
Son las palabras de Chayo, una de las misioneras de Tepanyéhual, quien describe la misión, su misión, como un proceso de larga duración que pasó de visitas periódicas a residencia permanente y que derivó en un profundo vínculo con la comunidad. Casa del Amor es el nombre de la fundación que formaron ella y dos misioneros más Marco y July, y del espacio que utilizan hasta la fecha para dicha labor.
Estamos sentadas en la biblioteca de la Misión, un espacio que Chayo cuyo nombre completo es Rosario Cuesta Muro, mantiene ordenado y cuidado, reflejo de su personalidad. Nos sentamos en la salita gris ubicada al centro y rodeada de estantes repletos de libros. En el lugar hay un silencio cómodo, donde se respira una agradable humedad por el clima y en donde Chayo se mueve como en su propia casa.
Chayo nació en la ciudad de Puebla. Estudió en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla la licenciatura en “Lingüística y literatura hispánica”. Posteriormente estudió la maestría en Ciencias de la Educación en el Instituto de Estudios Universitarios. Tiene diversos diplomados, entre ellos el de Habilidades del Pensamiento y un diplomado de “Tutor para los maestros de nuevo ingreso“, además de algunas certificaciones para diseñar e impartir talleres en línea y presenciales.
Ha escrito dos libros los cuales se han publicado en Amazon y han llegado a ser Best Seller. Escribió y puso en escena 5 pastorelas. En 2002 con otros amigos fundó Cali de Tlazohtlaliztli, traducido como Casa del Amor o caridad que con otro se tiene según el diccionario publicado por la UNAM tomando como fuente a Wimmer (2004). Es una asociación civil, no gubernamental, sin fines de lucro, con la finalidad de poder, a través de actividades y diversos proyectos, trabajar los valores humanos con la población de Tepanyehual.


Biblioteca de Casa del Amor
Comienzo la entrevista con la curiosidad de saber cómo era Tepanyéhual cuando ellos llegaron. Tepanyéhual, una población de la que se sabe poco o casi nada en los medios, ubicada en la Sierra Norte de Puebla, dentro del Municipio de Nauzontla. El poblado con su bosque de niebla es hermoso, y refleja sin duda un pedacito de nuestro México que vale la pena descubrir, pero que está en riesgo de ser en pocos años un pueblo fantasma en palabras de Chayo, esta misionera que ha dedicado muchos años de su vida a estar cerca de los niños de esta población.


Avenida principal de Tepanyéhual
¿Cómo era Tepanyéhual cuando ustedes llegaron?
Pues era una de las comunidades más marginadas del municipio. Es la razón por las que el sacerdote que estaba en ese momento, que, si no mal recuerdo era el padre Gabriel, nos asignó a este lugar. Creía que nuestro trabajo podía hacer algo por la comunidad en general.
Encontramos la clásica historia de que las mujeres eran mujeres de familia, de casa, las responsables de los hijos, de la comida, del aseo, y los hombres eran los que se iban a trabajar. Las mujeres eran maltratadas realmente, pues participaban muy poco en las cuestiones sociales. Los hombres, eran los que más participaban. De hecho, yo cuando empecé a trabajar en la secundaria, porque de hecho yo pedí mi cambio y ahí fue cuando empecé a vivir aquí, estábamos en las reuniones de padres de familia y, por ejemplo, de repente las señoras decían, no, pues es que le tengo que pedir permiso a mi marido. Estando en plena reunión, siendo ellas las tutoras de su hijo o hija, debería haber tomado en ese momento una decisión, pero no lo hacían hasta que no le preguntaran al marido y si el marido les decía que sí o les decía que no, pues ellas ya llevaban la razón.
Con respecto a los hombres, había muchísimo alcoholismo, demasiado, y encontrábamos muy fácilmente a señores en el camino, porque todavía no había carretera, un camino de terracería, tirados en el piso a las orillas. Las mujeres, no sé si todas, pero sí unas cuantas que eran muy recurrentes, pues esperaban a que al marido se le pasara la borrachera, se quedaban con el marido a un lado, hasta que se pudiera levantar y se lo pudieran llevar. Y ahí estaban las mujeres. No importaba realmente la hora, ahí estaban hasta que al marido se le ocurriera.
