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Tomado de Revista Sin Permiso. Crónicas escritas por Nicole Colson y Keeanga-Yamahtta Taylor

Foto de Portadilla tomada de Green left Weekly

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"El año pasado parecía un funeral. Este año parece una resistencia".

Esas palabras, de uno de los cientos de miles de manifestantes que salieron a las calles el 20 de enero para participar en las manifestaciones masivas de mujeres que conmemoran el vergonzoso aniversario del primer año de Trump en el cargo, resumían el estado de ánimo político.

En una palabra: indignadas.


Los pueblos y ciudades más pequeños, incluso en estados republicanos seguros, lo hicieron a lo grande: unos 8,000 en Omaha, Nebraska, por ejemplo.



En la ciudad de Nueva York había tanta gente que se tardó horas para que la parte trasera de la marcha se pusiera en marcha: las calles laterales que desembocaban en la marcha estaban llenas de gente que esperó horas para incorporarse a la arteria principal.

Al igual que el año pasado, las manifestaciones estaban formadas principalmente por individuos, familias y amigos que se autoorganizaron para participar, a diferencia de los contingentes. También como el año pasado, las pancartas hechas en casa expresaban la multitud de mensajes que mujeres y hombres querían enviar después de un año de soportar a Trump.

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Foto tomada de El Universal.

Esto era algo que los principales organizadores de las Manifestaciones Femeninas a nivel nacional habían esperado contener.

Inicialmente, los eventos de 2018 hubieran debido centrarse en una conferencia en Las Vegas, con el tema "Poder a las urnas", reflejando un énfasis en promover votos para los candidatos demócratas en 2018. El sitio web señaló que esto "aprovecharía nuestra energía colectiva para abogar por políticos y candidatos que reflejan nuestros valores”.

Pero la balanza se inclinó hacia el otro lado a medida que crecía la presión de la gente decidida a expresar su disgusto con Trump en sus propias ciudades. Al igual que el año pasado, ante la falta de acción de las organizaciones liberales organizadas, nuevos activistas o no afiliados intervinieron para asegurar la celebración de una Women's March 2018.

Por supuesto, el tema "Poder a las urnas" fue un mensaje importante dondequiera que se celebraran las manifestaciones; no podía ser de otra forma dada la amargura y el odio hacia Trump y la esperanza de una alternativa consistente de parte de los Demócratas, a pesar del largo récord de traiciones del partido.

Pero por cada pancarta de "Atrápalo en las urnas", había dos o tres o cinco o 10 veces más sobre cuestiones políticas urgentes: los derechos de los inmigrantes y la defensa de los “dreamers”, la oposición a la islamofobia, el desafío a la violencia sexual, el racismo y muchos más, alrededor de los cuales podría formarse un tipo diferente de resistencia.

En algunas ciudades, parece que los organizadores de la manifestación intentaron excluir algunas voces de las manifestaciones de este año. En Los Ángeles, un grupo palestino retiró su apoyo a la manifestación local en protesta por la participación como oradora destacada de la actriz Scarlett Johansson, firme oponente de la campaña de boicot, desinversión y sanciones contra el apartheid israelí.

En Filadelfia, los organizadores anunciaron la “intensificación de medidas de seguridad" negociadas con la policía, incluyendo el registro de bolsas y detectores de metales. Por el contrario, en otras ciudades los organizadores impugnaron explícitamente las medidas para limitar la participación, especialmente de personas de color.

Pero estos debates, aunque importantes, contrastaron con el estado de ánimo de las multitudes en una ciudad tras otra, según todos los informes. Predominó el espíritu de solidaridad, con multitud de personas cantando por turno contra Trump, por los derechos de los inmigrantes, contra la violencia racista y por la democracia y la libertad.

A pesar de los esfuerzos de los organizadores para restringir el mensaje a las elecciones de este próximo año, la impresionante narración de un popular medio informativo de Filadelfia refleja los sentimientos de las personas que participaron:

Un desconocido calificó el sábado a Stacy Shilling como su "héroe". Otras muchas personas pidieron sacarle una foto. Esto es debido a que Shilling llevaba un sombrero de la "Women's March on Philadelphia" y llevaba una pancarta alrededor del cuello que decía: "Nadie pregunta qué llevaba puesto mi violador".

"He recuperado la voz", dijo [Shilling]. "Y también quiero ayudar a otras mujeres a encontrar su propia voz".

En Washington, D.C., la multitud era más pequeña que la masiva de 500,000 del año pasado, pero mucho más grande que la que salió a celebrar el estreno de Trump en 2017.

Pero por supuesto, eso no impidió que Trump se burlara de los manifestantes en Twitter diciendo que hacía "un tiempo magnífico a lo largo de todo nuestro gran país, un día perfecto para todas las mujeres que se manifestaban ... Salgan ahora para celebrar los hitos históricos y el éxito económico sin precedentes y la creación de riqueza que ha tenido lugar en los últimos 12 meses".

Si Trump no tiene que comerse esas palabras, debería hacerlo. "La gente estaba muy enojada el año pasado, y está muy enojada este año", declaró a The Associated Press Tamika Mallory, copresidenta de la junta directiva de la Women's March.

En el centro de este enojo está la campaña #MeToo contra el acoso sexual y la violencia, que comenzó hace varios meses. Las referencias estaban en todas partes en las manifestaciones. "#MeToo viene a por ti", advertía un cartel en la manifestación de Nueva York.

En San Francisco, donde se manifestaron 65,000, la participante de 16 años Joan explicó con vehemencia por qué quería manifestarse: "Fui violada. Fui una víctima culpabilizada durante toda la escuela secundaria y esto me arruinó la vida. Pero vamos a continuar empujando y luchando. Y estoy cansada de eso".

"Estuvimos aquí el año pasado y estamos aquí de nuevo este año y las cosas no han mejorado", dijo otra manifestante llamada María, que habló sobre la necesidad de una organización sostenida para crear un cambio duradero. " La clave está en que tenemos que mostrarnos todos los días. No se trata solo de ir a una o dos manifestaciones: tenemos que mostrarnos por nosotros mismos y por los demás, y continuar esta batalla donde sea que nos lleve".

Para otros, había un sentimiento de alivio colectivo por el hecho de que las mujeres finalmente puedan comenzar a hablar sobre sus experiencias. Tal como resumió la manifestante de San Francisco, Luz Pérez:

"Cuando #Metoo estalló, tenía miedo de que las mujeres no fueran tomadas en serio sobre este tema, y ​​tenía miedo de la decepción. Por eso es importante que sigamos trabajando duro y seguir hablando de ello con nuestros compañeros de trabajo, amigos, familiares, hombres, jóvenes, mayores y decirles: "La vida es diferente a través de los ojos de una mujer".

En Seattle, donde más de 80,000 personas estaban en las calles, los miembros del grupo "Mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas" encabezaron la manifestación, y uno de los mayores contingentes fue el de Justicia Reproductiva, organizado por Seattle Clinic Defense, Legal Voice y Gender Justice League, entre otros.

Quizás la imagen más conmovedora vino de una manifestación en la ciudad canadiense de Whitehorse en el Yukón. Con un vestido rojo en alto para conmemorar a las mujeres de las Primeras Naciones que están desaparecidas, asesinadas o atacadas sexualmente, un grupo marchó a través de la nieve a temperaturas muy por debajo del punto de congelación.

La ola #METOO que en los últimos meses ha seguido siendo el altavoz de la profunda ira sobre la agresión sexual está abriendo un debate más amplio sobre la necesidad del cambio social.

Ese sentido de injusticia colectiva va mucho más allá del tema del sexismo: la necesidad de defender los derechos reproductivos y luchar por la justicia laboral y la igualdad salarial; la defensa de los derechos de los inmigrantes; la lucha por los derechos LGBT; organizar la lucha antirracista y la lucha contra la brutalidad policial; en resumen, luchar solidariamente contra la opresión en todas sus formas.

Muchos manifestantes destacaban deliberadamente la necesidad de inculcar la idea de que una ofensa a uno es una ofensa para todos.

"Lucha contra la ignorancia, no contra los inmigrantes", decía un letrero de la activista trans Janet Mock en la manifestación de Los Ángeles. Otra foto de la misma manifestación mostraba a mujeres jóvenes llevando carteles que abogaban por el feminismo transversal y la solidaridad: "Nos manifestamos por TODAS las mujeres: negras, inmigrantes, musulmanas, discapacitadas, pobres, LGBT. El feminismo real es transversal".

En Nueva York, un contingente "Liberar a Ahed Tamimi" llamaba la atención sobre el caso de la adolescente palestina encarcelada por defender a su familia contra la brutalidad del apartheid israelí, y subrayaba que la lucha por los derechos de las mujeres debe extenderse a cada esquina del mundo.

Estos son ejemplos visibles de una conciencia política cada vez más profunda en una capa de personas que se están volviendo activas a través de #MeToo y el sentimiento actual anti-Trump, y que se sienten impulsadas a movilizarse porque hay mucho en juego, no solo para las mujeres, sino para todos los marginados y explotados.

En Boston, donde 5,000 personas se reunieron en Cambridge Common, estudiantes de secundaria, familias y otros portaban pancartas que decían "Si no es transversal, no es feminismo", "Todos somos dreamers" y "Fin del encarcelamiento masivo y del homicidio autorizado de personas de color". "

Uno de los discursos más electrizantes del día fue el de una mujer de la Campaña de los Pobres, que abogó por la visión de Martin Luther King de conectar el racismo, el militarismo y el materialismo en la lucha por la liberación sexual.

