Mundo

Nueve son los cárteles mexicanos que tienen presencia a nivel internacional en una estructura compleja que implica muy diversos tipos de alianzas y asociaciones con grupos locales en 51 países de los cinco continentes, según una investigación de la PGR.

Los cárteles, en su versión trasnacional, se dedican a la venta de la cocaína, la heroína, las metanfetaminas y los precursores químicos. También a la producción en México de amapola, drogas sintéticas y marihuana en las zonas donde ellos operan.

El negocio implica el control de rutas terrestres y marítimas, a nivel internacional, y de una infraestructura que cuenta con aviones, sumergibles, lanchas rápidas y diversos tipos de vehículos para desplazarse por tierra en México y en el cruce de la frontera con Estados Unidos.

La PGR señala en su documento, que los cárteles mexicanos tienen alianzas o asociaciones con los cárteles colombianos, la mafia italiana, la mafia rusa, las distintas mafias africanas y grupos criminales locales, en los países donde tiene presencia, que son los encargados de la distribución al menudeo.

El Cártel del Pacífico, el más presente a nivel mundial, mantiene influencia, de una u otra forma, en 43 países de los cinco continentes. Le siguen Los Zetas que operan en 20 países de América, Europa, África y Asia.

Luego viene el Cártel Jalisco Nueva Generación que se extiende a 14 países de América, África y Asia. Es la organización que ha crecido más rápido en su faceta internacional. La Familia Michoacana está presente en ocho países de América, Europa y Asia. La influencia del Cártel del Golfo se da en seis países de América y Europa. El Cártel de los Arrellano Félix o Cártel de Tijuana está en cuatro países de América.

El Cártel de Los Caballeros Templarios se encuentra en tres países de América y Asia. El Cártel de los Carrillo Fuentes o Cártel de Ciudad Juárez se concentra en tres países de América. El Cártel de los Beltrán Leyva está en dos países de América y Europa.

La presencia de los cárteles mexicanos en los mercados internacionales no siempre se da de manera física sino la logran a través de asociaciones y alianzas con organizaciones semejantes y grupos locales de muy diversa índole.

Ejemplos de este tipo de presencia, que es muy diversa, es la relación que el Cártel del Golfo mantiene con la mafia italiana de la Ndrangheta o la del Cártel del Pacífico con las pandillas dominicanas en Estados Unidos.

Los cárteles mexicanos, también los de otros países, van a seguir presentes en los mercados internacionales, a la manera que ahora lo hacen, siempre con ventaja para ellos, mientras siga vigente el paradigma prohibicionista y punitivo impuesto hace 50 años. Su fracaso es evidente, pero se insiste en él.

Mundo Nuestro. Mirar a un país desde sus raíces históricas. O mirarlo en una noche de éxtasis por el paso al mundial de Rusia 2018. Todo esto en una crónica de viaje de una historiadora en búsqueda de los azulejos sevillanos del siglo XVII en los conventos carmelitas en México y el Perú. Todo encuentra sentido en la noche antigua de los incas. La montaña, el misteriio, el futbol.

4 de noviembre



La plaza mayor de Lima está cubierta de flores rojas y blancas, son los colores de la bandera del Perú y también los del uniforme de la selección de futbol que en estos días tendrá que pelear su paso al mundial contra Nueva Zelanda o quedarse en casa, como les ha ocurrido desde hace 36 años. En cada mirada hay un sueño inconcluso, un deseo transmitido de padres a hijos. El cielo está nublado y las palomas que merodean el lugar le dan a la tarde un tono nostálgico, hasta que un grupo de jóvenes luciendo la camiseta número 9 y al grito de “Viva Paolo Guerrero,” “Paolo te amamos”, toma la explanada.

Paolo es el capitán del equipo, además de su delantero goleador, el amigo que sacó a Farfán, la otra estrella, del camino del vicio para reincorporarlo al equipo y darle un lugar en la selección rumbo al mundial. Pero Paolo, se dijo hace apenas unos días, no pasó la prueba por dopaje y la gente se ha lanzado a las calles en su apoyo. Fue por un medicamento contra la gripa, se dice en la prensa, en los taxis, en los restaurantes, en las escuelas, se dice que eso no es posible. Su madre llora en una entrevista televisiva y quienes la ven desde la fonda levantan las servilletas y las giran en muestra de apoyo. La pantalla chica documenta entrevista tras entrevista el apoyo a su capitán, incluso pasaron a un batallón del ejército brincando rifles en mano y gritando Ánimo Paolo, muy sorprendente para nosotros. Pero lo cierto es que el héroe no jugará contra Nueva Zelanda y salvo que nuevas pruebas descarten el dopaje tampoco irá al mundial en caso de que su equipo gane.

10 de Noviembre



Después de varios días de trabajo en Lima recorriendo el convento Franciscano, el de Santo Domingo, la Catedral y el palacio Episcopal de Cusco para mi estudio sobre los azulejos sevillanos, nos trasladamos al poblado de Aguascalientes, para subir mañana a Machu Picchu, la legendaria ciudad inca. Pero el turismo también está contagiado de la euforia futbolera, hoy por la noche será el primer partido en Nueva Zelanda, si Perú gana será una noche de júbilo, si no habrá que esperar el otro partido, ahora en Lima. Lucen la camiseta con el número 9 los meseros, los guías, los niños, el turista alemán, el norteamericano, la africana y la francesa, palidece la venta de las artesanías tradicionales contra los globos rojos y blancos, las cintillas, los llaveros, los carteles, las camisetas. “Fuerza Machu Picchu”, “Perú al mundial”, se lee en una lona enorme, junto a una pantalla hechiza más grande que la pequeña iglesia del pueblo. Todos estamos ahí esperando que den las diez de la noche, como si ese fuera el motivo de nuestra estancia y no la subida a la montaña.

Pero a pesar de algunos tiros en el travesaño en el primer tiempo el gol no llega. El empate cae en el respetable como un balde de agua fría. Poco a poco, en silencio, se vacía la plaza.

11 de noviembre

Somos de las pocas personas en subir temprano a la maravillosa ciudad Inca, tan cerca del cielo con su trazo perfecto, tan incomprensible en su abandono ante la probable invasión de los españoles. Recorremos también la montaña en un pequeño camino al borde del precipicio hasta llegar al Puente Inca, a media hora caminando de Machu Picchu, ante un paisaje irreal. Regresamos a Cusco en un tren zigzagueante que cruza los Andes y te deja sin habla.

12 de noviembre.

Vamos a conocer el área de experimentación agrícola de los Incas, una montaña en desniveles en cada uno de los cuales hay un microclima, una tierra particular y una siembra específica. De todo, papas un gran parte de las más de sesenta variedades, y maíz, yuca, camote, ají. Y ahí de nuevo, con las montañas como fondo, dos muchachas extienden la bandera de Perú, se toman la foto, lucen la camiseta del capitán.

Después conocemos las salinas, ese enigmático lugar de sabores y de luces al pie de los Andes.

El 14 de noviembre regresamos a Lima. Y al futbol.

14 de noviembre.

Noticias de última hora: el camión de Nueva Zelanda se atora al intentar ingresar al estadio ante la rechifla de los locales. La vidente que pronósticó la salida de Chile del mundial, originalmente había dado el triunfo a Nueva Zelanda, pero la alineación de los astros cambia y Perú ganará en penales, dice. El delantero estrella de Nueva Zelanda confiesa tener tatarabuelo peruano y hoy intentará buscar la casa de sus orígenes, a pesar de que su lealtad familiar es vista con desánimo por sus compañeros de equipo.

A las tres de la mañana suenan los cohetes frente al hotel Marriott donde se hospeda el equipo invitado, para no dejarlos dormir. Los responsables huyen dejando como evidencia un gorro rojiblanco. El presidente municipal de Lima pide disculpas. Surgen amenazas de no dejar entrar al estadio ni banderas con palos, ni instrumentos musicales, y todo peruano, como en un aeropuerto será revisado previo al ingreso. La polémica deriva en manifestación multitudinaria frente al palacio al grito de viva Guerrero, muera el mal gobierno. El municipio cede y llama a la cordura ciudadana. La reventa por su parte subd el boleto de 100 soles a 200 a las 12 del día, a las tres de la tarde ya está en 1000 soles. Las gorras tradicionales han pasado de 5 soles a las ocho de la mañana a 25 soles a las tres de la tarde.

