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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Revista Sin Permiso. Matthew Hoh es miembro de la junta asesora de Expose Facts, Veterans For Peace and World Beyond War. En 2009 dimitió de su puesto en el Departamento de Estado en Afganistán en protesta por el recrudecimiento del conflicto afgano por parte de la administración Obama. Previamente estuvo en Irak con un equipo del Departamento de Estado y con el cuerpo de Marines. Es miembro veterano del Center for International Policy.

Matthew Hoh

Si es verdad que los Estados Unidos han asesinado ayer en Irak al general Qasam Soleimani, comandante de las fuerzas iraníes de Al Quds, algo todavía por confirmar por parte de los iraníes en el momento de escribir esto, entonces no hay hipérbole o exageración lo bastante grande para condensar lo que puede sucederle a millones de familias. El equivalente de matar al general Soleimani sería que los iraníes asesinaran al general Richard Clarke, general de cuatro estrellas de los Estados Unidos a cargo de todas las operaciones especiales norteamericanas, pero sólo si Clarke tuviera la nombradía de Colin Powell y la competencia de Dwight Eisenhower. Aquellos iraníes, en el gobierno y en la sociedad civil, que quieren moderación, reducción de la tensión y diálogo encontrarán difícil argumentar en contra de represalias. Después de los veinte años que Irán lleva soportando un insulto tras otro, una provocación tras otra, un ataque tras otro, encuentro difícil creer que haya muchas Barbara Lee [veterana congresista afroamericana por California y figura destacada del movimiento antibelicista] en la Asamblea Consultiva Islámica.



Un joven mejor y más brillante que quienes le enviaron a Irak para formar parte de mi mando, preguntaba ayer tarde:

“Asumamos pues que Soleimani sea responsable de la incursión en la embajada del día 27. ¿Cuál sería la respuesta adecuada? Creo que habría grandes razones para hablar con los iraníes y empezar desde una perspectiva de 0-0”.

Esto es lo que nos prometen en cada ciclo electoral los dos partidos de la guerra: un liderazgo reflexivo, sabio y juicioso, que sepa reconocer el abismo y no irse de cabeza a él.

Imaginemos que el presidente Trump se dirigiera al Congreso y al pueblo norteamericano diciendo: “Entiendo el peligro en que nos encontramos, respeto los agravios de Irán y les pido que respeten los nuestros, voy a Teherán a reunirme con el presidente Rhouhani. He visto lo que provocaron Bush y Obama, y yo actuaré de modo distinto”. Y qué tal si les dijera a todo miembro del Congreso o de los medio que le criticara que se levantara y ofreciera lo que habían sacrificado en los últimos veinte años? ¿No lograría esa clase de liderazgo que le reeligieran? ¿Habría un cómputo de los cuerpos, mentes y almas salvadas? Sí, una fantasía mía de altas horas de la noche, impulsada por la eterna esperanza de los fantasmas que no perdonan, demasiados, de estas guerras, pero esperanza parece ser todo lo que ahora mismo tenemos.

Hace dos mil años se habría sacrificado en Roma un toro en el Templo de Marte para aplacar y apelar al Dios de la Guerra. Este fin de semana en el D.C. [Distrito de Columbia], así como con toda seguridad en Tel Aviv, y muy posiblemente en Londres, se abrirán los vinos y licores más exquisitos, sin cuidado aparente de que el sacrificio requerido no se mida en un solo animal sino en millones de humanos muertos y destruidos.



En Roma rendían culto a Plutón como Dios del Inframundo y de la Muerte. Convenientemente, Plutón era también Dios del Dinero y la Riqueza. En estos tiempos parece que ni Marte ni Plutón parecen saciarse con las formas corporales y espirituales de los muertos. Si sacamos a Lincoln y a Jefferson del DC [Distrito de Columbia] y elevamos a su lugar a Marte y Plutón, dudo que se satisfagan los apetitos de Marte y Plutón, pero al menos estaríamos honrando a quienes servimos.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/01/03/the-killing-of-general-soleimani...

Traducción: Lucas Antón



Revista Sin Permiso. Jefferson Morley es autor de The Ghost: The Secret Life of CIA Spymaster James Jesus Angleton, es director de la bitácora digital The Deep State y miembro asimismo del Truth & Reconciliation Committee, fundado para reabrir las investigaciones sobre los asesinatos de John F. Kennedy, Martin Luther King, Robert F. Kennedy y Malcolm X.

Jefferson Morley

El pasado octubre, Yossi Cohen, jefe del Mosad israelí, habló abiertamente de asesinar al general iraní Qasem Soleimani, jefe de la fuerza de élite Al Quds del cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.



“Sabe él muy bien que su asesinato no es imposible”, declaró Cohen en una entrevista. Soleimani se había jactado de que Israel había tratado de asesinarlo en 2006 y había fracasado.

“Con el debido respeto a su bravata”, afirmó Cohen, “todavía no ha cometido necesariamente el error que le pondría en la prestigiosa lista de los objetivos de asesinato del Mosad”.

“¿Está Israel señalando como blanco al máximo general de Irán para asesinarlo?” preguntaba yo el 24 de octubre. El jueves [2 de enero], Soleimani fue asesinado en un ataque aéreo ordenado por el presidente Trump.

El convoy de Soleimani fue alcanzado por misiles norteamericanos mientras abandonaba el aeropuerto de Bagdad entre manifestaciones anti-iraníes y antinorteamericanas en Irak. Los partidarios de la milicia respaldada por Irak habían convenido en retirarse del complejo diplomático norteamericano a cambio de la promesa de que el gobierno permitiría una votación parlamentaria sobre la expulsión de 5.000 soldados norteamericanos del país.

El Pentágono confirmó la operación militar, que se produjo “por indicación del presidente” y estaba “destinada a disuadir de futuros planes de ataque iraníes”. El Pentágono afirmó en un comunicado que el general Soleimani estaba “desarrollando activamente planes para atacar a diplomáticos norteamericanos y militares norteamericanos en Irak y a lo largo y ancho de la región”.



El primer ministro israelí, Bibi Netanyahu, encausado por acusaciones delictivas, fue el primer y único dirigente nacional en apoyar la acción de Trump, al tiempo que afirmaba que Trump actuó enteramete por su cuenta.

“Igual que Israel tiene derecho a la defense propia, los Estados unidos tienen exactamente el mismo derecho”, declaró Netanyahu en Grecia a los periodistas. “Qasem Soleimani es responsable de la muerte de muchos ciudadanos norteamericanos y de otros inocentes, y planeaba más ataques”.

El presidente iraní, Hassan Rouhani prometió represalias por la muerte del general, tuiteando que “Irán se vengará de este crimen atroz”.



Un enemigo capaz

Soleimani era el enemigo más capaz de los Estados Unidos e Israel en la región. Como jefe de la fuerza Al Quds, Soleimani fue el cerebro de la estrategia de guerra asimétrica de Irán, utilizando fuerzas por delegación para desangrar a los enemigos de Irán, a la vez que preservaba la capacidad del gobierno para negar plausiblemente su implicación.

Tras las invasiones norteamericanas de Irak, financió y entrenó a las milicias antinorteamericanas que lanzaron ataques de bajo perfil contra las fuerzas de ocupación norteamericanas, matando hasta 600 soldados norteamericanos y generando presiones para la retirada norteamericana.

En años recientes, Soleimani dirigió con éxito dos operaciones militares iraníes: la campala para expulsar al ISIS del oeste de Irak en 2015 y la campaña para aplastar a las fuerzas yijadistas opuestas a Bashar El Asad en Siria. Los Estados Unidos e Israel denunciaron el papel de Irán en ambas operaciones, pero no pudieron impedir que Irán proclamara su victoria.

Soleimani había asumido un papel dirigente en la política iraquí el año pasado. La campaña contra el ISIS dependía de las milicias iraquíes, a las que apoyaban los iraníes con dinero, armas y entrenamiento. Tras la derrota del ISIS, estas milicias mantuvieron un papel destacado en Irak que molestó a muchos, lo que condujo a manifestaciones y disturbios. Soleimani intentaba estabilizar el gobierno y canalizar las protestas contra los Estados Unidos cuando le mataron.

En ese mismo periodo, Israel llevó a cabo su programa de asesinatos de objetivos. En la última década, el Mosad ha asesinado al menos cinco científicos nucleares iraníes, de acuerdo con el periodista israelí Ronen Bergman, en un esfuerzo por desbaratar el programa nuclear de Irán. Yossi Melman, otro periodista israelí, afirma que el Mosad ha asesinado a 60-70 enemigos fuera de sus fronteras desde su fundación en 1947, aunque ninguna de ellos tan destacado como Soleimani.

