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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Día con día

Joaquín Villalobos, colaborador de El País, consultor en procesos internacionales de paz, ex guerrillero salvadoreño, ha escrito un texto extraordinario a propósito de la crisis histórica que sacude a los países del Triángulo Norte de Centroamérica: El Salvador, Honduras y Guatemala.



Es una crisis múltiple. Cada una de sus dimensiones sería suficiente para poner en peligro la estabilidad de un país o de una región. Todas juntas, convergentes en el espacio y en el tiempo, explican el éxodo que fluye de aquellos países hacia el norte, a través de México, buscando una puerta de salida en Estados Unidos.

Las cuatro fuentes del nocturno centroamericano, según Villalobos, son “la explosión demográfica, los Estados débiles que han perdido autoridad en territorios donde viven millones de pobres, el bloqueo a la microeconomía por la delincuencia y las crisis de gobernabilidad sistemáticas”: Los muros del Triángulo Norte (https://www.nexos.com.mx/?p=43589).



Ilustración de Patricio Betteo, revista Nexos.



En revista Nexos:

Los muros del Triángulo Norte, de Joaquín Villalobos, Revista Nexos, 1 de agosto 2019.

El factor demográfico es uno de los factores más sorprendentes. Resulta de un largo relajamiento en la planeación familiar de la región. El ascenso combinado de la democracia y, dentro de esta, de movimientos religiosos contrarios a políticas preventivas de educación sexual, embarazos adolescentes no buscados y contención demográfica, dio lugar en los últimos años a un aumento demográfico que ni el sistema educativo ni el económico pueden absorber.

La tasa de natalidad en el Triángulo Norte es de las más altas del continente. Guatemala tiene la mayor de Latinoamérica con 26.6 por cada mil habitantes. El Salvador 19.1, Honduras 23.4.

En Guatemala nacen 416 mil niños cada año. El Salvador es el país más densamente poblado de Latinoamérica, con 313 habitantes por km2.

En los últimos 40 años, la población de la región creció de 18 a 40 millones. Los pobres del campo migraron a las ciudades y crearon los bolsones de pobreza urbana y semiurbana donde reina el crimen.

El rechazo a la “educación sexual de los jóvenes y la inexistencia de campañas de distribución de métodos anticonceptivos”, dice Villalobos, hizo crecer y estallar “la bomba centroamericana”.

Esa es la “onda expansiva que está matando gente en los barrios pobres del Triángulo Sur o lanzándolos a morir ahogados en la frontera norte de México”.

Nocturno de las remesas centroamericanas

Una de las tragedias paradójicas de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, El Salvador, Honduras y Guatemala, es que la abundancia de las remesas que reciben del exterior no se refleja en una mejoría de los niveles de vida, en inversiones productivas que generen empleos ni, por tanto, en una reducción de la pobreza y de la migración.

Los generosos flujos de dólares alientan un ciclo de importaciones y consumo de baja calidad, circuitos financieros de captura de comisiones y redes criminales de extorsión a las familias que reciben dólares de sus familiares en Estados Unidos.

En las últimas tres décadas, los países del Triángulo Norte han recibido la descomunal cantidad de 180 mil millones de dólares en remesas. El Salvador, 60 mil millones; Honduras, a partir de 2007, 40 mil millones y Guatemala, en ese mismo periodo, 60 mil millones. Sólo en 2018, los tres países recibieron casi 20 mil millones en remesas.

Lo dólares llegan fundamentalmente a familias pobres, pero no es el bienestar de esas familias lo que ha crecido con ese flujo de dinero, sino los homicidios, la violencia y la emigración, ahora ya no sólo por urgencias económicas sino por miedo a perder la vida o tenerla en manos de criminales extorsionadores.

“Es paradójico”, escribe Joaquín Villalobos en su ensayo citado ayer aquí, “pero en la realidad a más dinero ha correspondido más desastre social”. Y con un efecto doblemente perverso: los circuitos financieros que capturan el porcentaje mayor de las divisas ha permitido la formación de grupos económicos que no invierten en sus países sino en el exterior (“Los muros del Triángulo Norte”, https://www.nexos.com.mx/?p=43589).

En estas condiciones, la idea de una especie de “Plan Marshall” para desatar el crecimiento de la zona se antoja ilusoria o trivial.

Daría más en el clavo de las necesidades estratégicas de esos países una colaboración internacional en el fortalecimiento de las capacidades de sus respectivos gobiernos para recuperar el control territorial que por lo pronto tienen perdido a manos de feroces y ubicuas bandas criminales.

El binomio centroamericano de migración y crimen.

Nocturno de la migración y el crimen

El rasgo más visible de la debilidad de los gobiernos del Triángulo Norte centroamericano, El Salvador, Guatemala y Honduras, es el aumento de la violencia y la impunidad del crimen.

Lo característico de ambos fenómenos en esos países es que hacen dramáticamente difícil la vida diaria y casi imposible el desarrollo de los pequeños y los medianos negocios que dan vida y opciones a la economía popular.

La dificultad de la vida diaria es uno de los grandes motores de la migración en el Triángulo Norte. Según una encuesta de la Universidad Centroamericana, 63.8 por ciento de los salvadoreños quisiera dejar su país. Una encuesta equivalente de la Red Jesuita en Honduras arrojó la cifra de 42% de hondureños deseosos de migrar.

El efecto que el crimen tiene sobre la vida y la economía de las personas apenas puede exagerarse: destruye, roba o extorsiona todo lo que está fuera del circuito de grandes negocios, cuyas empresas cuentan con sus propias redes de seguridad privada y cuyos dueños viven amurallados en fraccionamientos de lujo, separados de la inseguridad de sus ciudades.

Lo demás es tierra de nadie donde medra una delincuencia particularmente onerosa para la microeconomía.

Escribe Joaquín Villalobos en el sobrecogedor ensayo que he venido glosando en este espacio:“Sólo en los años 2016 y 2017 en Tegucigalpa, Honduras, se cerraron mil 500 pequeñas tiendas que representan el 30% de estos negocios en la capital. Las pequeñas empresas en Honduras generan entre 60% y 70% del empleo y se estima que pagan 200 millones de dólares anuales en extorsiones. En El Salvador, 72% de las pequeñas empresas es víctima de extorsiones y éstas reportan pérdidas diarias de 20 millones de dólares; centenares de trabajadores del sector transporte público han sido asesinados, además de ser un sector que ha venido sufriendo de la extorsión por más de 15 años. En Guatemala las extorsiones han aumentado en un 72% en los últimos cuatro años y las pequeñas empresas representan 85% del empleo” (Los muros del Triángulo Norte”, https://www.nexos.com.mx/?p=43589).

