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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Mis padres, cuarenta años después.
El viernes 6 de junio de 1980 fue un día aciago para mi familia y para mí. Poco después de las diez de la mañana, un comando de sicarios de la dictadura militar encabezada por el general Romeo Lucas García montó una persecución contra el auto en el que se conducían mis padres, Carlos Alberto Figueroa y Edna Ibarra de Figueroa. Logró darles alcance en una colonia aledaña a la suya y los acribilló a balazos. La vida de mis hermanos, la mía propia, la de nuestros hijos, sus nietos -aun de los que no los conocieron-, quedó marcada para siempre. Miles y miles de familiares de víctimas de la dictadura guatemalteca, hemos visto transcurrir nuestras vidas lidiando con la tragedia, tratando de volver a ser felices y agradeciendo el ser sobrevivientes.
En lo que a mí se refiere, he podido vivir estos cuarenta años sin odio ni ánimos de venganza. Me he dedicado a estudiar desde el ámbito de las ciencias sociales la lógica de la violencia. Y ese estudio, mis propias investigaciones acerca de lo sucedido en Guatemala, me ayudaron a entender que en política (y la violencia es la otra cara de la política) raras veces hay algo personal. En medio de la estupefacción y el dolor que me ocasionó aquella mañana, la noticia que de manera valerosa me dieron Gabriel Aguilera Peralta y Jorge Arriaga, pude recordar la sabia máxima que mi propio padre me había inculcado: “el enemigo es social, que no personal”. El asesinato de mis padres se inscribía en la ola de terror estatal a la que la clase dominante guatemalteca necesitaba acudir ante el estallido revolucionario observado en aquel entonces en toda Centroamérica. El asesinato de mis padres se fraguó en el alto mando militar y fue ejecutada a través del ministerio de gobernación en aquel entonces a cargo de Donaldo Álvarez Ruiz. Semanalmente altos oficiales militares (después vinculados al grupo criminal llamado La Cofradía), acudían a la oficina de Álvarez Ruiz a darle indicaciones acerca de quiénes deberían ser ejecutados o desparecidos.
A lo largo de estos cuarenta años he presenciado reiteradamente cómo la clase dominante y la ultraderecha ejercen esa voluntad necropolítica en otras circunstancias y por otras causas. Se trata de dejar vivir a los que son funcionales a sus intereses y hacer morir a los que son un peligro para los mismos. También el dejar morir a los que no son útiles a dichos intereses. Así, se hace morir a los que defienden territorio y medio ambiente ante la voracidad extractivista. A los que denuncian el cáncer de la corrupción que corroe al gobierno y al empresariado. Se deja morir a la mitad de los niños de Guatemala que padecen desnutrición y a los miles de jóvenes engarzados en la violencia delincuencial que genera la misma sociedad. Y ahora con la pandemia, se apuesta a la inmunidad de rebaño que eleva exponencialmente la tasa de letalidad del virus con tal de no sacrificar las ganancias.
A mis padres los asesinó la cúpula represiva político-militar. Pero vistas bien las cosas, realmente fueron asesinados por el orden injusto y expoliador que continúa en Guatemala. Nada personal, estrictamente social.
333Günter Petrak, Francisco Manuel Vèlez Pliego y 331 personas más
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Revista Sin Permiso. Manuel Sutherland es economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), Caracas. Este texto fue publicado originalmente en Nueva Sociedad, en mayo de 2020.

La incursión de ex-militares y civiles, producto de un contrato entre sectores opositores y una empresa de seguridad con sede en Miami, presupone una absurda tercerización de la acción armada contra el gobierno de Nicolás Maduro en una firma privada. Al mismo tiempo, este tipo de acciones improvisadas no solo son contrarias a una salida pacífica, sino que terminan por fortalecer las políticas más represivas del gobierno venezolano, aun un contexto de permanente descomposición social e institucional del país.

Si yo quisiera ir a Venezuela, no lo haría en secreto (…) no mandaría a un pequeño grupo. No, no. Sería un ejército (...) y eso sería llamado una invasión. Donald Trump



El mes de mayo encontró a Venezuela sumergida en una crisis de enormes dimensiones. Con el salario mínimo en dólares más bajo del planeta (alrededor de cinco dólares mensuales), la pobreza extrema no hace más que crecer. En ese escenario dramático surgieron noticias alarmantes, como la masacre de 47 reclusos en la cárcel de Guanare (que se sumó a un incendio en un penal de Valencia donde murieron 66 personas) y un largo enfrentamiento armado entre bandas delincuenciales con armamento militar, en la zona norte de la extendida barriada popular de Petare. La gasolina otrora casi gratuita ha desaparecido y miles de personas hacen colas de hasta cinco días para llenar un tanque (ahora se contrabandea la gasolina de Colombia hacia Venezuela). Finalmente, un apagón de carácter nacional que afectó a 17 estados por varias horas ha dejado un severo racionamiento eléctrico en muchas partes del país.

En ese maremágnum, apareció una extraña noticia entre el 3 y el 4 de mayo: la Policía y el Ejército habían capturado dos pequeñas lanchas con civiles (incluidos dos estadounidenses) y militares desertores que habían llegado, provistos de armas de alto calibre, a combatir al gobierno de Nicolás Maduro. La sorpresiva información llenó de estupor a la oposición democrática que lucha por la paz y por una resolución negociada de la crisis política. La rápida neutralización de las dos embarcaciones le brindó al gobierno una especie de pequeña «Bahía de Cochinos», que explotada por el aparato mediático de las izquierdas bolivarianas, se vendió como una gesta histórica protagonizada por humildes pescadores, pertenecientes a la milicia, que repelieron la invasión y capturaron a los mercenarios.

El ala de la oposición que insiste en la legitimidad de la presidencia de Juan Guaidó, «reconocida por más de 50 países», cayó en el desconcierto. Al inicio dijeron que fue una «olla», un vil montaje de la narcodictadura. Poco después expresaron que la narcotiranía había masacrado a valerosos combatientes por la libertad. Más tarde comentaron que la operación era una charada, pero que defenderían los derechos humanos de personas que estaban equivocadas. Al final dijeron que la supuesta «invasión» había sido diseñada y ejecutada por Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, para inculpar a la oposición.



¿Qué sucedió realmente? ¿Qué consecuencias trae esta nueva aventura paramilitar? Veamos.

Desde el 23 de enero de 2019, día en el que el diputado y presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó se autojuramentó como presidente de la República (encargado) en un mitín popular en la plaza Juan Pablo II, ha habido un crecimiento del discurso belicista del ala más extremista de la oposición, que constantemente es aupada por Donald Trump y por las insinuaciones de que «todas las opciones están sobre la mesa». La vía electoral y la lucha democrática contra el régimen chavista fueron consideradas entonces como colaboracionistas y gallináceas. Había que ir a la acción directa inmediata, el pueblo no aguanta más.

En febrero de 2019, las encuestas decían que Guaidó tenía hasta 80% de aceptación popular. Los gobiernos aliados de Estados Unidos salieron inmediatamente a aplaudirlo y el joven varguense fue portada de diarios y revistas en todo el orbe. El 23 de febrero debía ser una especie de break point: la ayuda humanitaria internacional estacionada en Brasil, y sobre todo Colombia, ingresaría «sí o sí». Cuatro camiones entrarían con equipamiento médico elemental y cajas de comida desde Cúcuta. El plan era que la gente se abalanzara sobre los camiones y el Ejército se uniera a la insurrección popular. Se había contactado a militares de baja gradación para atraerlos a la rebelión. Este desaguisado fue un rotundo fracaso: no se pudo hacer ingresar ni una caja en una frontera donde el contrabando de gandolas de gasolina y alimentos es inmenso.



Cuando se creía que el intento frustrado de asesinar a Maduro con un dron cargado de explosivos, el pasado 4 de agosto de 2018 en la Avenida Bolívar, era la última intentona subversiva, amanecimos el 30 de abril de 2019 con un conato de golpe de Estado protagonizado por Guaidó, que traía la novedad de haber liberado al líder de Voluntad Popular Leopoldo López. El joven «presidente» aseguraba haber tomado, o estar dentro, de la base aérea La Carlota, ubicada en el corazón de Caracas. Rodeado de un pequeño grupo de civiles y militares de baja gradación, Guaidó habló de una insurrección militar, de un alzamiento. Pocas horas después, y sin un solo tiro, la sedición fue aplacada. Varios de los militares se entregaron aduciendo que los habían engañado y otros huyeron a embajadas extranjeras esa misma tarde. Nadie se responsabilizó del bochornoso coup d’état, que terminó ampliamente ridiculizado en redes sociales. En 2018 ya habíamos presenciado la masacre del grupo armado encabezado por Óscar Pérez, ex-comando policial famoso por disparar contra el Tribunal Supremo de Justicia y robar armas de alto calibre en el Fuerte de Paramacay. La subestimación del poder militar y policial del gobierno bolivariano es realmente asombrosa.

En intervenciones militares previas de Estados Unidos en América Latina, incluyendo Bahía de Cochinos, los oficiales de Washington también negaron categóricamente, en un inicio, su participación. Asimismo, en el caso de la operación ilegal para financiar la guerra terrorista de los «contras» en Nicaragua en los años 80, Washington negó su involucramiento hasta que el contratista de la CIA Eugene Hasenfus fue abatido cuando transportaba armas en un avión. El guion siempre será aferrarse a una rígida desmentida, aunque parece imposible pensar que Estados Unidos, más allá de su participación, no supiera del contrato que «legalizaba» la invasión y que se había firmado en Miami (había literalmente un contrato comercial). Hay que recordar que Washington acusó a Maduro de narcoterrorismo y le puso precio a su captura: 15 millones de dólares.

El contrato fue un secreto bien guardado hasta que el mayor general retirado Clíver Alcalá Cordones habló frontalmente de su existencia a finales de marzo de 2020. Esto ocurrió luego de que este militar cercano a Chávez, y uno de los desertores de más alto rango, fuera sorprendido por la policía colombiana con una gran cantidad de armas, y después de que la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) ofreciera 10 millones de dólares por su captura, ya que lo vincula con carteles de droga en Venezuela. Su reacción fue subir un video a las redes sociales donde admitía haber estado armando y entrenando a un comando rebelde de venezolanos en Colombia para tumbar al régimen. En su relato, Alcalá Cordones habló de un contrato firmado por Guaidó y un estadounidense dueño de una empresa de seguridad que había estado entrenando a tropas venezolanas rebeldes en Colombia. Días después, Cabello cuenta que saben de todas esas operaciones subversivas y que conocen al contratista estadounidense, que es nada más y nada menos que Jordan Goudreau.

