julio 10, 2026, Puebla, México

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¡Amor en botella, líquido, delicioso y efímero! ¡llévelo, llévelo! / Laura Areli Delgadillo Pérez

Laura Areli Delgadillo Pérez es Maestra en Ciencias por la Complutense de Madrid, me he dedicado a realizar diversos estudios enfocados a la innovación farmacéutica aportando a nuevos tratamientos contra el cáncer por medio de química computacional. Actualmente, dirijo la jefatura en farmacia clínica dentro de una institución de cirugías plásticas, acorde a toda la parte regulatoria y del control de estupefacientes. Dentro del desarrollo personal, me considero una divulgadora científica por medio del podcast farmacuriosa, que ha sido escuchado en 27 países, adicionalmente he sido miembro de Rotary International, una asociación enfocada al altruismo y beneficio de comunidades vulnerables por medio de acciones y eventos para beneficio de la misma. Además, formo  parte de la ISPF la cual es la federación de estudiantes en farmacia a nivel global, contribuyendo a diversos proyectos  a nivel panamericano para fortalecer habilidades y actividades farmacéuticas en jóvenes estudiantes. Le damos la bienvenida a Mundo Nuestro

¡Llévele, llévele por oferta! ¡Bueno bonito y barato! Te imaginas que puedan vender eso

El 26 de diciembre 2025 para ser precisos, en la noche, digamos a las 7:30 pm, me descubrí (por un instante) hundida en la nostalgia, entre lágrimas, regalos acumulados y algunas cosas que me había regalado, ahora estaban en el suelo, yo, sentada, rompiendo una carta de ese alguien que citaba:  “les diste un nuevo significado a los colores del cielo, al mirar a los atardeceres venían firmados con algo tuyo […] Te quiero Laura, no me olvides”. Y es bastante irónico porque no olvidé a esa persona, pero hace seis meses que no la he vuelto a ver, ni saber de ella, menos recordar su voz o su nombre, en ocasiones todavía tengo algunos flashback de momentos o imágenes de ciertos momentos que vivimos, pero la mente es bastante traicionera porque uno se esfuerza por olvidar a alguien (por el motivo que sea) sin embargo, los duelos no vienen con instructivo ni tampoco te enseñan cual es el proceso a seguir cuando una persona atraviesa tu vida y después, por diversas circunstancias ya no pertenece, ni a tus días, ni sus mensajes los recibes o ya no comparten sus rutinas, leí por ahí, que es como un funeral, vez que se muere una parte de ti, pero nadie más lo sabe, el mundo continua girando y todos haciendo su vida, solo tú entiendes ese dolor y esa terrible sensación.

Pero debes continuar y entre tanta información que nos invade últimamente, a mi generación nos llaman inestables –bueno, tomando en cuenta que no tenemos un futuro, ni patrimonio seguro o un buen retiro para su pensión, menos un trabajo estable–, por supuesto, nosotros no somos el problema más intenso en el contexto social. Sin embargo, es excesiva la cantidad de estándares que nos imponen, scrollear en internet se ha vuelto un vicio y además un trauma, genera dopamina y un placer de inmediatez que todos tus contactos vean tus logros pero sí tienes una vida rutinaria y monótona se vuelve trágico siquiera mirar ese tipo de contenido… Es intrigante, las imposiciones se proyectan de diversos modos, uno de ellos es el amor.