Vistas las condiciones del Triángulo Norte, solo podemos concluir que la migración centroamericana estará con nosotros mucho tiempo.

En realidad, ya es parte de nosotros.

La aporofobia

La filósofa española Adela Cortina logró en 2017, después de más de 20 años, que la Real Academia Española de la Lengua (RAE) incluyera la palabra aporofobia en el diccionario.

Se forma a partir de la voz griega áporos, “sin recursos” o “pobre” y fobos, “miedo” y significa “fobia a las personas pobres o desfavorecidas”.

Hace 25 años Cortina empezó a utilizar esta palabra, que ella crea, a partir de su reflexión sobre el fenómeno de la migración y ver que en todo el mundo se acepta y da la bienvenida a los migrantes ricos o ilustrados, pero no a los pobres.

En su versión, el rechazo a los migrantes no se origina principalmente en la xenofobia, como se suele pensar, sino en la condición de pobreza del que migra.

Cortina, catedrática de Ética en la Universidad de Valencia, desarrolla el concepto de manera detallada y precisa en el libro Aporofobia, el rechazo al pobre (Paidos, 2018). Ahí plantea que en los seres humanos hay una predisposición a esta actitud.

La filósofa está convencida que la tendencia a la aporofobia es universal y que por eso mismo esta expresión, que surge desde el español, debería adoptarse por otros idiomas.

Cortina, doctora Honoris causa del sistema Ibero-ITESO, sostiene que los extranjeros con recursos, económicos o intelectuales, no producen rechazo sino lo contrario porque se espera de ellos aporten a la comunidad y por eso son bien recibidos.

Los migrantes pobres, en cambio, inspiran desprecio porque en el imaginario del que los rechaza éstos no aportan y ofrecen nada bueno. Piensan que lo único que hacen es pedir.

La manera de superar este conflicto dice Cortina, está en la educación, el fomento de una hospitalidad cosmopolita, la eliminación de las desigualdades económicas y la promoción de una democracia que tome en serio la igualdad social.

En el México de hoy la aporofobia es más que evidente. Se da la bienvenida y aplaude a los 40 millones de turistas extranjeros que en 2018 visitaron el país, pero se rechaza a los migrantes centroamericanos porque son pobres.

Los intelectuales del exilio español y de los políticos chilenos, argentinos y uruguayos fueron, en su momento, bien recibidos, pero ahora más del 70% de los mexicanos está en contra de los migrantes pobres de Guatemala, El Salvador y Honduras.

El fenómeno de la migración centroamericana va a seguir por años y urge que en la escuela se enseñe a respetar a los migrantes pobres. Urge que las iglesias en su predicación enseñen la solidaridad con estos migrantes.

Urge, sobre todo, que el actual gobierno cambie su política antimigrante impuesta por Estados Unidos. Nunca en nuestra historia el gobierno de México había sido tan aporofóbico.