Israel comenzó también a atacar el pasado año a las milicias respaldadas por Irán. Los Estados Unidos hicieron lo propio el 29 de diciembre, matando a 19 combatientes y provocando las manifestaciones antiraníes de hace un mes.

Ahora el asesinato de Soleimani promote más turbulencia, si es que no hay guerra abierta. La idea de que va a disuadir de nuevos ataques iraníes es una insensatez.

“Esto no significa la guerra”, ha escrito el antiguo funcionario del Departamento de Defensa, Andrew Exum, “No llevará a la guerra y no plantea riesgo de guerra. Nada de eso. Es la guerra”.​

El diario kuwaití Al-Jarida informó hace un año de que Washington había dado a Israel luz verde para asesinar a Soleimani. Al-Jarida, que en los últimos ha años ha publicado noticias de Israel en exclusiva, citó una fuente de Jerusalén que declaró que “hay acuerdo entre norteamericanos e israelíes” en que Soleimani representa una “amenaza a los intereses de los dos países en la región”. En el mundo árabe se asume de modo general que el periódico se usa como plataforma israelí para transmitir mensajes a otros países del mundo árabe.

Trump ha cumplido ahora los deseos del Mosad. Después de proclamar su intenció de concluir las “estúpidas guerras inacabables” , el presidente le ha declarado de hecho la guerra al mayor país de la región en solidaridad con Israel, el país más impopular de Oriente Medio.

Nota: Este artículo se ha publicado previamente en TheDeepStateBlog, bitácora del autor.

Fuente: https://deepstateblog.org/2020/01/03/after-mossad-targeted-soleimani-trump-pulled-the-trigger/

Traducción: Lucas Antón

Revista Sin Permiso. Derek Davidson es un analista de relaciones internacionales, especializado en la política exterior de EEUU en Oriente Medio.

Derek Davidson



Todo lo que Donald Trump ha hecho desde que asumió el cargo ha aproximado a Estados Unidos a una guerra con Irán. El asesinato de Qassem Soleimani lleva a Estados Unidos un paso más allá por ese camino catastrófico.

Permítanme ofrecerles esta observación general a los tres días del nuevo año: 2020 no pierde el tiempo. Turquía esta a punto de enviar soldados a Libia [1]. Corea del Norte dice estar planeando hacer algo grande y provocativo [2]. Los líderes del sur de Yemen se han retirado de las conversaciones de paz con el gobierno yemení, posiblemente para reabrir ese frente en la guerra de Yemen. Los talibanes estarían a punto de declarar un alto el fuego en Afganistán [3]. . . o, quizás, tal vez no [4]. Australia se está volviendo rápidamente inhabitable [5], mientras que su primer ministro, que niega el cambio climático, simplemente se sienta y observa [6].

Y, ahora, Donald Trump puede haber comenzado finalmente una guerra real con Irán.

La historia, que comenzó el jueves por la noche con informes incompletos sobre uno o posiblemente dos ataques con misiles cerca del aeropuerto de Bagdad, ha confirmado que Estados Unidos mató al comandante iraní de la Fuerza Quds Qassem Soleimani en Bagdad. En el mismo ataque con aviones no tripulados, según los informes, Estados Unidos también mató a Abu Mahdi al-Muhandis, el líder adjunto del Comité de Movilización Popular (PMC) de Iraq, que es el organismo que supervisa la miríada de facciones de milicias chiíes de Iraq. Aunque técnicamente era el jefe adjunto del PMC, al-Muhandis también era el dirigente de la milicia posiblemente más influyente de Irak, Kataib Hezbollah, lo que le convertía en la figura más poderosa de las milicias iraquíes. Su muerte supone una gran escalada en la última crisis política de Iraq, que analizaremos. Pero obviamente su muerte, y sus repercusiones, han sido totalmente eclipsadas por la de Soleimani.

Si ha estado al día de los últimos acontecimientos en los últimos meses, sabe que Irak ha estado al borde del caos más completo, ya que las calles se han llenado de manifestantes indignados por la corrupción, la ineficacia del gobierno y la influencia extranjera (principalmente de Teherán) que exigen un cambio político completo. La respuesta violenta del gobierno iraquí, probablemente encabezada por las Milicias de Movilización Popular, ha provocado la muerte de cientos de personas y finalmente ha forzado la renuncia del primer ministro iraquí Adil Abdul-Mahdi. Pero la política iraquí es tan caótica que Abdul-Mahdi permanece en el cargo como primer ministro interino porque los líderes políticos iraquíes no han podido acordar un sustituto. Ese es el contexto, al menos parcial, en el que se han producido los recientes acontecimientos.



Paralelamente al colapso político de Irak, el país ha experimentado una escalada de violencia con la involucración de las milicias. Eso (probablemente) incluye el asesinato de manifestantes, pero también ataques esporádicos de cohetes contra bases militares iraquíes donde están estacionadas las fuerzas estadounidenses, y también incluye ataques aéreos esporádicos, no atribuidos pero probablemente llevados a cabo por Israel (y / o Arabia Saudi, pero probablemente Israel), a bases de las milicias y los arsenales escondidos de armas. Los líderes de las milicias han culpado a Estados Unidos de ayudar o, al menos, permitir estos ataques.

El último elemento de este contexto es la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán desde que la administración Trump rompió el acuerdo nuclear con Irán de 2015 el año pasado, lo que ya ha provocado varios incidentes violentos en y alrededor del Golfo Pérsico. Sería imposible recapitular toda esa saga aquí, pero la clave a recordar es que la inestabilidad de esa región en los últimos meses se deriva de la decisión de la administración Trump de denunciar un acuerdo internacional que a) estaba funcionando y b) ofrecía un camino fácil para reducir las tensiones entre Estados Unidos e Irán y estabilizar el Golfo Pérsico.

Eso nos lleva al 27 de diciembre, cuando uno de esos ataques esporádicos con cohetes alcanzó una base militar iraquí en Kirkuk y mató a un contratista civil estadounidense e hirió a varios empleados estadounidenses e iraquíes. "Contratista civil" puede significar cualquier cosa, desde un empleado de oficina hasta un oficial de seguridad mercenario que no había participado en combate, que yo sepa, pero independientemente de lo que fuera el ciudadano estadounidense asesinado, Estados Unidos determinó que Kata'ib Hezbollah - que fue fundada en 2003 y se convirtió en una de las principales milicias que resistieron la ocupación estadounidense de la posguerra en Irak, y que envió combatientes para ayudar a Bashar al-Assad en Siria-, estuvo detrás del ataque. Y entonces tomó represalias, atacando a cinco objetivos de Kataib Hezbollah en Irak y Siria durante el fin de semana. Kataib Hezbollah dijo que al menos veinticuatro de sus miembros murieron en los ataques, y al-Muhandis prometió algún tipo de respuesta.



La respuesta inicial llegó el lunes por parte del gobierno iraquí, que condenó indignado los ataques estadounidenses como una violación de la soberanía iraquí. Detrás de esa condena hay un temor iraquí profundo y muy comprensible de que cualquier guerra entre Estados Unidos e Irán (y sus aliados locales) probablemente afecte más a Irak que a cualquier otro estado. El gobierno de los Estados Unidos desestimó las quejas de los iraquíes con una propia, acusando al gobierno iraquí de no proteger a su personal.

La mayor respuesta se produjo durante todo el lunes y luego el martes, cuando una multitud de combatientes y partidarios de Kataib Hezbollah irrumpieron en la embajada de Estados Unidos en Bagdad. Encendieron focos de fuego, pero la seguridad les impidió entrar en el complejo. Quizás lo más importante es que dos dirigentes importantes en la política iraquí, el clérigo populista Muqtada al-Sadr y el gran ayatolá Ali al-Sistani, se unieron a la multitud en la condena del ataque estadounidense. Al-Sadr pidió a los manifestantes que dejasen de atacar la embajada y aseguró que usaría medios políticos para tratar de obligar a Estados Unidos a salir de Irak. Ni al-Sadr ni al-Sistani podrían ser descritos como "pro-estadounidenses", pero ambos habían estado mucho más preocupados por la interferencia iraní en los asuntos iraquíes en los últimos meses. Esos ataques aéreos estadounidenses parecen haber cambiado su actitud.