En algunos casos, los jóvenes se erigieron en líderes, como en Montpelier, Vermont, donde 3.000 personas se manifestaron en la “Manifestación por nuestro futuro” organizada por estudiantes de secundaria.

Otros manifestantes formaban parte de una generación anterior que habían protestado en el pasado , pero se sentían compelidos a salir otra vez. “Soy viejo” dijo Debbie Droke, de 63 años, a NPR en la manifestación de Washington, D.C. “Hacía esto en los años 70. Trabajaba con Gloria Steinem. Y nunca pensé en un millón de años que tendría que volver a hacer esto para llamar la atención sobre los derechos de las mujeres”.

En todas las manifestaciones, naturalmente, había mensajes respecto a sacar del poder a Trump y a los Republicanos, lo que se reflejaba no solo en el tema de las manifestaciones “Poder a las urnas” y la conferencia posterior de Las Vegas, sino también en las pancartas que muchos llevaban.

Junto a todo esto había un movimiento a favor del Partido Demócrata. En Chicago, el alcalde democrático Rahm Emanuel – que lideró el ataque a las escuelas de Chicago, y el Sindicato de Profesores de Chicago dirigido por mujeres, y dirige una fuerza de policía que brutaliza rutinariamente a jóvenes de color – declaró que estaba “orgulloso de adherirse” a la manifestación.

Muchos participantes en la manifestación estaban entusiasmados tanto por manifestarse en las calles como por votar - a pesar del record de promesas incumplidas y traiciones del Partido Demócrata.

Para los socialistas y otros radicales que participaron en las protestas, esto puede ser una discusión recurrente con colegas, amigos y familia. También podrían serlo las acciones de los organizadores – en Los Angeles y Filadelfia, por ejemplo, que efectivamente excluyeron algunas voces del mensaje de los manifestantes. Cualquier cosa que limita nuestras luchas y crea obstáculos a la solidaridad debe ser combatido.

Pero es importante que la izquierda se enfrente a preguntas y organice este tipo de acciones sobre el terreno. En algunos casos podemos marcar la diferencia ayudando a argumentar a favor de políticas contrarias a la división y al fanatismo.

Fue importante, por ejemplo, que la izquierda en Nueva York ayudara a liderar un contingente palestino en la Manifestación de las Mujeres.

En Boston, la presencia de socialistas y activistas de izquierda fue crítica cuando 20 miembros del grupo de extrema derecha "Resistir al marxismo" intentaron marchar a través de Cambridge Common con mensajes odiosos referidos a "salvar" a las mujeres de la "inmigración ilegal" y la ley de la Sharia.

Al principio hubo confusión en la multitud respecto a si el grupo y su mensaje de odio deberían ser ignorados. Pero los activistas de izquierda reunieron a las personas en el mismo momento y, después de una confrontación intensa y vocal, los fanáticos dieron media vuelta y se marcharon, demostrando la importancia de no ceder el espacio político a la derecha.

La izquierda no puede darse el lujo de renunciar a la responsabilidad de participar cuando la gente quiere actuar para oponerse a Trump y la horrible realidad del status quo en la política estadounidense. Empiezan a haber debates importantes sobre lo que se puede hacer más allá de los días de protesta, por masivos que sean, como el del sábado. Y el mensaje convencional que muchos organizadores intentaron imponer en las Manifestaciones de las Mujeres no es compartido por todos los que se movilizaron para participar.

Hace un año, la autora de izquierdas Keeanga-Yamahtta Taylor desafió una reacción de la izquierda a las manifestaciones masivas del año pasado: Los liberales se vuelven radicales a través de sus propias experiencias frustrantes con el sistema, pero también comprometiéndose con gente que se hizo radical antes que ellos. Por lo tanto cuando los radicales que han llegado ya a ciertas conclusiones importantes acerca de los fallos del sistema actual se burlan, ridiculizan o desprecian a quienes no han llegado al mismo nivel de concienciación no están ayudando a nadie”.

Pensemos en lo que significaría que solamente una fracción del poder y la energía que se puso de manifiesto el sábado se dirigiera a luchar para impedir las deportaciones y las redadas cuando el ICE invade nuestras comunidades; a defender las clínicas para abortar cuando la derecha intenta cerrarlas; a construir una resistencia masiva cuando los Republicanos aprueban leyes como el regalo del recorte gigantesco de impuestos.

Después de un año de Trump, la oposición al odio y la reacción se están haciendo fuertes, impulsados por el fenómeno #Me Too que está encontrando nuevas formas de expresión, incluyendo la toma de las calles por la gente.

Ahora debemos trabajar para establecer conexiones entre las muchas quejas y luchas representadas el sábado – y organizar la resistencia en los próximos meses.

Caty Caldwell, Nisha Cirino, Paul Fleckenstein, Kristen Martin, Natalia Tylim, Melanie West y Jenna Woloshyn contribuyeron a este artículo.

https://socialistworker.org/2018/01/22/one-year-later-and-twice-as-pissed-off

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¿Crees que la Marcha de las Mujeres no fue lo suficientemente radical?: Haz algo al respecto

Keeanga-Yamahtta Taylor

Puede que no haya sido tan negra, morena o de clase obrera como a muchos les hubiera gustado. Pero criticarlo desde la barrera no ayuda a nadie.

Estados Unidos acaba de experimentar un secuestro corporativo. Si el discurso inaugural de Trump no te ha puesto en alerta sobre el hecho de que tienen la intención de perseguirnos a todos, es que no prestas atención.

La escala del ataque es tan profunda como amplia y esto significa que necesitaremos un movimiento de masas para hacerle frente. Organizar tal movimiento significa necesariamente que involucrará a los que no han sido iniciados previamente, aquellos que son nuevos en el activismo y la organización. Tenemos que dar la bienvenida a esas personas y dejarnos de sermoneos arrogantes y moralistas respecto a cualquiera que no esté lo suficientemente "despierto".

Las marchas de mujeres en Washington DC y en todo el país fueron sorprendentes, inspiradoras y el primero de un millón de pasos que serán necesarios para montar la resistencia a Trump.

Pero en las redes sociales se pueden leer críticas, e incluso denuncias, de los manifestantes: ¿dónde estaban todas estas personas antes? ¿Por qué solo se involucran ahora? ¿Por qué la marcha no hace demandas más radicales? ¿Por qué los organizadores de la marcha, que son políticamente liberales, permiten hablar solo ... a los liberales?

Todo ello es un signo de inmadurez política que continúa obstaculizando el crecimiento de la izquierda estadounidense.

¿Los liberales estaban en la manifestación? ¡Sí! Y gracias a Dios. El movimiento para resistir a Trump tendrá que ser un movimiento de masas, y los movimientos de masas no son homogéneos; son, por definición, políticamente heterogéneos. Y no hay un solo radical o revolucionario en la Tierra que no haya comenzado su viaje político con ideas liberales.

Los liberales se vuelven radicales a través de sus propias experiencias frustrantes con el sistema, pero también por comprometerse con personas que se radicalizaron antes que ellos. Entonces, cuando los radicales que ya han llegado a algunas conclusiones importantes sobre los fallos de los sistemas existentes se burlan, ridiculizan o desprecian a aquellos que no han alcanzado el mismo nivel de concienciación, no están ayudando a nadie.

Esto no es liderazgo, es infantil. También es una receta para mantener a un movimiento pequeño e irrelevante. Si quieres un movimiento de los políticamente puros y ya comprometidos, tú y tus selectos amigos deberíais ir por delante y ser la resistencia a Trump.

¿Deberían las marchas haber sido más multirraciales y de clase obrera? ¡Sí! Pero no eres un organizador serio si es ahí donde termina tu respuesta a la pregunta. El problema para la izquierda es cómo llegar desde donde estamos hoy a donde queremos estar en términos de hacer que nuestras marchas sean más negras, morenas y más de clase obrera. Simplemente quejarse no cambia nada.

No habrá un movimiento efectivo contra Trump que no se enfrente directamente al problema del racismo. Debe estar al frente y en el centro, y me pareció que los organizadores de la marcha tomaron esa cuestión en serio e hicieron verdaderos esfuerzos para corregir los fallos de su enfoque original.

La participación organizada de los sindicatos en la manifestación de Washington DC fue mucho más pequeña de lo que debería haber sido. Pero al menos algunas secciones del movimiento sindical sintieron, en las últimas semanas, la presión de sus propios miembros para dedicar mayores recursos a la movilización y muchos miembros del sindicato se unieron a la marcha individualmente y con miembros de la base. Eso es algo en lo que la izquierda tiene que trabajar para hacer que el mundo del trabajo sea fundamental en la resistencia anti-Trump.

Las marchas de las mujeres fueron el comienzo, no el final. Lo que ocurra a continuación se decidirá según lo que hagamos. Los movimientos no nos llegan del cielo, completamente formados y organizados. Están creados por personas reales, con todas sus interrogantes políticos, debilidades y fortalezas.

Si la izquierda no se compromete con el objetivo de competir por el liderazgo y la influencia, simplemente cedemos estas fuerzas a los Demócratas y liberales, que ciertamente tratarán de limitar el nuevo resurgimiento de la oposición a los límites políticos que ellos quieren definir.

La cuestión no está en enterrar nuestros argumentos. Si queremos ganar personas para políticas más radicales, debemos aprender a construir nuestros argumentos mientras operamos en escenarios políticos que no son solo nuestros. Los socialistas revolucionarios tienen una larga y rica tradición en construir frentes unidos, lo cual parece más real ahora que 3 millones de personas estaban en las calles.

