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3 Abril 2025, Puebla, México.

 Del paraíso y del infierno. Parte 3. Historia verdadera / Günter Petrak

Cultura | Crónica | 7.AGO.2024

 Del paraíso y del infierno. Parte 3. Historia verdadera / Günter Petrak

“De nada sirve decir ni pretender, el mundo nos abandona mucho antes de que nos vayamos para siempre”. "Viaje al fin de la noche" (1932), Louis Ferdinand Céline

Pasé un día en la cárcel hasta que me interrogaron.

— ¬¬Pasaporte.

— No tengo. No lo necesito. Estoy en mi país. Si quiere le canto el himno nacional.

— Cuidado chamaco, soy autoridad. Agrediste a un oficial y puedo acusarte de “pollero”. ¿Traes alguna identificación?

Entregué la credencial que llevaba.

— No sirve, está vencida. ¿De dónde vienes? Número telefónico de personas que conozcas…

Tal vez influyó mi aspecto lastimero, 48 horas sin dormir, no había probado alimento desde el día anterior, sudaba incertidumbre, miedo… o quizá la autoridad se dio cuenta de mi insignificancia. Lo demás fue tomar un taxi a un motel, dormir y hablar por teléfono a IA.

La vida fluye como un río de agua cristalina o turbia, es remanso o furia y, entre meandros y caídas puede agitarse, embarrarse, llenarse de basura, arrastrar guijarros. Eran los últimos días de julio del año 81. había sido un mal año para mí, y la corriente me arrastraba, caudalosa y sucia, hacia el precipicio. ¿Hallaría consuelo en IA? Por la noche fuimos a un bar, nos acompañó una amiga de ella. Por fin había encontrado un remanso, aunque inundado de música estridente y luces estrambóticas. Saqué el anillo de compromiso de la cajita que guardaba en mi bolsillo, tomé la mano de IA y lo coloqué en su dedo anular. Ella lo miró con sorpresa, hizo una mueca extraña y le pidió a su amiga que la acompañara al baño. Regresó con el anillo en la palma de la mano y me lo devolvió, pude percibir su congoja. “Mañana hablamos”, me dijo. Coloqué el anillo en su estuche y se la di, “consérvalo de todos modos” ...

Al día siguiente fuimos a un parque con orillas en el Río Bravo. “Tengo miedo”, balbuceó, “me das miedo” agregó con énfasis… “aquí se acaba lo nuestro”.

No había cruzado el río, había visto el puente y la aduana. IA me había invitado un día a ir de compras del otro lado, “no tengo pasaporte” le comenté… “no lo necesitas, pasas por gringo, si te preguntan sólo di: american citizen”, pero no lo hicimos.

Esta vez, mientras caminaba sobre el puente repetía el mantra “american citizen”, sólo me distraía de vez en cuando la idea de que del otro lado podría estar el mentado y jodido “sueño americano”. Ni siquiera me preguntaron los agentes, invisible recorrí tierra ajena el resto del día, sin pasaporte, y cuando volví, pasé inadvertido. Más de veinte años después publicaría un libro en el que aparece este párrafo: “En realidad, no sé cuál es mi clase. Estoy entre una y otra, en cada una se me acepta con reservas, me miran como si viniera de otro planeta. En algunas partes me llaman por mi nombre, en otras soy el “güero”, en otras más no tengo nombre, cruzo de acera y, a veces, me pierdo en la transparencia de la multitud, en la uniformidad de la masa”. CONTINUARÁ