Ahora Estados Unidos ha asesinado a al-Muhandis y a Soleimani, una de las personalidades más poderosas y populares de Irán, que había perdido parte de su fama en los últimos años, pero que todavía era una de las dos o tres personas cuya influencia dentro Irán solo es eclipsada por el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei. Obviamente, es demasiado pronto para saber cuáles serán las consecuencias, pero es inconcebible que el gobierno iraní no tome represalias de alguna manera, aunque las represalias no tienen porque tomar la forma de una guerra a gran escala. Sus aliados en toda la región, desde Pakistán hasta Líbano e Israel-Palestina, pueden llevar a cabo muchos ataques de represalia contra los intereses de Estados Unidos y sus aliados.

También es inconcebible que el gobierno iraquí simplemente permita que esto suceda sin más. Dejando a un lado la dependencia política de Bagdad de Teherán, esta es la segunda vez en cuestión de días que Estados Unidos ha ignorado la soberanía iraquí, y esta vez ha resultado en el asesinato de un funcionario iraquí de alto rango y de un alto cargo militar iraní cuya seguridad estaba garantizada por las autoridades iraquíes. Hay muchas posibilidades de que el gobierno iraquí exija que las tropas y asesores militares de EEUU abandonen completamente el país. Y si la seguridad del personal diplomático y sus familias en la embajada de EEUU en Bagdad estaba en peligro antes, ese riesgo se ha incrementado considerablemente.

También debe enfatizarse que lo que venga después será responsabilidad de un presidente de los Estados Unidos que dice estar en contra de las guerras, que entiende lo increíblemente estúpida y vengativa fue la Guerra de Irak, pero que puede haber provocado un conflicto aún más catastrófico. Todo lo que ha hecho desde que asumió el cargo ha aproximado a los Estados Unidos a la guerra con Irán, para satisfacción de un establishment de política exterior en Washington que ha estado persiguiendo ese objetivo durante más de cuarenta años.

No hay la menor duda de que, como reiteró una y otra vez el desfile de supuestos expertos en mi TV la noche pasada, no mucha gente fuera de Irán y unos cuantos lugares de Medio Oriente lamentarán el fallecimiento de Soleimani. Pero su asesinato no es, como Donald Trump seguramente reclamará en las próximas horas, un éxito espectacular del poderío militar estadounidense. Soleimani no estaba escondido como Osama bin Laden o Abu Bakr al-Baghdadi. Matarlo fue relativamente fácil, pero también fue extremadamente estúpido. Soleimani se ha convertido en un mártir del acoso estadounidense, y su asesinato casi seguramente hará que Medio Oriente sea menos seguro.

Notas:

(1) https://www.nytimes.com/2020/01/02/world/europe/erdogan-turkey-libya.html

(2)https://eu.usatoday.com/story/news/world/2019/12/31/north-korea-kim-jong-un-shocking-actual-action-us/2787983001/

(3)https://www.washingtonpost.com/world/asia_pacific/conflicting-reports-over-a-taliban-truce-offer-afghans-the-first-chance-for-a-glimpse-of-peace-since-a-2018-cease-fire/2020/01/01/826af6d8-2bea-11ea-bffe-020c88b3f120_story.html

(4)https://www.aljazeera.com/news/2020/01/taliban-attacks-kill-20-afghan-security-forces-200101133724551.html

(5)https://choice.npr.org/index.html?origin=https://www.npr.org/2020/01/02/793005940/bushfires-in-australia-may-get-even-worse-with-horrible-day-on-horizon

Fuente: https://www.jacobinmag.com/2020/01/iran-united-states-drone-strike-qassem-soleimani-death

Traducción: Enrique García

Revista Sin Permiso. La importancia del resultado de las elecciones británicas es tal, que hemos querido recoger en este dossier las opiniones de los diferentes sectores de la izquierda británica, que deben ser material de reflexión para el conjunto de las izquierdas europeas. SP

Una primera reacción tras las elecciones británicas

Michael Roberts



¡Brexit ya! fue el lema de campaña del actual gobierno conservador del primer ministro Boris Johnson. Y fue el mensaje que ganó para los conservadores a un número suficiente de votantes laboristas que votaron abandonar la UE en 2016 s. Un tercio de los votantes laboristas en las elecciones de 2017 querían abandonar la UE, principalmente de la región central y norte de Inglaterra, y en las pequeñas ciudades y comunidades que tienen pocos inmigrantes. Han aceptado la afirmación de que sus peores condiciones de vida y servicios públicos se deben a la UE, la inmigración y la "élite" de Londres y el sur de Inglaterra.

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Sin falsos consuelos

Richard Seymour



Esta es nuestra derrota, y tenemos que hacerla nuestra. Como si tuviéramos opción. Y sabemos lo que esto significa. El recuento de las víctimas de la austeridad y el ambiente hostil se multiplicarán. Una sociedad ya bastante horrible va a ser más brutal aún. Y es difícil que ello no alimente el racismo y el odio a los extranjeros en una competencia étnica de suma cero.

El voto laborista se ha reducido a poco más que el total de Ed Miliband, pero, gracias a la barrida en el norte y los efectos distorsionadores del sistema mayoritario, ha conseguido menos escaños que Michael Foot. Hay muchos falsos consuelos si queremos. Un poco más de 10 millones de votos es aproximadamente lo que Tony Blair obtuvo en 2001, y más de lo que consiguió en 2005. A pesar de todos los ataques a Corbyn, obtuvimos más votos que Miliband. Muchos de los escaños los perdimos por márgenes muy pequeños y se pueden recuperar. Los desertores centristas se han ido. Jo Swinson se ha ido. Ganamos Putney y mantuvimos muchas circunscripciones marginales. Habríamos ganado más si no hubiera sido por la perdida de votos de los Lib Dems y los Verdes. Y quedan siempre "las calles".



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Tras el resultado electoral desastroso: defender los logros del corbynismo

Andy Stowe

A nivel emocional, es como si hubiera muerto alguien de la familia.

La victoria tory fue, por encima de todo, el triunfo de un proyecto reaccionario de la derecha extrema que se ha estado incubando en el partido conservador durante muchos años. Se las arreglaron para persuadir a muchos votantes laboristas que la afirmación del nacionalismo inglés es más importante que hacer innecesarios los bancos de alimentos, acabar con la falta de vivienda o asegurarse de que las personas no se mueren en las listas de espera de los hospitales.

Solo quienes no hayan querido escuchar el mono eslogan de Johnson "Brexit ya" pueden creer lo contrario.

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El laborismo no volverá a vencer hasta que no resolvamos por qué perdimos

Gary Younge

Esto lo cambia todo. Las cuartas elecciones generales en cuatro años han roto el bloqueo parlamentario con un efecto demoledor. Ha sido una goleada. El voto laborista se ha derrumbado finalmente en sus bastones tradicionales. Los lazos demográficos, geográficos y sociales que mantenían unida su coalición se han desatado. Está todavía por ver que puedan recomponerse de nuevo. Gran Bretaña ha elegido el gobierno más a la derecha desde hace decenios, otorgando al líder con menos principios del que haya memoria una mayoría tan masiva que podríamos tardar una década en deshacernos de él. La noche pasada fue mala. Lo peor está por llegar.

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¿Antisemitismo en el Partido Laborista?

Leoardo Clausi

La cuestión lleva arrastrándose desde hace al menos tres años, desde que Jeremy Corbyn tomó inesperadamente las riendas del Partido en medio de una general consternación, iniciando una revolución copernicana de la teoría y la praxis, tan radical como para ser percibida como avanzada de una profunda transformación antropológica. Hablamos por supuesto de la cuestión del antisemitismo en el Partido Laborista: tan innegable como fácil de manipular de modo tóxico.

Los episodios de denuncia pública —con deserciones de diputados laboristas, cartas abiertas de intelectuales, incontables acusaciones en los medios de comunicación y en las redes sociales — son verdaderamente innumerables, un goteo regular tan inexorable como la cercanía de la jornada electoral en el Reino Unido, el 12 de diciembre.

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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Richard Seymour (1977) es un escritor y conferenciante marxista norirlandés, residente en Londres, activista y autor del blog Lenin's Tomb (la tumba de Lenin). Es autor de libros como The Meaning of David Cameron (2010), Unhitched (2013), Against Austerity (2014), Corbyn: The Strange Rebirth of Radical Politics (2016) y The Twittering Machine (2019).
Andy Stowe. Activista social, es miembro del consejo editorial de la revista Socialist Resistance.
Gary Younge. Destacado periodista del diario británico The Guardian, hoy en funciones de editor general (“editor-at-large”). Su último libro es Another Day in the Death of America.
Leoardo Clausi, periodista independiente italiano afincado en Londres, es autor de Uscita di insicurezza. Brexit e l'ideologia inglese (Esplorazioni). Mantiene una bitácora digital en leonardoclausi.com.