En el almuerzo, a las dos de la tarde, vemos a un hombre solitario en una esquina, me acerco y observo que trae puesta la camiseta de Nueva Zelanda. “Que valiente”, le comento. “No me quieren atender”, me dice. “Vienes con el equipo?”, pregunto. “No – responde--, estoy casado con una peruana y mis hijos nacieron aquí. Quién lo hubiera imaginado, nunca pensé que sucedería esto, menudo lío, me puse la camiseta y ni comida en casa, la agarraron contra mí, lo que nunca había pasado. No creo que ganemos los de Nueva Zelanda, pronóstico dos ceros favor Perú, pero la patria es la patria, por eso me puse la camiseta y me vine al bar.” Un amigo suyo con la camiseta del Perú lo llama a su mesa, al fin le consiguió una cerveza.

15 de Noviembre.

Desde medio día empezó a llenarse el parque de los gatos, el Kennedy para los turistas, en espera de la transmisión del partido a las nueve de la noche, en la pantalla gigante. Y ahí nos instalamos desde las ocho de la noche. Ya no hay lugar en la explanada, la ocupan jóvenes y mujeres de edad, niños, adultos; los cantos de “Perú venceremos a todo rival e iremos al mundial”, están a todo lo que da. Una niña envuelta en la bandera espera el silbatazo de arranque. Dos novios se besan. No sabemos dónde colocarnos porque somos pequeñas y el entusiasmo peruano nos tapa. Al fin logramos colocarnos sobre un montículo colectivo, gracias a un joven que nos abrió espacio. La sombra de un árbol nos tapa pero algo logramos ver, pequeñas figuritas a los lejos. El joven que nos abrió el espacio forma parte de un grupo de seis gays y dos lesbianas jubilosas, ellas sirven lo que parece aguardiente o tequila y la botella se acaba antes de que empiece el encuentro. Una pareja está subida en el único árbol útil para trepar en él. Y empieza el partido. Pero no vemos del todo, acaso manchones rojiblancos que se alejan y se acercan. Así estamos todos. Entonces los del árbol se convierten en locutores espontáneos y nos van narrando al partido, que a su vez nosotros narramos a los de más abajo. Una mujer en silla de ruedas a mi lado es la que pone más atención, pero mejor se va acompañada por su nieto. Y nosotras también, mejor verlo en algún bar.

Ahí en la popular calle de las pizzas, todo está saturado. Hasta el gorro. Nos aposentamos afuera de alguno, como tantos otros, de cualquier manera estamos más cerca de la pantalla. El policía que impide el acceso lleva la camiseta puesta, está nervioso, comenta cada movimiento, aplaude, sufre, no se fija mucho en nosotros. “Manuel, una oscura”, pide alguien desde atrás y Manuel, un guapo mesero, moreno y alto, hace pasar la cerveza. Luego van otra y otra para los que están en el parque, van las cervezas y el dinero regresa en una cadena sin fin, como en los camiones de antes. Hasta que cae el gol de Farfán, que le dedica a Guerrero, al amigo de la infancia, al que lo hizo volver a entrar en razón después de un año de tropiezos, al capitán acusado de falso dopaje; ahí está el gol y la camiseta de Guerrero recorre el estadio, la gente llora de emoción en el parque y en la calle. En la euforia alguien me abraza y me levanta: ¡gol ¡, me dice, ¡gol ¡, y me deja de nuevo en el piso. Pero todavía no se gana el partido, hay nerviosismo.

Casi anota Nueva Zelanda, que susto. Acaba el primer tiempo. Pareció eterno el receso. Mejor vamos al hotel si queremos ver el segundo tiempo. Ahora sí logramos ver a los jugadores con el detalle que amerita el partido. Ingresa Wood de Nueva Zelanda y pone a Perú contra las cuerdas en uno y otro ataque. Pero los anfitriones se recomponen poco a poco con los pases de Renato Tapia, Miguel Trauco, Edisón Flores y el propio Farfán que recuperan el ritmo del partido. Así a los sesenta y cinco minutos de la contienda Christian Cueva sacó un tiro de esquina directo al área. El balón se deslizó entre la defensa rival y pasó entre las piernas de su capitán Wiston Reid hasta llegar a los pies de Christan Ramos, el defensa veterano ahora de delantero, que logra conectar el segundo gol. Un grito de júbilo recorre el edificio, la plaza, el país entero. Se ganó el partido, increíble.

Perú el último pasajero, el pasajero número 32 al mundial. Lima se vuelca a las calles, “estamos en el mundial”, dicen, “viva Gareca”, el hoy entrenador de la selección peruana que sin embargo como jugador argentino había eliminado a Perú para el mundial de 1986 (el equipo que ganará el campeonato con Maradona. al que sin embargo él no sería convocado por diferencias con el entrenador); Gareca el más odiado entonces por los peruanos, luego se convertiría en su entrenador y hoy les da el triunfo. “Viva Gareca”, es un murmullo que recorre las calles. El sonido de los clacsons, al que son tan aficionados los limeños, nos acompaña hasta el amanecer.

Las crónicas matutinas más que narrar el partido, hablan de un día de gloria, dirá el comentarista Angelo Torres: “Escribo desde la luna porque en la tierra no cabe la felicidad. Igual puedo verte abrazándote con tu papá, cargando a tu hija que no entiende la sonrisa tatuada o mirando al cielo recordando esa promesa inconclusa. Besando al televisor con la camiseta impregnada, orgullo de tus colores. Estamos borrachos de gloria, intoxicados de gratitud. Somos el último pasajero, el más especial. El que esperaba el resto para sellar esta fiesta selecta donde van los treinta y tres mejores. Ahora se puede dejar volar la imaginación, ya no hay escalas.”

16 de noviembre

Día feriado para algunos, como prometió el gobierno si ganaba Perú, para gran parte del transporte público por ejemplo, pero para otros no. Y es que el municipio decretó día feriado sin medir las consecuencias. Dos horas de cola en para tomar el metropolitano, les descontarán el día si no llegan a tiempo dicen. Y los sindicatos opinan, proponen paro laboral si hay represalias. Mejor que caiga el gobierno, comentan furiosos los que están en la cola, son corruptos y no respetan al pueblo. Y que vivan Farfán, Guerrero y Ramos, el defensa que metió el segundo gol.

Ya en el aeropuerto de regreso a México, coincidimos con los jugadores de Nueva Zelanda. Son enormes, los peruanos los siguen, los rodean cual hobits. El portero, con su rostro hermoso y triste, permite una y otra vez la foto, intenta sonreír con un aire nostálgico ante la joven que lo toma del brazo y aprieta el celular. Casi no puede avanzar rumbo a la sala de espera, lo logra al fin y se queda brevemente dormido en la butaca con su espléndido cuerpo relajado al fin.

El Congreso de Estados Unidos está elaborando una reforma fiscal que afectará no sólo a sus compatriotas sino a todo el mundo y en particular a México. Hace apenas una semana, la Cámara de Representantes votó mayoritariamente a favor una serie de cambios legislativos que recorta los impuestos y el gasto del gobierno, mismos que el semanario The Nation calificó, en un artículo firmado por Robert Borosage, como “ridículos, insultantes y criminales”. La líder demócrata de esa instancia legislativa, Nancy Pelosi, aseguró que se trataba de un “chanchullo”. Las razones son las siguientes:

  • Estados Unidos tiene actualmente una desigualdad enorme, sólo comparable a la que existió en los años previos a la crisis de 1929. La mitad de los recortes tributarios está destinada al 1%, los más ricos del país, que ya concentran el 38.6 % del ingreso total del país frente al 33.7% que detentaban hace unas décadas.
  • Las ganancias de las corporaciones están en los niveles más altos de los últimos años y sus contribuciones están declinando como parte del ingreso federal total. Aun así, los republicanos intentan recortarles impuestos por alrededor de 1.5 billones de dólares (trillones en la terminología usada en EU): el gravamen a las empresas bajaría del 35 al 20%, beneficiando sobre todo a los grandes negocios.
  • La propuesta votada aumentará las contribuciones que pagan las familias trabajadoras y de clase media.
  • Grandes consorcios como Citibank, Wells Fargo, Apple y Pfizer y muchos otros han evadido el pago de sus obligaciones durante muchos años por una cantidad aproximada de 2.6 billones de dólares mediante los llamados paraísos fiscales. Con la reforma aprobada se les premiará por esta conducta y se dará una rebaja adicional a las multinacionales que obtienen lucros fuera de Estados Unidos.
  • El costo de las colegiaturas universitarias ha provocado una crisis nacional pues el monto de la deuda de los estudiantes excede ya el de los tarjetahabientes, pero los republicanos decidieron aumentar en 71 mil millones de dólares el costo de las cuotas durante la próxima década. Doce millones de estudiantes deudores tendrán que pagar más.
  • Los veteranos de guerras discapacitados y los desempleados de largo plazo se verán también afectados pues se eliminarán los créditos fiscales que se otorgan a las empresas para contratarlos.
  • Se propone eliminar los impuestos estatales, sobre todo aquellos que se aplican a las fortunas mayores de 5.4 millones de dólares.
  • Se mantiene las exenciones impositivas a los magnates de bienes inmobiliarios como Donald Trump, pero se eliminan los créditos fiscales para quienes inviertan en comunidades pobres urbanas y rurales.
  • Se planea recortar 25 mil millones de dólares al programa Medicare (que provee atención médica a todas las personas mayores de 65 años, o más jóvenes consideradas discapacitadas debido a graves problemas de salud, como cáncer o insuficiencia renal).
  • El gasto del gobierno sufrirá seguramente otros ajustes, principalmente en aquellos renglones destinados al bienestar social.

Todo esto representa un daño terrible a la economía norteamericana, asegura Robert Reich, un especialista muy reconocido. La creación de empleos señala, depende de la demanda interna de bienes y servicios, pero ésta disminuirá si se aprueba la reforma pues las familias de muy altos ingresos gastan muy poco de lo que reciben por los recortes de impuestos y en cambio invierten su dinero en valores financieros o propiedades inmobiliarias. Mientras tanto, la clase media y los más pobres han visto reducir su poder de compra en las últimas décadas ya que sus salarios se han estancado, lo que se agravará con esta transferencia de riqueza hacia las personas más acaudaladas.

Aprobada por los representantes, el proyecto tendrá ahora un segundo episodio en el Senado. Lo malo es que los republicanos comparten en ambas cámaras el mismo objetivo: bajar los impuestos a los super ricos y a las corporaciones empresariales. Las intenciones del partido mayoritario pueden fracasar sólo si se dividen. Esta última posibilidad es difícil pero no imposible pues en la votación ocurrida en días pasados, un grupo de 13 republicanos se pasó al bando de los demócratas y rechazaron el proyecto. En el Senado, su mayoría es más apretada (52-48) y bastarían más de dos votos republicanos perdidos para que la propuesta fuera rechazada. Hay además varias diferencias, algunas de fondo, entre ambas legislaturas, a pesar de estar dominadas por los republicanos. De hecho, los senadores aprobarán una iniciativa distinta y luego un comité bicameral tratará de buscar arreglar las diferencias y lo que de ahí surja se votará posteriormente para su aceptación (o rechazo) definitivo.



Aunque las propuestas de los republicanos se basan en la creencia neoliberal de que la inversión y con ello el crecimiento y los empleos se van a disparar si se rebajan los impuestos, sus razones son fundamentalmente políticas. Quieren satisfacer las peticiones de sus donantes, los grandes magnates, para seguir recibiendo su patrocinio en las próximas campañas electorales. En segundo lugar, el partido mayoritario busca una victoria política que los fortalezca a ellos y al presidente Trump, después de tantas fallas, descrédito y desorden del gobierno que inició sus funciones en enero de este año. Y finalmente, desean aparentar que trabajan en favor del pueblo estadounidense pensando que el panorama económico, que en efecto ha mejorado en el último año, se dispare en el corto plazo, por lo menos hasta las elecciones noviembre de 2018.

Si se impone la reforma, habrá graves consecuencias para los estadounidenses y para el resto del mundo debido al muy probable aumento de las tasas de interés ya que se incrementará explosivamente la deuda pública de Estados Unidos para cubrir la rebaja de sus ingresos tributarios y su inevitable consecuencia, el déficit presupuestario. Ello tendrá efectos negativos en primer lugar para los deudores de aquel país que tienen una hipoteca o piensan adquirirla, y para los que usan sus tarjetas de crédito para cubrir los faltantes de sus quincenas. Pero, además, en muchas partes del mundo, los bancos centrales se verán tentados a aumentar también el costo del dinero para evitar que los flujos de inversión se fuguen hacia la potencia norteamericana, y así evitar problemas monetarios e inestabilidad financiera.

En el caso de México, además, la rebaja de impuestos en EU presionará para que aquí también haya una quita a los gravámenes sobre las ganancias de las empresas, con el pretexto de que los capitales se irán si no se les otorga un trato similar al de allá. Ello llevaría también a nuevos ajustes del gasto público y a un menor crecimiento. Si a todo esto agregamos la incertidumbre y los posibles daños inmediatos que puede producir la ruptura del TLCAN, la posible victoria de la enmienda de los republicanos aumentaría la fuga de capitales y las presiones de los grandes empresarios para ahondar las reformas “estructurales” regresivas que los han beneficiado. México pude entrar así en una espiral tóxica: altas tasas de interés-menores ingresos públicos-fuga de capitales y devaluaciones.

Trump y su partido están demostrando a quién realmente sirven y cuáles son sus verdaderos intereses. Su pretendido nacionalismo, sus compromisos anunciados para beneficiar a los trabajadores, y todas sus promesas de campaña para “engrandecer” a EU se revelan ahora como pura demagogia. El problema es que los efectos de estas medidas tan abierta y abrumadoramente favorables al poderoso 1% y a sus grandes consorcios serán pagados no sólo por la mayoría de los estadounidenses sino también por millones de habitantes de este planeta y, en particular, por sus vecinos al sur de la frontera.

Nada está escrito aún, pero ello depende por ahora de un pequeño grupo de políticos ambiciosos e irresponsables. Esperemos que el pueblo norteamericano los haga retroceder.



Twitter: #saulescoba

Poco podían imaginar Rajoy y su gobierno cuando aprobaron el 27 de octubre las medidas de aplicación del art. 155, cesaron al Govern de la Generalitat, disolvieron el Parlament y convocaron elecciones autonómicas el 21 de diciembre lo que se les venía encima.

Una semana más tarde, lo que parecía la jugada maestra que culminaba una estrategia calculada, se revela como el error que puede dañar irremediablemente la carrera política de Rajoy y precipitar la convocatoria de elecciones generales en el Reino de España en la primavera de 2018.

Entre otras cosas porque la situación política catalana se inscribe en una crisis estructural del régimen del 78, cuyas costuras han comenzado a estallar como consecuencia de la Gran Recesión. Y si la atención de los medios de comunicación, y las exigencias de la propaganda, han volcado todos los focos en los insospechados y cuanto menos cinematográficos acontecimientos que se han sucedido a la proclamación de la República catalana, otros no menos llamativos se han desarrollado en la penumbra mediática: las conclusiones de la fiscalía en el caso Gürtel y la detención del comisario Villarejo, exponiendo una vez más la corrupción sistémica y las cloacas del régimen; las exigencias de la Comisión europea de un presupuesto para 2018 que cumpla sus requerimientos de ajuste; los problemas de financiación autonómica que revelan -entre otros los debates presupuestarios de Madrid y Valencia-, la bancarrota que quiso frenar la Conferencia de Presidentes de enero de 2017 y que acabó en el “cuponazo” de los presupuestos generales de Montoro pocos meses después.

Pero la coyuntura se jugaba en una sola decisión: las elecciones autonómicas convocadas de forma extraordinaria mediante el artículo 155. El argumento tan manido estos días de que “legalidad es democracia” podía quizás convencer a los creyentes de la legitimidad de semejante proceso electoral, con la Generalitat intervenida. Pero lo que Rajoy no esperaba es que todas las fuerzas políticas en presencia aceptasen el reto de participar y ganarlas, cuestionando en un pulso de semejante envergadura la legitimidad del gobierno Rajoy.