Goudreau había sido contratado en febrero de 2019 para dar seguridad al concierto de Cúcuta financiado por el millonario británico Richard Branson. La empresa Silvercorp participó como proveedora de seguridad en mítines políticos de Trump. Tan íntima relación le permitió ser recomendado por la Casa Blanca para ofrecer seguridad en el concierto y asesorar a Guaidó en su lucha para derrocar a Maduro. Goudreau es bastante amigo de las redes sociales y saltó al estrellato mediático por la estrafalaria sugerencia de «poner a policías antiterroristas en las escuelas disfrazados de maestros». El mediático contratista también tuvo la delicadeza de amenazar de muerte a la periodista venezolana Érika Ortega, afirmando que a los mercenarios se les paga para matar, aunque ellos podrían hacerlo gratis en un tuit que provocó el cierre de su cuenta.

En una operación en Jamaica a finales de 2019, este veterano de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos ya había incorporado a otros dos ex-boinas verdes y ex-compañeros de equipo, Airan Berry y Luke Denman, los dos estadounidenses actualmente presos por la incursión militar fallida. En esa ocasión, Goudreau los convenció de lo fácil y lucrativa que sería la operación contra Maduro. Es sabido que el contrato firmado al parecer por el propio Guaidó se estaba mostrando a personas en el campamento en Jamaica dirigido por Goudreau como una tentadora oferta laboral. Cuando se le preguntó a Goudreau cuál era su plan, dijo que se proponían lanzar una incursión armada en Venezuela para capturar y/o eliminar a objetivos de alto valor. Es conocido que un veterano combatiente que estaba en proceso de ser reclutado se mostró muy escéptico con la oferta de Goudreau, ya que Silvercorp no tenía ni una sola ametralladora en ese momento, lo cual es normal porque esa empresa (constituida en 2018) provee seguridad en eventos públicos, no realiza operaciones militares. Es bastante verosímil el rumor de que la CIA se había enterado de la operación que Goudreau planeaba en Jamaica y advirtió en numerosas ocasiones a Silvercorp que no lo llevara a cabo porque era un suicidio.

En un documento publicado recientemente por el diario The Washington Post, sale a la luz que miembros de la oposición de Venezuela negociaron en octubre un acuerdo con una compañía de seguridad de Florida para derrocar a Maduro. En ese documento aparece la firma de Guaidó, comprometiéndose con Goudreau a acometer una operación militar que capture o elimine a Maduro y a varios de los miembros de su gabinete. Ese era el contrato al que Alcalá Cordones había hecho alusión antes de entregarse a la DEA y que Guaidó había negado. El general desertor afirmó en una entrevista antes de entregarse que el contrato había sido incumplido pese a que las operaciones estaban bastante adelantadas.

Cuando Goudreau llegó el 7 de septiembre a la oficina de Juan José Rendón, alto comisionado presidencial de Guaidó radicado en Miami, el comité de estrategia ya se había reunido con un puñado de empresas de gestión paramilitar que ofrecían los servicios de eliminación o captura de Maduro y su entorno. Algunas querían hasta 5.000 millones de dólares por el trabajo. Goudreau, por el contrario, ofreció un plan con un par de pequeños anticipos y un pago total mucho más económico –212,9 millones de dólares–, considerando que iban a invadir un país de 30 millones de habitantes, con una Fuerza Armada de alrededor de 150.000 combatientes y 916.000 kilómetros cuadrados. El contrato contemplaba el cobro de 75% del contrato después del derrocamiento de Maduro y de la toma de control pleno del país. El dinero restante de la operación crediticia que dejaba el pago central en cómodas cuotas provendría de futuras exportaciones de petróleo bajo un gobierno de Guaidó.

El curioso contrato tiene ocho páginas principales y 42 más de anexos, según varias fuentes relacionadas con el caso, aunque en una entrevista con Patricia Poleo Goudreau asevera que el documento posee más de 70 páginas. El contrato para una invasión a la carta tuvo un testigo formal: el abogado Manuel J. Retureta, un reconocido penalista especializado en la defensa de afamados narcotraficantes latinoamericanos. El litigante que firmó como testigo no ha dicho aún una sola palabra a ningún medio de comunicación.

Rendón admitió abiertamente haber firmado el contrato, pero dijo que Guaidó nunca lo hizo. Rendón confesó que el documento, rubricado en octubre de 2019, «era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega a la justicia de miembros del régimen que tienen orden de captura emitida por tribunales de Estados Unidos». Pero esas esas órdenes de captura fueron emitidas cinco meses después de la firma del contrato, es decir, en marzo de 2020.

El contrato promete un adelanto primario a Silvercorp de 1,5 millones de dólares. Luego el texto contempla un anticipo de 50 millones para servicios como planificación estratégica, adquisición de equipos y «asesoría para la ejecución de proyectos». Resulta llamativo que el contrato afirma que Silvercorp no combate sino que solo asesora. La idea primigenia era que la incursión, sumada a acciones de propaganda armada, desmoralizarían a la Policía y a la Fuerza Armada. Como un castillo de naipes, el gobierno caería rápidamente y ellos podrían secuestrar a personeros solicitados por la DEA y exigir sus respectivas recompensas. Al ver eso, el pueblo saldría a las calles y expulsaría al dictador. Guaidó sería por fin presidente de verdad y el cuento se acabaría.

Como era de esperar, las cosas no salieron bien. El domingo 3 de mayo, horas después de la primera incursión, la periodista Patricia Poleo publicó el acuerdo. Además, en el informe, difundido en la cuenta @FactoresdePoder en Twitter, Goudreau explica que Guaidó mentía al decir que la operación en Macuto era «una farsa del régimen» y que su empresa había diseñado las operaciones. Goudreau habló de la firma de Guaidó y mostró un video donde se puede escuchar el momento en que todos presentes firman el contrato (en Miami) y el «presidente encargado» dice que enviará su firma escaneada, por email, desde Caracas.

Como comentó Goudreau, el costo de de esta misión sería de 212,9 millones de dólares. Esa parte del plan duraría 495 días, porque ellos continuarían como «fuerza de seguridad del gobierno» mientras estabilizaban la situación. Ahí se acuerda pagar mensualmente al contratista, después de la culminación del proyecto, entre un mínimo de 10.860.000 y un máximo de 16.456.000 dólares. De ser exitoso el plan, la empresa recibiría un bono de 10 millones por buen desempeño. En el contrato destacan algunas cláusulas muy llamativas:

- el Comité Estratégico tendrá autoridad para aprobar cualquier ataque y activar el fuego contra objetivos militares y no militares, «infraestructura y objetivos económicos venezolanos», «vías y medios de comunicación»;

- en el anexo B, numeral catorce, punto a, se establece que se podrán usar minas antipersonales en todo el territorio según disposición de la empresa;

- en el anexo L, se establece que Silvercorp no será responsable ante la ley de ningún acto de violencia o destrucción durante la ejecución del contrato. Si demandan a Silvercorp en Estados Unidos, el gobierno de Guaidó deberá pagar todos los gastos de defensa y asumirá la responsabilidad financiera;

- en el anexo N se señala que la cadena de mando de la operación está compuesta de la siguiente manera: comandante en jefe, Juan Guaidó; supervisor del proyecto, Sergio Vergara; jefe de estrategia, Juan José Rendón; comandante en el sitio, por determinar (aunque en el desembarco efectivo fue el capitán Antonio Sequea quien estuvo a cargo; como ex-oficial de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Sequea aparece en videos y fotos protagonizando junto con Guaidó el intento de golpe del 30 de abril);

- en el anexo B, numeral 1, punto c, se explicita: «El personal del Proveedor de Servicios solo tiene capacidad de asesoramiento. No son combatientes»;

- en el anexo D, numeral 4, se ratifica lo anterior de manera taxativa: «El personal del Proveedor de Servicios son solo asesores, no son combatientes. Sin embargo, se les permite defenderse».

Es evidente que el contrato viola todo estamento legal conocido, empezando por la carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Venezuela es signataria de la Convención Internacional de la ONU contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios. La resolución 57/196 de la Asamblea General de la ONU establece que se condena «a todos los Estados que permiten o toleran el reclutamiento (…) de mercenarios con el objetivo de derrocar a los gobiernos de Estados miembros de las Naciones Unidas».

La aparición que Goudreau hizo en televisión fue para dar un rostro a la incursión. Para combatir el rumor opositor que hablaba de una operación de bandera falsa. La intención de el ex-militar estadounidense era denunciar a Guaidó y a sus acólitos por incumplir el contrato. Según Goudreau, él nunca recibió el dinero estipulado en el contrato, ni siquiera los 1,5 millones de anticipo. Por eso se sintió estafado y delató a todos los firmantes y dijo que nunca en su vida vio un nivel de traición y de indiferencia como ante esta situación. Cuando la periodista le preguntó lo evidente: ¿por qué habían llevado adelante la operación aun sin cobrar?, su respuesta fue inverosímil: «Lo hicimos porque estamos comprometidos con la libertad de Venezuela».

Los hechos fueron los siguientes: entre el 3 y el 4 de mayo entraron por la bahía de Macuto y de Chuao un par de peñeros con alrededor de 22 personas. Ahí estaban ex-militares armados, había uniformes, equipos y todos portaban sus documentos de identidad. Entraron por el litoral central a plena luz del día, a pocos kilómetros del mayor puerto del país y de una base naval, en un área densamente poblada. Ingresaron en medio de una rígida cuarentena llena de militares y policías desplegados en las calles, con escasez total de gasolina, con vías desérticas y con las carreteras llenas de puestos de control. No parece haber un momento más absurdo que este para una incursión.

Como era de esperarse, antes de llegar a su punto de desembarco, fueron fácilmente divisados por las fuerzas de seguridad venezolanas. Según el gobierno, la lancha se acercó a la costa y sus integrantes abrieron fuego. La versión oficial habla de un combate que duró unos 45 minutos. La embarcación zozobró, con el resultado de ocho fallecidos y solo un par de apresados. Un día después, el 4 de mayo, otros 13 atacantes fueron capturados en Chuao (estado de Aragua) en una rendición sin enfrentamientos. Entre los detenidos destacan los estadounidenses Luke Denman y Airan Berry, empleados de Silvercorp. A la fecha, hay alrededor de 40 apresados y varias órdenes de captura adicionales. Poco a poco, las fuerzas de seguridad han ido arrestando a presuntos guerrilleros asociados a la incursión, que salieron a buscar comida o estaban dando vueltas por la zona.

Horas después, la televisión estatal venezolana, VTV, emitió un video en el que uno de los dos estadounidenses detenidos «confiesa» que el plan era capturar a Maduro y llevarlo a Estados Unidos. Al ser interrogado sobre quién le daba las órdenes a Goudreau, Denman responde: Donald Trump. De manera increíble, declara: «se me contrató para llegar a Caracas, asegurar un aeropuerto y seguir el plan, mi misión era tomar un aeropuerto hasta que pudieran hacer un traslado seguro de Maduro hasta un avión que lo llevara hacia Estados Unidos». Posteriormente, Maduro destacó el arresto de Adolfo Baduel, hijo del ex-ministro de Defensa de Chávez Raúl Baduel, quien actualmente también está en la cárcel. Pocos días más tarde, el Ministerio Público solicitó órdenes de aprehensión contra Rendón, Sergio Vergara y Goudreau por su implicación en el diseño, financiamiento y ejecución de los planes de golpe de Estado. Extrañamente, el fiscal general no mencionó a Guaidó. Esto último hizo enfurecer a la base chavista que pide su encarcelamiento.