Twitter: @RubenAguilar
Mundo Nuestro. Con este texto de Octavio Spindola Zago, publicado originalmente en Info Quorum, valoramos lo ocurrido en días recientes en la isla del Caribe, Puerto Rico, aquella a la que le cantara con ánimo patrio Agustín Lara. Y por esta vía, a Octavio, joven historiador que nos ayuda a reflexionar sobre procesos históricos que un buen día se resuelven así, con la rebelión popular contra el despotismo y la corrupción.
"Las conmemoraciones están atravesadas por estructuras repetitivas. Las revoluciones se anclan en proyecciones de la potencia."
La pregunta por la nación –que podríamos caracterizar como un escenario simbólico puesto en acto por montajes culturales y libretos políticos-, aparejada a la interrogante sobre su implicación adyacente, el nacionalismo –una suerte de articulación espiritual de una comunidad imaginaria con tradiciones artificiosas-, es tanto espinosa cuando se visita para interpelar, a la vez que exquisita cuando se está buscando legitimación. Quizá, podríamos convenir que la máxima agustiniana vertida en Confesiones tiene una afanosa validez a este respecto: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”.
Los acontecimientos, por antonomasia, en que se detiene la cadencia de las rutinas que llenan lo cotidiano, anulando lo mundano, y reflexionar acerca de esta ecuación son las convulsiones revolucionarias orientadas a expectativas promisorias, así como las festividades conmemorativas de onomásticos cívicos. El retorno al pasado para justificar el presente y señalar el futuro deseado, no es un simple ejercicio de ocio intelectual. Comporta la arena de disputa por el medio de sentido en que habitamos, por la unidad de actualidad y posibilidad fundamentales a la decisión. Las conmemoraciones están atravesadas por estructuras repetitivas. Las revoluciones se anclan en proyecciones de la potencia.
"La lengua es una máquina de guerra que enmascara empresas ideológicas."
En ambos momentos, característicos de la modernidad, aparecen evidencias que dan razón a la perspicaz insinuación de Max Weber de que el origen de las naciones se recrea en el lenguaje, a través de sermones, discursos, arengas, manifiestos, proclamas, epístolas.
El lenguaje es uno de los referentes claves para integrar una comunidad. El historiador Reinhart Koselleck ha afirmado instructivamente que desde el Tratado de Versalles hasta la actualidad, la lengua es una máquina de guerra que enmascara empresas ideológicas. Los grupos políticos recurrieron a ésta para resarcir las brechas dramáticas entre comunidades y clases sociales con poca tradición política compartida, como el caso de los alemanes o los franceses, quienes “no permitieron el desarrollo de minorías lingüísticas en su territorio”, para integrarlos a la identidad colectiva hegemónica.
Enclavado en el corazón del mar caribeño, ahí donde el Atlántico se funde con el sol abrazando las costas de una de las Antillas mayores, está Puerto Rico. Las calles de San Juan, su capital, han estado saturadas de carteles recriminadores contra la corrupción y la agonía política provocada por la filtración de mensajes repletos de frases misóginas, racistas y homofóbicas, de funcionarios del gobierno. Los colores de la monoestrellada se mezclan con multitudes al grito de "¡Ricky, puñeta, el pueblo se respeta!”, y musicalizan sus protestas de hartazgo con conciertos improvisados de reggaetón de René Pérez Joglar, Residente; Nicky Jam; Daddy Yankee; Benito Martínez, Bad Bunny.
La fiesta estalló cuando la gente escuchó en silencio el mensaje transmitido en cadena nacional el 25 de julio desde La Fortaleza (la mansión del gobernador). La espada flamígera de la opinión pública cayó sobre el cuello del gobernador Ricardo Roselló: "Luego de escuchar el reclamo, hablar con mi familia, pensar en mis hijos y en oración, he tomado la siguiente decisión. Con desprendimiento, hoy les anuncio que estaré renunciando al puesto del gobernador, efectivo el 2 de agosto, a las 5 de la tarde". Pero luego de esa primera reacción chispeante, hubo manifestantes que, lejos de ver en la renuncia de Rosselló el fin de las protestas, sintieron que se trataba solo de una escala más hacia un objetivo mayor, una renovación política más profunda.
La historia de Puerto Rico es enigmática para la mayoría de los latinoamericanos, acostumbrados a conocer de su existencia sólo por la participación de su contingente en las gestas deportivas, desfilando con su flameante bandera boricua (por más de uno confundida con la cubana) en las inauguraciones, y dado la ausencia de notas periodísticas en la prensa de sus países. Pero sería indicio de ingenuidad asumir que un escándalo epistolar detonó este maremoto, sin precedentes en la isla. Los chats de Rosselló con sus funcionarios, develados por una pesquisa de 899 páginas del Centro de Periodismo Investigativo, han sido la gota que derramó el vaso.
La filtración ocurrió pocos días después de que el FBI arrestó a dos exfuncionarios del gobierno insular (la secretaria de Educación, Julia Keleher, y la directora de la Administración de Seguros de Salud, Angie Ávila), como parte de una investigación federal de corrupción relacionada con programas de salud y educación, es decir, por el saqueo de fondos públicos por medio de venta de influencias, contrataciones y obtención de beneficios. La evidencia contundente fue el agravamiento de la crisis, aun sin cicatrizar, que siguió a la devastación por el huracán María del 2017. Significó el peor desastre natural en la historia de la isla, provocando unas 4600 muertes, según un estudio de la Universidad Harvard.
"La complicidad entre la clase gobernante boricua con sectores corruptos de la economía y el aparto político estadounidense, manipulando fondos, cifras y licitaciones, se colude con el acceso casi ilimitado a préstamos de fondos buitres. Vaya fiesta de tiburones que condujo a Puerto Rico al despeñadero."
El Departamento de Estado norteamericano ha amonestado al gobernador por su incompetente gestión de los daños y al gabinete por no comprobar transparentemente el destino de los 40 mil millones de dólares asignados por Washington para responder a la emergencia. Incluso, la Oficina de Ética Gubernamental sostuvo que se está investigando a la secretaria de Justicia,Wanda Vázquez, por su negativa a indagar irregularidades en el manejo de dichos fondos. Vázquez es, ni más ni menos, que quien asumirá el relevo al frente del gobierno puertorriqueño.
La complicidad entre la clase gobernante boricua con sectores corruptos de la economía y el aparto político estadounidense, manipulando fondos, cifras y licitaciones, se colude con el acceso casi ilimitado a préstamos de fondos buitres. Vaya fiesta de tiburones que condujo a Puerto Rico al despeñadero, alcanzando hace tres años una descomunal deuda pública, 100 mil millones de dólares, lo que llevó al gobierno a la bancarrota y puso la economía isleña bajo supervisión de una Junta de Control Fiscal nombrada por el Congreso estadounidense, dotada de facultades para intervenir fiscalmente a fin de velar por el pago de la deuda a los bonistas, poniendo en entredicho la soberanía de Puerto Rico.
¿Qué pasará ahora? Lejos de intentar emular a una pitonisa, proponemos la coyuntura que enfrentan los puertorriqueños. Lo que antes hemos descrito como “multitud”, en realidad está integrada por grupos neonacionalistas de izquierda entre independentistas y autonomistas, aquí se encuentra Carmen Yulín, copresidente del comité de campaña de Sanders, que cohabitan al interior del principal partido de oposición, el Popular Democrático. En contrapunto están los bloques de derecha entre anexionistas y trumpistas, encabezados por Jenniffer González, que se debaten la agenda del partido de Roselló, el Nuevo Progresista. Ambas posiciones del espectro político convergieron en exigir la renuncia inmediata del gobernador. Sin embargo, sospecho que la confrontación entre ellos se desatará agravada para decidir el destino del «territorio no incorporado» a Estados Unidos (eufemismo para nombrar a la colonia boricua).
El amplio espectro de aportaciones federales desde USA, que llega a 20 mil millones de dólares anuales, que sostiene, la red vial, la educación pública y el acceso a servicios sociales, así como las raciones dosificadas de self-government que coexisten con los derechos y obligaciones de que disfrutan como ciudadanos de la Unión (de segunda, no obstante), al decir de politólogos de la Universidad de Puerto Rico, mantiene al grueso de los estratos medios y trabajadores a sentirse cómodos con su situación neocolonial. Para ilustrarlo: el voto vinculado a la agenda anexionista (ahora en el gobierno) se ha incrementado en las últimas décadas y ha alcanzado una mayoría leve, pero creciente en la Cámara de Representantes local.
La relación con Estados Unidos data de 1898, cuando las tropas norteamericanas llegaron a la isla al mando del general Nelson A. Miles. Después de arrancarle la isla al dominio decadente de España, se estableció entonces un gobierno militar bajo la autoridad del general John F. Brooke, y con ello se sentaron las bases asimilacionistas de “la política lingüística que se implantó en Puerto Rico, pues comenzó todo un proyecto educativo encaminado a la enseñanza obligatoria del inglés” (Carmen Orama, “Puerto Rico y sus pugnas político-linguísticas”). Si bien el sistema educativo sigue siendo el estadounidense, en 1993 entró en vigor una ley que establecía que ambos idiomas eran cooficiales para los asuntos del gobierno.
El debate cultural por la cuestión nacional se reactivó, primero en 1998 con motivo del centenario de la Guerra Hispanoamericana, y en 2015, cuando el Senado boricua discutió el proyecto 1177 para declarar al español idioma oficial. En el primer caso, de acuerdo con Francisco Castrillo, en “Cien años de la Guerra Hispanoamericana”, la clase gobernante desplegó una retórica y actividades culturales que ratificaban la inclinación identitaria de la isla con el Tío Sam. Por ejemplo, en el Memorial Day, se realizó un acto conjunto en el Cementerio Nacional de Arlington para rendir tributo simbólico a los combatientes que independizaron la isla.
Para el caso de 2015, la polémica fue más aguda. Eduardo Bhatia, y José Nadal Power, del PNP, se opusieron al proyecto, esgrimiendo que “en el siglo XXI los esfuerzos gubernamentales deben ir dirigidos al 'pluriculturalismo', incluyendo la diversidad de idiomas, no que el Estado imponga un idioma oficial”. La independentista Lourdes Santiago rebatió arguyendo que “el español debe ser el único idioma oficial como vía para mantener la identidad cultural puertorriqueña”. Justo en 1991, España había otorgado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Puerto Rico por su defensa del español.
¿Optarán los boricuas por darse por bien servidos con la renuncia de Roselló, capitalizarán este terremoto político para sacudirse el yugo colonial, se aliarán con los progresistas norteamericanos y negociarán mayores márgenes de autonomía para empoderar estructuras internas o se decantarán por anexionarse a la Unión?