Debemos hacer un mejor trabajo para facilitar el debate, la discusión y los argumentos de manera que hablemos de cómo construir el tipo de movimiento que queremos. Pero las críticas interminables en las redes sociales sin el compromiso de profundizar en esta lucha por el tipo de movimiento que queremos no es una actitud seria.

Hay literalmente millones de personas en este país que lo están cuestionando todo. Necesitamos abrirles nuestras organizaciones, reuniones de planificación, manifestaciones y mucho más . Necesitamos leer conjuntamente, aprender juntos, estar en las calles juntos y hacer frente a este asalto juntos.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42944

es una colaboradora del periódico de la izquierda alternativa de EE UU Socialist Worker
Profesora de Estudios Afro-americanos de la Universidad de Princeton y autora de From #BlackLivesMatter to Black Liberation.

Fuente: Sin Permiso

Traducción:Anna Maria Garriga Tarré

Mundo Nuestro. La revista Sin permiso entrevista a al cineasta italiano Rudy Gnutti en el marco de la aparición en Barcelona del libro El mundo sin trabajo (Icaria Editorial, 2018) y recoge una interrogante que no podemos dejar de enfrentar si se quiere entender lo que las transformaciones tecnológicas provocan día a día en el mundo: "¿Realmente queremos que la tecnología nos libere de la mayoría de las tareas o no?" Y a juzgar por la aparición de la propuesta de lar enta básica universal en el debate por venir en el proceso electoral mexicano, esta conversación con el autor italiano es absolutamente conveniente.
Rudy Gnutti es el director de una película que ha tenido repercusión y que no ha dejado a nadie que la haya visto indiferente: In the Same Boat. Italiano, pero residente en Barcelona desde hace muchos años, Rudy Gnutti es una mente inquieta: músico, director de cine, escritor… Sin Permiso le realizó esta breve entrevista a raíz de un libro suyo que acaba de publicar la Editorial Icaria. Este libro, El mundo sin trabajo, tiene sus orígenes justamente en la mencionada película y trata sobre los siguientes autores: Zygmunt Bauman, Tony Atkinson, Erik Brynjolfsson, Daniel Raventós, Mariana Mazzucato, Rutger Bregman, José Mújica, Serge Latouche, Mauro Gallegati y Nick Hanauer.

Sin Permiso: El mundo sin trabajo es un libro que en parte es fruto de tu película “In the Same Boat”. ¿Por qué?

Rudy Gnutti: Principalmente por dos razones:
Primero porque el argumento del film, cómo plantear un forma de repartir la riqueza en una sistema económico que ha perdido esta capacidad, es un tema de extraordinaria actualidad y en continuo progreso.
Quiero decir que desde cuando Zygmunt Bauman vino a Barcelona a presentar el film (febrero 2016) han pasado dos años, y en este tiempo han nacidos nuevas reflexiones y nuevos interlocutores que me parecía oportuno incluir.
La segunda es por los consejos que me han dado amigos, espectadores del documental, y el mismo Profesor Bauman: un libro facilita la comprensión y da la posibilidad de ampliar el discurso.
Es un libro corto, pero espero que sirva para saber qué opinan, en síntesis, los personajes tan interesantes que he conseguido englobar en el proyecto.


Sin Permiso: ¿Por qué un título tan provocador como el de este libro?

Rudy Gnutti: Ojalá fuera provocador. Creo que El mundo sin trabajo, o como mínimo el trabajo-empleo que hemos conocido, no solo será una realidad, sino que es ya ahora mismo una realidad.
En estos años que he tenido la posibilidad de dialogar sobre el tema con expertos de diferentes disciplinas (economistas, sociólogos o científicos) me he hecho un idea cada vez más clara: la cuestión ya no es si seremos capaces de inventar nuevos empleos a la misma velocidad que la tecnología los destruye, sino la cuestión más profunda es: ¿realmente queremos que la tecnología nos libere de la mayoría de las tareas o no?
¿Por qué tendríamos que perder esta posibilidad cuando la hemos buscado desde siempre?
¿Por qué no sabríamos como repartir la riqueza en una sociedad sin trabajo o por qué no sabríamos que hacer con nuestra existencia en un mundo con tanto tiempo libre?
Es curioso, parecen temas casi banales, pero creo que son tan profundos y tan complejos, que por eso digo ojalá no tuviéramos que planteárnoslos.
Zygmunt Bauman creía que podríamos adaptar, con relativa facilidad, la economía a la nueva era tecnológica, pero veía mucho más difícil que seamos capaces de adaptarnos a nivel cultural y social.
Pero quiero ser optimista y creer que "el mundo sin trabajo", o como lo define el economista del MIT Erik Brynjolffson, la "Atenas digital", podrá darnos por fin a toda la humanidad la posibilidad de vivir sin tanta desigualdad, sufrimiento y en sintonía con el ambiente.

Sin Permiso: En el libro, como en la película, gran parte de los entrevistados defienden la renta básica incondicional. En realidad esta propuesta se presenta como una conclusión ante la situación actual tanto de la película como de tu libro. ¿Es así?

Rudy Gnutti: Exactamente. Tenemos que adaptar la economía a la nueva realidad que estamos viviendo.
La verdadera utopía no es la propuesta de la renta básica. Para utilizar las palabras de Rutger Bergman, la utopía es la pretensión de poder solucionar los problemas del siglo XXI con mecanismo del siglo XX.
La renta básica, como ya sabemos, no es una propuesta nueva, pero hoy creo que ha dejado de ser algo "solamente" justo y se ha vuelto un mecanismo útil. Cada vez más estudiosos la consideran indispensable.
Pero no creo que será solo indispensable para que el sistema económico pueda funcionar, sino que será la clave para poder por fin imaginar una economía mucho meno devoradora del nuestro entorno y que sea sostenible.
Como sostiene el profesor Serge Latouche: pasar de un economía basada en el crecimiento infinito a otra basada en la colaboración, redistribución.
La renta básica significa exactamente esto, una posibilidad de cambiar la forma de redistribuir, que a su vez nos daría la posibilidad de cambiar la forma de producir y de consumir.

Sin Permiso: Has asistido para presentar tu película a los dos últimos simposios de la Red Renta Básica, en Bilbao en 2016 y en Zaragoza en 2017. ¿Cómo crees que está evolucionando el debate sobre la Renta Básica en el mundo en general y más concretamente en el Reino de España?




Rudy Gnutti: Está cambiando, y mucho.
En los simposia que he presentado la película he podido comprobar este hecho.
La renta básica, de una forma u otra, está siendo analizada o directamente propuesta en muchísimos y heterogéneos ambientes.
Unos de los temas que se discute en estos simposia es exactamente este, saber distinguir y valorar las diferentes ideas que se auto denominan renta básica.
Creo que habría que dividir en dos categorías:
1. Las propuestas que tienen nombres parecidos pero que no se parecen en nada a la renta básica (por ejemplo, la propuesta de Berlusconi).
2. Las propuestas que son casi idénticas, pero, por el origen de donde provienen, podrían esconder desagradables sorpresas. Pongamos el ejemplo más representativo: la propuesta de una renta básica que se está estudiando en distintos ambientes de Silicon Valley.
Algunos, en Silicon Valley, la denominan "dividendo tecnológico", ligando este concepto a la enorme riqueza que están creando las impresas cada vez más tecnológicas y a la dificultad de repartir estos beneficios por falta de empleados, sustituidos por máquinas. Este dividendo podría ser elevado, pero no incluiría los servicios como sanidad y educación. En EEUU esto no parece extraño porque no tienen una tradición en este sentido.
En cambio, en Europa, esto significaría un paso atrás muy grande. Yo personalmente creo que falta información entre los diferentes colectivos o grupos que proponen estas soluciones.
Puede ser que hay divergencias, incluso puede ser que sean imposibles de acercar, pero, a fin de cuentas, creo que a todos interesa una sociedad que funcione. Incluso a los grandes productores de bienes interesa tener más clientes posibles.
En fin, creo que el miedo a ser instrumentalizarlo es razonable, pero también creo que gestos como el de Guy Standing de aceptar la invitación a participar en los encuentros de Davos del 2016 aunque ya sé que son polémicos son una prueba de coraje intelectual que no habría que menospreciar.

es músico, director de cine y escritor
Fuente:
www.sinpermiso.info, 28-1-18

Nueve son los cárteles mexicanos que tienen presencia a nivel internacional en una estructura compleja que implica muy diversos tipos de alianzas y asociaciones con grupos locales en 51 países de los cinco continentes, según una investigación de la PGR.

Los cárteles, en su versión trasnacional, se dedican a la venta de la cocaína, la heroína, las metanfetaminas y los precursores químicos. También a la producción en México de amapola, drogas sintéticas y marihuana en las zonas donde ellos operan.

El negocio implica el control de rutas terrestres y marítimas, a nivel internacional, y de una infraestructura que cuenta con aviones, sumergibles, lanchas rápidas y diversos tipos de vehículos para desplazarse por tierra en México y en el cruce de la frontera con Estados Unidos.

La PGR señala en su documento, que los cárteles mexicanos tienen alianzas o asociaciones con los cárteles colombianos, la mafia italiana, la mafia rusa, las distintas mafias africanas y grupos criminales locales, en los países donde tiene presencia, que son los encargados de la distribución al menudeo.

El Cártel del Pacífico, el más presente a nivel mundial, mantiene influencia, de una u otra forma, en 43 países de los cinco continentes. Le siguen Los Zetas que operan en 20 países de América, Europa, África y Asia.