Incapaz de dar seguimiento a la Ley de Transitoriedad de la proclamada República catalana por la intervención primero del Tribunal Constitucional, después la aplicación del art. 155 y, por último su cese, Puigdemont optó por acompañar la decisión de participar en las elecciones del 21 de diciembre con un gesto simbólico de resistencia y mantenimiento de la legitimidad surgida del referéndum del 1 de Octubre como trasladarse con una parte del Govern cesado a Bruselas. Mientras la mayor parte del Govern, ocho consellers, acababan en la cárcel, con vejaciones incluidas, con el vicepresident Jonqueras a la cabeza, por una decisión de la juez Lamela de la Audiencia Nacional cuyos débiles fundamentos jurídicos son algo más que discutibles.

Tras la orden de detención europea firmada por la misma juez Lamela, Puigdemont y los consellers que le acompañan se han entregado a la policía belga. Será muy difícil que ningún juez belga acepte una extradición por los motivos políticos alegados –teniendo en cuenta que no existen en el código penal belga los delitos de sedición y rebelión-, pero además el procedimiento no culminará antes del 21 de diciembre. Y mientras tanto, Puigdemont ya ha definido los ejes de la campaña electoral del 21-D, presentado su candidatura, y se dispone a utilizar el proceso de extradición como plataforma electoral internacional. Un “acto de cobardía”, lo ha calificado ese ejemplo de resistente clandestino protegido bajo el franquismo y dudoso defensor de la legalidad en los “años del plomo”, Felipe González; mientras la prensa del régimen del 78 convertía el viaje de Puigdemont a Bruselas en una astracanada y en la justificación de la detención de los miembros del Govern restantes. Pero Rajoy callaba, porque es más consciente que este coro tragicómico de la segunda restauración borbónica de que ha perdido de nuevo la iniciativa política.

Hasta el 7 de noviembre, el próximo martes, no se conocerán las coaliciones de estas elecciones plebiscitarias donde las haya, gracias a la política del Gobierno Rajoy. De entrada, el “bloque constitucionalista” que debería apoyar a la candidata del cada vez más derechista Ciudadanos, Arrimadas, a alcanzar la presidencia, no concurrirá unido. De hecho, el PSC no quiere ni oír hablar de él y hace equilibrios como apoyar la aplicación del art. 155, pero condenar (sic) sus consecuencias.

Más fácil lo tiene Catalunya en Comú, que ha decidido mantener su defensa de un referéndum pactado y legal y convertir la campaña en una denuncia de la represión y la intervención de la Generalitat e instituciones catalanas, adelantando la perspectiva de un “bloque soberanista y catalanista” como mínimo denominador común con el “bloque independentista”.

Es el “bloque independentista” el que sufre las mayores tensiones internas, porque ERC tendrá que elegir entre imponer su hegemonía a costa de Junts pel Sí, o aceptar cederla a Puigdemont y, a través de él, al PDdCAT. La CUP, es evidente que a pesar de su indecisión, apoyará cualquier fórmula que decidan ERC y el PDdCAT en nombre de la liberación de los presos y la restauración de Puigdemont como President.



En este escenario electoral, en el que el efecto más importante de la aplicación del art. 155 ha sido hacerle la campaña electoral al “bloque independentista”, las encuestas apuntan una situación muy similar entre los tres bloques, aunque con reforzamiento dentro de ellos de ERC y Ciudadanos, aunque el primero superaría al segundo en más de 6 puntos. Es decir, la única alternativa real a un nuevo Govern independentista sería un Govern soberanista de izquierda. Rajoy lo tiene crudo. ¿Cómo podrá aceptar o justificar cualquiera de estas dos alternativas en las elecciones que el mismo ha convocado y organizado después de la aplicación del artículo 155?

Comentaristas como Enric Juliana, pero también Luis María Ansón, Fernando Garea, Jose Antonio Zarzalejos o Juan Luis Cebrián, comienzan a apuntar ya los peligros que ello implica no solo para la carrera política de Rajoy sino para el propio régimen del 78. Rajoy no tendrá otra opción política que convocar elecciones generales en la primavera de 2018 e intentar su propio “bloque constitucionalista” para legitimar su actuación con un “gobierno de salvación nacional”, si no se abre antes una crisis sucesoria en el PP.

Esto nos lleva a la tesis que Sin Permiso ha mantenido estos años: que las causas de la crisis estructural del régimen del 78 lo hacen irreformable. Que antes o después –cuanto antes mejor dado el coste de la crisis- es necesario un proceso constituyente que democráticamente encuentre una solución alternativa. Hemos sido testigos de las dificultades, errores y vacilaciones del proceso soberanista catalán, pero también lo estamos siendo de la incapacidad del gobierno Rajoy para darle una solución democrática y su amenaza en convertir el régimen del 78 en el régimen del 155. Para imponer no solo un gobierno constitucionalista minoritario y antidemocrático en la Generalitat, sino también tapar su corrupción y aplicar la vuelta de tuerca del ajuste neoliberal que le exige la Unión Europea.

Hay convocadas muchas movilizaciones para los próximos días en Catalunya, desde una gran manifestación el 11 de noviembre hasta una concentración en Bruselas a principios de diciembre, coincidiendo con el “día de la Constitución española” o una fecha cercana. Hasta entonces, distintos actos como las colgadas de carteles ya realizadas el domingo 5 y distintos actos de lucha sindical y “paro nacional” el miércoles 8 de noviembre. También han vuelto las caceroladas a las 22 horas todos los días por la libertad de los presos políticos. Sin contar los múltiples actos descentralizados de protesta en actos deportivos como el que hubo en el campo del FC Barcelona durante el partido del sábado 4 de noviembre. O, cuando escribimos estas líneas, el corte de la N-II de 2.000 personas a su paso por Mataró en protesta por una agresión fascista pocos días antes. Los Comités de Defensa de la República (CDR) están jugando un papel muy importante de resistencia y organización por barrios y pueblos. En Manlleu se reunieron el 4 de noviembre una representación de 172 CDRs. En el comunicado que se hizo público, podemos leer: “Con la consolidación de la red de vecinos y vecinas que hicieron posible la celebración del referéndum del 1 de octubre, estamos preparados y preparadas para defender la República de forma pacífica pero contundente. Por todo esto llamamos a la población a participar de forma activa en los Comités de Defensa de la República de su municipio.” Existen incluso CDRs en ciudades extranjeras y muy lejanas, como en la Ciudad de México.

Se trata de una iniciativa de resistencia y coordinación de actos de lucha muy necesaria y debería animar a las izquierdas españolas, por sentido común, a diseñar una alternativa unitaria y de movilización en solidaridad con la situación de represión que sufren las libertades democráticas en Catalunya. Lo hemos dejado dicho más de una vez, y es algo de lo que se está tomando cada vez más conciencia en muchos (?) sectores de la izquierda española que ven más allá del inmediato oportunismo electoral: las libertades que hoy son atacadas en Catalunya lo serán pronto, si no lo son ya, en el conjunto del Reino. La solidaridad con Catalunya es condición necesaria para evitar la extensión de la represión de las libertades democráticas en el conjunto del Reino de España.

Son editores de Sin Permiso.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 5 noviembre 2017

Ayer domingo, con 10 meses de retraso provocado por el gobierno, se celebraron en Venezuela las elecciones de las 23 gubernaturas que tiene el país. Antes de la jornada, en manos del partido del gobierno estaban 20 de estas y de la oposición tres. Al cierre de la campaña, las encuestadoras más serias anunciaron que la oposición ganaría entre 13 y 18 de las mismas.

La jornada tuvo lugar dos meses después de las manifestaciones contra el presidente Maduro y las protestas por el golpe dado a la Asamblea Legislativa con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente controlada por el gobierno y desconocida por la comunidad internacional. Entre mayo y agosto, en esos eventos, fueron asesinados 125 personas. La mayoría a manos de cuerpos de seguridad del gobierno y paramilitares.



Al momento de escribir (18:00) la oposición, organizada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), gana más de la mitad de las 23 gubernaturas, según las encuestadoras reconocidas. Queda por definirse el número preciso, pero se adelanta que son entre 13 y 14. Es una victoria contundente que expresa el rechazo al gobierno de Maduro y el deseo que tiene la mayoría de la sociedad venezolana de poner fin a la fracasada revolución bolivariana. Habrá que ver si el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el gobierno, reconoce estos resultados que sin maniobras oficialistas pudieron haber sido más abultados.