El domingo pasado hubo elecciones por la presidencia de Guatemala, país con el que México comparte 965 kilómetros de frontera, que es por la que ingresan los centroamericanos que cruzan el país en busca de llegar a Estados Unidos.

Se presentaron 19 candidatos y ninguno alcanzó el porcentaje necesario para ganar en la primera vuelta y por lo mismo habrá una segunda el domingo 11 de agosto en la que ya solo compiten dos de los candidatos.

La disputa será entre Sandra Torres, del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), de corte social demócrata, que fue quien ganó en la primera vuelta con 25.70 % de los votos. En la elección pasada perdió en la segunda vuelta contra Jimmy Morales el actual presidente.

Y el otro candidato va a ser Alejando Giammattei, del partido Vamos, de tendencia centro derecha, quien quedó en segundo lugar con el 13.92 % de los sufragios. Es la cuarta vez que se presenta a una elección presidencial con partidos distintos.

El triunfador en las elecciones de agosto será presidente por el período 2020-2024 que coincide con los años de la presidencia de López Obrador. El gobierno de México tendrá que negociar con él, entre otros temas, la política migratoria.

En la elección del pasado domingo se eligieron también los 160 diputados que integran el Congreso, los 20 diputados del Parlamento Centroamericano y al titular de las 340 corporaciones municipales que tiene el país.

Los posibles votantes eran 8.1 millones y se presentaron a las urnas el 61 % de los mismos, según el Tribunal Supremo Electoral. La participación superó las expectativas.

Esta es la novena elección que se realiza en Guatemala después de la caída de la dictadura y el arribo de la democracia en 1986. En 1994 se firmó el acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla que puso fin a 15 años de guerra civil.

De los 17 millones de habitantes que tiene nuestro vecino del sur, el 83 % vive entre la pobreza absoluta y extrema de acuerdo a datos de la ONU.

Esta fue la primera elección en la que se permitió votar a los migrantes guatemaltecos empadronados radicados en Estados Unidos, pero su participación fue muy baja según la Coalición de Inmigrantes Guatemaltecos.

Los guatemaltecos consideran que los principales problemas que tiene su país son la corrupción, el desempleo y la inseguridad. A éstos habría que añadir los muy altos niveles de pobreza y la migración.

La presidencia de Jimmy Morales, que deja su cargo el primero de enero, había despertado grandes expectativas en particular en la lucha contra la corrupción, pero su gobierno resultó un fracaso en todos los frentes.

Mi amigo el embajador Gustavo Iruegas (1942-2008) siempre insistía que para México la relación con Guatemala era fundamental y muy compleja. Por la frontera sur pasa el narcotráfico y los migrantes entre otros muchos temas que requieren la colaboración de ambos gobiernos.

(Foto de portadilla tomada de Prensa Libre)

Twitter: @RubenAguilar

Día con día

He leído la declaración conjunta oficial emitida por los gobiernos de México y Estados Unidos sobre sus negociaciones de la semana pasada.

No encuentro en el texto una palabra sobre aranceles o comercio, lo cual era al menos la mitad de la negociación. Los compromisos que asumen ambos gobiernos son de otra índole.



México se compromete a dar un “salto en su aplicación de la ley” (Mexican Enforcement Surge) , con “pasos sin precedente para contener la migración irregular, incluyendo el despliegue de su Guardia Nacional en su territorio, con prioridad sobre la frontera sur”.

México se compromete también a “desmantelar las organizaciones de tráfico y contrabando de personas, así como sus redes ilegales de financiamiento y transporte”

El compromiso respectivo de Estados Unidos es “expandir rápidamente a toda su frontera sur”, los Protocolos de Protección Migratoria existentes en su legislación.

“Esto quiere decir”, precisa el texto, “que quienes crucen la frontera sur de Estados Unidos en busca de asilo serán rápidamente devueltos a México donde podrán esperar la adjudicación de sus peticiones de asilo”.

Quiere decir, también, literalmente, que “México autorizará la entrada de estas personas por razones humanitarias, en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, mientras esperan por la adjudicación de sus peticiones de asilo” . Y “les ofrecerá trabajo, cuidados médicos y educación según sus principios”.



Lo que yo entiendo de estas cláusulas es que México se compromete, de un lado, a impedir el paso de los centroamericanos ilegales por su territorio y del otro, a que quienes logren llegar a Estados Unidos ,sean regresados de inmediato a territorio mexicano, donde permanecerán mientras les conceden o no el asilo al otro lado.

Entre los migrantes que hay que contener y los que llegan a territorio estadounidense, estamos hablando en el último año y medio de más de un millón de personas. El gobierno mexicano ha asumido la responsabilidad de contenerlos en su paso por México y/o de recibirlos devueltos por Estados Unidos si llegan a cruzar.

Todo esto habría sido a cambio de que el presidente Trump no imponga aranceles del 5% a las exportaciones mexicanas. Pero en la Declaración Conjunta , los aranceles no existen, sólo los migrantes.



Al parecer, Trump consiguió su muro: es México.

Mundo Nuestro. La revista nexos publicó en enero de 2017 este extraordinario ensayo de Joaquín Villalobos sobre la realidad centroamericana ante la perspectiva del presidente Trump. Lo reporoducimos aquí con la autorización de la revista y con el ánimo de ayudar a visualizar la dimensión del conflicto que hoy vive nuestro país por la crisis migratoria y la política impulsada por el gobierno norteamericano, abiertamente violatoria de nuestra soberanía, pero expresión también de la debilidad de México ante su poderoso y criminal vecino.

Joaquín Villalobos, ex jefe guerrillero salvadoreño, consultor en seguridad y resolución de conflictos; sesor del gobierno de Colombia para el proceso de paz, es un habitual colaborador de la revista Nexos.

La ilustración de portadilla es de Víctor Solís

La tarde del 14 de julio de 1969 cruzaron el cielo de San Salvador un poco más de una docena de viejos aviones de combate en formación seguidos por un grupo más numeroso de pequeñas avionetas de uso civil. Horas más tarde el gobierno militar comunicaba que tropas salvadoreñas habían cruzado la frontera e iniciado combates contra tropas hondureñas, mientras simultáneamente los aviones salvadoreños bombardeaban en tierra a los igualmente viejos aviones de la Fuerza Aérea de Honduras. A esta guerra se le conoció como “la guerra del futbol” porque los gobiernos militares utilizaron las eliminatorias del Mundial para activar un nacionalismo absurdo entre países idénticos.