Chayo se muestra en este punto enojada al recordar las escenas, dejar claro que la situación era frustrante, viniendo de la ciudad esas prácticas parecían inconcebibles. ¿cómo era posible que tuvieran que pedir permiso al tratarse de los hijos que ellas cuidaban y criaban? comenta enfáticamente.
¿Dices que durante los festejos era peor?
Sí, por ejemplo, cuando venía la fiesta patronal, la comunidad, que era una comunidad tranquila en general, se volvía toda una locura, porque no solamente era la situación del alcoholismo con los hombres, sino también se juntaban con la gente que venía a hacer la celebración al pueblo, que celebraban a la Virgen del Carmen y entonces pues aprovechaban la fiesta para tomar y todo eso. Entonces se hacía todo un merequetengue, encontrábamos borrachos por todos lados, era muy desagradable porque también había ocasiones en las que se ponían pesados ¿no? Entonces, bueno, por lo menos de mi parte, eso me llevó un poco a replegarme en cuanto al rollo social, porque pues sí participaba en las celebraciones religiosas, pero ya cuando se trataba del baile o de alguna otra actividad, ya no, porque siempre había algún desperfecto por ahí con algún borrachito.
Me pregunto ¿Y qué pasaba con los niños en esa vida social entones?
Con respecto a los niños, la escuela y el rollo social, pues como era una comunidad marginada, los niños de esta zona siempre fueron considerados los de rancho en un tono despectivo. Entonces como aquí no hay secundaria, sino solamente primaria, pues los chicos que seguían estudiando se iban a la secundaria de Nauzontla, la cabecera municipal. Era como la crema innata del municipio y ya cuando llegaban los de Tepanyehuatl, pues eran mal vistos, eran discriminados porque venían del rancho. Era una comunidad muy pobre.
Cuando nosotros llegamos, siempre nos preocupamos por mostrarle sobre todo a los niños, jóvenes y adolescentes, que había otras maneras de poder hacer las cosas, que había otras maneras de vivir, que no se necesitaba mucho como para que ellos pudieran mejorar sus condiciones de vida, entre ellas la limpieza, el hecho de que se bañaran, el hecho de que se cambiaran de ropa, etcétera. Trabajábamos en aspectos como esos, y, gracias también al apoyo de muchos amigos y amigas que creyeron en nosotros, pues nos empezaron a mandar ropa, para todas las edades. Entonces fue cuando la gente empezó a tener la oportunidad de empezar a tener otro tipo de vestimenta en general y además el hecho de que pudieran estar a la par. O sea, eso fue muy notorio. De estar a la par de los de Nauzontla, los de la cabecera municipal.
Eran donaciones ¿verdad?
Sí, eran donaciones en buen estado en general, siempre nos han mandado ropa en buen estado, desde Casa del Amor hemos gestionado muchos apoyos.. En ese momento decidimos no regalar la ropa porque al principio la empezamos a regalar y nos dábamos cuenta de que la gente no la cuidaba. Entonces, por ejemplo, terminaban aventándola, o sea, ya consideraban que no les gustaba y la aventaban por ahí, la podíamos encontrar cuando hacíamos visitas domiciliarias, pues nos dábamos cuenta de que ya la tenían ahí arrumbada y toda apestada, se la cambiaban y ya no la rescataban. Y claro, eso también tenía que ver con sus hábitos de limpieza, porque pues siempre fueron muy descuidados, eran muy descuidados en su persona. Ahora realmente no, ya se les ve completamente diferente.
¿Recuerdas cuántos eran de población o cuántos niños había en ese entonces?
No recuerdo, pero sí te voy a decir una cosa, ahorita yo creo que somos menos de los que éramos, porque bueno, de los que eran en ese momento, digo los que éramos, porque pues yo ya prácticamente estoy viviendo aquí, yo ya me hice parte de la comunidad, pues yo digo que menos, porque muchos jóvenes, muchos de nuestros niños que fueron nuestros niños, pues que iniciaron con nosotros el proyecto de Casa del Amor, ya no están. Muchos de ellos pues se casaron, hicieron su vida de pareja, pero ya no aquí.