La comunidad internacional ha guardado un atronador silencio ante las operaciones paramilitares en Macuto. Los partidos y gobiernos europeos que han apoyado de manera frontal al «gobierno interino» no se han pronunciado. Quienes se consideran demócratas y han empleado grandes recursos del erario público para financiar a los protagonistas de estos hechos no los han condenado. Pareciera que hay muy poca claridad en cuanto a la verdadera situación en Venezuela y muy poco compromiso con el respeto al derecho internacional. En ese escenario de silencio sombrío, la carta de tres senadores demócratas estadounidenses es importante porque es de los pocos pronunciamientos que han llamado de atención a la oposición extremista y a la política belicista de la Casa Blanca. Estos senadores recuerdan que en la ley VERDAD (Venezuela Emergency Relief, Democracy Assistance and Development Act), promulgada por Trump en diciembre pasado, Washington dice que busca «avanzar en una solución negociada y pacífica a la crisis política, económica y humanitaria de Venezuela (…) Los ataques armados, incluso si son realizados por actores independientes, van en contra de esa política (…) incursiones de ese tipo perjudican las perspectivas de una transición pacífica y democrática en Venezuela al insinuar que una intervención armada es una opción viable para resolver la crisis».

Por todo lo anterior, es esencial el papel de agentes de paz internacionales, de negociadores experimentados y de la comunidad internacional en general. Sería extremadamente importante que actuaran para evitar el continuo escalamiento de un conflicto que podría culminar en un escenario catastrófico de guerra civil. El reinicio de las conversaciones en Oslo es fundamental para esta labor. Aunque, eso sí, es imprescindible que la oposición democrática se desmarque del liderazgo belicista que ha manifestado su aversión a los diálogos y que los ha saboteado continuamente. En ese sentido, ha sido funcional a la estrategia del gobierno de usar de manera oportunista estas instancias. La oposición sensata debería pensar en la posibilidad de construir un frente amplio que aglutine a las fuerzas democráticas y constitucionales. Un frente que condene acciones paramilitares y terroristas, y se concentre en la lucha pacífica por la reconstrucción de una República ahogada en una mar de problemas que no paran de crecer.

De no avanzarse en un proceso de negociación que conlleve micro acuerdos humanitarios que conduzcan a un acuerdo político-humanitario a gran escala, el gobierno podría resistir, apelando a distribuciones de alimentos, si bien disminuidas respecto del pasado, manteniendo algunos subsidios e incrementando la fuerza represiva del Estado. El problema es que sin una mejora de la situación económica en el mediano plazo, la economía podría deteriorarse mucho más y una pobreza extendida estructuraría la vida social en los siguientes años.

Economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), Caracas.

Fuente:

Nueva Sociedad, mayo 2020

En defensa del Comandante César Montes cuya vida está en serio peligro.

18 de abril de 2020.
Dr. Alejandro Giammattei
Presidente de la República de Guatemala
Dra. Michelle Bachelet
Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.




Los suscritos nos dirigimos ante ustedes para denuncia la campaña de odio que en Guatemala se viene realizando desde hace varios meses en contra del antiguo comandante guerrillero César Montes. Con preocupación hemos visto proliferar en distintos medios de comunicación y redes sociales ataques violentos en contra del principal dirigente de la Fundación Turcios Lima, ataques en los cuales incluso se incita a asesinarlo. Fue culpado de manera injusta del asesinato de varios soldados en un enfrentamiento que además dejó varios campesinos heridos en el mes de septiembre de 2019 en la aldea Semuy II en el municipio de El Estor, departamento de Izabal en Guatemala. En un comunicado fechado el 16 de abril del presente año, una agrupación denominada Asociación de Finqueros de Cobán acusa a la Fundación Turcios Lima y al Comité Campesino del Altiplano de ser organizaciones encubiertas del crimen organizado y de ser las organizadoras de invasiones de fincas en el departamento de Alta Verapaz. También acusa a César Montes de ser autor intelectual de dichas invasiones.

Cesar Montes ha visto en serio peligro su vida. Durante los meses de septiembre y octubre se implementó un operativo de 600 efectivos que fueron a buscarlo a su domicilio no con el propósito de arrestarlo sino de asesinarlo pretextando una supuesta resistencia. También las fuerzas armadas desplegaron un amplio operativo de rastreo en la Sierra de las Minas con los mismos propósitos. Ahora lo acusan de invasiones de tierras y de haber incendiado el casco de una de las fincas invadidas. Nuevamente estas acusaciones no tienen fundamento porque César tuvo que salir del país hace varios meses para poder salvar su vida, por lo que no pudo haber participado en los actos que se le imputan. El fondo de toda la conflictividad que hoy vive el departamento de Alta Verapaz y otras regiones en el país es el irresuelto problema agrario en Guatemala. La Fundación Turcios Lima ha buscado una solución a esta conflictividad a través de gestiones de compras de tierras para los campesinos que las demandan. Son falsas las acusaciones que involucran a la Fundación y a otras organizaciones campesinas de vínculos con el narcotráfico. Las mismas son parte de una estrategia de criminalizar las demandas sociales que una realidad injusta propicia.

Por todo lo anterior y porque el Estado de derecho debe preservarse los suscritos demandamos al Presidente Giammattei que cese la persecución en contra de César Montes y los propósitos de asesinarlo. Pedimos a la Dra. Bachelett que interponga su autoridad para que se respeten los derechos humanos de César Montes, de las organizaciones campesinas que están siendo perseguidas y que también lo hagan con los campesinos que demandan una solución al problema agrario en Guatemala.


Atentamente.
Carlos Figueroa Ibarra.

Favor de enviar adhesiones a:
@CFigueroaDDHH
carlosfigueroaibarra@gmail.com



Vida y milagros

"Es el tiempo de la peste, cuando hombres dementes lideran a los ciegos"

Shakespeare, Rey Lear



Hace cien años que la influenza española atacó a gran parte del mundo y también a México. En unas cuantas semanas la epidemia llegó a todos los rincones. La influenza es una enfermedad muy antigua cuyo nombre deriva del latín "influencia" para hacer referencia al influjo de las estrellas y planetas sobre la vida de la humanidad. Existen muchas crónicas de epidemias en la historia, pero ninguna es tan pavorosa como el de la pandemia que se desató a principios del siglo XX. Se estima que 50 millones de personas murieron entre 1918 y 1920 y en nuestro país esa cifra se varía entre 300 mil y 500 mil personas a falta de datos más precisos.



Curiosamente de la ciudad de Puebla sí se tienen cifras exactas. En un extraordinaria publicación del Instituto de Ciencias y Humanidades de la BUAP, obra de Miguel Ángel Cuenya Mateos (1), se recopilaron los datos de lo que significó para la ciudad esa epidemia. El Registro Civil llevaban un registro puntual de las defunciones mensuales que reportaban los panteones de la capital de Puebla y el estudio abarca los datos entre 1911 y 1920. La ciudad tenía entonces 95 mil habitantes y el promedio mensual de las defunciones hasta septiembre de 1918 era de 304 personas. Desde finales de agosto de 1918 los periódicos anunciaron la aparición de una peligrosa pandemia que afectaba a Europa, Asia y los Estados Unidos, pero las autoridades federales y estatales no tomaron ninguna medida preventiva.



El primer entierro registrado en Puebla por la fiebre gripal se registró el 10 de octubre y pasó inadvertido. Siete días después fueron cuatro, el 21 había saltado a 14, el 25 a 41, y entre el 28 de octubre y el 5 de noviembre, en solo nueve días, la gripe envió al Panteón Municipal a 1,058 personas. ¡Son datos para documentar el escepticismo de Santo Tomás! Entre octubre y noviembre de 1918 las defunciones se elevaron a dos mil.

La investigación señala que en los certificados de defunción se registraron mayoritariamente las siguientes causas de muerte: gripa, influenza, gripa española, neumonía gripal, bronconeumonía, neumonía doble, neuralgia gripal, pleuroneumonía, bronconeumonía, gripa infecciosa, gripa hemorrágica, gripa pulmonar, laringitis gripal, endocarditis gripal, bronquitis aguda. Por falta de nombres y descripciones de por dónde colapsa un cuerpo no pararon. Probablemente todas las causas- dice el estudio- están relacionadas con la pandemia de influenza de 1918. En solo dos meses murieron dos mil personas y otras tres mil morirían entre 1919 y 1920 por las mismas causas, un poco más del 5% de la población de la ciudad.

Los periódicos de aquel tiempo, aunque tarde, pedían a las personas alejarse de quienes estuvieran enfermos de cualquier tipo de gripa y advertían acerca de los síntomas de la gripe española: fiebre alta que llegaba casi a los 40 grados C, dolor corporal severo, tos interminable, diarrea, vómitos, fuertes hemorragias por la boca y dificultad para respirar. Hay fotos de la época con personas llevando tapaboca en las calles y en las estaciones de tren.

Ponerle cara y nombre a una pandemia nos cuesta trabajo y además en estos casos se aplica bien el dicho de que nadie escarmienta en cabeza ajena. A diferencia del COVID 19, la influenza sí ataca gravemente a los niños. Mi papá era entonces un niño y tenía dos hermanos, uno de diez y uno de cuatro, Marcos y Giuseppe. Los dos se contagiaron, mi papá no. Los niños enfermos fueron recluidos en un cuarto. La temperatura, la diarrea y el vómito son defensas del organismo para matar o expulsar el virus. El tío Marcos contó a sus hijos que él vomitó y se salvó, Giuseppe no y murió. Ahí está retratado en una foto familiar ese niño que no tuvo futuro.

Los tipos de muerte descritos y relacionados a la influenza son los tipos de muerte que produce también el COVID 19. ¿Qué tanto aprendimos del pasado? Los países han ido tomando distintas medidas de acuerdo con sus propios criterios y circunstancias. En México las políticas públicas sanitarias de la federación, estados y municipios no han sido homogéneas por lo que ha sido difícil tener claro un protocolo consistente para saber cómo actuar. ¿Las medidas tomadas fueron adecuadas y a tiempo? Los datos duros probarán si se manejó de la mejor manera o no, y distribuirá las responsabilidades de manera justa, como lo suele hacer el tiempo.

Se supone que la ciencia nos ayuda a trazar caminos más certeros para combatir las pandemias, pero el mundo está lleno de escépticos, incrédulos, temerarios e improvisados. Lleno de personas que tienden a pensar que nadie se muere la víspera aunque haya días siguientes en los que los números son irrefutables.