Las historias de esta guerra son casi tragicómicas. La tropas de El Salvador se quedaron sin combustible y municiones a los cuatro días, las avionetas civiles fueron usadas con soldados amarrados al fuselaje y éstos lanzaban bombas con la mano para luego ametrallar con su fusil; un general se dedicó a saquear el primer pueblo que ocupó; otro general avanzó montado en un burro y se perdió con sus tropas en Honduras. Cuentan que el dictador Anastasio Somoza, de Nicaragua, llamó violentos a los militares salvadoreños por resistirse a usar la diplomacia. El Partido Comunista de El Salvador apoyó la guerra y llamó a filas pero el gobierno rechazó su “patriótico respaldo”. El gobierno hondureño organizó un cuerpo paramilitar llamado la “Mancha Brava” para perseguir a los salvadoreños y difundió la consigna “hondureño agarra un leño y mata un salvadoreño”. Los militares salvadoreños fueron jubilosos a aquella ridícula guerra para luchar contra Honduras y defender a sus hermanos campesinos, sin embargo, una década más tarde aquellos mismos militares estaban ejecutando horribles matanzas en su propio país.

Durante décadas Honduras fue la válvula de escape demográfico que protegía la estabilidad del poder oligárquico de El Salvador. Cuando por distintas razones Honduras decidió cerrar esa válvula y repatrió a más de 300 mil salvadoreños, la reacción del gobierno militar fue declararle la guerra a Honduras. Haber perdido a este país como ruta de descargo demográfico contribuyó al estallido de una guerra civil en El Salvador. Honduras cerró su frontera por 11 años a los productos salvadoreños y acabó con el Mercado Común Centroamericano, el primer proyecto de integración regional del continente.

El efecto de tapar el flujo migratorio y devolver a miles de migrantes funcionó como una bomba social y política para El Salvador. La llamada “guerra del futbol” fue un conflicto demográfico movido por los intereses económicos de las elites nacionales en ambos países. Después de esto vino un cuarto de siglo de convulsión política y violencia que incluyó una guerra civil en El Salvador, una revolución en Nicaragua, un genocidio en Guatemala, el establecimiento de bases militares norteamericanas en Honduras y la invasión a Panamá por tropas estadunidenses. Presiones demográficas, intereses de las elites locales, militarismo y cambios en las políticas de Estados Unidos se combinaron en la construcción del conflicto centroamericano; el más cruento de Latinoamérica desde la “Revolución mexicana”.

Cuando se habla de los factores que generaron el conflicto centroamericano se debate sobre tres responsables fundamentales: la “Teología de la Liberación”, la injerencia comunista cubano-soviética y las dictaduras militares que servían para sostener a regímenes de carácter oligárquico. Muy poco se habla de cómo los giros contradictorios de las políticas de Estados Unidos en el continente fueron mucho más determinantes que las ideologías o que la Unión Soviética y Cuba en la activación de las crisis internas que acabaron convertidas en guerras.

Luego de la revolución cubana, el gobierno de John Kennedy impulsó la “Alianza para el Progreso” con la idea de que debía hacerse una revolución pacífica para evitar una revolución violenta. Esta política movió a las elites gobernantes a realizar reformas en el campo social, se construyeron miles de escuelas y se propuso la realización de reformas agrarias. Con la llegada de Richard Nixon vino la “política de seguridad nacional” que echó para atrás el reformismo y se concentró en contener el comunismo, multiplicando la represión, respaldando fraudes electorales y golpes de Estado. Años más tarde el presidente James Carter impulsó la política de respeto a los “Derechos Humanos”, con lo cual la democracia como paradigma empezó a tener vigencia; en ese contexto fue derrocado el dictador Anastasio Somoza por la “Revolución Sandinista” y el tratado Torrijos-Carter acordó entregar el canal a Panamá. Entonces vino la administración de Ronald Reagan que retornó a la política de contener la expansión comunista que, conforme a sus ideas, se estaba acercando a Estados Unidos. Tropas estadunidenses invadieron la isla de Granada y nació lo que se conoció como “guerra de baja intensidad” que tuvo a Centroamérica como escenario principal.



Al analizar estos giros desde una perspectiva histórica podemos apreciar que se trató de un juego de avances y retrocesos que movió a las elites y a las sociedades de los pequeños países centroamericanos en direcciones opuestas en un período de sólo 30 años. El efecto de esto fue devastador en la activación de contradicciones tanto dentro de los gobernantes como de los gobernados. Las causas estaban presentes en las realidades de ausencia de democracia y pobreza, pero ni los teólogos, ni los comunistas, ni los cubanos tenían tanta potencia como para ser detonadores de guerras.

Imaginemos lo que puede pasar si a las primitivas elites de una pequeña nación una gran potencia le dicta un día una política reformista, al segundo día le dice que debe reprimir, al tercer día le dice de nuevo que debe hacer reformas y al cuarto día le vuelve a decir que reprima. El resultado será que esa pequeña nación se dividirá profundamente y acabará en una guerra. Los conflictos no habrían alcanzado tanta intensidad sin la profunda división entre reformismo y autoritarismo que activaron las políticas estadunidenses al interior de estos países. Las administraciones de Kennedy y Carter tuvieron razón al impulsar reformas, pero los avances que éstas provocaban hicieron que las políticas de Nixon y Reagan se convirtieran en escaladas de represión que le permitieron a las oligarquías locales acusar de comunista y eliminar a cualquier opositor, incluso a quienes venían de sus propias filas. Esto radicalizó procesos de cambio que pudieron y debieron haber sido pacíficos. Fue así como quedó instalada en la región una polarización extrema que ha derivado en ingobernabilidad.

En la actualidad la bomba demográfica ya no abarca sólo a El Salvador, sino que ha crecido y cobrado carácter regional. Guatemala tiene hoy 16 millones de habitantes, Honduras nueve y El Salvador 6.5 millones. El problema es que ninguno de estos tres Estados del llamado Triángulo Norte es capaz de generar empleos, educar, brindar servicios y proveer seguridad para sus más de 30 millones de habitantes. Los grandes vacíos en las responsabilidades de los Estados tienen relación directa con los bajos niveles de recaudación fiscal y ésta es la causa principal de la inviabilidad de estos tres países. Esto no es un asunto ideológico, la debilidad institucional le permite a los ricos del Triángulo Norte vivir como reyes en un basurero. Las llamadas “maras” son una catástrofe social sin precedentes en el continente, no es crimen organizado como el que padecen otros países. En ningún otro lugar de Latinoamérica un problema social acabó convertido en una violencia criminal masiva tan feroz, porque en ningún otro lugar tienen las elites niveles tan altos de irresponsabilidad e insensibilidad.