Revista Sin permiso publica este texto de Vijay Prashad Historiador y periodista indio, autor de numerosas obras, entre ellas 'The Darker Nations: A People’s History of the Third World and The Poorer Nations: A Possible History of the Global South', ha sido profesor del Trinity College y actualmente es director del Instituto Tricontinental en Delhi.

El 25 de noviembre de 1960, tres de las cuatro hermanas Mirabal —María Teresa, Minerva y Patria— de República Dominicana fueron asesinadas por su resistencia a la dictadura de Rafael Trujillo. La más joven de las tres, María Teresa, dijo antes de morir, “Quizás lo que nos queda por delante es la muerte, pero esa idea no me asusta. Continuaremos luchando por la justicia”.



Hace veintiún años, en el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, realizado en Bogotá (Colombia), germinó la idea de usar esa fecha —el 25 de noviembre— para honrar a las hermanas Mirabal y reafirmar la lucha contra la violencia contra las mujeres. La idea fue avanzando progresivamente a las Naciones Unidas, que en el año 2000 resolvieron conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres cada 25 de noviembre.

Este año, en Santiago (Chile), un grupo de mujeres —organizado por el colectivo feminista Las Tesis— se reunió el 25 de noviembre fuera del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género para protestar no solo contra el patriarcado histórico en el país, sino también contra el actuar de la policía —que incluye casos de violación— durante las actuales protestas a lo largo de Chile.

Protesta de Las Tesis en Santiago (Chile), 25 de noviembre.

El patriarcado es un juez,
que nos juzga por nacer
y nuestro castigo
es la violencia que no ves.

Es femicidio.
Impunidad para el asesino.
Es la desaparición.
Es la violación.
Y la culpa no era mía,
ni dónde estaba,
ni cómo vestía.



El violador eras tú.
Son los pacos (policías).
Los jueces.
El Estado.
El presidente.
El estado opresor es un macho violador.
El violador eras tú.

“Duerme tranquila niña inocente, sin preocuparte del bandolero,
que por tus sueños dulce y sonriente vela tu amante carabinero”.

El violador eres tú.



Su canto reverberó en todo el mundo. En India, una veterinaria de 27 años fue violada y asesinada, tal como Precious Ramabulana fue violada y asesinada en Sudáfrica. Sus muertes llegaron a las noticias, muchas otras no. La Organización Mundial de la Salud registra los datos, que muestran que 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual, usualmente de su pareja. Es la violación a los derechos humanos más extendida, y una de las menos denunciadas. Esas cifras son inadecuadas. Hay grandes brechas en los datos de género, lo que hace a las mujeres y las niñas invisibles a los gobiernos y las agencias internacionales. Estas brechas ocurren porque los gobiernos no invierten lo suficiente en la recopilación de estadísticas de género, y porque los datos sobre los problemas que enfrentan las mujeres y niñas no se recolectan sistemáticamente. Las mujeres no denuncian los casos de acoso y violación por razones sociales, así como también por la impunidad que el Estado entrega a los violadores (no es fácil denunciar un caso con la policía, y es igualmente difícil obtener una condena para el acosador y violador).

Daniela Carrasco, conocida como la Mimo, participó de las protestas en Chile. Fue arrestada el 19 de octubre y encontrada muerta unas horas después, con marcas de tortura en su cuerpo. El poema de Edgardo Zouza gritó su nombre para que no se olvide:

No olvidamos tu nombre,
Daniela Carrasco.
¿Cómo creer lo que dicen
los asesinos,
torturadores,
violadores…?

 Ivana Kurniawati, Rest in Power, Revolutionary Daniela Carrasco

Ivana Kurniawati, Descansa en poder, revolucionaria Daniela Carrasco, 2019.

Hay una serie de razones por las que la violencia contra las mujeres sigue siendo alta, y quizás ha aumentado. Estas van desde ideas patriarcales muy arraigadas hasta la vulnerabilidad económica. Ninguna clase ni continente es inmune a la violencia contra las mujeres. La Unión Interparlamentaria publicó un estudio en 2016 sobre mujeres parlamentarias de 39 países de todos los continentes. De las mujeres entrevistadas, el 82% dijeron que como parlamentarias han experimentado algún tipo de violencia psicológica, lo que incluye comentarios, gestos y circulación de imágenes sexistas y amenazas físicas. El 44% dijo que han recibido amenazas de muerte, violación, ataque o secuestro. El comportamiento indecoroso y sexista de sus colegas varones es cotidiano. Esta es la situación de mujeres que han sido elegidas como parlamentarias.

Mujeres estudiantes protestan en la Universidad de Kufa, Irak

Mujeres estudiantes protestan en la Universidad de Kufa, Irak, noviembre de 2019

La base de datos del Proyecto de Datos de Eventos y Localización de Conflictos Armados (ACLED, por su sigla en inglés) muestra que la violencia contra mujeres que participan en política ha aumentado cada año. Esto es precisamente sobre lo que cantaban las mujeres en la calles de Chile. En el informe de ACLED (“Terrible y terroríficamente normal”: Violencia Política Contra Mujeres, traducción libre) publicado a comienzos de este año, la Dra. Roudabeh Kishi y sus colegas documentaron las técnicas utilizadas para atacar a las mujeres que participan activamente en luchas para proteger el medioambiente, para defender a sus comunidades y organizar sindicatos. El año pasado, en Basra (Irak), fue asesinada Suad al-Ali, quien dirigía al-Weed al-Alaiami por los Derechos Humanos. Casi un año después, en Colombia, en las vísperas a las elecciones de este año, fue asesinada Karina García, candidata a alcaldesa en el Cauca. Lo que separa a estas mujeres es la geografía, lo que las une es la política. Por favor revisen nuestro dossier nº 23 sobre las contradicciones entre el proceso de paz y la guerra en Colombia.

El aumento de la violencia política es un resultado directo tanto del gran número de mujeres que están en las calles contra el régimen de austeridad, como del gran número de mujeres que lideran esas luchas.

Las mujeres de todos los países del mundo han planteado el asunto de la violencia contra las mujeres, desde el acoso sexual a la violación y el feminicidio. México, donde las protestas contra el feminicidio han sido incesantes, produjo el poderoso hashtag #terremotofeminista. A medida que la derecha y el neofascismo han surgido con sus ideas reaccionarias sobre el rol de las mujeres en la sociedad y en la familia, han instalado sus visiones antiaborto en primer plano. Es por eso que la lucha por el aborto y los derechos reproductivos es una lucha tanto por los derechos de la mujer a elegir lo que pasa con su cuerpo, como por el derecho de mujeres y hombres a crear una sociedad progresista y a desarrollar ideas progresistas sobre la “familia”.

En Tamil Nadu (India), la Asociación de Mujeres Democráticas de toda la India (AIDWA) organizó una Gran Marcha para generar conciencia sobre la violencia contra las mujeres. Caminaron por 400 km en este estado de 68 millones de habitantes, y cuando el 4 de diciembre llegaron a Chenai, la capital del estado, la policía arrestó a más de cien activistas de AIDWA.

Madan Raj, miembros de AIDWA en su Gran Marcha en Tamil Nadu.

Madan Raj, miembros de AIDWA en su Gran Marcha en Tamil Nadu, noviembre de 2019.

Cada vez más mujeres han salido a las calles para exigir más poder de decisión y no estar subordinadas a los hombres, no solo en el parlamento y la burocracia, sino también en los partidos y movimientos políticos. Cuando las mujeres libanesas que habían estado en las calles se vieron representadas de manera sexista, dijeron “somos revolucionarias, no chicas sexis”. La suya fue una protesta dentro de la protesta.

Mujeres sudanesas salen a las calles a saludar a las mujeres revolucionarias del Líbano

Mujeres sudanesas, incluyendo a Alaa Saleh (22 años), salen a las calles a decir “Desde Sudán: saludamos a las mujeres revolucionarias del Líbano”.