(1) Reflexiones en torno a la pandemia de influenza de 1918: El caso de la ciudad de Puebla, Miguel Ángel Cuenya Mateos, 4 de noviembre de 2009

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En 1994, la Dra. Laurie Garret publicó un libro de más de setecientas páginas que resumía sus investigaciones como miembro de la Escuela de Salud Pública de Harvard. El libro fue comentado por David Baltimore, profesor de biología molecular e inmunología en M.I.T. y premio Nobel en fisiología y medicina, quien no dudó, como muchos de sus colegas en varios otros medios, en explicar al público la urgencia e importancia de la información que la Dra. Garret recogía en su libro: “…nos recuerda que tan delgada es la línea que separa a nuestra sociedad de alta tecnología de una catástrofe personal y colectiva”.

El libro, Las Plagas que vienen: la emergencia de nuevas enfermedades en un mundo desequilibrado (The Coming Plague: newly emerging diseases in a world out of balance. Farrar, Strauss and Giroux. New York. 1994), así como sus otros libros, Ebola story of an outbreak y Betrayal of Trust:the collapse of global Public Health le valieron a la Dra Garret el premio Pulitzer. En ellos se presentan las evidencias de la catástrofe que nos aguarda desde que el hombre empezó a invadir todos los ecosistemas planetarios: “..viruses se están mutando aceleradamente…más del 90% de los conejos de Australia murieron en el lapso de un solo año al introducirse un nuevo virus en su territorio; grandes pandemias de influenza arrasan al mundo animal; la cepa Andrómeda casi brota a la superficie en África en la forma del virus ébola; mega ciudades se erigen en el mundo en desarrollo creando nichos en los cuales prácticamente cualquier cosa puede surgir; selvas tropicales desaparecen obligando al traslado de insectos y animales portadores de enfermedades hacia áreas de habitación humana y ello implica la real y letal posibilidad que misteriosos microbios, por primera vez, infecten a la humanidad a gran escala y pongan en peligro la sobrevivencia de los humanos”. La Dra. Garret no estaba siendo alarmista sino solo corroboraba en sus libros lo que epidemiólogos, virólogos y otros especialistas en salud publica desde 1989 informaban al Instituto Nacional de Salud del gobierno norteamericano que desde 1976, a su vez, predecía una masiva epidemia global de influenza mucho más letal que la de 1918. El 4 de febrero de este año la periodista de Democracy Now, Amy Goodman, recurrió a la Dra. Garret para conversar sobre el coronavirus en momentos cuando se elevaba la cifra de muertos entre contagiados en la provincia de Wuhan en China. Intentaré un resumen (la traducción es mía) de lo que ella evaluó y analizó de la actual pandemia global en esa entrevista (para acceder a la entrevista completa en dos partes: https://www.democracynow.org/2020/2/3/laurie_garrett_coronavirus_trump_admin_response).

La periodista Amy Goodman inició la conversación sobre cuestionamientos surgidos en torno al manejo de las autoridades norteamericanas y chinas del brote epidémico. Se hizo referencia a que en la revista Foreign Policy la Dra. Garret recientemente publicó un artículo titulado “Trump ha saboteado la respuesta de EEUU a la pandemia de coronavirus”.



La respuesta de Laurie Garret (resumida) fue:

“…el gobierno de Trump…ha desarticulado programas del gobierno de Obama. Uno de ellos tiene que ver con la seguridad global de la salud que se creó en respuesta a la epidemia de ébola en 2014 en África occidental…se deshizo de la unidad para respuestas a pandemias del Consejo Nacional de Seguridad, de su equivalente en el Departamento de Homeland Security, recortó el presupuesto de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) y la lista sigue…estamos en una situación en la que las personas a cargo en realidad nunca estuvieron en medio de una epidemia, no escuchan a aquellos que realmente entienden como detener una epidemia… y para empeorar las cosas, Pompeo, el Secretario de Estado…básicamente no solo ha prohibido que personas provenientes de China entren a EEUU sino…si eres un ciudadano chino ya no puedes acceder a EEUU. La mayoría de los norteamericanos no se dan cuenta que estas medidas en esencia detienen todos los viajes y movimientos. Y una de las consecuencias de ello es que…casi todos los ingredientes activos de la industria farmacéutica que se utilizan en EEUU para producir medicinas- en verdad en el mundo entero- provienen de China.

…las tensiones entre EEUU y China son actualmente tan fuertes que el Ministro de Defensa declaró hoy, en términos bastantes directos, que EEUU es responsable del ataque xenofóbico global contra China.

…Tenemos actualmente tres casos sospechosos de este virus en Nueva York. Todos son personas que recientemente estuvieron en China y muchos de ellos son étnicamente chinos…se alientan respuestas raciales…racistas. Creo que estamos ante un peligroso escenario, necesitados no solo de infraestructura sino de una guía moral para responder ante esta alarmante epidemia.

…Se han implementado medidas iguales a las de 2009 cuando la influenza porcina se hizo global… con cierres de aeropuertos…cuando este virus, aunque genéticamente cercano al SARS tiene una importante diferencia…entonces las personas se contagiaban solo cuando tenían fiebres muy altas…este virus se contagia sin que sus portadores muestren síntomas…estamos implementado un falso sentido de defensa (mediante portales con tomas de temperaturas y con cierres de aeropuertos).



La Dra. Laurie Garre estuvo en China en 2003 en el momento más critico de la epidemia de SARS. En la entrevista que le hizo Amy Goodman para Democracynow.org ella explica lo que se sabía hasta ese momento del coronavirus:

“…Al coronavirus se le llama corona porque tiene picos en sus partes exteriores y en un microscopio se asemeja a una corona. Pero eso nada tiene que ver con la biología, es solo como se ve. Es una clase de virus que incluye a la mayoría que provocan los refriados comunes…y todos los peligrosos coronavirus que hemos detectado en años recientes, el más grande es el actual, SARS, MERS, el del síndrome respiratorio del Medio Oriente que aún circula por Arabia Saudita, todos originalmente son virus que existen en murciélagos… en murciélagos de frutas. Debido a las presiones impuestas sobre los hábitats de murciélagos, especialmente en selvas, los murciélagos cada vez más se trasladan a lugares de ocupación humana y a pesar de ser animales muy tímidos…en contacto con otras especies intermediarias…en el caso de Arabia Saudita son camellos…en el caso de SARS fueron (civet) felinos…y en este caso no sabemos aún…mientras tanto se brincan a los humanos y estamos ante un virus que provoca severas neumonías…y no tenemos tratamientos ..y no se debe recurrir a antibióticos…Y no hay vacuna aún. No tenemos vacunas para ningún coronavirus. Y hay evidencia que personas infectadas producen anticuerpos al virus…pero los anticuerpos no duran y las personas no permanecen inmunes a lo largo del tiempo…”



En la entrevista la Dra. Garret explicó a la reportera Amy Goodman las medidas extremas impuestas por el Estado para contener el virus en China, imposible de reproducirse ni deseable de imitarse en una democracia occidental y concluyó que en su país:

“…con un gobierno que ha limitado nuestra capacidad para responder y con un publico que es muy propenso al pánico y adicto a su teléfono…con todos estos variables tenemos un posible escenario preparado para una severa sobrerreacción que incluiría agredir a personas descendientes de chinos en los EEUU…… (el pánico) nos ha llevado a acaparar tapabocas…que no son en realidad diseñadas para detener virus…las máscaras que funcionan, las de médicos, no se producen en EEUU…sino en China y Filipinas en la mayoría de los casos…hay dos grandes temas en que pensar sobre las actuales epidemias de influenza…los norteamericanos no están prestando atención a los encargados de la salud pública. No se están vacunando. No están tomando precauciones…esto es mucho mas peligroso de lo que hasta ahora hemos detectado desde que se apareció el HIV…no vamos a salir de esto acusándonos…”.

La Dra. Garret continúa: “(vamos a salir” solo en los términos que ha declarado la Organización Mundial de la Salud “trabajando coordinadamente entre todos los países…son momentos para estar atentos a hechos, no al pánico. Son tiempos de ciencia, no de rumores, Tiempos necesitados de solidaridad no de estigmas.”

Son tiempos en realidad, por lo menos en el México actual, de seguir las instrucciones de los médicos y científicos encargados de Salud Publica que por primera vez y con toda trasparencia nos están indicando el camino más razonable, sin cerrar inútilmente fronteras, cuidando no destruir las economías familiares de los más pobres, para que colectivamente salgamos lo mejor librados de una pandemia viral que es enteramente, como lo ha documentado la Dra. Garret en sus libros, responsabilidad del habitar planetario de los humanos.

Mundo Nuestro. Este texto escrito por el filósofo italiano Franco Berardi Bifo, publicado originalmente en el portal Nero el 16 de marzo pasado, se tomó de la traducción realizada por Emilio Sadier para el portal argentino SANGRE. Las ilustraciones fueron tomadas del mismo sitio.

Lo inesperado transforma lo que la voluntad no ha podido transformar. Pero ahora se trata de reactivar la energía renovable de la imaginación.




[Traducción: Emilio Sadier]

You are the crown of creation
And you’ve got no place to go
[Eres la corona de la creación
y no tenés adónde ir.]
Jefferson Airplane, 1968

«La palabra es un virus. Quizás el virus de la gripe fue una vez una célula sana. Ahora es un organismo parasitario que invade y daña el sistema nervioso central. El hombre moderno ya no conoce el silencio. Intenta detener el discurso subvocal. Experimenta diez segundos de silencio interior. Te encontrarás con un organismo resistente te impone hablar. Ese organismo es la palabra.»
William Burroughs, El boleto que explotó

21 de febrero

Al regresar de Lisboa, una escena inesperada en el aeropuerto de Bolonia. En la entrada hay dos humanos completamente cubiertos con un traje blanco, con un casco luminiscente y un aparato extraño en sus manos. El aparato es una pistola termómetro de altísima precisión que emite luces violetas por todas partes.



Se acercan a cada pasajero, lo detienen, apuntan la luz violeta a su frente, controlan la temperatura y luego lo dejan ir.

Un presentimiento: ¿estamos atravesando un nuevo umbral en el proceso de mutación tecnopsicótica?

28 de febrero



Desde que volví de Lisboa, no puedo hacer otra cosa: compré unos veinte lienzos de pequeñas proporciones, y los pinto con pintura de colores, fragmentos fotográficos, lápices, carbonilla. No soy pintor, pero cuando estoy nervioso, cuando siento que está sucediendo algo que pone a mi cuerpo en vibración dolorosa, me pongo a garabatear para relajarme.