Las guerras de los ochenta en la región centroamericana orientaron los flujos migratorios hacia Estados Unidos y en los últimos 20 años este país ha funcionado como la principal válvula de escape a la presión demográfica centroamericana. Algo similar al papel que jugaba Honduras con El Salvador, pero con la diferencia de que aquella migración campesina dejaba un beneficio indirecto para las elites que se limitaba a reducir la conflictividad por la tierra. La migración hacia Estados Unidos les deja un beneficio directo y de alta rentabilidad. Las remesas de los migrantes están modificando el carácter de las economías de la región y convirtiendo a los propios habitantes en producto de exportación. La migración no sólo reduce las responsabilidades de las elites en la atención a la pobreza, sino que la exportación de pobres los está volviendo más ricos. Conforme a los datos, desde 1998 para El Salvador y desde 2007 para Honduras y Guatemala, los tres países han recibido más de 130 mil millones de dólares en remesas y éstas crecen más cada año. La distorsión es tal que El Salvador es considerado un país de renta media a pesar de la violencia, del desempleo y de una economía que tiene muchos años de no crecer.

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Teniendo en cuenta estos 130 mil millones de dólares en remesas recibidas en menos de 20 años, la pregunta que surge es: ¿por qué estos tres países se encuentran entonces en una situación tan grave? Las remesas comenzaron como una bendición, pero se han convertido en una maldición similar al efecto de la renta del petróleo en algunos países. La diferencia es que la renta de las remesas tiene unos costos humanos dramáticos. En El Salvador es casi imposible recuperar una economía productiva y Honduras y Guatemala van por el mismo rumbo, las remesas le están quitando estímulos a la inversión productiva y generando una falsa economía de servicios y consumo que depende totalmente de la exportación de personas.

Pero lo más grave es la relación que guardan las remesas con la violencia. Si en el terreno económico generan un falso progreso, en el terreno social provocan muerte. Una vez que éstas se vuelven dominantes para la economía, abren un fatal círculo vicioso en el que conectan migración, remesas, decrecimiento económico, destrucción de familias y comunidades, violencia y desempleo. Es decir, que estos países entre peor están, mejor les va económicamente a las elites, porque reciben más remesas resultado de que más gente emigra. No hay ninguna señal de que las elites económicas y políticas de estos países quieran sacar o sepan cómo sacar a sus países de este círculo vicioso. Esto es así porque se trata de grupos primitivos, poco ilustrados, socialmente insensibles, políticamente irresponsables, con propósitos fundamentalmente extractivos y sin visión estratégica.

La tragicomedia de la “guerra del futbol” fue una muestra de la escasa calidad intelectual de estas elites, pero se pueden encontrar muchas otras tragicomedias o tragedias insólitas en cualquiera de los tres países. El último golpe de Estado al estilo de los años cincuenta ocurrió en el año 2009 en Honduras cuando los militares sacaron al presidente en pijama del país. En enero de 1981 efectivos militares guatemaltecos asaltaron la embajada de España y quemaron con lanzallamas a 34 personas. En El Salvador Roberto d’Aubuisson, fundador del partido de la derecha ARENA, decidió matar al arzobispo Romero de un balazo en el corazón en plena misa durante el sacramento de la Eucaristía. Amigos de izquierda y derecha de otros países suelen decirme: “esas oligarquías son salvajes”, en ese sentido el calificativo de “repúblicas bananeras” no es peyorativo, sino descriptivo.

Durante la administración del presidente Obama hubo muchas deportaciones, pero al mismo tiempo luchó por una ambiciosa reforma migratoria que permitiera regularizar la situación de millones de migrantes. Su política fue compasiva frente a la tragedia de quienes huyen del Triángulo Norte y simultáneamente su gobierno impulsó planes para apoyar el fortalecimiento institucional y el combate a la corrupción. Los efectos de esta política se han hecho sentir con fuerza. En Guatemala un ex presidente fue extraditado, otro se encuentra preso junto a su vicepresidente y recientemente un ex ministro murió a tiros cuando enfrentó a policías que intentaban capturarlo. En El Salvador hay un ex presidente muerto mientras era procesado, otro se encuentra asilado, uno más guarda prisión y es bastante probable que dos ex presidentes más sean investigados. En Honduras hay un presidente procesado y miembros de una de las familias más ricas del país enfrenta cargos por narcotráfico en Estados Unidos. En Guatemala hay procesos abiertos por evasión fiscal contra grupos económicos poderosos y en El Salvador se conoce que hay investigaciones de ese tipo en marcha.

Tanto en Guatemala como en Honduras se han creado organismos externos para combatir la impunidad, mientras en El Salvador la Fiscalía General y la Corte Suprema de Justicia están recibiendo un fuerte apoyo norteamericano para que puedan actuar con independencia. Juzgar cada caso es irrelevante, lo central es que estas acciones sobre toda la región permiten ver claramente la intención de combatir la corrupción para forzar a un cambio en la calidad de las elites que no tiene orientación ideológica preferente, pues en los tres países hay golpes hacia la derecha y hacia la izquierda. Puede cuestionarse la eficacia del método, pero no el propósito. Para los efectos de este artículo, lo que interesa señalar es que bajo el gobierno de Donald Trump es bastante probable que venga un cambio similar a los giros contradictorios en la política estadunidense que generaron violencia y guerras en toda la región en los años ochenta.

El presidente Trump ha planteado construir un muro que cerraría la válvula de escape a la presión demográfica de la región, al mismo tiempo ha anunciado deportaciones masivas, impuestos a las remesas y erradicación de las “maras” en Estados Unidos expulsando a sus miembros a Centroamérica. En los últimos 12 años ha habido 187 mil 951 homicidios en Guatemala, Honduras y El Salvador, una cifra que en términos comparativos supera los 220 mil muertos que Colombia ha tenido en 50 años y coloca a la región como la más violenta del planeta. Los muertos continúan aumentando junto a la población que huye de la violencia. El número de homicidios deja claro que ya no estamos frente a un fenómeno migratorio motivado por razones económicas, sino frente a refugiados y población desplazada por la violencia y esto requiere atención humanitaria.

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La deportación sistemática de delincuentes fue lo que llevó a las pandillas de Los Ángeles a Centroamérica, una vez allí éstas se multiplicaron por la pobreza y se volvieron más violentas por la incapacidad de los gobiernos para detener su avance. Ahora son un poder fáctico que controla territorios y somete población. Honduras provocó una guerra civil en El Salvador cuando hizo exactamente lo que pretende hacer Trump con Centroamérica, cerrar el paso y deportar masivamente. Esta política sería dar un bandazo de consecuencias fatales para toda la región. En los años ochenta México asumió el liderazgo para hacer contrapeso a la política de Ronald Reagan hacia Centroamérica, ahora además de ocuparse de sus propios problemas con la administración Trump, tendrá que lidiar también con la tragedia humanitaria del Triángulo Norte.