La MUD se presentó a las elecciones a sabiendas de que las condiciones de las mismas eran muy desiguales y estaban diseñadas para beneficiar al partido del gobierno, pero decidió participar consciente que el descontento popular es enorme y eso le daba ventaja y podía ganar. Su análisis se comprobó. Eso es lo que ha sucedido. Hicieron buen uso del arma más poderosa que tienen para enfrentar al gobierno de Maduro, el voto popular.

El resultado de la elección fortalece al MUD y su proyecto de cara a las elecciones municipales que deben tener lugar en noviembre y a la presidencial en 2018. Siempre y cuando las autoridades no alteren las fechas. El gobierno y su proyecto son cada día más débiles. Se hacen valer por la fuerza policial y militar, pero no por tener de su lado a la mayoría de la gente. Ésta ya no está con ellos. Lo estuvo en el pasado, en los tiempos que el barril del petróleo se vendía a 150 dólares.



De cara a la elección presidencial del próximo año, el resultado de ésta, que eligió a gobernadores, anuncia ya la derrota del partido en el gobierno y del candidato que éste ponga. Todo dice volverá a ser Maduro, pero los dirigentes chavistas podrían dar un golpe y desplazarlo ante su desprestigio y mala imagen en búsqueda de poner a un nuevo candidato, que pueda ofrecer más votos. Son tiempos donde es muy difícil revertir la opinión de la gran mayoría de los venezolanos. Ellos son los que van a decidir en las urnas.

Mundo Nuestro. El siguiente texto de la historiadora catalana-mexicana Montserrat Galí Boadella nos permite entender un asunto de fondo que subyace en el conflicto que se vive hoy entre el Estado español y Catalunya, el de la legalidad de un referéndum fundado en el derecho humano de la autodeterminación de los pueblos.

De Montserrat Galí hemos publicado en esta revista el texto

En estas fechas las reivindicaciones políticas y sociales de Catalunya se han hecho visibles ante el mundo. La violencia contra una población pacífica que quería votar el domingo 1 de Octubre ha puesto en evidencia que España, contrariamente a lo que se presume, no ha hecho la transición, no es todavía un país plenamente democrático y mantiene tics autoritarios. El motivo de la brutal agresión a la población, incluyendo ancianos, se debía a que el Estado español, por medio de su Tribunal Constitucional, había declarado “ilegal” el referéndum de autodeterminación convocado por la Generalitat de Catalunya. Veremos este asunto de la “ilegalidad” más adelante.



Reacciones de la prensa internacionl ante los sucesos del 1 de octubre.

La jornada represiva del domingo 1 de Octubre, venía precedida de más de una década de desencuentros graves entre Catalunya y España, que a su vez se originan en desacuerdos de larga duración quizás insalvables. No vamos a detenernos en ellos porque rebasan el ámbito de este ensayo. Más bien vamos a enfocarnos en el referéndum y sus lecciones, porque nos llevan a reflexionar sobre la que para algunos observadores probablemente sea la primera revolución social del siglo XXI.

En las últimas elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, los partidos independentistas ganaron la elección y anunciaron que cumplirían el mandato de los electores, quienes votaron a favor de iniciar el proceso de independencia, que más tarde se decidió refrendar con un referéndum. A partir de aquel momento los partidos dinásticos, como los denomina el Prof. Ramón Cotarelo, declararon que el referéndum era imposible, ilegal y anticonstitucional y se cerraron a cualquier diálogo sobre el tema. El argumento de Rajoy es que la Constitución Española prohíbe la celebración de un referéndum. Algo totalmente falso, ya que como se puede leer en el artículo 92 de dicha constitución los referéndums se celebrarán para asuntos de trascendencia (los hubo para entrar a la OTAN y para entrar a la Unión Europea) pero deben ser autorizados por el Congreso y convocados por el Rey. En resumidas cuentas, hay que llegar a acuerdos, y como dijo Rajoy en cada ocasión: “ni puedo ni quiero”. El Gobierno catalán solicitó el permiso, formalmente, en 18 ocasiones, pero en todas ellas se le negó, sin apelación.

Manifestación el 3 de octubre.

Es comprensible que España se niegue a autorizar un referéndum que busca la independencia de Catalunya. Hay intereses económicos –sin Catalunya la economía española no es solvente- pero también motivos de índole emocional. Para España esto que se llama Catalunya es y ha sido siempre parte de España. Dejando de lado la enorme falsedad de esta afirmación –que ni siquiera vale la pena discutir- resulta evidente que hay problemas graves de convivencia entre estas dos entidades políticas y territoriales. Es, por decirlo de manera llana, un mal matrimonio a la fuerza, puesto que el enlace empezó con el sitio y destrucción de Barcelona en 1714, una fiesta nupcial verdaderamente trágica, seguida de la anulación de la legalidad catalana. A partir de ahí, como en todo mal matrimonio, ha habido momentos de confrontación y momentos de paz o tregua. Pero si una de las partes quiere mantener a la otra y jura y que la quiere y la ama, debe hacer propuestas que convenzan a la parte agraviada que se quiere divorciar. Debe tratar de seducir, ser amable, hacer algún gesto de acercamiento o afecto. No debe amenazar con juicios, cárcel, multas millonarias, penas por sedición y ataques violentos a una población indefensa que sólo quería votar.

Memoria e historia: la prensa franquista celebra la caída de Barcelona.

Para el que no conoce la historia española a fondo es difícil entender la tortuosa relación de España con Catalunya. Atendiendo sólo el siglo XX, daremos algunos ejemplos que descubren las profundas dificultades de convivencia entre españoles y catalanes. Al iniciar la Guerra Civil, ante las demandas políticas catalanas, el presidente Azaña dijo refiriéndose a la “díscola” Cataluña: “Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar España, prefiero Franco.” Es decir, en este punto no hay izquierda ni derecha, sino un total acuerdo ya que Franco decía lo mismo: “España antes roja que rota”. Actualmente el PSOE y el PP piensan lo mismo. En Catalunya, muy dados a la ironía, esta versión de la historia de España se expresa así: “Lo que más se parece a un español de derechas es un español de izquierdas” (frase del escritor Josep Pla).

Esta visión de la historia de España puede ejemplificarse con otras dos frases célebres. La primera es de Manuel Fraga, ministro de Franco y fundador del PP, quien en 1961 consideraba a Cataluña simple y llanamente tierra de conquista: “Cataluña fue ocupada por Felipe IV (Guerra de 1640); Felipe V (Guerra de Sucesión); fue bombardeada por el General Espartero (1840), y la ocupamos en 1939 (victoria de Franco), y estamos dispuestos a volverla a ocupar tantas veces como sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger de nuevo el fusil”. Todavía tenemos versiones más retorcidas obsequiadas por la izquierda de la “transición”: en 1984, Felipe González, en plena lucha contra el terrorismo de ETA consideraba que “El terrorismo en el País Vasco es una cuestión de orden público, pero el verdadero peligro es el hecho diferencial catalán”. El “hecho diferencial”, dicho sea de paso, es el pecado mortal de Catalunya de exigir su reconocimiento como nación.

Con esta frase de Felipe González podemos entrar el tema que nos interesa analizar el día de hoy, y es el nuevo orden internacional que poco a poco se ha ido construyendo a partir del reconocimiento de los Derechos Fundamentales y los Derechos Humanos, nociones que configuran el actual marco jurídico internacional. Un marco jurídico que determina, por ejemplo, que los delitos de lesa humanidad no prescriben. Y si señalamos este delito en particular es porque pone en evidencia que la tan cacareada transición española apenas está en pañales: no se ha castigado a los responsables de los asesinatos de la dictadura franquista (los de los republicanos se pagaron con creces); no se ha abjurado de la dictadura de Franco y por el contrario se mantiene su tumba de manera faraónica en el Valle de los Caídos; se permiten partidos, asociaciones y manifestaciones franquistas y no se han abierto las fosas colectivas con los asesinados durante la Guerra Civil Española. Este déficit de democracia corroe las entrañas de un país que con el referéndum de Cataluña se tambalea.

Una imagen de la represión del 1 de octubre.