Luego viene el Cártel Jalisco Nueva Generación que se extiende a 14 países de América, África y Asia. Es la organización que ha crecido más rápido en su faceta internacional. La Familia Michoacana está presente en ocho países de América, Europa y Asia. La influencia del Cártel del Golfo se da en seis países de América y Europa. El Cártel de los Arrellano Félix o Cártel de Tijuana está en cuatro países de América.

El Cártel de Los Caballeros Templarios se encuentra en tres países de América y Asia. El Cártel de los Carrillo Fuentes o Cártel de Ciudad Juárez se concentra en tres países de América. El Cártel de los Beltrán Leyva está en dos países de América y Europa.

La presencia de los cárteles mexicanos en los mercados internacionales no siempre se da de manera física sino la logran a través de asociaciones y alianzas con organizaciones semejantes y grupos locales de muy diversa índole.

Ejemplos de este tipo de presencia, que es muy diversa, es la relación que el Cártel del Golfo mantiene con la mafia italiana de la Ndrangheta o la del Cártel del Pacífico con las pandillas dominicanas en Estados Unidos.

Los cárteles mexicanos, también los de otros países, van a seguir presentes en los mercados internacionales, a la manera que ahora lo hacen, siempre con ventaja para ellos, mientras siga vigente el paradigma prohibicionista y punitivo impuesto hace 50 años. Su fracaso es evidente, pero se insiste en él.

Mundo Nuestro. Mirar a un país desde sus raíces históricas. O mirarlo en una noche de éxtasis por el paso al mundial de Rusia 2018. Todo esto en una crónica de viaje de una historiadora en búsqueda de los azulejos sevillanos del siglo XVII en los conventos carmelitas en México y el Perú. Todo encuentra sentido en la noche antigua de los incas. La montaña, el misteriio, el futbol.

4 de noviembre



La plaza mayor de Lima está cubierta de flores rojas y blancas, son los colores de la bandera del Perú y también los del uniforme de la selección de futbol que en estos días tendrá que pelear su paso al mundial contra Nueva Zelanda o quedarse en casa, como les ha ocurrido desde hace 36 años. En cada mirada hay un sueño inconcluso, un deseo transmitido de padres a hijos. El cielo está nublado y las palomas que merodean el lugar le dan a la tarde un tono nostálgico, hasta que un grupo de jóvenes luciendo la camiseta número 9 y al grito de “Viva Paolo Guerrero,” “Paolo te amamos”, toma la explanada.

Paolo es el capitán del equipo, además de su delantero goleador, el amigo que sacó a Farfán, la otra estrella, del camino del vicio para reincorporarlo al equipo y darle un lugar en la selección rumbo al mundial. Pero Paolo, se dijo hace apenas unos días, no pasó la prueba por dopaje y la gente se ha lanzado a las calles en su apoyo. Fue por un medicamento contra la gripa, se dice en la prensa, en los taxis, en los restaurantes, en las escuelas, se dice que eso no es posible. Su madre llora en una entrevista televisiva y quienes la ven desde la fonda levantan las servilletas y las giran en muestra de apoyo. La pantalla chica documenta entrevista tras entrevista el apoyo a su capitán, incluso pasaron a un batallón del ejército brincando rifles en mano y gritando Ánimo Paolo, muy sorprendente para nosotros. Pero lo cierto es que el héroe no jugará contra Nueva Zelanda y salvo que nuevas pruebas descarten el dopaje tampoco irá al mundial en caso de que su equipo gane.

10 de Noviembre



Después de varios días de trabajo en Lima recorriendo el convento Franciscano, el de Santo Domingo, la Catedral y el palacio Episcopal de Cusco para mi estudio sobre los azulejos sevillanos, nos trasladamos al poblado de Aguascalientes, para subir mañana a Machu Picchu, la legendaria ciudad inca. Pero el turismo también está contagiado de la euforia futbolera, hoy por la noche será el primer partido en Nueva Zelanda, si Perú gana será una noche de júbilo, si no habrá que esperar el otro partido, ahora en Lima. Lucen la camiseta con el número 9 los meseros, los guías, los niños, el turista alemán, el norteamericano, la africana y la francesa, palidece la venta de las artesanías tradicionales contra los globos rojos y blancos, las cintillas, los llaveros, los carteles, las camisetas. “Fuerza Machu Picchu”, “Perú al mundial”, se lee en una lona enorme, junto a una pantalla hechiza más grande que la pequeña iglesia del pueblo. Todos estamos ahí esperando que den las diez de la noche, como si ese fuera el motivo de nuestra estancia y no la subida a la montaña.

Pero a pesar de algunos tiros en el travesaño en el primer tiempo el gol no llega. El empate cae en el respetable como un balde de agua fría. Poco a poco, en silencio, se vacía la plaza.

11 de noviembre

Somos de las pocas personas en subir temprano a la maravillosa ciudad Inca, tan cerca del cielo con su trazo perfecto, tan incomprensible en su abandono ante la probable invasión de los españoles. Recorremos también la montaña en un pequeño camino al borde del precipicio hasta llegar al Puente Inca, a media hora caminando de Machu Picchu, ante un paisaje irreal. Regresamos a Cusco en un tren zigzagueante que cruza los Andes y te deja sin habla.

12 de noviembre.

Vamos a conocer el área de experimentación agrícola de los Incas, una montaña en desniveles en cada uno de los cuales hay un microclima, una tierra particular y una siembra específica. De todo, papas un gran parte de las más de sesenta variedades, y maíz, yuca, camote, ají. Y ahí de nuevo, con las montañas como fondo, dos muchachas extienden la bandera de Perú, se toman la foto, lucen la camiseta del capitán.

Después conocemos las salinas, ese enigmático lugar de sabores y de luces al pie de los Andes.

El 14 de noviembre regresamos a Lima. Y al futbol.

14 de noviembre.

Noticias de última hora: el camión de Nueva Zelanda se atora al intentar ingresar al estadio ante la rechifla de los locales. La vidente que pronósticó la salida de Chile del mundial, originalmente había dado el triunfo a Nueva Zelanda, pero la alineación de los astros cambia y Perú ganará en penales, dice. El delantero estrella de Nueva Zelanda confiesa tener tatarabuelo peruano y hoy intentará buscar la casa de sus orígenes, a pesar de que su lealtad familiar es vista con desánimo por sus compañeros de equipo.

A las tres de la mañana suenan los cohetes frente al hotel Marriott donde se hospeda el equipo invitado, para no dejarlos dormir. Los responsables huyen dejando como evidencia un gorro rojiblanco. El presidente municipal de Lima pide disculpas. Surgen amenazas de no dejar entrar al estadio ni banderas con palos, ni instrumentos musicales, y todo peruano, como en un aeropuerto será revisado previo al ingreso. La polémica deriva en manifestación multitudinaria frente al palacio al grito de viva Guerrero, muera el mal gobierno. El municipio cede y llama a la cordura ciudadana. La reventa por su parte subd el boleto de 100 soles a 200 a las 12 del día, a las tres de la tarde ya está en 1000 soles. Las gorras tradicionales han pasado de 5 soles a las ocho de la mañana a 25 soles a las tres de la tarde.

En el almuerzo, a las dos de la tarde, vemos a un hombre solitario en una esquina, me acerco y observo que trae puesta la camiseta de Nueva Zelanda. “Que valiente”, le comento. “No me quieren atender”, me dice. “Vienes con el equipo?”, pregunto. “No – responde--, estoy casado con una peruana y mis hijos nacieron aquí. Quién lo hubiera imaginado, nunca pensé que sucedería esto, menudo lío, me puse la camiseta y ni comida en casa, la agarraron contra mí, lo que nunca había pasado. No creo que ganemos los de Nueva Zelanda, pronóstico dos ceros favor Perú, pero la patria es la patria, por eso me puse la camiseta y me vine al bar.” Un amigo suyo con la camiseta del Perú lo llama a su mesa, al fin le consiguió una cerveza.

15 de Noviembre.

Desde medio día empezó a llenarse el parque de los gatos, el Kennedy para los turistas, en espera de la transmisión del partido a las nueve de la noche, en la pantalla gigante. Y ahí nos instalamos desde las ocho de la noche. Ya no hay lugar en la explanada, la ocupan jóvenes y mujeres de edad, niños, adultos; los cantos de “Perú venceremos a todo rival e iremos al mundial”, están a todo lo que da. Una niña envuelta en la bandera espera el silbatazo de arranque. Dos novios se besan. No sabemos dónde colocarnos porque somos pequeñas y el entusiasmo peruano nos tapa. Al fin logramos colocarnos sobre un montículo colectivo, gracias a un joven que nos abrió espacio. La sombra de un árbol nos tapa pero algo logramos ver, pequeñas figuritas a los lejos. El joven que nos abrió el espacio forma parte de un grupo de seis gays y dos lesbianas jubilosas, ellas sirven lo que parece aguardiente o tequila y la botella se acaba antes de que empiece el encuentro. Una pareja está subida en el único árbol útil para trepar en él. Y empieza el partido. Pero no vemos del todo, acaso manchones rojiblancos que se alejan y se acercan. Así estamos todos. Entonces los del árbol se convierten en locutores espontáneos y nos van narrando al partido, que a su vez nosotros narramos a los de más abajo. Una mujer en silla de ruedas a mi lado es la que pone más atención, pero mejor se va acompañada por su nieto. Y nosotras también, mejor verlo en algún bar.