En una protesta contra la violencia, las mujeres plantearon el tema de la injusticia económica y de la fragilidad de la economía de los cuidados; es probable que alguien exija también más derechos políticos para las mujeres. Estas manifestaciones no pueden clasificarse con facilidad como sociales, políticas o económicas. Una de las razones por las que estos asuntos se enfrentan entre sí es que el régimen de austeridad ha corroído a la sociedad hasta los huesos y ha empujado a las mujeres, por razones patriarcales, a trabajar más y más para mantener a sus familias y comunidades. Si la “mano invisible” falló en cuidar a la gente, el “corazón invisible” tuvo que hacerlo. Fue la experiencia de los recortes en la economía de los cuidados lo que profundizó la radicalización de las mujeres en nuestras sociedades. Su feminismo emergió de la experiencia del patriarcado y de las políticas de ajuste estructural. La tendencia del capitalismo a engendrar violencia y privaciones fue lo que aceleró el viaje del feminismo popular e indígena directamente hacia los proyectos socialistas y comunistas que permanecen vigentes en nuestro tiempo. A medida que la marea del neoliberalismo sigue bañando todo el mundo y sumergiendo a las sociedades en ansiedad y dolor, las mujeres han sido las más activas en luchar por un mundo diferente.

A comienzos de año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó un informe, Un paso decisivo hacia la igualdad de género, que demostraba las horribles condiciones laborales para las mujeres. La mayoría de las mujeres desean tener un trabajo remunerado, pero pocas logran encontrarlo. Aquellas que encontraron trabajo remunerado fueron empleadas en puestos considerados poco calificados. Las mujeres están más expuestas que los hombres al trabajo informal en alrededor del 90% de los países de África subsahariana, en el 89% de Asia Meridional, y en casi el 75% de los países latinoamericanos.

Noureddine Ahmed, Brigada Tunecina de Payasxs Comprometidxs,

Noureddine Ahmed, Brigada Tunecina de Payasos Comprometidos, Marcha Nacional Contra la Violencia Contra las Mujeres, Túnez (Túnez), 25 de noviembre de 2019.

Las mujeres no consiguen encontrar trabajos en los que puedan alcanzar posiciones de liderazgo, ni pueden encontrar fácilmente trabajos que requieran habilidades para las que tienen formación. La razón no es que los hombres tienen más educación que las mujeres, sino que las mujeres hacen la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado. Alrededor del mundo, 606 millones de mujeres en edad laboral (21,7%) realizan trabajos de cuidado no pagado a tiempo completo, comparado con 41 millones de hombres (1,5%). Entre 1997 y 2012, el tiempo que las mujeres dedicaban al trabajo doméstico y de cuidado disminuyó solo en 15 minutos al día, mientras para los hombres aumentó en solo 8 minutos diarios. A este ritmo, se estima que la brecha de género en el tiempo dedicado a realizar trabajos de cuidado no remunerados no se superaría hasta el año 2228, es decir, demoraría 209 años.

En el dossier nº 18, K. Hemalata, la presidenta de la Central de Sindicatos de la India (CITU), dijo que cuando los sindicatos indios fueron a organizar a las mujeres en el sector de cuidado infantil en 1989, se sorprendieron de encontrar altos niveles de militancia entre estas trabajadoras precarias. Vale la pena cerrar este boletín con una reflexión de Hemalata:

Encontramos que las trabajadoras con frecuencia sufrían acoso –incluso acoso sexual– en el trabajo. Su enojo por los bajos salarios y el acoso las volvió muy militantes. Tuvimos reuniones regulares donde las mujeres construyeron una agenda de lucha. Fueron muy valientes. Frente a los recortes y a los ataques de la policía, siguieron luchando. Se ejerció mucha presión política sobre estas mujeres, pero no pudieron romper su confianza en el sindicato.

Fuente: https://www.thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-49-2019-feminismos/

Revista Sin permiso. Pablo Stefanoni ha sido corresponsal de Página/12 y Clarín, y director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique. Es doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Coautor, con Martín Baña, de Todo lo que necesitás saber sobre la Revolución rusa (Paidós, 2017). Es jefe de Redacción de la revista Nueva Sociedad.

Bolivia sin Evo



Las elecciones presidenciales del 20 de octubre de 2019 en Bolivia, abrieron paso a un “aceleramiento de la historia” que, en tres semanas, provocó la renuncia y salida del país de Evo Morales y Álvaro García Linera en un avión de la Fuerza Aérea mexicana rumbo al exilio, y desencadenó un profundo cambio en la política boliviana. ¿Cómo leer estas jornadas que radicalizaron a las clases medias urbanas, corrieron de la escena a la oposición moderada, acabaron con 14 años de “proceso de cambio”, como se autodenominó el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), y desplazaron el péndulo hacia la derecha? Este texto se propone dar algunas respuestas provisorias a estas preguntas para lo cual es necesario retroceder en la historia reciente de Bolivia para precisar algunas fronteras de lo que en algún momento fue denominado el “gobierno de los movimientos sociales” y terminó enredado en esfuerzos re-eleccionistas, por fuera de la Constitución, que fortalecieron a los grupos conservadores y pusieron en marcha un movimiento de criminalización del MAS.

Algunos pasos atrás

El triunfo de Evo Morales en diciembre de 2005 fue posible debido a la crisis del ciclo político abierto en 1985 —la llamada “democracia pactada”—, que incluyó una serie de reformas estructurales de tipo neoliberal, acuerdos políticos entre diferentes partidos cuya principal motivación era dividirse la cartera ministerial y una estabilidad política de 15 años. En esa época, y más concretamente durante el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993- 1997), se impulsaron dos reformas clave: la Ley de Participación Popular (LPP), que municipalizó el país y dio recursos a los nuevos municipios, y el nuevo sistema electoral que incluyó las diputaciones uninominales. Ambas abrieron una nueva ventana de oportunidad para las organizaciones campesinas, que accedieron a alcaldías y a diputaciones (por ejemplo, Evo Morales como representante de los campesinos cultivadores de coca del Chapare en 1997). Pero este ciclo entró en crisis en la segunda presidencia de Sánchez de Lozada (2002-2003) quien, en el marco de la llamada “guerra del gas”, producida por la demanda de la nacionalización de este recurso estratégico de Bolivia, renunció y huyó a Estados Unidos.

La “guerra del gas” no fue solo la caída de un gobierno, sino que también puso en evidencia una crisis de las élites paceñas y del occidente boliviano. Con el declive de la minería durante la década de 1980, el dinamismo económico se había trasladado hacia el oriente y sur bolivianos (gas y agroindustria), pero las élites económicas que tenían su epicentro en Santa Cruz, agrupadas en viejos sistemas de logias, carecían de capacidad hegemónica para expandir su poder político regional al resto de Bolivia. Paralelamente, en el mundo de la política popular, se había ido verificando una serie de desplazamientos fundamentales. Frente a la crisis del movimiento minero tradicional —que había sido clave en la Revolución de 1952 y en las luchas posteriores—, el movimiento campesino fue ocupando un lugar de “vanguardia” en un proceso de “ruralización de la política” (Zuazo, 2008). El MAS es en este sentido un caso peculiar en Occidente: un partido de base campesina, incluso más que estrictamente indígena, que se expande hacia las ciudades y va irradiando una hegemonía nacional. Construido en primera instancia como un “instrumento político” de las organizaciones campesinas e indígenas, este nuevo partido sui generis atrajo a antiguos izquierdistas —que, tras la crisis de la izquierda de los años ochenta, se habían refugiado en ONG y habían centrado su trabajo en el campo—, y articuló un programa que combinaba el nacionalismo popular con un indigenismo a geometría variable adecuado para los nuevos tiempos de “reemergencia indígena”. El MAS conquistó alcaldías rurales y diputaciones y, desde 2002 se fue transformando en un partido clave en el ámbito político nacional bajo el liderazgo de Evo Morales, quien obtuvo de manera sorpresiva el segundo lugar en las elecciones presidenciales de 2002.

Nacía el evismo



La llegada de Evo Morales al Palacio Quemado hace 14 años tuvo un carácter épico: obtuvo el 54% de los votos (nadie desde la restauración democrática de 1982 había logrado pasar del 50%), juró su cargo como presidente constitucional en el Congreso y “presidente de los indígenas de América” en las ruinas precolombinas de Tiwanaku, y su poder tenía una doble fuente de legitimidad: los votos y la movilización popular en las calles. Este doble carácter, presidente “excepcional” y presidente constitucional, marcó toda su presidencia (Stefanoni, 2019). Por primera vez, las clases medias urbanas habían votado por un campesino (acompañado en el binomio por el intelectual y exguerrillero Álvaro García Linera) como producto de su propia crisis como élite. Pero este voto, aunque numeroso, siempre sería condicionado.

Desde el Palacio Quemado, Morales puso en marcha un sistema económico que combinó estatismo con prudencia macroeconómica. Desde que ganó las elecciones, el nuevo presidente buscó no terminar como el último gobierno de izquierda en Bolivia hasta entonces, el de Hernán Siles Zuazo, que acabó con una hiperinflación. Y este “trauma de la híper” explicó la prudencia macro- económica de Morales, quien mantuvo durante sus 14 años de gobierno al mismo ministro de Economía, Luis Arce Catacora, quien solo dejó el cargo temporalmente por problemas de salud.