Muchos de ellos están en San Luis Potosí, y en Ciudad de México, migraron, quizá porque nuestro trabajo aquí, provocó cambios en la idiosincrasia de las personas, modificó también el hecho de poder estudiar, ya que las mujeres no estudiaban, o sea, terminaban la primaria, y eso si la terminaban y al hogar. Y los jóvenes también igual, terminaban la primaria, a veces la secundaria y pues las familias ya estaban como organizadas para decir, pues yo me los llevo al campo a trabajar y a mis hijas yo sé que se quedan en la casa a ayudar, ¿no?
Esa era un poco la dinámica al principio, pero cuando nosotros empezamos a hablar con ellos y a decirles que tenían otras oportunidades, que tenían la posibilidad de seguir creciendo y de seguir estudiando, de seguirse preparando para que cambiaran también sus condiciones de vida. ¿Entonces, qué empezó a suceder?, los niños, niñas, jóvenes de Tepanyéhual ya no fueron ninguneados ni mucho menos mal vistos. Encontramos que muchos de ellos eran muy inteligentes. No sé en qué porcentaje tenemos ahora, pero sí empezaron a haber ya profesionistas en condiciones de vida muy diferentes a las que en su momento los padres vivieron.


La Mtra. Rosario acompañando a los niños de Tepanyéhual
El contexto
Para contextualizar y dimensionar mejor las condiciones que las mujeres y sus familias presentaban durante los últimos años en Tepanyéhual, hago un pequeño paréntesis al relato de la entrevista con Chayo, querido lector, y traigo a colación un estudio realizado desde la Coordinación del Nodo de Innovación Empresarial, del IDIT Ibero Puebla, en el 2024, mientras fungía como titular en esa posición.
Le preguntamos a una muestra de catorce mujeres, ocho de ellas de Tepanyéhual y seis más de Nauzontla, mediante un breve cuestionario y pláticas complementarias, sobre sus ingresos familiares, para determinar índices de pobreza por ingresos en parámetros del CONEVAL. Las mujeres manifestaron tener en promedio como ingreso semanal, (entendido como el dinero que les llega a las manos semanalmente para administrar los gastos de la familia), un monto de $806 pesos mexicanos las de Tepanyéhual y $950 las de Nauzontla. Ambos grupos de mujeres manifestaron no tener excedentes después de gastos, es decir, viven al día, no les sobra. El CONEVAL por su parte, en su informe llamado Líneas de Pobreza por Ingresos, de diciembre 2024, estableció que semanalmente la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI) era de $383.16 pesos y la Línea de Pobreza por Ingresos (LPI) era de $ 716.47 pesos para ese año. A su vez el Salario Mínimo para el Estado de Puebla en ese año se ubicó en $1,449.00 pesos semanales. La siguiente tabla muestra, que aunque no están en pobreza extrema, la brecha de ingresos para llegar al salario mínimo es aún del doble y que las Mujeres de Nauzontla mantienen ingresos un 15% más que las de Tepanyéhual y les sobra también más dinero semanalmente.
Fuente: Elaboración propia
Es pertinente aquí, recordar que en el contexto de nuestra investigación, el entorno de pobreza y vulnerabilidad, es definido por Zabala-Arguelles (2020) como un fenómeno multidimensional en el que los derechos, las oportunidades y las capacidades se ven limitados y en el que prevalecen las desigualdades. El nivel de vulnerabilidad de ellas y de sus hogares depende de la posesión o control de activos, de las estrategias de usos de estos, pero también de las posibilidades de acceso a la estructura de oportunidades, es decir, a los bienes, servicios y actividades existentes en la sociedad.
Sin duda, la labor de los misioneros ayudó a moverlas de la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos a la línea inicial de bienestar por arribita de la Línea de Pobreza no extrema. Sin embargo los retos siguen, según lo expuesto anteriormente, es claro ver que, ahora viven al día y cuentan con sólo el 50% de un salario mínimo semanal para la subsistencia de la familia, por lo que persisten la condición de vulnerabilidad.