Esta falta de democracia se pone en evidencia al descubrir la incompatibilidad de la Constitución Española con el Derecho Internacional actual; y en consecuencia el porqué el domingo 1 de Octubre se confrontaron dos legalidades. La legalidad española trasnochada y la legalidad catalana sustentada en el derecho internacional que defiende su Parlamento. Dos legalidades que a mi modo de ver, después de haber leído numerosos trabajos de juristas, constitucionalistas e internacionalistas de prestigio de numerosos países, se están enfrentando ahora en el problema del referéndum catalán, pero seguirán enfrentándose en lo que viene del siglo XXI en otros países y latitudes. Trataré de presentarlo de manera sencilla:

El derecho a la autodeterminación es un derecho fundamental, y como tal se tiene, no se obtiene ni se recibe. Las personas y las colectividades, sobre todo cuando se pueden definir como un pueblo o nación, tienen derecho a auto - determinarse. Esta noción está plasmada en dos instrumentos legales que España ha firmado y que, de acuerdo con el Derecho Internacional, los países y estados que los han firmado están obligados a respetar y observar. El primer instrumento es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, promulgado en Nueva York el 19 de diciembre de 1966. El rey Juan Carlos, colocado en el trono de España por Francisco Franco, firmó este Pacto en 1977, es decir, un año antes de que se promulgara la Constitución española. El primer artículo de este Pacto dice textualmente: “1. Todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo su desarrollo económico, social y cultural.” En el inciso 3 se añade: “Los Estados Partes en el presente Pacto, incluso los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos o territorios en fideicomiso, promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación, y respetará este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas.” (Se puede consultar en internet).

Movilización estudiantil en defensa de los centros de votación.

El Ministro de Asuntos Exteriores de España firmó el pacto en Nueva York el 28 de septiembre de 1976 y Juan Carlos lo ratificó en Madrid el 13 de abril de 1977, por lo que la Constitución Española (1978) debió recoger este compromiso, de obligada observancia. El propio Juan Carlos, al firmar el Pacto acordó: “Apruebo y ratifico todo aquello que se dispone en él, observarlo y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes.” En consecuencia España está obligada a respetar e incluso garantizar el referéndum catalán. Por si esto no fuera suficiente, la propia Constitución Española en el artículo 10.2 dice: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España.” En consecuencia el Tribunal Constitucional no puede declarar “ilegal” dicho referéndum.

No quiero extenderme más en este punto, sólo recordar que España volvió a ratificar el derecho de los pueblos a la autodeterminación al ingresar a la Unión Europea y firmar la Carta de los Derechos Humanos de la Unión Europea. En consonancia con estos principios, resulta interesante constatar que en ningún cuerpo jurídico español consta que convocar y realizar un referéndum sea ilegal, por lo que las acusaciones a los más de 700 alcaldes catalanes llevados ante el juez por abrir colegios electorales, o la detención de 14 altos funcionarios el pasado 20 de septiembre –sin mediar orden de aprehensión por cierto-, son fruto de la falta de legalidad del gobierno de Mariano Rajoy. Este gobierno ha amenazado llevar a la cárcel por el mismo motivo al presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont. Sobran comentarios.

Las fuerzas nacionales y la requisa de las urnas.

La Generalitat de Catalunya alega, con toda razón, que ella se atiene a leyes y derechos fundamentales custodiadas por los máximos organismos internacionales, que son superiores a cualquier interpretación de un Estado o gobierno. El enfrentamiento entre Catalunya y España no se trata de un “choque de trenes”, como se dijo durante meses, sino de un “choque de legalidades”. Una legalidad superior, porque se basa en los Derechos Humanos, y una legalidad parcial de un Estado que interpreta a su conveniencia los pactos internacionales y el Derecho; porque las leyes deben apegarse a derecho. Las dictaduras también tienen leyes. Como se vio en España: las leyes de Franco restauraron la casa de Borbón, lo que explica el vergonzoso discurso de Felipe VI después del referéndum, un rey que no se debe a su pueblo ni a los Pactos firmados por España sino a la decisión de un dictador, cuyos herederos directos son los actuales gobernantes en Madrid.

El domingo 1 de octubre vimos como se trató de impedir un acto democrático, votar, usando la fuerza y los recursos coercitivos del Estado. Nos faltan todavía muchas cosas por ver, pero de momento hay algunas lecciones a tomar en cuenta. La primera se expone de manera clara en los numerosos videos que circularon por la red y que se pueden seguir viendo en youtube: la existencia de una ciudadanía, con convicción democrática pacifista, cohesionada, consciente de sus derechos, decidida a defenderlos, todo ello con la más absoluta civilidad, sin la menor señal de violencia. Un acto que hace honor a los postulados de Gandhi. En segundo lugar un movimiento transversal, sin la presencia de ningún partido, un acto de la sociedad civil organizada, consciente, en cuya organización jugaron un papel fundamental las redes, a las que el Gobierno español hackeó ilegalmente. Una sociedad en la que a pesar de la insistencia de quienes la quieren desacreditar, el nacionalismo o el populismo no son los motores del movimiento social. En Catalunya hay un proyecto republicano, y éste consiste en construir una sociedad mejor, más justa e igualitaria.

Mariano Rajoy, en un acto de autismo institucional, afirmó en la noche del domingo que en Catalunya no hubo referéndum. Otros, en un ataque de clarividencia, dijeron que el referéndum no tenía garantías. Es bastante obvio, y todo el mundo lo pudo ver, que el referéndum no fue normal ni tuvo las garantías necesarias: la represión española se encargó de que así fuera, clausurando colegios electorales, secuestrando urnas, hackeando internet y agrediendo ciudadanos. A pesar de ello votaron 43% de los electores, el promedio internacional en este tipo de comicios, y el SI a la república obtuvo el 90%. Se alega que la “mayoría silenciosa” no votó. Esta mayoría silenciosa vive en Catalunya pero no se considera catalana, sólo española, y por lo tanto creyó que era un referéndum “ilegal” que no les concernía, o bien personas que nunca votan o que tuvieron miedo a la represión. Pero los catalanes votaron y como dijo Puigdemont, se ganaron el derecho a ser respetados, oídos y atendidos en sus demandas.

La autodeterminación expresada en el voto.

Nos hemos detenido en estos hechos porque son la parte visible y reciente de unproblema de larga duración poco o mal conocido por los mexicanos. Pensamos que al margen de la simpatía o antipatía que se pueda sentir por Catalunya y sus reivindicaciones políticas, el fenómeno en sí permite reflexionar sobre los procesos que buscan ampliar los derechos sociales y las libertades de la ciudadanía. Porque al margen de las particularidades de Catalunya: su historia milenaria, sus luchas sociales y antifranquistas, su posición progresista y solidaria ante los problemas del mundo actual (pobreza, migración), el espíritu cosmopolita de su potente cultura, el carácter trabajador de sus ciudadanos y otros etcéteras, lo que el mundo ha podido ver desde que hace 5 años iniciara el proceso de autodeterminación, es su inquebrantable compromiso con la no violencia, la paz y la democracia. En el mundo académico que estudia los movimientos sociales actuales o entre los pueblos que buscan su independencia, como son Escocia, Euskadi y Quebec, ya se habla del “modelo catalán” como expresión de las nuevas revoluciones sociales del siglo XXI. En numerosas universidades europeas se están realizando tesis sobre un proceso en el que se conjuga la filosofía jurídica del respeto a los derechos humanos como principio legal, con el mundo de la comunicación regido por el derecho a la expresión y la información, un modelo que deberá determinar nuestro futuro social y ético. No por casualidad un personaje como Julian Assange se ha mostrado tan interesado en el proceso que vive Catalunya.

Siguiendo la lógica de la declaración de inconstitucionalidad de la ley de referéndum aprobada por el Parlament de Catalunya por parte del Tribunal Constitucional del Reino de España, los más de 15.000 policías nacionales y guardias civiles estacionados en tres barcos de crucero en el puerto de Barcelona han sido lanzados en sus vehículos y durante todo el día han reprimido el ejercicio del derecho a voto este primero de octubre del pueblo de Catalunya. El famoso “a por ellos” con el que fueron despedidos en algunas ciudades españolas, con la participación de mandos, no era sino una extensión de lo que ya había decidido el gobierno Rajoy.