Las primeras medidas de Morales plasmaron la agenda social construida en las calles desde 2000: convocatoria a una Asamblea Constituyente para “refundar” el país y nacionalización del gas y del petróleo. En el mes de la nacionalización (mayo de 2006) su popularidad superó, según las encuestas, el 80%. Entre 2006 y 2009 el proceso político estuvo marcado por los enfrentamientos con la “oligarquía” agroindustrial de Santa Cruz. La oposición de derecha actuó de forma territorializada y se concentró en el este y sur del país —el área no andina—, desde donde trató de resistir los cambios nacionalistas populares impulsados por el gobierno.

Pero el regionalismo se enfrentó a una serie de derrotas y aunque logró mantener el control político de varias regiones orientales, Evo Morales logró triunfos electorales aplastantes en todo el país. Así, en 2008 fue ratificado con el 67% de los votos en un referéndum revocatorio; en 2009 fue reelegido con el 64%. La nueva Constitución se aprobó con más del 50%. Entre 2009 y 2014 se asistió a un periodo marcado por la hegemonía del MAS —con dos tercios del Congreso—. En todo ese tiempo, el “evismo” logró también expandirse hacia el oriente. La estrategia de cooptar a los “eslabones débiles” de las derechas locales comenzó en 2006, pero se profundizó en ese periodo. Finalmente, la segunda reelección en 2014 marcó una etapa de “despolarización” al calor del éxito económico, en cuyo marco Morales triunfó incluso en la esquiva Santa Cruz.



El modelo económico consistió, en palabras del periodista y escritor Fernando Molina, en el control esta- tal de las riquezas estratégicas (sobre todo de hidrocarburos) y gran parte de los servicios públicos, un pacto de no agresión con la economía informal y relaciones de beneficio mutuo con la banca y la agroindustria (Molina, 2019). Pero, claramente, aunque se beneficiaron del crecimiento económico (alrededor del 5% anual durante la casi década y media evista), los sectores medios nunca se sintieron incluidos en un gobierno con fuerte tonalidad campesina. Eso no quita que, entre los sectores indígenas, a menudo se apelara a la figura del “entorno blancoide” para salvar a Morales de las críticas: de hecho, la mayoría de los ministros eran de clase media urbana, aunque de manera más amplia había un “control” campesino y plebeyo de varias dinámicas del proceso político y se apeló muy poco a una forma meritocrática de selección del personal estatal, con la excepción quizá del área económica, además del hecho de que la cabeza del Estado era un indígena (Stefanoni y Molina, 2019).

Sin duda, en este periodo, Bolivia también avanzó en la descolonización (debilitamiento de los mecanismos que mantuvieron a los indígenas en una situación de dominación de los criollos). Pero esto no se procesó en la clave que imaginaron algunos pensadores “radicales”, quienes conciben lo indígena como pura otredad, sino más bien como ruptura de techos de cristal en la política y en la economía. La arquitectura andina de El Alto, con sus cholets (mezcla de las palabras chalet y cholo), podría ser un buen ejemplo visual. Otro ejemplo es el mayor acceso de los hijos de comerciantes aymaras a universidades privadas de prestigio, como la Católica de La Paz. Otro, la incorporación de comerciantes aymaras en redes globales que llegan hasta China. La compra a China del satélite Tupak Katari o el impresionante teleférico entre El Alto y La Paz son grandes obras que sintetizan el imaginario del “gran salto adelante” que anidaba en la visión de país de Morales y que sin duda tenía mucho de ilusión desarrollista. El énfasis en la macroeconomía y sus cifras, sin duda importantes, terminó por ocluir algunos debates más generales sobre el horizonte del país. Lo cierto es que, pese a la reducción de la pobreza, la salud siguió siendo una asignatura pendiente, la dinámica extractivista no permitió crear empleos de calidad y la vida siguió siendo precaria para muchos bolivianos.

2016: punto de inflexión

Con el paso del tiempo, la lógica antipluralista del MAS —que, gracias al voto popular, controlaba dos tercios del Congreso— comenzó a enfrentar mayor resistencia por parte de los sectores medios urbanos, al tiempo que comenzaron a tener más predicamento visiones que mostraban al gobierno como un conjunto de camarillas y a las organizaciones sociales como correas de transmisión del Estado, atadas por lazos clientelares y por dirigencias burocratizadas. Y varios ministros eran particularmente resistidos, como el de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, visto como una suerte de monje negro del régimen. A su vez, muy pocos en el MAS, incluido Morales, parecían imaginar la posibilidad de una salida no catastrófica del poder, es decir, de entregar el mando a otra fuerza en virtud de una derrota electoral “normal”, aunque las comparaciones con Venezuela por parte de la oposición resultaban a todas luces exageradas.

En ese marco se produjo el referéndum del 21 de febrero de 2016, convocado por el gobierno con la finalidad de habilitar la reelección presidencial indefinida. Pese al triunfo de Morales a fines de 2014, con más del 60% de los votos, el “sí” fue derrotado por el 51,3% frente al 48,7% (y solo se impuso en tres de los nueve departamentos). Bolivia es un país tradicionalmente antireeleccionista, donde quienes intentaron quedarse en el Palacio Quemado terminaron mal, pero Morales había logrado debilitar esa “ley de hierro”... hasta 2016.

Frente a la derrota, la reacción del oficialismo fue atribuir los resultados a la “guerra sucia” durante la campaña , denunciar el “referéndum de la mentira” y buscar formas alternativas de habilitar a Morales para las elecciones de 2019. Incluso el Ministerio de la Presidencia, dirigido por Quintana, financió un documental titulado El cártel de la mentira, para tratar de mostrar cómo había funcionado la guerra sucia, lo que resultó claramente contraproducente. García Linera, a su vez, llegó a apelar a discursos paternalistas en el campo, pero que luego se escuchaban en las ciudades donde concitaban una fuerte resistencia. Por ejemplo, en una oportunidad, el vicepresidente señaló:

"Si [Evo] se va, ¿quién va a protegernos?, ¿quién va a cuidarnos? Vamos a quedar como huérfanos si se va Evo. Sin padre, sin madre, así vamos a quedar si se va Evo. Por eso estoy muy triste, mis hermanos, es muy triste pero he oído a mi abuelita y me dijo que no perdimos la guerra, solo una batalla".

En paralelo, la construcción de un museo en Orinoca, pueblo de nacimiento de Evo Morales en el Alti- plano profundo, o de la Casa Grande del Pueblo —un edificio con resonancias brutalistas y toques andinos en pleno centro paceño— alimentaron las denuncias contra el culto a la personalidad y el usufructo personal del poder con una mezcla de señalamientos sensatos y exageraciones sobre la chavización del gobierno boliviano.

Pero para comprender la dinámica más amplia del declive del gobierno, es necesario prestar atención a los conflictos que atravesaron recientemente regiones y sectores sociológicamente cercanos a Evo Morales: Potosí, un bastión del MAS, se enfrentó al gobierno en los últimos años por considerar que sus demandas no habían sido atendidas, e incluso que el presidente se burlaba de ellas, o que el litio, el nuevo recurso estrella de Bolivia, no los beneficiaría suficientemente de acuerdo con los esquemas de explotación definidos desde La Paz; por estas razones desde hace varios años ha habido diversas movilizaciones, incluyendo fuertes bloqueos de rutas. También cabe mencionar el largo conflicto en la emblemática región aymara de Achacachi —por razones también locales— o el enfrentamiento del gobierno con una parte del movimiento de cultivadores de coca de los Yungas. En todos estos casos, se superponen dos elementos clave para entender Bolivia y su inestabilidad: el corporativismo y el regionalismo como fuente de conflictividad política y social. Basta recordar el linchamiento, en agosto de 2016, del viceministro Rodolfo Illanes por cooperativistas mineros en la localidad de Panduro, a menos de 200 kilómetros de la ciudad de La Paz.

Estas dinámicas concretas resultan, por cierto, mucho más decisivas para explicar el desgaste de Morales que su alejamiento de supuestos principios andinos como el “vivir bien” u otras construcciones más o menos ideales sobre lo indígena por parte de las nuevas sensibilidades decoloniales globalizadas. Y a estos conflictos se sumaron otros de carácter urbano, como el larguísimo enfrentamiento del gobierno con los médicos o con la Universidad Pública El Alto (UPEA) y la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, cuyo rector, Waldo Albarracín, fue un activo militante por la salida de Evo Morales del poder.