Ahí en la popular calle de las pizzas, todo está saturado. Hasta el gorro. Nos aposentamos afuera de alguno, como tantos otros, de cualquier manera estamos más cerca de la pantalla. El policía que impide el acceso lleva la camiseta puesta, está nervioso, comenta cada movimiento, aplaude, sufre, no se fija mucho en nosotros. “Manuel, una oscura”, pide alguien desde atrás y Manuel, un guapo mesero, moreno y alto, hace pasar la cerveza. Luego van otra y otra para los que están en el parque, van las cervezas y el dinero regresa en una cadena sin fin, como en los camiones de antes. Hasta que cae el gol de Farfán, que le dedica a Guerrero, al amigo de la infancia, al que lo hizo volver a entrar en razón después de un año de tropiezos, al capitán acusado de falso dopaje; ahí está el gol y la camiseta de Guerrero recorre el estadio, la gente llora de emoción en el parque y en la calle. En la euforia alguien me abraza y me levanta: ¡gol ¡, me dice, ¡gol ¡, y me deja de nuevo en el piso. Pero todavía no se gana el partido, hay nerviosismo.

Casi anota Nueva Zelanda, que susto. Acaba el primer tiempo. Pareció eterno el receso. Mejor vamos al hotel si queremos ver el segundo tiempo. Ahora sí logramos ver a los jugadores con el detalle que amerita el partido. Ingresa Wood de Nueva Zelanda y pone a Perú contra las cuerdas en uno y otro ataque. Pero los anfitriones se recomponen poco a poco con los pases de Renato Tapia, Miguel Trauco, Edisón Flores y el propio Farfán que recuperan el ritmo del partido. Así a los sesenta y cinco minutos de la contienda Christian Cueva sacó un tiro de esquina directo al área. El balón se deslizó entre la defensa rival y pasó entre las piernas de su capitán Wiston Reid hasta llegar a los pies de Christan Ramos, el defensa veterano ahora de delantero, que logra conectar el segundo gol. Un grito de júbilo recorre el edificio, la plaza, el país entero. Se ganó el partido, increíble.

Perú el último pasajero, el pasajero número 32 al mundial. Lima se vuelca a las calles, “estamos en el mundial”, dicen, “viva Gareca”, el hoy entrenador de la selección peruana que sin embargo como jugador argentino había eliminado a Perú para el mundial de 1986 (el equipo que ganará el campeonato con Maradona. al que sin embargo él no sería convocado por diferencias con el entrenador); Gareca el más odiado entonces por los peruanos, luego se convertiría en su entrenador y hoy les da el triunfo. “Viva Gareca”, es un murmullo que recorre las calles. El sonido de los clacsons, al que son tan aficionados los limeños, nos acompaña hasta el amanecer.

Las crónicas matutinas más que narrar el partido, hablan de un día de gloria, dirá el comentarista Angelo Torres: “Escribo desde la luna porque en la tierra no cabe la felicidad. Igual puedo verte abrazándote con tu papá, cargando a tu hija que no entiende la sonrisa tatuada o mirando al cielo recordando esa promesa inconclusa. Besando al televisor con la camiseta impregnada, orgullo de tus colores. Estamos borrachos de gloria, intoxicados de gratitud. Somos el último pasajero, el más especial. El que esperaba el resto para sellar esta fiesta selecta donde van los treinta y tres mejores. Ahora se puede dejar volar la imaginación, ya no hay escalas.”

16 de noviembre

Día feriado para algunos, como prometió el gobierno si ganaba Perú, para gran parte del transporte público por ejemplo, pero para otros no. Y es que el municipio decretó día feriado sin medir las consecuencias. Dos horas de cola en para tomar el metropolitano, les descontarán el día si no llegan a tiempo dicen. Y los sindicatos opinan, proponen paro laboral si hay represalias. Mejor que caiga el gobierno, comentan furiosos los que están en la cola, son corruptos y no respetan al pueblo. Y que vivan Farfán, Guerrero y Ramos, el defensa que metió el segundo gol.

Ya en el aeropuerto de regreso a México, coincidimos con los jugadores de Nueva Zelanda. Son enormes, los peruanos los siguen, los rodean cual hobits. El portero, con su rostro hermoso y triste, permite una y otra vez la foto, intenta sonreír con un aire nostálgico ante la joven que lo toma del brazo y aprieta el celular. Casi no puede avanzar rumbo a la sala de espera, lo logra al fin y se queda brevemente dormido en la butaca con su espléndido cuerpo relajado al fin.

El Congreso de Estados Unidos está elaborando una reforma fiscal que afectará no sólo a sus compatriotas sino a todo el mundo y en particular a México. Hace apenas una semana, la Cámara de Representantes votó mayoritariamente a favor una serie de cambios legislativos que recorta los impuestos y el gasto del gobierno, mismos que el semanario The Nation calificó, en un artículo firmado por Robert Borosage, como “ridículos, insultantes y criminales”. La líder demócrata de esa instancia legislativa, Nancy Pelosi, aseguró que se trataba de un “chanchullo”. Las razones son las siguientes:

  • Estados Unidos tiene actualmente una desigualdad enorme, sólo comparable a la que existió en los años previos a la crisis de 1929. La mitad de los recortes tributarios está destinada al 1%, los más ricos del país, que ya concentran el 38.6 % del ingreso total del país frente al 33.7% que detentaban hace unas décadas.
  • Las ganancias de las corporaciones están en los niveles más altos de los últimos años y sus contribuciones están declinando como parte del ingreso federal total. Aun así, los republicanos intentan recortarles impuestos por alrededor de 1.5 billones de dólares (trillones en la terminología usada en EU): el gravamen a las empresas bajaría del 35 al 20%, beneficiando sobre todo a los grandes negocios.
  • La propuesta votada aumentará las contribuciones que pagan las familias trabajadoras y de clase media.
  • Grandes consorcios como Citibank, Wells Fargo, Apple y Pfizer y muchos otros han evadido el pago de sus obligaciones durante muchos años por una cantidad aproximada de 2.6 billones de dólares mediante los llamados paraísos fiscales. Con la reforma aprobada se les premiará por esta conducta y se dará una rebaja adicional a las multinacionales que obtienen lucros fuera de Estados Unidos.
  • El costo de las colegiaturas universitarias ha provocado una crisis nacional pues el monto de la deuda de los estudiantes excede ya el de los tarjetahabientes, pero los republicanos decidieron aumentar en 71 mil millones de dólares el costo de las cuotas durante la próxima década. Doce millones de estudiantes deudores tendrán que pagar más.
  • Los veteranos de guerras discapacitados y los desempleados de largo plazo se verán también afectados pues se eliminarán los créditos fiscales que se otorgan a las empresas para contratarlos.
  • Se propone eliminar los impuestos estatales, sobre todo aquellos que se aplican a las fortunas mayores de 5.4 millones de dólares.
  • Se mantiene las exenciones impositivas a los magnates de bienes inmobiliarios como Donald Trump, pero se eliminan los créditos fiscales para quienes inviertan en comunidades pobres urbanas y rurales.
  • Se planea recortar 25 mil millones de dólares al programa Medicare (que provee atención médica a todas las personas mayores de 65 años, o más jóvenes consideradas discapacitadas debido a graves problemas de salud, como cáncer o insuficiencia renal).
  • El gasto del gobierno sufrirá seguramente otros ajustes, principalmente en aquellos renglones destinados al bienestar social.

Todo esto representa un daño terrible a la economía norteamericana, asegura Robert Reich, un especialista muy reconocido. La creación de empleos señala, depende de la demanda interna de bienes y servicios, pero ésta disminuirá si se aprueba la reforma pues las familias de muy altos ingresos gastan muy poco de lo que reciben por los recortes de impuestos y en cambio invierten su dinero en valores financieros o propiedades inmobiliarias. Mientras tanto, la clase media y los más pobres han visto reducir su poder de compra en las últimas décadas ya que sus salarios se han estancado, lo que se agravará con esta transferencia de riqueza hacia las personas más acaudaladas.

Aprobada por los representantes, el proyecto tendrá ahora un segundo episodio en el Senado. Lo malo es que los republicanos comparten en ambas cámaras el mismo objetivo: bajar los impuestos a los super ricos y a las corporaciones empresariales. Las intenciones del partido mayoritario pueden fracasar sólo si se dividen. Esta última posibilidad es difícil pero no imposible pues en la votación ocurrida en días pasados, un grupo de 13 republicanos se pasó al bando de los demócratas y rechazaron el proyecto. En el Senado, su mayoría es más apretada (52-48) y bastarían más de dos votos republicanos perdidos para que la propuesta fuera rechazada. Hay además varias diferencias, algunas de fondo, entre ambas legislaturas, a pesar de estar dominadas por los republicanos. De hecho, los senadores aprobarán una iniciativa distinta y luego un comité bicameral tratará de buscar arreglar las diferencias y lo que de ahí surja se votará posteriormente para su aceptación (o rechazo) definitivo.



Aunque las propuestas de los republicanos se basan en la creencia neoliberal de que la inversión y con ello el crecimiento y los empleos se van a disparar si se rebajan los impuestos, sus razones son fundamentalmente políticas. Quieren satisfacer las peticiones de sus donantes, los grandes magnates, para seguir recibiendo su patrocinio en las próximas campañas electorales. En segundo lugar, el partido mayoritario busca una victoria política que los fortalezca a ellos y al presidente Trump, después de tantas fallas, descrédito y desorden del gobierno que inició sus funciones en enero de este año. Y finalmente, desean aparentar que trabajan en favor del pueblo estadounidense pensando que el panorama económico, que en efecto ha mejorado en el último año, se dispare en el corto plazo, por lo menos hasta las elecciones noviembre de 2018.