La ciudad está silenciosa como si fuera Ferragosto. Las escuelas cerradas, los cines cerrados. No hay estudiantes alrededor, no hay turistas. Las agencias de viajes cancelan regiones enteras del mapa. Las convulsiones recientes del cuerpo planetario quizás estén provocando un colapso que obligue al organismo a detenerse, a ralentizar sus movimientos, a abandonar los lugares abarrotados y las frenéticas negociaciones cotidianas. ¿Y si esta fuera la vía de salida que no conseguíamos encontrar, y que ahora se nos presenta en forma de una epidemia psíquica, de un virus lingüístico generado por un biovirus?

La Tierra ha alcanzado un grado de irritación extremo, y ​​el cuerpo colectivo de la sociedad padece desde hace tiempo un estado de stress intolerable: la enfermedad se manifiesta en este punto, modestamente letal, pero devastadora en el plano social y psíquico, como una reacción de autodefensa de la Tierra y del cuerpo planetario. Para las personas más jóvenes, es solo una gripe fastidiosa.

Lo que provoca pánico es que el virus escapa a nuestro saber: no lo conoce la medicina, no lo conoce el sistema inmunitario. Y lo ignoto de repente detiene la máquina. Un virus semiótico en la psicósfera bloquea el funcionamiento abstracto de la economía, porque sustrae de ella los cuerpos. ¿Quieren verlo?

2 de marzo

Un virus semiótico en la psicósfera bloquea el funcionamiento abstracto de la máquina, porque los cuerpos ralentizan sus movimientos, renuncian finalmente a la acción, interrumpen la pretensión de gobierno sobre el mundo y dejan que el tiempo retome su flujo en el que nadamos pasivamente, según la técnica de natación llamada «hacerse el muerto». La nada se traga una cosa tras otra, pero mientras tanto la ansiedad de mantener unido el mundo que mantenía unido al mundo se ha disuelto.

No hay pánico, no hay miedo, sino silencio. Rebelarse se ha revelado inútil, así que detengámonos.

¿Cuánto está destinado a durar el efecto de esta fijación psicótica que ha tomado el nombre de coronavirus? Dicen que la primavera matará al virus, pero por el contrario podría exaltarlo. No sabemos nada al respecto, ¿cómo podemos saber qué temperatura prefiere? Poco importa cuán letal sea la enfermedad: parece serlo modestamente, y esperamos que se disipe pronto.

Pero el efecto del virus no es tanto el número de personas que debilita o el pequeñísimo número de personas que mata. El efecto del virus radica en la parálisis relacional que propaga. Hace tiempo que la economía mundial ha concluido su parábola expansiva, pero no conseguíamos aceptar la idea del estancamiento como un nuevo régimen de largo plazo. Ahora el virus semiótico nos está ayudando a la transición hacia la inmovilidad.

¿Quieren verlo?

3 de marzo

¿Cómo reacciona el organismo colectivo, el cuerpo planetario, la mente hiperconectada sometida durante tres décadas a la tensión ininterrumpida de la competencia y de la hiperestimulación nerviosa, a la guerra por la supervivencia, a la soledad metropolitana y a la tristeza, incapaz de liberarse de la resaca que roba la vida y la transforma en estrés permanente, como un drogadicto que nunca consigue alcanzar a la heroína que sin embargo baila ante sus ojos, sometido a la humillación de la desigualdad y de la impotencia?

En la segunda mitad de 2019, el cuerpo planetario entró en convulsión. De Santiago a Barcelona, ​​de París a Hong Kong, de Quito a Beirut, multitudes de muy jóvenes salieron a la calle, por millones, rabiosamente. La revuelta no tenía objetivos específicos, o más bien tenía objetivos contradictorios. El cuerpo planetario estaba preso de espasmos que la mente no sabía guiar. La fiebre creció hasta el final del año Diecinueve.

Entonces Trump asesina a Soleimani, en la celebración de su pueblo. Millones de iraníes desesperados salen a las calles, lloran, prometen una venganza estrepitosa. No pasa nada, bombardean un patio. En medio del pánico, derriban un avión civil. Y entonces Trump gana todo, su popularidad aumenta: los estadounidenses se excitan cuando ven la sangre, los asesinos siempre han sido sus favoritos. Mientras tanto, los demócratas comienzan las elecciones primarias en un estado de división tal que solo un milagro podría conducir a la nominación del buen anciano Sanders, única esperanza de una victoria improbable.

Entonces, nazismo trumpista y miseria para todos y sobreestimulación creciente del sistema nervioso planetario. ¿Es esta la moraleja de la fábula?

Pero he aquí la sorpresa, el giro, lo imprevisto que frustra cualquier discurso sobre lo inevitable. Lo imprevisto que hemos estado esperando: la implosión. El organismo sobreexcitado del género humano, después de décadas de aceleración y de frenesí, después de algunos meses de convulsiones sin perspectivas, encerrado en un túnel lleno de rabia, de gritos y de humo, finalmente se ve afectado por el colapso: se difunde una gerontomaquia que mata principalmente a los octogenarios, pero bloquea, pieza por pieza, la máquina global de la excitación, del frenesí, del crecimiento, de la economía…

El capitalismo es una axiomática, es decir, funciona sobre la base de una premisa no comprobada (la necesidad del crecimiento ilimitado que hace posible la acumulación de capital). Todas las concatenaciones lógicas y económicas son coherentes con ese axioma, y ​​nada puede concebirse o intentarse por fuera de ese axioma. No existe una salida política de la axiomática del Capital, no existe un lenguaje capaz de enunciar el exterior del lenguaje, no hay ninguna posibilidad de destruir el sistema, porque todo proceso lingüístico tiene lugar dentro de esa axiomática que no permite la posibilidad de enunciados eficaces extrasistémicos. La única salida es la muerte, como aprendimos de Baudrillard.

Solo después de la muerte se podrá comenzar a vivir. Después de la muerte del sistema, los organismos extrasistémicos podrán comenzar a vivir. Siempre que sobrevivan, por supuesto, y no hay certeza al respecto.

La recesión económica que se está preparando podrá matarnos, podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de racismo y de guerra. Es bueno saberlo. No estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo.

4 de marzo

¿Esta es la vencida? No sabíamos cómo deshacernos del pulpo, no sabíamos cómo salir del cadáver del Capital; vivir en ese cadáver apestaba la existencia de todos, pero ahora el shock es el preludio de la deflación psíquica definitiva. En el cadáver del Capital estábamos obligados a la sobreestimulación, a la aceleración constante, a la competencia generalizada y a la sobreexplotación con salarios decrecientes. Ahora el virus desinfla la burbuja de la aceleración.

Hace tiempo que el capitalismo se encontraba en un estado de estancamiento irremediable. Pero seguía fustigando a los animales de carga que somos, para obligarnos a seguir corriendo, aunque el crecimiento se había convertido en un espejismo triste e imposible.

La revolución ya no era pensable, porque la subjetividad está confusa, deprimida, convulsiva, y el cerebro político no tiene ya ningún control sobre la realidad. Y he aquí entonces una revolución sin subjetividad, puramente implosiva, una revuelta de la pasividad, de la resignación. Resignémonos. De repente, esta parece una consigna ultrasubversiva. Basta con la agitación inútil que debería mejorar y en cambio solo produce un empeoramiento de la calidad de la vida. Literalmente: no hay nada más que hacer. Entonces no lo hagamos.

Es difícil que el organismo colectivo se recupere de este shock psicótico-viral y que la economía capitalista, ahora reducida a un estancamiento irremediable, retome su glorioso camino. Podemos hundirnos en el infierno de una detención tecno-militar de la que solo Amazon y el Pentágono tienen las llaves. O bien podemos olvidarnos de la deuda, el crédito, el dinero y la acumulación.

Lo que no ha podido hacer la voluntad política podría hacerlo la potencia mutágena del virus. Pero esta fuga debe prepararse imaginando lo posible, ahora que lo impredecible ha desgarrado el lienzo de lo inevitable.

5 de marzo

Se manifiestan los primeros signos de hundimiento del sistema bursátil y de la economía, los expertos en temas económicos observan que esta vez, a diferencia de 2008, las intervenciones de los bancos centrales u otros organismos financieros no serán de mucha utilidad.

Por primera vez, la crisis no proviene de factores financieros y ni siquiera de factores estrictamente económicos, del juego de la oferta y la demanda. La crisis proviene del cuerpo.

Es el cuerpo el que ha decidido bajar el ritmo. La desmovilización general del coronavirus es un síntoma del estancamiento, incluso antes de ser una causa del mismo.

Cuando hablo de cuerpo me refiero a la función biológica en su conjunto, me refiero al cuerpo físico que se enferma, aunque de una manera bastante leve –pero también y sobre todo me refiero a la mente, que por razones que no tienen nada que ver con el razonamiento, con la crítica, con la voluntad, con la decisión política, ha entrado en una fase de pasivización profunda.

Cansada de procesar señales demasiado complejas, deprimida después de la excesiva sobreexcitación, humillada por la impotencia de sus decisiones frente a la omnipotencia del autómata tecnofinanciero, la mente ha disminuido la tensión. No es que la mente haya decidido algo: es la caída repentina de la tensión que decide por todos. Psicodeflación.

6 de marzo

Naturalmente, se puede argumentar exactamente lo contrario de lo que dije: el neoliberalismo, en su matrimonio con el etnonacionalismo, debe dar un salto en el proceso de abstracción total de la vida. He aquí, entonces, el virus que obliga a todos a quedarse en casa, pero no bloquea la circulación de las mercancías. Aquí estamos en el umbral de una forma tecnototalitaria en la que los cuerpos serán para siempre repartidos, controlados, mandados a distancia.

En Internazionale se publica un artículo de Srecko Horvat (traducción de New Statesman).

Según Horvat, «el coronavirus no es una amenaza para la economía neoliberal, sino que crea el ambiente perfecto para esa ideología. Pero desde un punto de vista político el virus es un peligro, porque una crisis sanitaria podría favorecer el objetivo etnonacionalista de reforzar las fornteras y esgrimir la exclusividad racial, de interrumpir la libre circulación de personas (especialmente si provienen de países en vías de desarrollo) pero asegurando una circulación incontrolada de bienes y capitales.

«El miedo a una pandemia es más peligroso que el propio virus. Las imágenes apocalípticas de los medios de comunicación ocultan un vínculo profundo entre la extrema derecha y la economía capitalista. Como un virus que necesita una célula viva para reproducirse, el capitalismo también se adaptará a la nueva biopolítica del siglo XXI.

«El nuevo coronavirus ya ha afectado a la economía global, pero no detendrá la circulación y la acumulación de capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que contará con un mayor control y una mayor purificación de las poblaciones».

Naturalmente, la hipótesis formulada por Horvat es realista.

Pero creo que esta hipótesis más realista no sería realista, porque subestima la dimensión subjetiva del colapso y los efectos a largo plazo de la deflación psíquica sobre el estancamiento económico.

El capitalismo pudo sobrevivir al colapso financiero de 2008 porque las condiciones del colapso eran todas internas a la dimensión abstracta de la relación entre lenguaje, finanzas y economía. No podrá sobrevivir al colapso de la epidemia porque aquí entra en juego un factor extrasistémico.