Ahora bien, cerrando el paréntesis, seguimos con la entrevista…
¿Cómo te sientes al ver hacia atrás ese camino como misionera?
A mí me hace sentir muy orgullosa, me siento satisfecha de mi trabajo, me da muchísimo gusto, en primer lugar, haber sido útil. Haber servido de motivación para que ellos pudieran salir adelante. Sí tiene su contraparte, porque finalmente ellos se van también. Cuando yo estuve en la secundaria, para mí fue padrísimo porque yo los tenía a diario acá en Tepanyahual. Entonces tenía yo chance de ver su proceso en el comportamiento y cuando había oportunidad, yo platicaba con ellos, les iba diciendo, oye, es que fíjate en esto, fíjate en lo otro, y ellos aún hasta la fecha todavía aceptan un consejo de mi parte. Ya no los tengo, ya no los veo, ya los desconozco, o sea, ahora que veo a los niños que fueron nuestros niños, ya siendo adolescentes los desconozco porque pues ya no convivo con ellos en la escuela, eso a mí me ayudaba mucho y me permitía estar más cerca de ellos.
¿Cómo fue creciendo y evolucionando Casa del Amor con el tiempo?
Pues nosotros nos adaptamos también a la situación de la comunidad, pero creo que en su momento sí logramos robar terreno, por decirlo así, para poder tener el respeto que tenemos ahora. De hecho, un ejemplo claro fue cuando regresé de la pandemia… ¡desconocía quién era hijo de quién!.
Yo regreso a la biblioteca otra vez, después de dos años, pero en ese tiempo hubo un cambio muy drástico en la cuestión de los hijos, de los niños, de los jóvenes que fueron nuestros niños, nuestros jóvenes. Entonces de repente llegaban y yo decía, ¿quién es este y quién es este? tuve que volver a conocer y reconectar con la comunidad.
Entonces dije, a ver, de lo que yo sé hacer, ¿qué puedo hacer? Y entonces se me ocurrió trabajar con los niños que tenían problemas de lectura. Quedé fascinada, yo nunca había enseñado a leer, porque siempre trabajé con grados mayores, nunca trabajé con niños de kinder. Empecé con un grupito de lectura, se me juntaron varios, hablé con algunos papás y les dije que, si estaban de acuerdo, podíamos hacer un grupo de niños de lectura, y me fue súper bien porque incluso ahorita ya se publicó un libro, ellos escribieron, ¡sí de ellos!, pero ahora sí que bajo mi supervisión. El libro está a punto de salir. De hecho, ya está, ya está. Te lo he de enseñar cuando lo tengamos ya impreso, ya está en formato ebook, y el de pasta blanda está por salir.
Nos dices que hoy Tepanyehual ya tiene profesionistas, pero ¿qué futuro le ves a Tepanyehual si no se están quedando?, ¿Qué futuro le verías para los próximos 15 o 20 años?
Pues mira, yo lo que veo, como en todos los pueblos, la gente joven se va y se quedan los adultos. Eso precisamente es lo que está pasando acá y a mí me da la impresión de que Tepanyéhual será después un pueblo fantasma.
¿Lo crees? ¿Por qué?
Porque ahorita, por ejemplo, está la situación de que sí hay niños, pero no en la cantidad que había cuando nosotros llegamos, o sea, había muchos más niños y nosotros teníamos muchos niños; ahora hacemos alguna actividad y casi no asisten y si asisten son en minoría en comparación al número de niños con los que trabajábamos hace unos años ¿no?
¿Y el gobierno, las autoridades municipales han hecho algo por desarrollar Tepanyehual?
Pues en especial en Tepanyehual, no, sino en general en el municipio. Por lo menos en esta gestión, yo veo que ha hecho cosas en general en el municipio. O sea, no propiamente en Tepanyehual, aunque en Tepanyehual sí se han hecho cosas y muchas de ellas han sido gracias a la gestión que emprendemos desde Casa del Amor, pero también ahorita, por ejemplo, quien está como juez de paz está haciendo cosas también para la comunidad.
Pero aún así ¿tú crees que la comunidad va a seguir perdiendo población?