Por otro lado, se perfila una política ideológica en vez de una política pragmática en la relación con los gobiernos, si esto es así la polarización en Guatemala, Honduras y El Salvador crecerá y con ello la ingobernabilidad en países que apenas están aprendiendo a tolerar el pluralismo. Las políticas de fortalecimiento institucional y de lucha contra la corrupción podrían ser abandonadas o tomar un camino ideológico apoyando a las derechas contra las izquierdas. El resultado de esto será que los procesos actuales, en vez de ayudar a la madurez de las elites, contribuirán a que se abra un ciclo de venganzas y lucha por el control político ideológico del Poder Judicial. Exactamente lo mismo que ocurrió cuando se impulsaban reformas que luego se convertían en justificación para reprimir.

Las pequeñas naciones centroamericanas sufren con sólo que Estados Unidos no las voltee a ver. La administración Trump planea darles cuatro golpes simultáneos: reducir las remesas poniéndoles impuestos, cerrar la puerta a sus desesperados migrantes, deportar a centenares de miles de trabajadores y enviar a miles de pandilleros a países que ya están derrotados por la criminalidad. Es una tormenta perfecta, obviamente estos países no van a declararle la guerra a Estados Unidos como hizo El Salvador con Honduras en 1969, tendrán que tragarse sus problemas. Lo que viene es una implosión que le dará continuidad a la tragicomedia bananera, pero ahora se mezclarán en ésta el primitivismo, el egoísmo extremo y la ignorancia de las elites locales con la impiedad, el racismo y la irresponsabilidad del liderazgo de la gran potencia del norte.

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Ilustración: Víctor Solís

El presidente de Estados Unidos está desatando varios conflictos mundiales al mismo tiempo. Tanto amenazas militares como en el caso de Irán o Venezuela, como de tipo comercial contra China, India, Japón, Europa y, ahora, México. Estas últimas son de distinta intensidad, pero producen a nivel mundial una gran incertidumbre, minan la confianza de inversionistas y empresas y reducen las oportunidades de empleo.

En el caso de México, el incidente es particularmente llamativo dado que se trata de un viejo aliado que ha estado ligado a Estados Unidos desde hace décadas a través del TLCAN. Justamente, el día en que el presidente López Obrador anunció su decisión de pedirle al Congreso la aprobación del nuevo acuerdo comercial (el T-MEC), Trump a través de su Twitter, amenazó a nuestro país con imponer aranceles a todas las importaciones de mercancías. Con ello puso en duda la certidumbre de ése y cualquier arreglo escrito firmado por Washington.

La amenaza es aún más incomprensible si tomamos en cuenta que la economía estadunidense pasa por un buen momento, con tasas de crecimiento superiores al promedio histórico de las últimas décadas y un desempleo mínimo.

¿Por qué Trump decide escalar las guerras comerciales en un momento como éste, sabiendo, como sabe, que ello puede producir efectos nocivos para la economía global y, en particular para la de su propio país?



La respuesta pudiera ser, como ha sido expresado por varios comentaristas, miembros del Congreso de Estados Unidos e incluso representantes del sector privado, tan simple como: por irresponsable. Pero podría ser que estas conductas no respondieran sólo a un acceso de furia que no mide las consecuencias.

Como se ha dicho, también, Trump parece estar buscando dos objetivos políticos: el primero, darle a su campaña por la reelección un mayor brío. Cuestiones muy estimadas por sus electores duros han sido el problema de la inmigración y el llamado outsourcing, es decir, el traslado de empresas y proceso productivos, principalmente a China y México, con la consecuente pérdida de empleos en territorio estadunidense. El segundo, distraer la atención pública para que el asunto de la intromisión rusa en las elecciones de noviembre de 2016 se minimice en la prensa.

Si esto es cierto, México se convertirá cada vez más en la víctima de un juego perverso que consiste en tratar de demostrar que nuestro país no puede o no quiere detener la inmigración indocumentada proveniente de Centro América. Diversos indicadores muestran que el flujo de personas provenientes del sur de la frontera de Estados Unidos no está en su momento más álgido, de acuerdo con los niveles históricos que se han presentado en otras décadas. Recordemos tan solo que alrededor de 400 mil mexicanos promedio anual se fueron a vivir al otro lado de la frontera entre 1990 y 2010, mientras que el número de centroamericano promedio anual ha sido de poco más de 80 mil en las últimas décadas (sin tomar en cuenta las personas repatriadas). Puesto que el problema tiende a agravarse y se trata de un asunto muy llamativo, con una fuerte carga dramática debido al número de niños y mujeres que tratan de llegar hasta allá debido al desastre que padecen en sus propias naciones (Honduras, El Salvador, Guatemala), la manipulación mediática es relativamente fácil. De esta manera, para Trump el problema nunca estará resuelto, no importan las estadísticas o la conducta y el discurso del gobierno mexicano.

En lo que toca a la posibilidad de que regresen a Estados Unidos las compañías que operan en México, ello difícilmente va a suceder en el corto plazo: las cadenas de valor que se han construido entre los dos países en las empresas fabricantes de autos, computadoras, cámaras fotográficas, televisiones y hasta cerveza, no se pueden romper para rehacerse fácilmente en territorio estadunidense. Además, si esto sucediera, la potencia del norte tendría entonces un serio problema de escasez de mano de obra.

Sólo para ilustrar el fenómeno, México vendió a Estados Unidos el año pasado mercancías por un total aproximado de 347 miles de millones de dólares. Una tercera parte fueron automóviles, sus accesorios o partes. Otro 11 por ciento consistió en computadoras, aparatos de televisión y de video; y un pequeño pero significativo dos por ciento fueron cervezas. Del total de productos exportados por nuestro país a nuestro vecino, por lo menos un 30 por ciento tienen un contenido estadunidense. Hasta las chelas fabricadas en nuestro suelo llevan lúpulo y cebadas cultivadas en Estados Unidos. La esperada ratificación del T-MEC significa la continuidad y fortalecimiento de este esquema productivo que consolida las cadenas de valor trasfronterizas.



Se puede concluir entonces que las amenazas de Trump contra México son pura demagogia. No buscan resolver ningún problema. Son simplemente anuncios publicitarios para promover su propia candidatura.

Pero, y ¿qué sucede con el resto del mundo? Ni China, ni la Unión Europea ni Japón pueden ser acusados de promover la inmigración indocumentada a Estados Unidos, y aunque también pudieran servir como chivos expiatorios para demostrar que el nacionalismo de Trump va en serio y así ganar votos, las razones pueden ser más complejas.