Un segundo elemento es la erosión del capital político y moral del MAS. Sus militantes suelen ser considera- dos “buscapegas” —buscadores de cargos en el Estado— y sus gobiernos locales contrastaban en legitimidad con el nacional en manos de Mo- rales y García Linera (Stefanoni y Do Alto, 2010). Desde su fundación, el MAS no logró gestión exitosa alguna —“mostrable”— ni en el nivel municipal ni en el departamental. Esto explica, por ejemplo, que pese a que Morales tenía en la ciudad de El Alto, colindante a La Paz, un apoyo cercano al 80%, la alcaldía quedó en manos de Soledad Chapetón, una candidata de origen aymara que pertenece a una fuerza de centroderecha; o que en el departamento de La Paz, otro bastión de Morales, su candidata a gobernadora fuera derrotada a manos del también aymara y opositor Félix Patzi.

El 27 de noviembre de 2017 es una fecha clave en esta historia. Ese día, el Tribunal Constitucional Plurinacional habilitó a Morales con el argumento de que el Pacto de San José de Costa Rica, que está por encima de la Constitución de Bolivia, garantiza el derecho a elegir y ser elegido como parte de los derechos políticos de los ciudadanos. El fallo volvió a crispar la política en Santa Cruz, donde la derrota de la dirigencia regionalista en 2008 había llevado a gran parte de la élite económica y política a pactar con el MAS. Ahora, de la mano de un nuevo liderazgo, el Comité Cívico pro Santa Cruz —una entidad que agrupa a las fuerzas vivas de la región con hegemonía empresarial—, con el empresario Luis Fernando Camacho a la cabeza (en ese entonces de 38 años), impulsó el movimiento antireeleccionista que contaba con una fuerte base juvenil. Más recientemente, los incendios de la Chiquitanía y la negativa de Morales a declarar el desastre, contribuyeron a erosionar la imagen presidencial, aunque también a reactivar una suerte de xenofobia local al acusar a los campesinos “collas” migrantes de ser los responsables. Camacho, con un estilo histriónico y un discurso conservador, se postuló como el artífice de la “liberación de Bolivia”, para lo cual blandía una biblia y decía que Dios volvería al Palacio de Gobierno.

Fue así que llegaron las elecciones del 20 de octubre de 2019, en las que Morales necesitaba el 50% o bien el 40% con 10 puntos de diferencia sobre el segundo lugar para evitar una riesgosa segunda vuelta. El expresidente Carlos Mesa se benefició de la decisión del cabildo cruceño (una instancia de participación local) que, en medio de multitudinarias movilizaciones, decidió promover el voto útil para forzar el balotaje. Esa noche, la suspensión de la transmisiónn de resultados electorales preliminares (TREP), con guarismos que anunciaban balotaje, puso en estado de movilización a la oposición, que ya tenía preparada la denuncia de fraude para cualquier escenario en el que Morales se impusiera en primera vuelta, algo que entonces adquirió dosis de verosimilitud. Las diferentes explicaciones oficiales sobre las razones de la interrupción junto con varias denuncias de integrantes de tribunales electorales, tanto del nacional como de los departamentales, no hizo más que alimentar una ola de protestas en demanda de una segunda vuelta, con Carlos Mesa a la cabeza. En el escrutinio final Evo Morales, superaba a Mesa por 10,5 puntos y obtenía algo más del 47%.

La primera reacción del gobierno fue pedir una auditoría de la Organización de los Estados Americanos (OEA), rechazada por la oposición por considerar que Luis Almagro era favorable a Morales, dado que había avalado su candidatura en su viaje a Bolivia. Y es en ese momento que comenzó una serie de movilizaciones, bloqueos y paros cívicos que radicalizaron la situación, sacaron del centro del tablero a Mesa y ubicaron en su lugar a Camacho, quien no se había candidateado a nada el 20-O. El dirigente cruceño se animó incluso a viajar a La Paz con una “carta de renuncia” para que Morales la firmara.

En medio de un in crescendo en las protestas, entró en escena la Policía: un amotinamiento en Cochabamba no tardó en extenderse a los nueve departamentos, y ya eran evidentes los vínculos entre Camacho y los policías. En ese clima, Morales y García Linera decidieron trasladarse al Chapare, donde los campesinos cocaleros bloquearon los accesos al aeropuerto y las rutas para proteger a su principal dirigente. Pero esa decisión tenía un fuerte contenido simbólico: como en el cierre de un círculo, Morales volvía al punto de inicio, al sitio desde donde había nacido en la política y, en condiciones extremadamente difíciles debido a la represión militar contra los cultivadores de coca, había saltado al Parlamento y luego a la Presidencia. Mientras tanto, Camacho se aliaba con Marco Pumari, líder del Comité Cívico de Potosí, y lograba un triunfo simbólico: mientras que en 2008 —y después— la élite cruceña era denunciada como separatista, ahora el cruceño Camacho se presentaba, al abrazar a Pumari, como el campeón de la unidad nacional contra un Evo que “dividía a los bolivianos” solo para “quedarse en el poder”.

La decisión del gobierno de movilizar a sus bases en lugar de usar la fuerza pública alimentó los enfrentamientos entre civiles. Los primeros tres muertos fueron de la oposición y se transformaron en un estandarte. Luego se desató la violencia contra los oficialistas, incluyendo la quema de casas de ministros, que comenzaron a renunciar en cadena. El 10 de noviembre sectores mineros y la Central Obrera Boliviana (COB) pidieron la renuncia del presidente.

Finalmente, los militares le “sugirieron” lo mismo, lo que daba a la situación fuertes tonalidades de golpe de Estado. Fortaleciendo esa imagen, la noche de la renuncia de Morales Camacho recorrió La Paz subido a un carro policial vitoreado por los uniformados y por manifestantes opositores.

De este modo, lo que comenzó como un conjunto de movilizaciones multisectoriales por un conteo transparente de los votos concluyó en las renuncias del presidente, el vicepresidente, la presidenta del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados, y, poco después, en un gobierno interino a cargo de la senadora opositora Jeanine Áñez, cuya banda presidencial se la colocaron los militares; todo ello al margen del Parlamento en el que el MAS tiene dos tercios de las curules. El gobierno interino, con fuerte presencia de cruceños, fue rápidamente reconocido por el Tribunal Constitucional, el mismo que avaló una nueva postulación de Evo Morales, saltándose el referéndum de 2016 y la Constitución, y las nuevas autoridades no ocultaron sus ansias de destruir material y simbólicamente los pilares del “régimen” anterior.

Resulta más opaco el papel de los militares. Es claro que, si decidían sostener al presidente, debían reprimir el motín policial —como ocurrió en 2003, cuando policías y militares se enfrentaron a balazos en la Plaza Murillo de La Paz— y no parecían muy ansiosos por hacerlo. Pero también es posible pensar que el vínculo entre militares y gobierno era menos orgánico de lo que muchos pensaban, y que los militares quizá no pasaron de ser una organización corporativa más, con simpatía por algunas medidas nacionalistas y dispuestas a capitalizar su apoyo a Morales en términos de beneficios materiales (presupuestos y algunos cargos, por ejemplo embajadas), pero muy alejadas del cordón umbilical que en Venezuela une al madurismo con las Fuerzas Armadas.

Giro a la derecha

Sin duda, la crisis boliviana corrió nuevamente el péndulo hacia la derecha y los artífices de este cambio han sido los sectores medios urbanos. Hubo instancias para evitar un agravamiento de la crisis —antes de renunciar, por ejemplo, Morales propuso nuevas elecciones—, pero allí los moderados ya no tenían peso o no se animaron a jugar sus cartas y los radicales ya estaba decididos a ir “por todo”. Tras ocupar el poder, la presidenta interina junto con varios de sus ministros alentaron un discurso de diabolización del MAS que, con el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación, fue presentado como una horda de vándalos y terroristas. La decisión de la nueva ministra de Comunicación, la periodista Roxana Lizárraga —la misma que amenazó a los “periodistas sediciosos”— de mostrar el departamento presidencial a la prensa para que viera los “lujos de jeque árabe” del presidente derrocado, aunque estaba bastante lejos de ello, muestra una voluntad de construir un relato capaz de resignificar los 14 años de Morales —que incluyeron varios éxitos significativos, entre ellos la estabilidad económica y la inclusión social— como una tiranía corrupta que solo buscaba eternizarse en el poder. Mientras, no se dudó en utilizar a las Fuerzas Armadas —eximidas por decreto de responsabilidades penales futuras— para reprimir las protestas. La lucha que se avecina será por el relato, por la interpretación de esta década y media que pasó.