Si se impone la reforma, habrá graves consecuencias para los estadounidenses y para el resto del mundo debido al muy probable aumento de las tasas de interés ya que se incrementará explosivamente la deuda pública de Estados Unidos para cubrir la rebaja de sus ingresos tributarios y su inevitable consecuencia, el déficit presupuestario. Ello tendrá efectos negativos en primer lugar para los deudores de aquel país que tienen una hipoteca o piensan adquirirla, y para los que usan sus tarjetas de crédito para cubrir los faltantes de sus quincenas. Pero, además, en muchas partes del mundo, los bancos centrales se verán tentados a aumentar también el costo del dinero para evitar que los flujos de inversión se fuguen hacia la potencia norteamericana, y así evitar problemas monetarios e inestabilidad financiera.

En el caso de México, además, la rebaja de impuestos en EU presionará para que aquí también haya una quita a los gravámenes sobre las ganancias de las empresas, con el pretexto de que los capitales se irán si no se les otorga un trato similar al de allá. Ello llevaría también a nuevos ajustes del gasto público y a un menor crecimiento. Si a todo esto agregamos la incertidumbre y los posibles daños inmediatos que puede producir la ruptura del TLCAN, la posible victoria de la enmienda de los republicanos aumentaría la fuga de capitales y las presiones de los grandes empresarios para ahondar las reformas “estructurales” regresivas que los han beneficiado. México pude entrar así en una espiral tóxica: altas tasas de interés-menores ingresos públicos-fuga de capitales y devaluaciones.

Trump y su partido están demostrando a quién realmente sirven y cuáles son sus verdaderos intereses. Su pretendido nacionalismo, sus compromisos anunciados para beneficiar a los trabajadores, y todas sus promesas de campaña para “engrandecer” a EU se revelan ahora como pura demagogia. El problema es que los efectos de estas medidas tan abierta y abrumadoramente favorables al poderoso 1% y a sus grandes consorcios serán pagados no sólo por la mayoría de los estadounidenses sino también por millones de habitantes de este planeta y, en particular, por sus vecinos al sur de la frontera.

Nada está escrito aún, pero ello depende por ahora de un pequeño grupo de políticos ambiciosos e irresponsables. Esperemos que el pueblo norteamericano los haga retroceder.



Twitter: #saulescoba

Poco podían imaginar Rajoy y su gobierno cuando aprobaron el 27 de octubre las medidas de aplicación del art. 155, cesaron al Govern de la Generalitat, disolvieron el Parlament y convocaron elecciones autonómicas el 21 de diciembre lo que se les venía encima.

Una semana más tarde, lo que parecía la jugada maestra que culminaba una estrategia calculada, se revela como el error que puede dañar irremediablemente la carrera política de Rajoy y precipitar la convocatoria de elecciones generales en el Reino de España en la primavera de 2018.

Entre otras cosas porque la situación política catalana se inscribe en una crisis estructural del régimen del 78, cuyas costuras han comenzado a estallar como consecuencia de la Gran Recesión. Y si la atención de los medios de comunicación, y las exigencias de la propaganda, han volcado todos los focos en los insospechados y cuanto menos cinematográficos acontecimientos que se han sucedido a la proclamación de la República catalana, otros no menos llamativos se han desarrollado en la penumbra mediática: las conclusiones de la fiscalía en el caso Gürtel y la detención del comisario Villarejo, exponiendo una vez más la corrupción sistémica y las cloacas del régimen; las exigencias de la Comisión europea de un presupuesto para 2018 que cumpla sus requerimientos de ajuste; los problemas de financiación autonómica que revelan -entre otros los debates presupuestarios de Madrid y Valencia-, la bancarrota que quiso frenar la Conferencia de Presidentes de enero de 2017 y que acabó en el “cuponazo” de los presupuestos generales de Montoro pocos meses después.

Pero la coyuntura se jugaba en una sola decisión: las elecciones autonómicas convocadas de forma extraordinaria mediante el artículo 155. El argumento tan manido estos días de que “legalidad es democracia” podía quizás convencer a los creyentes de la legitimidad de semejante proceso electoral, con la Generalitat intervenida. Pero lo que Rajoy no esperaba es que todas las fuerzas políticas en presencia aceptasen el reto de participar y ganarlas, cuestionando en un pulso de semejante envergadura la legitimidad del gobierno Rajoy.



Incapaz de dar seguimiento a la Ley de Transitoriedad de la proclamada República catalana por la intervención primero del Tribunal Constitucional, después la aplicación del art. 155 y, por último su cese, Puigdemont optó por acompañar la decisión de participar en las elecciones del 21 de diciembre con un gesto simbólico de resistencia y mantenimiento de la legitimidad surgida del referéndum del 1 de Octubre como trasladarse con una parte del Govern cesado a Bruselas. Mientras la mayor parte del Govern, ocho consellers, acababan en la cárcel, con vejaciones incluidas, con el vicepresident Jonqueras a la cabeza, por una decisión de la juez Lamela de la Audiencia Nacional cuyos débiles fundamentos jurídicos son algo más que discutibles.

Tras la orden de detención europea firmada por la misma juez Lamela, Puigdemont y los consellers que le acompañan se han entregado a la policía belga. Será muy difícil que ningún juez belga acepte una extradición por los motivos políticos alegados –teniendo en cuenta que no existen en el código penal belga los delitos de sedición y rebelión-, pero además el procedimiento no culminará antes del 21 de diciembre. Y mientras tanto, Puigdemont ya ha definido los ejes de la campaña electoral del 21-D, presentado su candidatura, y se dispone a utilizar el proceso de extradición como plataforma electoral internacional. Un “acto de cobardía”, lo ha calificado ese ejemplo de resistente clandestino protegido bajo el franquismo y dudoso defensor de la legalidad en los “años del plomo”, Felipe González; mientras la prensa del régimen del 78 convertía el viaje de Puigdemont a Bruselas en una astracanada y en la justificación de la detención de los miembros del Govern restantes. Pero Rajoy callaba, porque es más consciente que este coro tragicómico de la segunda restauración borbónica de que ha perdido de nuevo la iniciativa política.

Hasta el 7 de noviembre, el próximo martes, no se conocerán las coaliciones de estas elecciones plebiscitarias donde las haya, gracias a la política del Gobierno Rajoy. De entrada, el “bloque constitucionalista” que debería apoyar a la candidata del cada vez más derechista Ciudadanos, Arrimadas, a alcanzar la presidencia, no concurrirá unido. De hecho, el PSC no quiere ni oír hablar de él y hace equilibrios como apoyar la aplicación del art. 155, pero condenar (sic) sus consecuencias.

Más fácil lo tiene Catalunya en Comú, que ha decidido mantener su defensa de un referéndum pactado y legal y convertir la campaña en una denuncia de la represión y la intervención de la Generalitat e instituciones catalanas, adelantando la perspectiva de un “bloque soberanista y catalanista” como mínimo denominador común con el “bloque independentista”.

Es el “bloque independentista” el que sufre las mayores tensiones internas, porque ERC tendrá que elegir entre imponer su hegemonía a costa de Junts pel Sí, o aceptar cederla a Puigdemont y, a través de él, al PDdCAT. La CUP, es evidente que a pesar de su indecisión, apoyará cualquier fórmula que decidan ERC y el PDdCAT en nombre de la liberación de los presos y la restauración de Puigdemont como President.



En este escenario electoral, en el que el efecto más importante de la aplicación del art. 155 ha sido hacerle la campaña electoral al “bloque independentista”, las encuestas apuntan una situación muy similar entre los tres bloques, aunque con reforzamiento dentro de ellos de ERC y Ciudadanos, aunque el primero superaría al segundo en más de 6 puntos. Es decir, la única alternativa real a un nuevo Govern independentista sería un Govern soberanista de izquierda. Rajoy lo tiene crudo. ¿Cómo podrá aceptar o justificar cualquiera de estas dos alternativas en las elecciones que el mismo ha convocado y organizado después de la aplicación del artículo 155?

Comentaristas como Enric Juliana, pero también Luis María Ansón, Fernando Garea, Jose Antonio Zarzalejos o Juan Luis Cebrián, comienzan a apuntar ya los peligros que ello implica no solo para la carrera política de Rajoy sino para el propio régimen del 78. Rajoy no tendrá otra opción política que convocar elecciones generales en la primavera de 2018 e intentar su propio “bloque constitucionalista” para legitimar su actuación con un “gobierno de salvación nacional”, si no se abre antes una crisis sucesoria en el PP.

Esto nos lleva a la tesis que Sin Permiso ha mantenido estos años: que las causas de la crisis estructural del régimen del 78 lo hacen irreformable. Que antes o después –cuanto antes mejor dado el coste de la crisis- es necesario un proceso constituyente que democráticamente encuentre una solución alternativa. Hemos sido testigos de las dificultades, errores y vacilaciones del proceso soberanista catalán, pero también lo estamos siendo de la incapacidad del gobierno Rajoy para darle una solución democrática y su amenaza en convertir el régimen del 78 en el régimen del 155. Para imponer no solo un gobierno constitucionalista minoritario y antidemocrático en la Generalitat, sino también tapar su corrupción y aplicar la vuelta de tuerca del ajuste neoliberal que le exige la Unión Europea.