7 de marzo

Me escribe Alex, mi amigo matemático: «Todos los recursos superinformáticos están comprometidos para encontrar el antídoto al corona. Esta noche soñé con la batalla final entre el biovirus y los virus simulados. En cualquier caso, el humano ya está fuera, me parece».

La red informática mundial está dando caza a la fórmula capaz de enfrentar el infovirus contra el biovirus. Es necesario decodificar, simular matemáticamente, construir técnicamente el corona-killer, para luego difundirlo.

Mientras tanto, la energía se retira del cuerpo social, y la política muestra su impotencia constitutiva. La política es cada vez más el lugar del no poder, porque la voluntad no tiene control sobre el infovirus.

El biovirus prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global.

Los pulmones son el punto más débil, al parecer. Las enfermedades respiratorias se han propagado durante años en proporción a la propagación en la atmósfera de sustancias irrespirables. Pero el colapso ocurre cuando, al encontrarse con el sistema mediático, entrelazándose con la red semiótica, el biovirus ha transferido su potencia debilitante al sistema nervioso, al cerebro colectivo, obligado a ralentizar sus ritmos.

8 de marzo

Durante la noche, el Primer Ministro Conte ha comunicado la decisión de poner en cuarentena a una cuarta parte de la población italiana. Piacenza, Parma, Reggio y Modena están en cuarentena. Bolonia no. Por el momento.

En los últimos días hablé con Fabio, hablé con Lucia, y habíamos decidido reunirnos esta noche para cenar. Lo hacemos de vez en cuando, nos vemos en algún restaurante o en casa de Fabio. Son cenas un poco tristes incluso si no nos lo decimos, porque los tres sabemos que se trata del residuo artificial de lo que antes sucedía de manera completamente natural varias veces a la semana, cuando nos reuníamos con mamá.

Ese hábito de encontrarnos a almorzar (o, más raramente, a cenar) de mamá había permanecido, a pesar de todos los eventos, los movimientos, los cambios, después de la muerte de papá: nos encontrábamos a almorzar con mamá cada vez que era posible.

Cuando mi madre se encontró incapaz de preparar el almuerzo, ese hábito terminó. Y poco a poco, la relación entre nosotros tres ha cambiado. Hasta entonces, a pesar de que teníamos sesenta años, habíamos seguido viéndonos casi todos los días de una manera natural, habíamos seguido ocupando el mismo lugar en la mesa que ocupábamos cuando teníamos diez años. Alrededor de la mesa se daban los mismos rituales. Mamá estaba sentada junto a la estufa porque esto le permitía seguir ocupándose de la cocina mientras comía. Lucía y yo hablábamos de política, más o menos como hace cincuenta años, cuando ella era maoísta y yo era obrerista.

Este hábito terminó cuando mi madre entró en su larga agonía.

Desde entonces tenemos que organizarnos para cenar. A veces vamos a un restaurante asiático ubicado colinas abajo, cerca del teleférico en el camino que lleva a Casalecchio, a veces vamos al departamento de Fabio, en el séptimo piso de un edificio popular pasando el puente largo, entre Casteldebole y Borgo Panigale. Desde la ventana se pueden ver los prados que bordean el río, y a lo lejos se ve el cerro de San Luca y a la izquierda se ve la ciudad.

Entonces, en los últimos días habíamos decidido vernos esta noche para cenar. Yo tenía que llevar el queso y el helado, Cristina, la esposa de Fabio, había preparado la lasaña.

Todo cambió esta mañana, y por primera vez –ahora me doy cuenta– el coronavirus entró en nuestra vida, ya no como un objeto de reflexión filosófica, política, médica o psicoanalítica, sino como un peligro personal.

Primero fue una llamada de Tania, la hija de Lucía que desde hace un tiempo vive en Sasso Marconi con Rita.

Tania me telefoneó para decirme: escuché que vos, mamá y Fabio quieren cenar juntos, no lo hagas. Estoy en cuarentena porque una de mis alumnas (Tania enseña yoga) es doctora en Sant’Orsola y hace unos días el hisopado le dio positivo. Tengo un poco de bronquitis, por lo que decidieron hacerme el análisis también, a la espera del informe no puedo moverme de casa. Yo le respondí haciéndome el escéptico, pero ella fue implacable y me dijo algo bastante impresionante, que todavía no había pensado.

Me dijo que la tasa de transmisibilidad de una gripe común es de cero punto veintiuno, mientras que la tasa de transmisibilidad del coronavirus es de cero punto ochenta. Para ser claros: en el caso de una gripe normal, hay que encontrarse con quinientas personas para contraer el virus, en el caso del corona basta con encontrarse con ciento veinte. Interesante.

Luego, ella, que parece estar informadísima porque fue a hacerse el hisopado y por lo tanto habló con los que están en la primera línea del frente de contagio, me dice que la edad promedio de los muertos es de ochenta y un años.

Bueno, ya lo sospechaba, pero ahora lo sé. El coronavirus mata a los viejos, y en particular mata a los viejos asmáticos (como yo).

En su última comunicación, Giuseppe Conte, quien me parece una buena persona, un presidente un poco por casualidad que nunca ha dejado de tener el aire de alguien que tiene poco que ver con la política, dijo: «pensemos en salud de nuestros abuelos». Conmovedor, dado que me encuentro en el papel incómodo del abuelo a proteger.

Habiendo abandonado el traje del escéptico, le dije a Tania que le agradecía y que seguiría sus recomendaciones. Llamé a Lucia, hablamos un poco y decidimos posponer la cena.

Me doy cuenta de que me metí en un clásico doble vínculo batesoniano. Si no llamo por teléfono para cancelar la cena, me pongo en posición de ser un huésped físico, de poder ser portador de un virus que podría matar a mi hermano. Si, por otro lado, llamo, como estoy haciendo, para cancelar la cena, me pongo en la posición de ser un huésped psíquico, es decir, de propagar el virus del miedo, el virus del aislamiento.

¿Y si esta historia dura mucho tiempo?

9 de marzo

El problema más grave es el de la sobrecarga a la que está sometido el sistema de salud: las unidades de terapia intensiva están al borde del colapso. Existe el peligro de no poder curar a todos los que necesitan una intervención urgente, se habla de la posibilidad de elegir entre pacientes que pueden ser curados y pacientes que no pueden ser curados.

En los últimos diez años, se recortaron 37 mil millones del sistema de salud pública, redujeron las unidades de cuidados intensivos y el número de médicos generales disminuyó drásticamente.

Según el sitio quotidianosanità.it, «en 2007 el Servicio Sanitario Nacional público podía contar con 334 Departamentos de emergencia-urgencia (Dea) y 530 de primeros auxilios. Pues bien, diez años después la dieta ha sido drástica: 49 Dea fueron cerrados (-14%) y 116 primeros auxilios ya no existen (-22%). Pero el recorte más evidente está en las ambulancias, tanto las del Tipo A (emergencia) como las del Tipo B (transporte sanitario). En 2017 tenemos que las Tipo A fueron reducidas un 4% en comparación con diez años antes, mientras que las de Tipo B fueron reducidas a la mitad (-52%). También es para tener en cuenta cómo han disminuido drásticamente las ambulancias con médico a bordo: en 2007, el médico estaba presente en el 22% de los vehículos, mientras que en 2017 solo en el 14,7%. Las unidades móviles de reanimación también se redujeron en un 37% (eran 329 en 2007, son 205 en 2017). El ajuste también ha afectado a los hogares de ancianos privados que, en cualquier caso, tienen muchas menos estructuras y ambulancias que los hospitales públicos.

«A partir de los datos se puede ver cómo ha habido una contracción progresiva de las camas a escala nacional, mucho más evidente y relevante en el número de camas públicas en comparación con la proporción de camas administradas de forma privada: el recorte de 32.717 camas totales en siete años remite principalmente al servicio público, con 28.832 camas menos que en 2010 (-16,2%), en comparación con 4.335 camas menos que el servicio privado (-6,3%)».

10 de marzo

«Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín».

Esto está escrito en las docenas de cajas que contienen barbijos que llegan de China. Estos mismos barbijos que Europa nos ha rechazado.

11 de marzo

No fui a via Mascarella, como generalmente hago el 11 de marzo de cada año. Nos reencontramos frente a la lápida que conmemora la muerte de Francesco Lorusso, alguien pronuncia un breve discurso, se deposita una corona de flores o bien una bandera de Lotta Continua que alguien ha guardado en el sótano, y nos abrazamos, nos besamos abrazándonos fuerte.

Esta vez no tenía ganas de ir, porque no me gustaría decirle a ninguno de mis viejos compañeros que no podemos abrazarnos.

Llegan de Wuhan fotos de personas celebrando, todas rigurosamente con el barbijo verde. El último paciente con coronavirus fue dado de alta de los hospitales construidos rápidamente para contener la afluencia.

En el hospital de Huoshenshan, la primera parada de su visita, Xi elogió a médicos y enfermeras llamándolos «los ángeles más bellos» y «los mensajeros de la luz y la esperanza». Los trabajadores de salud de primera línea han asumido las misiones más arduas, dijo Xi, llamándolos «las personas más admirables de la nueva era, que merecen los mayores elogios».

Hemos entrado oficialmente en la era biopolítica, en la que los presidentes no pueden hacer nada, y solo los médicos pueden hacer algo, aunque no todo.

12 de marzo

Italia. Todo el país entra en cuarentena. El virus corre más rápido que las medidas de contención.

Billi y yo nos ponemos el barbijo, tomamos la bicicleta y vamos de compras. Solo las farmacias y los mercados de alimentos pueden permanecer abiertos. Y también los quioscos, compramos los diarios. Y las tabaquerías. Compro papel de seda, pero el hachís escasea en su caja de madera. Pronto estaré sin droga, y en Piazza Verdi ya no está ninguno de los muchachos africanos que venden a los estudiantes.

Trump usó la expresión «foreign virus» [virus extrajero].

All viruses are foreign by definition, but the President has not read William Burroughs [Todos los virus son extranjeros por definición, pero el presidente no ha leído a William Burroughs].

13 de marzo

En Facebook hay un tipo ingenioso que posteó en mi perfil la frase: «hola Bifo, abolieron el trabajo».

En realidad, el trabajo es abolido solo para unos pocos. Los obreros de las industrias están en pie de guerra porque tienen que ir a la fábrica como siempre, sin máscaras u otras protecciones, a medio metro de distancia uno del otro.

El colapso, luego las largas vacaciones. Nadie puede decir cómo saldremos de esta.

Podríamos salir, como alguno predice, bajo las condiciones de un estado tecno-totalitario perfecto. En el libro Black Earth, Timothy Snyder explica que no hay mejor condición para la formación de regímenes totalitarios que las situaciones de emergencia extrema, donde la supervivencia de todos está en juego.