Sí, porque mira, desgraciadamente, la sociedad en general no te habla más de Tepanyehual, o sea, la organización social se ha perdido, están ya en otro rollo. A los chicos de estas nuevas generaciones, en realidad, no les importa más que el celular, ya todo está encaminado hacia la tecnología, entonces lo que es el campo, lo que es realmente lo valioso, no le están dando la importancia.
Digo, con los chicos la situación va para allá, serán muy pocos los que realmente se lleguen a quedar aquí con su familia y que se sigan dedicando al campo, porque de por sí, todo mundo sabe que el campo en sí como fuente de trabajo, pues está muy mal pagado. El campo nos da la comida, a eso me refiero y nos da vida, no, pero pues nadie tiene esa idea de que el campo es realmente valioso.
Resulta interesante, a estas alturas, recordar que al día de hoy, Tepanyehual, ubicada en el municipio de Nauzontla, dentro del estado de Puebla, y de acuerdo con los datos publicados en mundonuestro.mx en la crónica “Memorias de Tepanyéhual” (https://mundonuestro.mx/content/2026-08-23/memorias-de-tepanyehual-ese-pequeno-pueblo-en-la-sierra-norte-de-puebla-cristina-ortiz-de-montellano-nolasco/), tiene apenas 30 niños en primaria y 8 en preescolar, y la población con trabajos llega a 500 según datos estimados por Marco, otro de los misioneros. La población que está quedando es sobre todo de adultos mayores.
Damos por terminada la primera parte de la entrevista. Nos quedan muchas reflexiones. La gentileza de Chayo, su tiempo, su labor, su amor por la comunidad y persistencia me conmueve profundamente. Hay un impacto, una huella sin duda que le ha dejado la labor misionera, su rostro maduro con una mirada firme pero bondadosa, relata sus experiencias como algo útil social y afectivamente, donde la cercanía cotidiana le ha permitido orientar y acompañar a los más jóvenes, aunque, reconoce que hay un riesgo de desvalorización del patrimonio cultural de los jóvenes y del interés por el campo en virtud de lo que la tecnología hoy les ofrece.
Chayo no duda en afirmar que la comunidad y la misión de Casa del Amor evolucionaron juntos. Aún hoy hay un intento claro de fortalecer el arraigo y la permanencia local en los pocos niños que quedan. La única opción que ve, dice ella, es intentar rescatar en ellos la cuestión de valores, hacer el arraigo a sus raíces, más que intervenir desde lo económico.
Fuentes
- Testimonio de la Maestra Rosario Cuesta Muro (comunicación personal, 2026).
- Crónica 1. Memorias de Tepanyéhual: https://mundonuestro.mx/content/2026-08-23/memorias-de-tepanyehual-ese-pequeno-pueblo-en-la-sierra-norte-de-puebla-cristina-ortiz-de-montellano-nolasco/
- Grupo focal realizado con 14 mujeres de Tepanyéhual sobre Ingresos Familiares para determinar índices de pobreza por ingresos en parámetros del CONEVAL (Investigación realizada desde la coordinación del Nodo de Innovación Empresarial, del IDIT Ibero Puebla, 2023)
- CONEVAL. (2024). Líneas de Pobreza por Ingresos, diciembre 2024. Ciudad de México: Coneval. Obtenido de https://www.coneval.org.mx/Medicion/Documents/Lineas_de_Pobreza_por_Ingresos/Lineas_de_Pobreza_por_Ingresos_dic_2024.pdf
- Zabala-Argüelles, M. (2020). Pobreza, vulnerabilidad y marginación. Análisis interseccional del contexto cubano 2008-2018. La Habana: FLACSO-Cuba. Obtenido de https://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/flacso-cu/20201103114307/10-Pobreza-vulnerabilidad-marginacion.pdf
- Manual de la entrevista periodística: claves, técnicas y estrategias para preguntar con rigor. (Ufarte-Ruiz, 2025) Liga: https://ruidera.uclm.es/server/api/core/bitstreams/7ade22fe-f9e6-4546-9413-ddb650655c1e/content