Quizás en cierta medida y remedio a mi pena, hace meses decidí profundizar e indagar al respecto porque como científica me apasiona resolver misterios y problemas, pero me cuestionaba bastante dada mi situación, a mí, alguien que el éxito y el desarrollo profesional la absorbió tanto, que tardó nueve años en enamorarse y experimentar el cielo y el infierno con la misma persona. Muchos filósofos y antropólogos lo visualizaban por medio de situaciones y comportamientos que ahora son una realidad. Por decir alguno, diría Zizék que todos nos volvemos un producto consumible y entramos al mercado por medio de oferta y demanda; se vuelve una serie infinita de opciones, implica que debes mantener una imagen, estatus o experiencias increíbles para que te conviertas en alguien deseable; otros más, como Bauman, sostienen que la solidez es una fantasía, el cariño tan fugaz, el compromiso algo efímero, instantáneo, la permanencia es condicionada a determinadas acciones; nos demuestran que el individualismo es el arma más silenciosa, que los progres te dicen que debes ser el MEJOR, ante todos, ante todo, pero no existe ni la mínima posibilidad de vulnerabilidad porque (claro) si eres demasiado débil el mundo te comerá y al contrario, si eres muy astuto (insensible diría) con falta de empatía, algo de maldad y narcisismo, te aprovechas del más tonto (o más pendejo en lenguaje mexicano) para obtener lo que necesitas y no solo bienes económicos, metas, planes o ideas para tu propio beneficio, sino algo intangible: ATENCIÓN Y VALIDACIÓN.

Es entonces donde el amor por otros ya no cabe, se vuelve una apuesta donde van 90 contra 10, una pérdida más que una ganancia, una mala inversión de tiempo que no genera resultados satisfactorios, una ruleta rusa donde la pistola tiene cinco balas por una vacía, el riesgo a exponerte y sufrir los daños es más evidente y por lógica nadie lo haría, ¿o no?

Sin embargo, biológicamente estamos diseñados para procrear, reproducirnos y obviamente evolucionar. Para adaptarse, y mantener viva la especie (en teorías evolutivas); PERO no es tan simple como los animales, (y ojalá) somos los únicos seres vivos que pagamos por existir (bueno, bueno eso es para otro texto), no basta solo con olfatear a quien te gusta y acicalarse hasta tener crias, no es tan simple. Puedes partir desde una app para citas y con un match verse con alguien, tomar algo y acabar follando, olvidarse y aplicar la típica de ghostear (para quienes nos leen y no entienden, es escribirse mensajes continuos y luego desvanecerse, no te mueres ni nada, solo ya no respondes, sin bloqueos tampoco, solo no existes más, generando ansiedad interminable en la otra persona). Aclarado el término moderno, prosigo: otra alternativa –un tremendo cliché–, es enamorarte en el trabajo, ya sean desde compañeritos de cubículo en una oficina, el jefe casado enganchado con la secretaría joven a la que le promete divorciarse con tal de que sea su amante; los mejores amigos de la escuela, que la cotidianidad y rutina los vuelve cómplices inherentes hasta que termina uno perdidamente enamorado de otro; viajeros o mochileros que coinciden en las aventuras más excéntricas y en los paisajes más peligrosos y únicos se quedan unidos (aunque sea por una etapa), o los empresarios millonarios que sacian su necesidad afectiva con personas que a cambio quieren de forma monetaria su tiempo invertido, una persona marginada que es rescatada por un especie de salvador que le promete una vida mejor. Y así podría continuar ejemplificando, pero ¿qué comparten en común estas historias?

Lo más apasionante de mi profesión es la facilidad por preguntar, indagar, curiosear. Me encanta mi seudónimo, Farmacuriosa, porque me fascina relacionar lo biológico con aquello que nos alivia; esa es la finalidad, encontrar la cura para el dolor, y ante un gigantesco tema y la identificación de muchas historias investigo más a fondo, la coincidencia de estas circunstancias y los resultados que en muchos casos, acaban en terapia. Resulta, que el enamoramiento desencadena una serie de neurotransmisores Dopamina, Serotonina, Adrenalina, encargados de generar emociones como felicidad, alegría, apego y satisfacción, a un punto que se vuelve adictivo; así es, se interpreta que el enamoramiento es como una adicción, incluso muchos relatos, novelas, canciones, libros y sin fin de historias interpretan cómo se desencadenan estas sensaciones cuando son correspondidas. Es una montaña rusa completa, y todo ese riesgo constante genera una adicción. De forma lateral, hacían sentido a mi persona tantos comportamientos, emociones y pensamientos que atravesé, todo resultado de una adicción, entendí cuanto tiempo invertido y lo que motivaban mis decisiones, el incremento de mi fe, la insistencia de tener más de esas sustancias. Pero, más allá de todo el espectro mental, donde afirmamos que el humano elige a la persona con las características físicas que al reproducirse les den la inmunidad, o los rasgos ideales para su desarrollo, incluso que tenga la adaptabilidad necesaria para prevalecer su especie, no. Existen, según los expertos, ciertos rasgos como la personalidad, su asociación de aprendizajes, hábitos, valores, crianza, traumas, patrones y la forma en la que fueron educados y amados desde la infancia que determinan la elección de pareja.