Hay convocadas muchas movilizaciones para los próximos días en Catalunya, desde una gran manifestación el 11 de noviembre hasta una concentración en Bruselas a principios de diciembre, coincidiendo con el “día de la Constitución española” o una fecha cercana. Hasta entonces, distintos actos como las colgadas de carteles ya realizadas el domingo 5 y distintos actos de lucha sindical y “paro nacional” el miércoles 8 de noviembre. También han vuelto las caceroladas a las 22 horas todos los días por la libertad de los presos políticos. Sin contar los múltiples actos descentralizados de protesta en actos deportivos como el que hubo en el campo del FC Barcelona durante el partido del sábado 4 de noviembre. O, cuando escribimos estas líneas, el corte de la N-II de 2.000 personas a su paso por Mataró en protesta por una agresión fascista pocos días antes. Los Comités de Defensa de la República (CDR) están jugando un papel muy importante de resistencia y organización por barrios y pueblos. En Manlleu se reunieron el 4 de noviembre una representación de 172 CDRs. En el comunicado que se hizo público, podemos leer: “Con la consolidación de la red de vecinos y vecinas que hicieron posible la celebración del referéndum del 1 de octubre, estamos preparados y preparadas para defender la República de forma pacífica pero contundente. Por todo esto llamamos a la población a participar de forma activa en los Comités de Defensa de la República de su municipio.” Existen incluso CDRs en ciudades extranjeras y muy lejanas, como en la Ciudad de México.

Se trata de una iniciativa de resistencia y coordinación de actos de lucha muy necesaria y debería animar a las izquierdas españolas, por sentido común, a diseñar una alternativa unitaria y de movilización en solidaridad con la situación de represión que sufren las libertades democráticas en Catalunya. Lo hemos dejado dicho más de una vez, y es algo de lo que se está tomando cada vez más conciencia en muchos (?) sectores de la izquierda española que ven más allá del inmediato oportunismo electoral: las libertades que hoy son atacadas en Catalunya lo serán pronto, si no lo son ya, en el conjunto del Reino. La solidaridad con Catalunya es condición necesaria para evitar la extensión de la represión de las libertades democráticas en el conjunto del Reino de España.

Son editores de Sin Permiso.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 5 noviembre 2017

Ayer domingo, con 10 meses de retraso provocado por el gobierno, se celebraron en Venezuela las elecciones de las 23 gubernaturas que tiene el país. Antes de la jornada, en manos del partido del gobierno estaban 20 de estas y de la oposición tres. Al cierre de la campaña, las encuestadoras más serias anunciaron que la oposición ganaría entre 13 y 18 de las mismas.

La jornada tuvo lugar dos meses después de las manifestaciones contra el presidente Maduro y las protestas por el golpe dado a la Asamblea Legislativa con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente controlada por el gobierno y desconocida por la comunidad internacional. Entre mayo y agosto, en esos eventos, fueron asesinados 125 personas. La mayoría a manos de cuerpos de seguridad del gobierno y paramilitares.



Al momento de escribir (18:00) la oposición, organizada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), gana más de la mitad de las 23 gubernaturas, según las encuestadoras reconocidas. Queda por definirse el número preciso, pero se adelanta que son entre 13 y 14. Es una victoria contundente que expresa el rechazo al gobierno de Maduro y el deseo que tiene la mayoría de la sociedad venezolana de poner fin a la fracasada revolución bolivariana. Habrá que ver si el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el gobierno, reconoce estos resultados que sin maniobras oficialistas pudieron haber sido más abultados.

La MUD se presentó a las elecciones a sabiendas de que las condiciones de las mismas eran muy desiguales y estaban diseñadas para beneficiar al partido del gobierno, pero decidió participar consciente que el descontento popular es enorme y eso le daba ventaja y podía ganar. Su análisis se comprobó. Eso es lo que ha sucedido. Hicieron buen uso del arma más poderosa que tienen para enfrentar al gobierno de Maduro, el voto popular.

El resultado de la elección fortalece al MUD y su proyecto de cara a las elecciones municipales que deben tener lugar en noviembre y a la presidencial en 2018. Siempre y cuando las autoridades no alteren las fechas. El gobierno y su proyecto son cada día más débiles. Se hacen valer por la fuerza policial y militar, pero no por tener de su lado a la mayoría de la gente. Ésta ya no está con ellos. Lo estuvo en el pasado, en los tiempos que el barril del petróleo se vendía a 150 dólares.



De cara a la elección presidencial del próximo año, el resultado de ésta, que eligió a gobernadores, anuncia ya la derrota del partido en el gobierno y del candidato que éste ponga. Todo dice volverá a ser Maduro, pero los dirigentes chavistas podrían dar un golpe y desplazarlo ante su desprestigio y mala imagen en búsqueda de poner a un nuevo candidato, que pueda ofrecer más votos. Son tiempos donde es muy difícil revertir la opinión de la gran mayoría de los venezolanos. Ellos son los que van a decidir en las urnas.

Mundo Nuestro. El siguiente texto de la historiadora catalana-mexicana Montserrat Galí Boadella nos permite entender un asunto de fondo que subyace en el conflicto que se vive hoy entre el Estado español y Catalunya, el de la legalidad de un referéndum fundado en el derecho humano de la autodeterminación de los pueblos.

De Montserrat Galí hemos publicado en esta revista el texto

En estas fechas las reivindicaciones políticas y sociales de Catalunya se han hecho visibles ante el mundo. La violencia contra una población pacífica que quería votar el domingo 1 de Octubre ha puesto en evidencia que España, contrariamente a lo que se presume, no ha hecho la transición, no es todavía un país plenamente democrático y mantiene tics autoritarios. El motivo de la brutal agresión a la población, incluyendo ancianos, se debía a que el Estado español, por medio de su Tribunal Constitucional, había declarado “ilegal” el referéndum de autodeterminación convocado por la Generalitat de Catalunya. Veremos este asunto de la “ilegalidad” más adelante.



Reacciones de la prensa internacionl ante los sucesos del 1 de octubre.

La jornada represiva del domingo 1 de Octubre, venía precedida de más de una década de desencuentros graves entre Catalunya y España, que a su vez se originan en desacuerdos de larga duración quizás insalvables. No vamos a detenernos en ellos porque rebasan el ámbito de este ensayo. Más bien vamos a enfocarnos en el referéndum y sus lecciones, porque nos llevan a reflexionar sobre la que para algunos observadores probablemente sea la primera revolución social del siglo XXI.

En las últimas elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, los partidos independentistas ganaron la elección y anunciaron que cumplirían el mandato de los electores, quienes votaron a favor de iniciar el proceso de independencia, que más tarde se decidió refrendar con un referéndum. A partir de aquel momento los partidos dinásticos, como los denomina el Prof. Ramón Cotarelo, declararon que el referéndum era imposible, ilegal y anticonstitucional y se cerraron a cualquier diálogo sobre el tema. El argumento de Rajoy es que la Constitución Española prohíbe la celebración de un referéndum. Algo totalmente falso, ya que como se puede leer en el artículo 92 de dicha constitución los referéndums se celebrarán para asuntos de trascendencia (los hubo para entrar a la OTAN y para entrar a la Unión Europea) pero deben ser autorizados por el Congreso y convocados por el Rey. En resumidas cuentas, hay que llegar a acuerdos, y como dijo Rajoy en cada ocasión: “ni puedo ni quiero”. El Gobierno catalán solicitó el permiso, formalmente, en 18 ocasiones, pero en todas ellas se le negó, sin apelación.

Manifestación el 3 de octubre.

Es comprensible que España se niegue a autorizar un referéndum que busca la independencia de Catalunya. Hay intereses económicos –sin Catalunya la economía española no es solvente- pero también motivos de índole emocional. Para España esto que se llama Catalunya es y ha sido siempre parte de España. Dejando de lado la enorme falsedad de esta afirmación –que ni siquiera vale la pena discutir- resulta evidente que hay problemas graves de convivencia entre estas dos entidades políticas y territoriales. Es, por decirlo de manera llana, un mal matrimonio a la fuerza, puesto que el enlace empezó con el sitio y destrucción de Barcelona en 1714, una fiesta nupcial verdaderamente trágica, seguida de la anulación de la legalidad catalana. A partir de ahí, como en todo mal matrimonio, ha habido momentos de confrontación y momentos de paz o tregua. Pero si una de las partes quiere mantener a la otra y jura y que la quiere y la ama, debe hacer propuestas que convenzan a la parte agraviada que se quiere divorciar. Debe tratar de seducir, ser amable, hacer algún gesto de acercamiento o afecto. No debe amenazar con juicios, cárcel, multas millonarias, penas por sedición y ataques violentos a una población indefensa que sólo quería votar.

Memoria e historia: la prensa franquista celebra la caída de Barcelona.

Para el que no conoce la historia española a fondo es difícil entender la tortuosa relación de España con Catalunya. Atendiendo sólo el siglo XX, daremos algunos ejemplos que descubren las profundas dificultades de convivencia entre españoles y catalanes. Al iniciar la Guerra Civil, ante las demandas políticas catalanas, el presidente Azaña dijo refiriéndose a la “díscola” Cataluña: “Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar España, prefiero Franco.” Es decir, en este punto no hay izquierda ni derecha, sino un total acuerdo ya que Franco decía lo mismo: “España antes roja que rota”. Actualmente el PSOE y el PP piensan lo mismo. En Catalunya, muy dados a la ironía, esta versión de la historia de España se expresa así: “Lo que más se parece a un español de derechas es un español de izquierdas” (frase del escritor Josep Pla).