Es innecesario buscar adjetivos para el ejercicio de su función represiva contra los colegios electorales constituidos, las colas de votantes o el “material electoral”. Las imágenes de los videos difundidos se explican por sí mismas y no precisan de comentarios sobre lo que el gobierno Rajoy considera el uso “proporcional, eficaz y sereno” del monopolio de la violencia que ostenta. La Guardia Civil y la Policía Nacional actuaron como fuerzas de ocupación. En todo caso, la vicepresidenta del gobierno español Saenz de Santamaría ha despejado cualquier duda asegurando que las fuerzas represivas –en este caso de “desorden” del proceso electoral- habían actuado sólo contra el “material electoral”. 844 “materiales electorales”, en la particular terminología cínica de la vicepresidenta, han tenido que ser atendidos en diversos hospitales de toda Catalunya y dos de ellos se encuentran en estado grave por los disparos de pelotas de gomas. Unas pelotas de goma que hace tiempo están prohibidas en Catalunya.

Lo que ha demostrado, entre otras muchas virtudes el gran movimiento que ha hecho posible el 1 de octubre es la capilaridad de su organización. Hay quien lo compara por exceso poético con el 15-M catalán: no, es mucho más amplio.

El gobierno Rajoy había asegurado durante semanas que legalidad es lo mismo que democracia. PSOE, Ciudadanos, medios de comunicación (las portadas y artículos de El Mundo, La Razón, El País, ABC… del día 2 parecen una invención alucinante de lo sucedido el día anterior) y conocidos peritos en legitimación, explicaron esta tesis de mil maneras distintas. Y, claro está, su contraparte: el referéndum del 1-O ni era legítimo, ni era legal,, ni tenía garantías, ni era nada que se asemejase a algo democrático. Con independencia de que sea el mismo gobierno el que defina e interprete a través de su control del aparato judicial -y muy especialmente de un Tribunal Constitucional cuya mayoría designa, relegando a la “independencia del poder judicial” a un insuperable ejemplo de contradictio in terminis- qué es la “legalidad”, es evidente que la coherencia de su discurso exige hoy ilustrar lo que realmente entiende por “democracia” a través de las imágenes de doce horas de represión filmadas en directo.



El efecto no puede ser más devastador para la legitimidad de cualquier gobierno. Un gobierno legal, per definición, otro perfecto ejemplo de que hay legalidades que merecen ser barridas de la realidad.

¿Imposible la autodeterminación?

La “ilegalidad” así reprimida -con un criterio de “proporcionalidad” que exigía para contenerse la disolución del “material electoral” hasta el punto de que no pudiera expresarse libremente a través de la introducción de una papeleta en una urna- ha hecho, según el gobierno Rajoy, imposible el ejercicio del derecho de autodeterminación mediante referéndum.

Es difícil negarle al gobierno sus esfuerzos represores para desvirtuar las condiciones habitualmente exigibles para el desarrollo democrático del libre ejercicio del voto. Como en una profecía autocumplida o una crónica anunciada ha hecho todo lo posible para hacer imposible lo que el mismo exigía. Y de qué manera. Pero lo asombroso a pesar de ello, es que la gente –mucha gente, más de dos millones de personas- ha constituido miles de colegios electorales, ha hecho muchas horas de cola (el ataque al sistema informático obligaba muchas veces a algún miembro de la mesa a salir a explicar a la gente que “tuvieran paciencia”), ha votado, ha levantado barreras humanas contra quienes querían llevarse las urnas y las papeletas. Semejante osadía democrática merecía ser castigada mediante la barbarie policial, una y otra vez “proporcionalmente”. Las imágenes impresionaron a muchos observadores extranjeros que literalmente no daban crédito a lo que estaban viendo en un Estado que dice llamarse “de derecho”.

¿Es posible poner en duda que la expresión de resistencia democrática y de ejercer su derecho a la autodeterminación de toda esta gente es algo muy superior al formalismo de introducir un voto en una urna?



Muchas personas, en el momento de votar, quisieron que fuera fotografiado el momento. Porque eran perfectamente conscientes que estaban viviendo un momento histórico. No es lo habitual en otras elecciones. Y hay quien ha querido después, en su impotencia para impedirlo, discutir la limpieza de las votaciones. Es la calumnia más impúdica cuando no queda ni un adarme de razón. Hubo personas ancianas, que tenían preferencia siempre en las colas, que tuvieron que regresar a casa porque habían traído el DNI fotocopiado, porque solamente se permitía el original. Los miembros de la mesa, con enorme pesar, así tse lo comunicaban. Y los ancianos volvían con su DNI tiempo después… Pero los defensores del “estado de derecho” intentaron menospreciar esta gran jornada de movilización democrática calificándola de “pic-nic”, o calumniando al afirmar que se realizaban “votaciones en grupo”. Las hemerotecas son inclementes y algunos se habrán arrepentido ya de su vileza. Y el Alto Comisionado para los DDHH de Naciones Unidas, Zeid Raad Al Hussein exige una investigación sobre los actos violentos policiales del 1 de octubre.

Puestos a recordar la definición del derecho de autodeterminación de los pueblos en el derecho internacional -desde la década de 1860, a partir de los 14 Puntos de 8 de enero de 1918 del Presidente de EEUU Woodrow Wilson, pero también de la Resolución del Congreso de Londres de 1896 de la Segunda Internacional y la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia de noviembre de 1917 del gobierno soviético, más tarde recogido en el punto 8 de la Carta Atlántica de 14 de agosto de 1941, en el Capítulo 1, artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas de enero de 1942 y en el artículo 1 de las Convenciones de 1966 de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales- : “Todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación. En virtud de ese derecho determinan libremente su estatuto político y libremente el carácter de su desarrollo económico, social y cultural”.

Porque el elemento central del derecho de autodeterminación es la constitución de un pueblo soberano que decide por sí mismo, no el resultado de esa decisión. Tras el 1 de octubre caben pocas dudas que el pueblo de Catalunya se ha constituido como pueblo soberano. Este es el derecho internacional que pretende evadir la Constitución de 1978 al establecer a priori en su artículo 2 la existencia de un solo pueblo soberano en el Reino de España, al que el texto constitucional “restauraría” su soberanía bajo una monarquía, después de 40 años de dictadura franquista.

Una nueva legitimidad popular catalana

Tras el 1 de octubre, la “ilegalidad” declarada por el Tribunal Constitucional sobre la que se asienta la represión vivida, se enfrenta a una nueva legitimidad constituyente surgida de la propia movilización popular en defensa del derecho a decidir. En los próximos días se barajarán distintas propuestas. Pero algo está claro para una proporción muy grande de la población: el 1 de octubre ha constituido un pueblo soberano catalán y ha hecho realidad el surgimiento de una nueva legitimidad en la que asentar las instituciones políticas catalanas. El reconocimiento expreso de ella en los programas electorales de las fuerzas políticas que concurran a unas nuevas elecciones catalanas, cuando sea el momento adecuado, dotarán al nuevo Parlament de un carácter constituyente.

Esta es la principal razón jurídico-política de la derrota de Rajoy este 1 de octubre: el imprescindible diálogo y negociación tendrán lugar sobre la base de unas soberanías compartidas, pero distintas, que entierran en Catalunya el régimen del 78. Desde su discurso en la noche del 1 de octubre, y en los próximos días, el gobierno Rajoy intentará negar esta nueva naturaleza potencial de las instituciones políticas catalanas, como si la movilización –no solo el referéndum- no hubieran tenido lugar, lo ocurrido fuera solo un problema de “orden público” y el diálogo político una sumisión jerarquizada para restablecer la gestión de las finanzas y competencias autonómicas intervenidas.

En esta lógica cobra todo su valor el llamamiento de la Mesa por la Democracia para defender los derechos soberanos ciudadanos en Catalunya. Como imprescindible es la solidaridad en el Reino de España y la Unión Europea. El día 3 hay convocada una huelga general, aunque algunos han preferido llamarla “paro de país” y otros simplemente “paro”.

Una fase más aguda de la crisis del régimen del 78

El 1 de octubre ha abierto, por lo tanto una nueva fase más aguda de la crisis del régimen del 78. Tanto Unidos Podemos como las fuerzas soberanistas catalanas –y próximamente vascas- apuntan al desarrollo de procesos constituyentes que permitan extender el derecho a decidir más allá de la Constitución de 1978 y los límites impuestos por los “poderes fácticos” en la Transición a todos los ciudadanos y todos los pueblos del Reino de España. Las manifestaciones de solidaridad con Catalunya en Madrid, Sevilla, Valencia, Bilbao… han sido una muestra de este camino abierto por las movilizaciones del 15-M, la lucha del pueblo catalán por su autodeterminación y el desprecio de las libertades democráticas en Catalunya antes y durante el 1 de octubre.