Una vez dentro de la adicción del amor sería hipotéticamente imposible salir, ya que existe una correlación entre el miedo y el placer, porque se desarrolla durante el proceso de enamoramiento un condicionamiento que está anclado al sistema de recompensa.  En cuanto la pareja (indistintamente el género) se vincula, comienzan una relación sin afirmar un título moral, mantienen relaciones sexuales, las cuales como ya dijimos generan apego debido a estos neurotransmisores; el compartir vivencias diarias, la cotidianidad del día a día y mostrar su esencia personal, aumenta este sistema de recompensa y en respuesta: como me hace sentir bien, más lo deseo. En promedio, el enamoramiento puede durar de seis meses hasta tres años pero no se ha confirmado en su totalidad.

Así, tratando de responder nuestras preguntas base, ¿por qué no duran? Si bien ya mostramos lo maravilloso que puede ser, el amor también es un veneno. Cuando se desarrolla el enamoramiento pero no es correspondido, o en casos donde se desatan patrones emocionales dañinos, este sistema de recompensa se altera, comienzan a surgir otros neurotransmisores como la Noradrenalina y Cortisol, los cuales como resultado ocasionan estrés excesivo, tristeza, ansiedad. La acumulación de estas reacciones químicas y los estímulos externos del rechazo constante ocasionan que la amígdala entre en una fase de bloqueo y esto provoca que su respuesta de sobrevivencia se altere, se genera una dependencia emocional, así como “Relaciones tóxicas” que son apegos mal gestionados, donde una persona evitativa daña la necesidad afectiva de una que tiene apego ansioso, formando un bucle constante hasta que uno se termina consumiendo por completo.

Es interesante cómo se desvanece por falta de compromiso: la inmediatez y su urgencia por sentir algo, meses de amor intenso, noches sin dormir y madrugadas apasionadas… Bueno, ya explicamos que el sistema opera por emociones desbordantes porque es “incontrolable”; en tiempos medievales decían que el amor era la enfermedad más letal y miles de descripciones más. Pero, es inevitable, así que el desenlace ¿es factible y redituable?

Desde un noviazgo y extendiéndose a un matrimonio, o casos más extremos donde los grandes pensadores se casaron por la iglesia siendo ateos, los viajeros que llegan a otros continentes por la persona que aman, autores que escriben libros enteros, o se construyen muesos completos a nombre de su amor eterno como el Soumaya en México.

En mi opinión, diría que enamorarse tiene un costo muy alto, y está demostrado, con consecuencias graves, pero forma parte de la experiencia humana, no se compara con ninguna otra y que además atesora grandes momentos. Ese es el fundamento de nuestra existencia como seres vivos: aprender y experimentar emociones.

Mi perspectiva como científica dice sí, amen y vivan sin temor a las consecuencias, porque es inexplicable hasta para nosotros los de gran intelecto, no podemos combatirlo, menos controlarlo. Y sí, quizás el secreto para que duren las relaciones es eso, aceptar lo imperdurable de las cosas, así como el cambio constante. Reconocerte a ti mismo primero, aprender quién eres y qué te gustaría, no ser perfecto para poder amar y experimentar el enamoramiento; ser capaz de aceptar tu vulnerabilidad, respetar y entender la fragilidad de los sentimientos ajenos, valorar y apreciar sus cualidades sin querer cambiarlas; reorganizar tu vida y modificar tus acciones si han dañado a otros; empatizar con el dolor de los demás porque cada quien tiene sus batallas y en ese intento ser sincero tanto como te sea posible para no herir al otro.

Imagínalo, si cruzas el miedo, puede que te asombre de lo que eres capaz.

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