Esta visión de la historia de España puede ejemplificarse con otras dos frases célebres. La primera es de Manuel Fraga, ministro de Franco y fundador del PP, quien en 1961 consideraba a Cataluña simple y llanamente tierra de conquista: “Cataluña fue ocupada por Felipe IV (Guerra de 1640); Felipe V (Guerra de Sucesión); fue bombardeada por el General Espartero (1840), y la ocupamos en 1939 (victoria de Franco), y estamos dispuestos a volverla a ocupar tantas veces como sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger de nuevo el fusil”. Todavía tenemos versiones más retorcidas obsequiadas por la izquierda de la “transición”: en 1984, Felipe González, en plena lucha contra el terrorismo de ETA consideraba que “El terrorismo en el País Vasco es una cuestión de orden público, pero el verdadero peligro es el hecho diferencial catalán”. El “hecho diferencial”, dicho sea de paso, es el pecado mortal de Catalunya de exigir su reconocimiento como nación.

Con esta frase de Felipe González podemos entrar el tema que nos interesa analizar el día de hoy, y es el nuevo orden internacional que poco a poco se ha ido construyendo a partir del reconocimiento de los Derechos Fundamentales y los Derechos Humanos, nociones que configuran el actual marco jurídico internacional. Un marco jurídico que determina, por ejemplo, que los delitos de lesa humanidad no prescriben. Y si señalamos este delito en particular es porque pone en evidencia que la tan cacareada transición española apenas está en pañales: no se ha castigado a los responsables de los asesinatos de la dictadura franquista (los de los republicanos se pagaron con creces); no se ha abjurado de la dictadura de Franco y por el contrario se mantiene su tumba de manera faraónica en el Valle de los Caídos; se permiten partidos, asociaciones y manifestaciones franquistas y no se han abierto las fosas colectivas con los asesinados durante la Guerra Civil Española. Este déficit de democracia corroe las entrañas de un país que con el referéndum de Cataluña se tambalea.

Una imagen de la represión del 1 de octubre.

Esta falta de democracia se pone en evidencia al descubrir la incompatibilidad de la Constitución Española con el Derecho Internacional actual; y en consecuencia el porqué el domingo 1 de Octubre se confrontaron dos legalidades. La legalidad española trasnochada y la legalidad catalana sustentada en el derecho internacional que defiende su Parlamento. Dos legalidades que a mi modo de ver, después de haber leído numerosos trabajos de juristas, constitucionalistas e internacionalistas de prestigio de numerosos países, se están enfrentando ahora en el problema del referéndum catalán, pero seguirán enfrentándose en lo que viene del siglo XXI en otros países y latitudes. Trataré de presentarlo de manera sencilla:

El derecho a la autodeterminación es un derecho fundamental, y como tal se tiene, no se obtiene ni se recibe. Las personas y las colectividades, sobre todo cuando se pueden definir como un pueblo o nación, tienen derecho a auto - determinarse. Esta noción está plasmada en dos instrumentos legales que España ha firmado y que, de acuerdo con el Derecho Internacional, los países y estados que los han firmado están obligados a respetar y observar. El primer instrumento es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, promulgado en Nueva York el 19 de diciembre de 1966. El rey Juan Carlos, colocado en el trono de España por Francisco Franco, firmó este Pacto en 1977, es decir, un año antes de que se promulgara la Constitución española. El primer artículo de este Pacto dice textualmente: “1. Todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo su desarrollo económico, social y cultural.” En el inciso 3 se añade: “Los Estados Partes en el presente Pacto, incluso los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos o territorios en fideicomiso, promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación, y respetará este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas.” (Se puede consultar en internet).

Movilización estudiantil en defensa de los centros de votación.

El Ministro de Asuntos Exteriores de España firmó el pacto en Nueva York el 28 de septiembre de 1976 y Juan Carlos lo ratificó en Madrid el 13 de abril de 1977, por lo que la Constitución Española (1978) debió recoger este compromiso, de obligada observancia. El propio Juan Carlos, al firmar el Pacto acordó: “Apruebo y ratifico todo aquello que se dispone en él, observarlo y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes.” En consecuencia España está obligada a respetar e incluso garantizar el referéndum catalán. Por si esto no fuera suficiente, la propia Constitución Española en el artículo 10.2 dice: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España.” En consecuencia el Tribunal Constitucional no puede declarar “ilegal” dicho referéndum.

No quiero extenderme más en este punto, sólo recordar que España volvió a ratificar el derecho de los pueblos a la autodeterminación al ingresar a la Unión Europea y firmar la Carta de los Derechos Humanos de la Unión Europea. En consonancia con estos principios, resulta interesante constatar que en ningún cuerpo jurídico español consta que convocar y realizar un referéndum sea ilegal, por lo que las acusaciones a los más de 700 alcaldes catalanes llevados ante el juez por abrir colegios electorales, o la detención de 14 altos funcionarios el pasado 20 de septiembre –sin mediar orden de aprehensión por cierto-, son fruto de la falta de legalidad del gobierno de Mariano Rajoy. Este gobierno ha amenazado llevar a la cárcel por el mismo motivo al presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont. Sobran comentarios.

Las fuerzas nacionales y la requisa de las urnas.

La Generalitat de Catalunya alega, con toda razón, que ella se atiene a leyes y derechos fundamentales custodiadas por los máximos organismos internacionales, que son superiores a cualquier interpretación de un Estado o gobierno. El enfrentamiento entre Catalunya y España no se trata de un “choque de trenes”, como se dijo durante meses, sino de un “choque de legalidades”. Una legalidad superior, porque se basa en los Derechos Humanos, y una legalidad parcial de un Estado que interpreta a su conveniencia los pactos internacionales y el Derecho; porque las leyes deben apegarse a derecho. Las dictaduras también tienen leyes. Como se vio en España: las leyes de Franco restauraron la casa de Borbón, lo que explica el vergonzoso discurso de Felipe VI después del referéndum, un rey que no se debe a su pueblo ni a los Pactos firmados por España sino a la decisión de un dictador, cuyos herederos directos son los actuales gobernantes en Madrid.

El domingo 1 de octubre vimos como se trató de impedir un acto democrático, votar, usando la fuerza y los recursos coercitivos del Estado. Nos faltan todavía muchas cosas por ver, pero de momento hay algunas lecciones a tomar en cuenta. La primera se expone de manera clara en los numerosos videos que circularon por la red y que se pueden seguir viendo en youtube: la existencia de una ciudadanía, con convicción democrática pacifista, cohesionada, consciente de sus derechos, decidida a defenderlos, todo ello con la más absoluta civilidad, sin la menor señal de violencia. Un acto que hace honor a los postulados de Gandhi. En segundo lugar un movimiento transversal, sin la presencia de ningún partido, un acto de la sociedad civil organizada, consciente, en cuya organización jugaron un papel fundamental las redes, a las que el Gobierno español hackeó ilegalmente. Una sociedad en la que a pesar de la insistencia de quienes la quieren desacreditar, el nacionalismo o el populismo no son los motores del movimiento social. En Catalunya hay un proyecto republicano, y éste consiste en construir una sociedad mejor, más justa e igualitaria.

Mariano Rajoy, en un acto de autismo institucional, afirmó en la noche del domingo que en Catalunya no hubo referéndum. Otros, en un ataque de clarividencia, dijeron que el referéndum no tenía garantías. Es bastante obvio, y todo el mundo lo pudo ver, que el referéndum no fue normal ni tuvo las garantías necesarias: la represión española se encargó de que así fuera, clausurando colegios electorales, secuestrando urnas, hackeando internet y agrediendo ciudadanos. A pesar de ello votaron 43% de los electores, el promedio internacional en este tipo de comicios, y el SI a la república obtuvo el 90%. Se alega que la “mayoría silenciosa” no votó. Esta mayoría silenciosa vive en Catalunya pero no se considera catalana, sólo española, y por lo tanto creyó que era un referéndum “ilegal” que no les concernía, o bien personas que nunca votan o que tuvieron miedo a la represión. Pero los catalanes votaron y como dijo Puigdemont, se ganaron el derecho a ser respetados, oídos y atendidos en sus demandas.

La autodeterminación expresada en el voto.

Nos hemos detenido en estos hechos porque son la parte visible y reciente de unproblema de larga duración poco o mal conocido por los mexicanos. Pensamos que al margen de la simpatía o antipatía que se pueda sentir por Catalunya y sus reivindicaciones políticas, el fenómeno en sí permite reflexionar sobre los procesos que buscan ampliar los derechos sociales y las libertades de la ciudadanía. Porque al margen de las particularidades de Catalunya: su historia milenaria, sus luchas sociales y antifranquistas, su posición progresista y solidaria ante los problemas del mundo actual (pobreza, migración), el espíritu cosmopolita de su potente cultura, el carácter trabajador de sus ciudadanos y otros etcéteras, lo que el mundo ha podido ver desde que hace 5 años iniciara el proceso de autodeterminación, es su inquebrantable compromiso con la no violencia, la paz y la democracia. En el mundo académico que estudia los movimientos sociales actuales o entre los pueblos que buscan su independencia, como son Escocia, Euskadi y Quebec, ya se habla del “modelo catalán” como expresión de las nuevas revoluciones sociales del siglo XXI. En numerosas universidades europeas se están realizando tesis sobre un proceso en el que se conjuga la filosofía jurídica del respeto a los derechos humanos como principio legal, con el mundo de la comunicación regido por el derecho a la expresión y la información, un modelo que deberá determinar nuestro futuro social y ético. No por casualidad un personaje como Julian Assange se ha mostrado tan interesado en el proceso que vive Catalunya.