La situación iba mostrando que ni Morales, desde México, podía lograr un levantamiento popular masivo (los focos de resistencia eran limitados) ni el gobierno podía pasarse de la raya con su “contrarrevolución” (como se vio con la reacción de El Alto ante la quema de algunas banderas indígenas2). Un sector del MAS, articulado por la nueva presidenta del Senado Eva Copa y otras figuras del partido, se alejó entonces de Morales y de sus compañeros de exilio, partidarios de seguir las movilizaciones. Y el gobierno se avino, a su vez, a buscar una convocatoria a elecciones mediante el Congreso, mayoritariamente en manos del MAS, sellada finalmente en una foto en la que aparecen Copa y Áñez. Otra diferencia con Venezuela, señalada por Molina: el mayor pragmatismo político de los bolivianos.
Ahora se abre un nuevo proceso en el que las disputas se dirimirán en las urnas, en unas inéditas elecciones en las que ya no participarán Morales ni García Linera. Camacho y Pumari no descartaron presentarse y habrá que ver si logran traducir su convocatoria en las calles en capital electoral. A su vez, Mesa presumiblemente intentará presentarse como una figura moderada, cuya promesa será evitar que el péndulo gire demasiado a la derecha como reacción conservadora a la casi década y media de gobiernos del MAS.

Evo Morales, desde México, en sus numerosas entrevistas parece invadido por la melancolía y por una ponderación exagerada de la resistencia social. Esto posiblemente complique la principal tarea que enfrenta el MAS: reconstruir su prestigio, hoy erosionado tras las denuncias de fraude pero también por la efectividad de gran parte de la intelectualidad de clase media por presentar el proceso actual como una “revolución democrática”, ocultando las tendencia restauradoras y los riesgos que implican figuras radicales como la de Camacho, que parece aspirar a ser un Bolsonaro a la boliviana. En cualquier caso, hay que mirar hacia un joven campesino, formado por Morales como su sucesor como dirigente cocalero: Andrónico Rodríguez, de 30 años. ¿Será también un sucesor político? Ahí yace el dilema del MAS: poner a los más “leales” y atrincherarse en la Bolivia rural o tratar de recuperar su influencia urbana. En cualquier caso se abre una incierta transición post-Evo. Y las cosas no son más claras del lado del variopinto espacio hasta ahora opositor, que, en caso de llegar a la presidencia, podría enfrentarse a nuevos ciclos de inestabilidad política.

Notas:
1) El “caso Zapata” consistió en la denuncia de la existencia de un hijo de Evo Morales y de su expareja Gabriela Zapata, quien se desempeñó como gerente de una empresa china con abundantes contratos con el Estado pese a no contar con credenciales para el cargo. La denuncia opositora sobre la existencia de un hijo buscaba probar el vínculo. Pero, aunque existía una partida de nacimiento firmada efectivamente por Morales, y él mismo dijo que el niño había muerto, al parecer el hijo nunca había nacido. El caso desencadenó un largo culebrón durante meses, precisamente en medio de la campaña.

2) El propio Camacho y la Policía salieron a “desagraviar” las wiphalas quemadas ante el temor de nuevas movilizaciones al grito de: “La wiphala se respeta, carajo”.

Referencias bibliográficas
MOLINA, F. (2019): “Golpe o (contra)revolución”, Nueva Sociedad (11/2019). Disponible en: https://www.nuso.org/articulo /bolivia-golpe-o- contrarevolucion/.
STEFANONI, P. (2019): “Bolivia sin Evo”, El País (11/11/2019). Disponible en: https://elpais.com/internacion al/2019/11/11/america/15734 93078_267084.html.
STEFANONI, P. y DO ALTO, H. (2010): “El MAS: las ambivalencias de la democracia corporativa”, en: GARCÍA ORELLANA, L. A. y GARCÍA YAPUR, F. L.: Mutaciones del campo político en Bolivia, La Paz, PNUD.
STEFANONI, P. y MOLINA, F. (2019): “¿Cómo derrocaron a Evo?”, Anfibia. Disponible en: https://revistaanfibia.com/ens ayo/como-derrocaron-a-evo/.
VINCENT, N. y QUISBERT, P (2014): Pachakuti: el retorno de la nación: estudio comparativo del imaginario de nación de la Revolución Nacional y del Estado Plurinacional, La Paz, PIEB.
ZUAZO OBLITAS, M. (2008): “¿Cómo nació el MAS?: la ruralización de la política en Bolivia”, La Paz, Friedrich Ebert Stiftung.

Fuente: https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2019/11/AC-29.pdf

Comunicado de la CPAL, Provincia Centroamericana y AUSJAL sobre la situación en Nicaragua

21 de noviembre de 2019

La Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe – CPAL, la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, y la Asociación de Universidades confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina – AUSJAL,

uniendo nuestras voces a la de los Obispos de Nicaragua y a otros muchos actores sociales, hacemos un llamado urgente a la comunidad internacional para que manifieste con firmeza su rechazo a la manera como el gobierno de Nicaragua, a través de sus cuerpos de seguridad, viene irrespetando los derechos civiles consagrados en la constitución nacional:



•reprimiendo las manifestaciones de protesta pacífica
•provocando a las personas y grupos de la oposición para justificar su propia violencia,
•impidiendo los derechos de libertad religiosa y de reunión,
•apresando y desapareciendo militantes de la oposición,
•acusando a sus opositores de delitos no cometidos,
•impidiendo labores humanitarias y actos de desobediencia civil pacífica,
•acusando falsa y calumniosamente autoridades de la Iglesia católica, entre otros.

Declaramos nuestra especial solidaridad con el P. Edwin Román y con todas las madres de familia que ayunan en Masaya para pedir que sus hijos encarcelados sean liberados, así como con los 13 activistas detenidos recientemente por llevarles agua para paliar su huelga de hambre. Condenamos la toma de la Catedral de Managua y las agresiones en contra del Pbro. Rodolfo López y Sor Arelys Guzmán, así como el asedio en contra de diversas Parroquias.

Condenamos la provocación de los grupos antimotines del gobierno a los estudiantes de la Universidad Centroamericana – UCA, que, una vez más, ayer 19 de noviembre de2019, sufrieron su asedio en las instalaciones de la Universidad Centroamericana en Managua. Rechazamos y condenamos el intento de estos grupos, controlados por el gobierno, de violar el campus de la Universidad.

Solicitamos al señor Daniel Ortega que ordene inmediatamente el cese de los hostigamientos, agresión y violación de los derechos humanos y civiles de los miembros de la oposición, y exhortamos a todos los responsables de esos asedios para que depongan su postura. “Es demasiado el dolor que han sufrido los nicaragüenses. Las familias que se encuentran asediadas cargan con un doble sufrimiento; la falta de libertad de sus familiares encarcelados y, ahora, el estado de sitio que atenta contra sus vidas” (comunicado de la Conferencia Episcopal).

A la COMUNIDAD INTERNACIONAL en las organizaciones religiosas y humanitarias, organismos internacionales, gobiernos democráticos del mundo y, particularmente de Europa y de América, les pedimos ejercer sus mejores oficios para garantizar el retorno de Nicaragua al sistema democrático mediante:



-la exigencia pública del respeto inmediato a los derechos civiles consagrados en la constitución nacional nicaragüense: libertad de culto, libertad de movilización, libertad de protesta pacífica, libertad de organización política, libertad de prensa e información, libertad de investigación y enseñanza;

-la condena internacional pública de los métodos de represión que han dado como resultado más de 300 personas asesinadas, más de 2,000 nicaragüenses heridos y más de 700 presos políticos, de los cuales más de 150 continúan en prisión;

-la activación de la Carta Democrática Interamericana (OEA) para prevenir un desangre mayor entre el pueblo nicaragüense cansado de tanta opresión, miseria y manipulación por parte del régimen, así como para prevenir la intervención de potencias extranjeras que quieran beneficiarse en este momento de gravísima crisis política.



Enviamos un saludo especial y nuestra solidaridad a todas las víctimas de la violencia en Nicaragua. Les aseguramos nuestro apoyo fraterno y nuestra disposición a seguir luchando por una sociedad más justa y democrática.

Imploramos la bendición de Dios sobre todos, para que sepamos ser agentes de reconciliación en la justicia y la verdad.

ROLANDO ALVARADO, S.J.

Provincial de Centramérica

ERNESTO CAVASSA, S.J.

Presidente de AUSJAL

ROBERTO JARAMILLO, S.J.

Presidente de la CPAL