El SIDA creó la condición para un adelgazamiento del contacto físico y para el lanzamiento de plataformas de comunicación sin contacto: Internet fue preparada por la mutación psíquica denominada SIDA.

Ahora podríamos muy bien pasar a una condición de aislamiento permanente de los individuos, y la nueva generación podría internalizar el terror del cuerpo de los otros.

¿Pero qué es el terror?

El terror es una condición en la cual lo imaginario domina completamente la imaginación. Lo imaginario es la energía fósil de la mente colectiva, las imágenes que en ella la experiencia ha depositado, la limitación de lo imaginable. La imaginación es la energía renovable y desprejuiciada. No utopía, sino recombinación de los posibles.

Existe una divergencia en el tiempo que viene: podríamos salir de esta situación imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma del crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, en educación, en salud.

No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, por los recortes a la salud pública, por la hiperexplotación nerviosa. Podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos.

Pero, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto, igualdad.

El virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir. La igualdad ha vuelto al centro de la escena. Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que vendrá.

Mundo Nuestro. Àngel Ferrero es miembro del comité de redacción de la revista digital española Sin Permiso.

Tras unas semanas en las que abundaron las críticas a China por su gestión de la crisis, varios países del mundo occidental han entrado en pánico por la gestión de la crisis provocada por el coronavirus.

En un momento en el que los esfuerzos de los estados están concentrados en la contención de la pandemia mundial de coronavirus (covid19), puede parecer una frivolidad preguntarse por sus repercusiones políticas. Sin embargo, a nadie se le escapa que antes o después llegarán. Por lo pronto, el impacto económico ya se está dejando notar: los principales índices bursátiles han registrado caídas —el jueves Wall Street cerró después de que el Dow Jones se dejase 1.700 puntos en la apertura— y sectores enteros de la economía y las cadenas de suministro se han visto golpeados.

El director de Foreign Policy In Focus, John Feffer, recogía en un artículo reciente algunos datos que no está de más reproducir aquí: se ha calculado que el tráfico mundial de contenedores de transporte se reducirá un 9,5% este mes de marzo, y del sector industrial al turístico —reservas hoteleras, restauración, aerolíneas y cruceros— e incluso el entretenimiento —cancelación de conciertos, exposiciones en museos, funciones de teatro y estrenos cinematográficos— las consecuencias ya se dejan notar.



China ha ajustado su previsión de crecimiento, que ha rebajado a un 5% del PIB del 6% previsto, y se espera una caída similar para Italia, cuyo gobierno ha anunciado ya una inversión adicional de 25.000 millones de euros. Según fuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), Italia podría necesitar un rescate de 500 a 700 mil millones de dólares. El pasado martes la Unión Europea adelantó que activará un fondo de 25.000 millones de euros para hacer frente a la crisis, un día antes de que el Banco Central Europeo (BCE) alertase de la posibilidad de una crisis como la de 2008 si no se toman medidas cuanto antes.

Bloomberg presentaba hasta cuatro escenarios, en el peor de los cuales la economía global perdería 2,7 billones de dólares y algunas de las principales economías industriales verían caer su PIB hasta un 3%. Según sus autores, “las históricos bajos niveles de las tasas de interés y los elevados niveles de deuda” limitan el margen de maniobra de los estados europeos, haciendo que la “caja de herramientas sea poco adecuada para la tarea” de enfrentarse al daño económico que causará la pandemia.

“Si algo con una tasa de mortandad relativamente baja como el coronavirus, de entre un 1 y un 4%, en comparación con el 50% del ébola, puede ocasionar semejante daño a la economía global, quizá es que el paciente estaba sufriendo ya de algún tipo de dolencia previa”, observa Feffer. “Puede parecer ridículo esperar que un patógeno, incluso uno que se propaga al ritmo de una pandemia, pueda revertir una trayectoria que lleva desarrollándose un siglo, pero el estallido de coronavirus coincide con los ataques a la globalización económica desde diferentes sectores”, añade el director de Foireng Policy in Focus, quien cita el ejemplo de los ecologistas que cuestionan desde hace décadas la política de crecimiento y la mundialización.

En este sentido, el covid19, “como la pandemia de gripe de 1918, puede contribuir a una mayor fragmentación” o puede “servir como recordatorio de cómo la salud de la humanidad ha dependido de allende de las fronteras durante milenios” —las pandemias, recuerda el autor, siempre han estado relacionadas con los desplazamientos comerciales y militares— conduciendo a replantarse “cómo funciona el mundo”.

Quizá no se equivocaba del todo el editor del Global Times, Hu Xijin, al afirmar que “nos encontramos ante la primera fase de un enorme cambio”, ni tampoco exageraba el sociólogo Jósczef Böröcz al decir que “la humanidad se encuentra a prueba […] ¿Cómo reaccionan las culturas, clases e individuos a un desafío colectivo de esta importancia? ¿Qué culturas, clases e individuos son capaces de ajustarse a las respuestas colectivas adecuadas? ¿Qué produce reacciones sociales absolutamente antisociales? ¿Quién se dedica a pseudoactividades irrelevantes? Y la mayor pregunta de todas: ¿Qué culturas, clases e individuos serán capaces de sobrevivir o cuáles se irán por el desagüe?”



Primero Schadenfreude, luego pánico

Como se ha señalado ya en varios lugares, y el propio Feffer recoge, la primera reacción de muchos comentaristas occidentales al brote de covid-19 en Wuhan fue de Schadenfreude, un término alemán de uso frecuente en los medios con el que se describe el sentimiento de alegría por la desgracia ajena. ¿Cuántos medios no hablaron de un ‘Chernóbil chino’? Se lo preguntó The Guardian, lo afirmó la revista Newsweek y, como por desgracia acostumbra a suceder, en España se repitió acríticamente en diarios como el ABC y en todos los telediarios de importancia. Foreign Policy llegó a acusar a China de haber “puesto en riesgo al mundo” con su “incompetencia”.

Muy diferente era el juicio de las autoridades sanitarias competentes: después de visitar el país, el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para brotes epidémicos y emergencias sanitarias, Bruce Aylward, elogió en una rueda de prensa a finales de febrero la respuesta china y señaló que el resto de países no están preparados, “pero pueden estar listos rápidamente si hay un cambio de mentalidad sobre cómo vamos a manejar la enfermedad”.



En una entrevista con el medio estadounidense Vox publicada a comienzos de este mes, Aylward desarrollaba sus conclusiones. “La cuestión es la velocidad, todo se reduce a la velocidad: cuanto más rápido se puedan encontrar los casos, aislarlos y rastrear sus contactos, más éxito se tendrá”, exponía. Lo que demuestra la respuesta de China en 30 provincias, continuaba, “es que si uno se lo propone, se arremanga y comienza el trabajo sistemático de encontrar los casos y rastrear los contactos, se puede modificar la forma del estallido, reducir la presión y prevenir que mucha gente enferme y que los más vulnerables mueran”.

No se trata solamente de medidas comunes como el aislamiento de casos y la suspensión de reuniones públicas, sino de construir instalaciones hospitalarias especializadas, acelerar las pruebas —los resultados se conocen en un espacio de cuatro a siete horas— y garantizar su gratuidad, agilizar las recetas de medicamentos y crear una red para su distribución a las poblaciones afectadas, así como adquirir aparatos de respiración asistida, oxígeno, material de laboratorio. E incluso a pesar de ese esfuerzo hercúleo “hubo problemas con los suministros en algún punto”. ¿Y qué hay del aislamiento de ciudades enteras o del seguimiento de ciudadanos a través de sus teléfonos móviles? “Los aislamientos a los que se refiere, las preocupaciones por los derechos humanos, reflejan la situación en lugares como Wuhan, [los aislamientos] se concentraron en Wuhan y otras dos o tres ciudades que explotaron [con casos de COVID-19], estos lugares se descontrolaron al comienzo [de la epidemia] y China tomó la decisión de proteger a China y al resto del mundo.”

Ahora que el covid19 se extiende por Europa y Estados Unidos, la comparación en la gestión de la pandemia ha dejado en evidencia la “dolencia previa” de la que hablaba Feffer. En EEUU, hogar de 28 millones de personas sin seguro médico, las enfermeras se han quejado por la falta de equipos y también lo ha hecho el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) por la escasez de material de laboratorio para las pruebas de detección después de haber sufrido retrasos y errores.

En Nueva York el cierre de escuelas se ha considerado como “la última opción”, ya que significaría dejar a 114.000 estudiantes sin hogar sin la posibilidad de recibir atención médica o comida. En Counterpunch resumía bien la situación JP Sottile al escribir que estos últimos cuatro años la Casa Blanca “ha estado privando de oxígeno a las agencias federales, reduciendo sus recursos y su personal”, avanzando en el programa neoliberal de tres décadas que convierte así a Donald Trump en “el omega al alfa de Ronald Reagan”. “Cualquier ‘incompetencia’ relacionada con el coronavirus que veáis en las noticias es una característica intrínseca de todo ello, no un error”, denunciaba Sottile.

Cabe recordar que todo esto sucede mientras China clausuraba recientemente 16 hospitales de emergencia en Wuhan, enviaba 250.000 mascarillas y cuatro expertos en el control de la epidemia a Irán —donde las sanciones estadounidenses agravan la crisis— y un millar de ventiladores pulmonares, dos millones de mascarillas ordinarias y 100.000 mascarillas de alta tecnología a Italia.

En un artículo en Politico, el representante permanente de Italia ante la UE, Maurizio Massari, volvía a reclamar a Bruselas que relajase el acceso al crédito y difícilmente podía ocultar su indignación ante la respuesta de sus socios europeos: “Italia ya ha pedido que se active el Mecanismo de Protección de la Unión Europea para el suministro de equipos médicos para protección individual, pero por desgracia ni un solo país europeo ha respondido a la llamada de la Comisión, únicamente China ha respondido bilateralmente”. “Ciertamente, esto no es un buen signo de solidaridad europea”, apostillaba Massari.

El jueves la embajada china en Madrid informaba de la llegada de un cargamento de 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos. Alemania ya ha prohibido la exportación de material médico, provocando la indignación de Suiza y Austria. Berna ha llamado al embajador alemán a consultas en protesta por el bloqueo de un cargamento de 240.000 mascarillas médicas en la frontera, mientras que la ministra de Economía austríaca, Margarete Schramböck, ha exigido a Berlín que deje de retener los suministros.

“No puede ser que Alemania esté reteniendo productos destinados a Austria por el simple hecho de encontrarse almacenados en un Alemania”, declaró Schramböck, “estos productos son para el mercado austríaco, y los movimientos unilaterales de Alemania lo único que hacen es causar problemas a otros países”. Tan poco para tantos valores europeos.