Las declaraciones de Pedro Sánchez el 1 de octubre no son esperanzadoras: condena del 1 de octubre como atentado al “estado de derecho”. Pero incluso el dirigente del PSOE ha tenido que exigir al PP una comisión de reforma constitucional y un “diálogo” con las instituciones políticas catalanas a partir de la condena de la actuación represiva del gobierno Rajoy: un equilibrismo imposible, se señalará con razón. Pero la solución de este equilibrio no es otra que una moción de censura inmediata contra el gobierno Rajoy.

Porque en términos prácticos, el gobierno Rajoy sale achicharrado de su gestión no solo del 1 de octubre, sino de su orientación de confrontación con el movimiento soberanista catalán desde el recurso de 2010 contra el nuevo Estatut de 2005. Su minoría mayoritaria, que le permitió formar gobierno después de dos procesos electorales perdiendo una sangría de votos, solo fue posible con la abstención de la gestora del PSOE y el apoyo presupuestario del PNV. Tras el 1 de octubre, no puede contar con el PNV para el presupuesto de 2018 y tendrá que prorrogar el de 2017. Y su intento de volver a subsumir al PSOE de Pedro Sánchez bajo su hegemonía a través del enfrentamiento con el soberanismo catalán se topa hoy con la condena de las escenas de represión y las llamadas a un diálogo que le hacen co-responsable, en otro equilibrismo, del enfrentamiento institucional junto a Puigdemont. El PP solo cuenta por el momento con los autonomistas canarios y con Ciudadanos, que ya empieza a criticar su gestión de la cuestión catalana como ineficaz, cuando no de fracaso.

La represión del referéndum del 1 de octubre exige un acto de fe de la derecha española: creer primero que ha desarticulado un referéndum cuyo recuento de votos se podía seguir en TV3 en el mismo momento en el que Rajoy hacía su declaración oficial tras la jornada. Pero si discutible es la existencia de las condiciones para su desarrollo democrático tras la masiva represión, no cabe duda que la movilización para votar y defender los colegios electorales ha sido la mayor del movimiento soberanista catalán en estos siete años de aplicación de la estrategia del PP. Y ese movimiento sigue después del 1 de octubre más activo, más organizado y más legitimado que en anteriores ocasiones entorno al ejercicio del derecho de autodeterminación. Hasta el punto que parecen cuanto menos ingenuas las ofertas de ministros como De Guindos de una mejora del sistema de financiación de la autonomía cuando, de entrada, todas sus cuentas están intervenidas. Esa derecha nacionalista española culpará a Rajoy de su fracaso el 1 de octubre, erosionando su legitimidad y su hegemonía en su propia base social.

Sin descartar nuevas intervenciones represivas en los próximos días y meses, incluida la aplicación formal del artículo 155, la crisis catalana se trasladará también a Madrid. Ya se ha trasladado, pero lo hará con mayor contundencia. La exigencia de diálogo para salir del callejón sin salida en el que Rajoy ha situado al régimen del 78, tanto en el terreno presupuestario como en el de la estructura territorial del estado (los dos únicos objetivos de esta legislatura), presionará a favor de un gobierno capaz de llevarlo a cabo. Ese gobierno no puede surgir de la alianza entre PP y Ciudadanos y solo puede constituirse tras nuevas elecciones anticipadas, que serían las terceras desde el fin de la mayoría absoluta del PP.

A falta de una alternativa por la izquierda –que no podría necesitar los apoyos de partidos soberanistas vascos o catalanes sin provocar una nueva crisis en el PSOE-, la agonía del régimen del 78 puede prolongarse con consecuencias cada vez más dañinas para una gestión económica completamente dependiente de la financiación de su deuda pública y privada de los programas de “flexibilización cuantitativa” del Banco Central Europeo.

El autocomplaciente discurso de victoria de Rajoy el 1 de octubre puede ser su canto de cisne. Sonaba a descomposición de un régimen deslegitimado y corrupto. El día 4 el Parlament de Catalunya hará balance. Y Rajoy ha pedido comparecer en el Congreso de los Diputados para explicar una intervención que ha provocado violaciones de derechos humanos, que hoy la propia UE critica. Mientras tanto, desde Catalunya y desde los sectores más diversos del Reino de España se exige: ¡Fuera la Guardia Civil y la Policía Nacional de Catalunya!

Son miembros del comité de redacción de Sin Permiso.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 2 de octubre 2017

Mundo Nuestro. Este domingo los acontecimientos recientes en Cataluña tocarán el punto extremo.

El Estado español ha batido todo propósito organizador del referéndum con el que los catalanes deciden su futuro. Un asunto complejo que dificilmente entendemos en México, agobiados por nuestras preocupaciones y miserias. Y terremoto de por medio. Pero los sucesos del mundo, y en particular lo que ocurre en España, determinan en buena medida nuestro propia realidad, Presentamos este Manifiesto propuesto por el equipo que edita la revista Sin Permiso en el marco del proceso de próximo domingo.

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La situación en Catalunya nos interesa y nos afecta a todas y a todos. Para el próximo 1 de octubre está anunciado un referéndum en Catalunya para ejercer un derecho legítimo, un derecho reconocido por las Naciones Unidas, que se acepta para muchos pueblos del mundo y que, sin embargo, se le niega al pueblo catalán y a los pueblos sometidos al Estado español.

Por su tradición histórica, su movilización y sus reivindicaciones el pueblo catalán ha demostrado que es una nación y que, por tanto, tiene el derecho a decidir libre y democráticamente su futuro y su relación con los pueblos que hoy conforman el Estado español.

La exigencia del derecho a decidir no va contra nadie. No es contra las clases trabajadoras o territorios que forman parte del Reino de España. Es una seña democrática el respeto y la solidaridad entre los pueblos. Enfrentar a unos pueblos contra otros es la más insolidaria de las políticas.

Las libertades se conquistan y se mantienen ejerciéndolas. El derecho de huelga se conquistó haciendo huelga. El sufragio universal fue una conquista democrática que supuso muchas luchas y enfrentamientos con la legalidad de entonces. Los actuales poderes cambian la legalidad y la Constitución cuando les interesa. Defendemos que el pueblo catalán pueda hacer efectivo su derecho de autodeterminación.

No tenemos ninguna duda de que esa mayoría que quiere decidir preferiría hacerlo de una manera acordada con el gobierno español, pero éste se ha negado en redondo. Dialogar y dar la voz a la ciudadanía es la mejor manera de resolver un problema político.



Existen en nuestro país síntomas alarmantes de degradación democrática, cada vez hay menos mecanismos de control democrático del poder; las elites se enriquecen a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población; la corrupción ha llegado a niveles insoportables; se legisla recortando derechos y ahora se quiere impedir el derecho de un pueblo a decidir sobre su soberanía.

Deseamos la igualdad de todas las naciones y pueblos y que nadie pueda tener privilegios por encima de otros; por eso mismo defendemos el derecho del pueblo catalán a votar en referéndum. La solidaridad y la fraternidad se consiguen tratándose como iguales, ayudándose recíprocamente cuando es necesario.

El movimiento soberanista e independentista catalán es un movimiento pacífico, democrático y republicano con amplio apoyo popular, que nace de la sociedad civil y se traslada a las organizaciones políticas y sociales. Buena parte de este movimiento social demanda cambios que favorezcan a la población más afectada por la crisis. Por eso es un aliado de todos los pueblos de España y de quienes luchan para cambiar las políticas del PP y el gobierno Rajoy.

Nos oponemos y nos opondremos a cualquier tipo de represión judicial o policial que pueda ejercer el gobierno español contra quienes ejerzan sus derechos democráticos y contra las/los representantes e instituciones legítimamente elegidas por el pueblo catalán.

Quienes firmamos este manifiesto, más allá de la opción política de cada uno, nos sentimos comprometidos con el derecho a decidir del pueblo catalán, defendemos la convocatoria del 1 de octubre y apoyamos que exista el máximo de movilización y participación en el referéndum para que sea conocida y respetada la voluntad mayoritaria.

Para ver las versiones en catalán, euskera y galego y las firmas recogidas hasta el momento o sumarse al manifiesto, aquí.

FUENTE: https://www.manifiesto1octubre.org