China ha donado más de un millón de máscaras y otro material médico a Corea del Sur, 5.000 trajes protectores y 100.000 máscaras a Japón y 12.000 kits de detección a Pakistán, pero a pesar de todo ello algunos medios occidentales parecen concentrarse en atacar al país que más ayuda.

En España es digna de mención la rápida progresión del economista Juan Ramón Rallo quien, desde su columna en El Confidencial —programáticamente titulada Laissez faire— ha pasado de calificar de “extralimitación liberticida” la decisión de Francia de requisar los stocks de mascarillas para evitar el acaparamiento y la especulación a explicar a sus lectores por qué las medidas adoptadas por China para contener el Covid-19 son un ejemplo a seguir.

Aunque este cambio ha dado pie a numerosas bromas, pocos lectores parecen haber reparado en el último parágrafo de su artículo: “Pero, a la vez, los casos de Hong Kong y Singapur también nos recuerdan que, con restricciones muchísimo menores a las de China pero con un seguimiento exhaustivo de los contagiados y de sus contactos y una extrema responsabilidad individual hacia los demás (tomarse en serio la higiene y minimizar las salidas innecesarias de casa), también es posible frenar el ritmo de contagio. No hace falta hacer como China para obtener resultados chinos: pero sí es imprescindible actuar con profesionalidad y diligencia. Si no lo hacemos, confundiremos la inoperancia, pasividad y negligencia de un partido político específico con la inoperancia de un régimen amplio de libertades. Y la epidemia vírica será seguida por una epidemia autoritaria.”

Beijing vs. Singapur

Después del crack del 29 millones de personas en el mundo quedaron fascinadas por la capacidad de resistencia a la crisis —supuesta o relativa, dependiendo del observador— de dos países de políticas diametralmente opuestas: Italia, donde se aceleró el corporativismo con la nacionalización de bancos y la creación de empresas mixtas y estatales, y la URSS, donde el sistema de economía planificada protegía relativamente al país de los shocks de la Gran Depresión.

Con la crisis del Covid-19 podría ocurrir algo parecido, salvando por descontado todas las distancias. La derecha ya parece haber tomado como ejemplo Singapur, como atestiguan algunos artículos publicados hasta la fecha. Pocas sorpresas: la combinación de una economía de libre mercado, por una parte, y de un longevo gobierno autoritario del Partido de Acción Popular (PAP) que se encarga de vigilar su cumplimiento, por la otra, convierte a la ciudad-estado en un modelo atractivo para la derecha.

Singapur, con todo, no llega a los seis millones de habitantes. China, en cambio, tiene más de 1.400 millones, lo que la convierte en el país con más población del mundo. A diferencia de Singapur, su sistema político es una evolución del que existía en los estados del “socialismo realmente existente” antes de su desintegración, y mantiene, a pesar de la liberalización de buena parte de su economía, elementos socialistas. Los muchos comentarios que ha provocado la respuesta china a la crisis del coronavirus estos días traen a la memoria ¿Comunismo sin crecimiento? (1975) de Wolfgang Harich.

Este libro —una larga conversación entre el filósofo alemán y Freimut Duve, un socialdemócrata germano-occidental— abordaba el replanteamiento del marxismo a la luz de la crisis ecológica desde una óptica pesimista, partiendo de la tesis que aquélla establecía límites a la abundancia material con la que el marxismo tradicionalmente había vinculado la libertad comunista y la consiguiente extinción (o abolición) del Estado. En palabras de Harich, “mi creencia en la superioridad de modelo soviético de socialismo se ha hecho inquebrantable desde que he aprendido a no considerarlo ya desde el punto de vista de la —por otra parte absoluta— competencia económica entre el Este y el Oeste, sino a juzgarlo, ante todo, según las posibilidades que ofrece su estructura para sobreponerse a la crisis ecológica, para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta, para la salvación de la humanidad”. Según Harich, únicamente un sistema comunista, con su centralización administrativa y economía planificada, permitiría combinar medidas de emergencia como la limitación del consumo y de la población o el racionamiento de productos de acuerdo a un principio de igualdad.

El libro de Harich fue ampliamente debatido en su momento en España, donde Manuel Sacristán le achacó tres defectos: “En primer lugar, es inverosímil si se tiene en cuenta la experiencia histórica, incluida la más reciente, que es la ofrecida por la aristocracia de los países del llamado ‘socialismo real’; en segundo lugar, el despotismo pertenece a la misma cultura del exceso que se trata de superar; en tercer lugar, es poco probable que un movimiento comunista luche por semejante objetivo. La conciencia comunista pensará más que bien que para ese viaje no se necesitaban las alforjas de la lucha revolucionaria. A la objeción (repetidamente insinuada por Harich) de que el instinto de conservación se tiene que imponer a la repugnancia al autoritarismo, se puede oponer al menos la duda acerca de lo que puede hacer una humanidad ya sin entusiasmos, defraudada en su aspiración milenaria de justicia, libertad y comunidad.”

A la luz de la crisis del Covid-19, los argumentos de Wolfgang Harich merecen reflexión. En una entrevista concedida en 1979 al semanario Der Spiegel, Harich defendía “que hay parámetros de alcance global que sólo pueden resolverse con un poder centralizado”, y añadía que “éste, en mi opinión, debe contar con plenos poderes dictatoriales” (aquí conviene matizar que Harich hablaba de una dictadura fideicomisaria y no de un despotismo soberano). “No soy un sádico, no me gustan las dictaduras duras, no me despiertan ninguna simpatía”, aseguraba, “sólo anticipo que si todo sigue como hasta ahora, entonces revertir las consecuencias sólo será posible con una tiranía terrible, temible”.

La pandemia de coronavirus ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la eficacia de un sistema centralizado como el chino para frente hacer los graves problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI. Las llamadas que han hecho algunos desde las redes sociales y desde la nueva izquierda a la política de curas durante la pandemia son loables, pero quedan empequeñecidas ante la magnitud del problema. La autoorganización o los movimientos sociales, por encomiables que sean, pueden servir para crear una red barrial de distribución de alimentos o tareas —que no es poco, en los tiempos que corren—, pero no para la organización y traslado de personal médico, y menos aún para fabricar aparatos de respiración, material de laboratorio o mascarillas en una crisis como ésta: de eso se encarga el Estado. El tiempo corre, y a medida que avanza la única alternativa, advertía Harich en la entrevista, “será entonces la autodestrucción en libertad, democracia y economía de mercado o un golpe de timón con medidas muy duras”. Entonces “quizá vendría, como teme el socialdemócrata Richard Löwenthal, un nuevo cesarismo con una nueva guardia pretoriana, que destruye todo lo que se cruza a su paso”. “El riesgo”, terminaba un sombrío Harich, “está ahí”. Si el dilema económico en los veinte se planteó, por tomar una conocida expresión de Thomas Mann, como una elección entre “Roma o Moscú”, el de este siglo XXI podría acabar siendo —si no se encuentra una solución socialista democrática a tiempo— entre Beijing o Singapur. El tiempo corre.

Fuente:

https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/angel-ferrero-dimension-politica-covid19

Revista Sin Permiso. Matthew Hoh es miembro de la junta asesora de Expose Facts, Veterans For Peace and World Beyond War. En 2009 dimitió de su puesto en el Departamento de Estado en Afganistán en protesta por el recrudecimiento del conflicto afgano por parte de la administración Obama. Previamente estuvo en Irak con un equipo del Departamento de Estado y con el cuerpo de Marines. Es miembro veterano del Center for International Policy.

Matthew Hoh

Si es verdad que los Estados Unidos han asesinado ayer en Irak al general Qasam Soleimani, comandante de las fuerzas iraníes de Al Quds, algo todavía por confirmar por parte de los iraníes en el momento de escribir esto, entonces no hay hipérbole o exageración lo bastante grande para condensar lo que puede sucederle a millones de familias. El equivalente de matar al general Soleimani sería que los iraníes asesinaran al general Richard Clarke, general de cuatro estrellas de los Estados Unidos a cargo de todas las operaciones especiales norteamericanas, pero sólo si Clarke tuviera la nombradía de Colin Powell y la competencia de Dwight Eisenhower. Aquellos iraníes, en el gobierno y en la sociedad civil, que quieren moderación, reducción de la tensión y diálogo encontrarán difícil argumentar en contra de represalias. Después de los veinte años que Irán lleva soportando un insulto tras otro, una provocación tras otra, un ataque tras otro, encuentro difícil creer que haya muchas Barbara Lee [veterana congresista afroamericana por California y figura destacada del movimiento antibelicista] en la Asamblea Consultiva Islámica.



Un joven mejor y más brillante que quienes le enviaron a Irak para formar parte de mi mando, preguntaba ayer tarde:

“Asumamos pues que Soleimani sea responsable de la incursión en la embajada del día 27. ¿Cuál sería la respuesta adecuada? Creo que habría grandes razones para hablar con los iraníes y empezar desde una perspectiva de 0-0”.

Esto es lo que nos prometen en cada ciclo electoral los dos partidos de la guerra: un liderazgo reflexivo, sabio y juicioso, que sepa reconocer el abismo y no irse de cabeza a él.

Imaginemos que el presidente Trump se dirigiera al Congreso y al pueblo norteamericano diciendo: “Entiendo el peligro en que nos encontramos, respeto los agravios de Irán y les pido que respeten los nuestros, voy a Teherán a reunirme con el presidente Rhouhani. He visto lo que provocaron Bush y Obama, y yo actuaré de modo distinto”. Y qué tal si les dijera a todo miembro del Congreso o de los medio que le criticara que se levantara y ofreciera lo que habían sacrificado en los últimos veinte años? ¿No lograría esa clase de liderazgo que le reeligieran? ¿Habría un cómputo de los cuerpos, mentes y almas salvadas? Sí, una fantasía mía de altas horas de la noche, impulsada por la eterna esperanza de los fantasmas que no perdonan, demasiados, de estas guerras, pero esperanza parece ser todo lo que ahora mismo tenemos.

Hace dos mil años se habría sacrificado en Roma un toro en el Templo de Marte para aplacar y apelar al Dios de la Guerra. Este fin de semana en el D.C. [Distrito de Columbia], así como con toda seguridad en Tel Aviv, y muy posiblemente en Londres, se abrirán los vinos y licores más exquisitos, sin cuidado aparente de que el sacrificio requerido no se mida en un solo animal sino en millones de humanos muertos y destruidos.



En Roma rendían culto a Plutón como Dios del Inframundo y de la Muerte. Convenientemente, Plutón era también Dios del Dinero y la Riqueza. En estos tiempos parece que ni Marte ni Plutón parecen saciarse con las formas corporales y espirituales de los muertos. Si sacamos a Lincoln y a Jefferson del DC [Distrito de Columbia] y elevamos a su lugar a Marte y Plutón, dudo que se satisfagan los apetitos de Marte y Plutón, pero al menos estaríamos honrando a quienes servimos.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/01/03/the-killing-of-general-soleimani...

Traducción: Lucas Antón