La economía de Estados Unidos, a pesar de su auge en estos momentos, es estructuralmente muy vulnerable. Su talón de Aquiles reside en sus desequilibrios macroeconómicos: básicamente los déficits en sus finanzas públicas, en el comercio de mercancías, y en su cuenta corriente. Esto quiere decir que el gigante económico vive de prestado: el gobierno gasta más de lo que recauda; importa más de lo que exporta; y en general salen más dólares de Estados Unidos de los que entran debido a sus flujos comerciales y financieros. La diferencia tiene que cubrirse sobre todo emitiendo deuda externa. Esta situación ha empeorado con Trump debido a la rebaja de impuestos que otorgó a las personas y empresas más acuadaladas.



La economía estadunidense es como un auto muy poderoso que puede alcanzar velocidades muy altas pero que necesita refacciones, llantas y gasolina que tiene que adquirir en el extranjero. Depende entonces de este abastecimiento y ello produce dos problemas mayores. El primero, que desde el punto de vista geopolítico la economía estadunidense está haciendo fuerte a otras naciones, particularmente a China, su rival económico mayor. Y segundo, que esa dependencia puede en un momento dado representar una amenaza a su sobrevivencia.

Las guerras, incluyendo las comerciales, son producto de una decisión política. La búsqueda de una nueva supremacía mundial de Estados Unidos pasa hoy por la disputa de los mercados. El plan de Trump consiste en tratar de frenar a China, y subordinar a sus aliados como la Unión Europea, India, Japón y México, a un esquema económico que permita revertir los problemas estructurales de su economía. Pero es un proyecto equivocado: falla en el diagnóstico pues los déficits estadunidenses no se resolverán con medidas de fuerza unilaterales, principalmente barreras aduaneras. Se equivoca en su instrumentación: a corto plazo las disputas comerciales sólo podrán traer mayores riesgos de una recesión mundial.

Dado que aún faltan 17 meses para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la mejor solución y quizás la única, a corto plazo, sería la destitución de Trump como presidente de Estados Unidos. El mundo estaría más tranquilo. Y México se quitaría de encima una causa de sufrimiento que no nos merecemos. Se trata de un episodio que todavía se ve lejano y que no puede ser tomada como una alternativa realista para el gobierno mexicano. Pero casi todos podrían coincidir en que Trump difícilmente va a cambiar sus posturas. Así las cosas, puede que no tengamos muchas opciones. En el corto o en el mediano plazo, el gobierno tendrá que replantear su esquema de conducción política hacia afuera y hacia dentro. Se requerirá una nueva orientación diplomática y un proyecto económico alternativo. Esperemos que surjan acompañado de un diálogo abierto con la sociedad para encontrar las mejores soluciones.

saulescobar.blogspot.com

Mundo Nuestro. La revista española Sin Permiso presenta esta entrevista realizada por Antonia Ceballos Cuadrado. Ella sscribe en la revista feminista andaluza La Poderío.

Fuente original Fuente: La Poderío



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El pasado 1 de mayo, las calles de Sevilla volvieron a acoger la manifestación del Coño Insumiso, con apoyo de organizaciones de toda España. Cinco años después de la manifestación original por la que tres mujeres, que no participaron en la organización y que fueron escogidas al azar e identificadas en los vídeos de la acción, fueron imputadas. El próximo 3 de octubre se celebra al fin el juicio, pero la espera está llena de resiliencia y feminismo como en la jornada de convivencia prevista para el próximo sábado, 18 de mayo. Hablamos con Antonia Ávalos, una de las tres imputadas.

“Yo creo que lo que sienten ellos como un sacrilegio es este atrevimiento y esta herejía de haber empleado nuestro cuerpo como un dispositivo en contra de un discurso patriarcal, machista, y decir este es mi cuerpo y mi coño es un símbolo de libertad, de elección, de emancipación, de placer, de locura, de todos los adjetivos que le queramos poner y de todos los deseos y los sueños que tenemos durante siglos de opresión y donde se veía el cuerpo y la vagina o el coño de una mujer como el origen de todos los pecados”. La que nos cuenta esto es Antonia Avalos, de 56 años, presidenta de la asociación Mujeres Supervivientes de Violencias de Género, y una de las tres imputadas por participar en la manifestación del Santo Coño Insumiso y el Santo Entierro de los Derechos Laborales celebrada el 1 de mayo de 2014, en plena efervescencia de las luchas contra la ley del aborto propuesta por Alberto Ruiz Gallardón (PP) que finalmente dimitió ante la fortaleza del movimiento feminista.

Hablamos con ella de aquella lucha, de lo que supuso, de lo que ha venido después y de lo que queda por hacer en una mañana de primavera sevillana que parece verano, luminosa como la alegría y la esperanza con la que afronta la lucha y el juicio que tiene pendiente y que (¡al fin!) se celebrará el próximo 3 de octubre. Sin embargo, las nubes negras nos acechan, aunque no las veamos. Esa misma mañana del 14 de mayo en la que compartimos confidencias, risas, cuidados y amor sororo, la asociación responsable de su calvario judicial, la Asociación de Abogados Cristianos, una organización con sede en Valladolid, anuncia la presentación de una demanda contra la Diputación de Córdoba por la exposición del colectivo Maculadas que cuestiona el año Murillo y su papel en la propaganda anti-mujeres. Esa misma mañana, uno de los cuadros que integran la exposición ha aparecido rajado después de recibir críticas de PP, Ciudadanos y del omnipresente Vox.



El mensaje tanto en 2014 como en 2019 está claro: nuestros coños molestan. “No soportan que nos apropiemos de nuestro cuerpo y de nuestro coño; sienten que nuestro cuerpo no nos pertenece, pertenece a los hombres para ser unas madres abnegadas, sumisas, sacrificadas”, reflexiona Avalos. No en vano, nosotras somos hoy más fuertes que en 2014, pero la derecha misógina también se ha rearmado. “La primera conquista que hemos hecho las mujeres con la que se han sentido muy desafiados es la conquista de nuestro cuerpo”, explica Avalos con esa dulzura y esa firmeza con la que defiende las cosas en las que cree, y “eso les ha generado al patriarcado, a la derecha y a las religiones una respuesta muy virulenta de misoginia y de rearmarse con odio en contra de los derechos conquistados”.



Por los derechos de todas

Este 1 de mayo, las feministas de Sevilla, con apoyo de mujeres de otros puntos de España como Málaga, Cáceres, Madrid o Palencia, gracias al soporte económico de la Fundación Calala, volvieron a pasear sus coños insumisos por las calles de la capital andaluza para reivindicar lo mismo que hace 5 años: “los derechos sexuales y reproductivos, el derecho a un empleo digno, en contra de la brecha salarial, por una vivienda, contra los asesinatos machistas”. Reivindicaciones que no tienen nada que ver con la fe, sino con la justicia social.

Y lo hicieron porque era un derecho, pero ante todo era una obligación. “Teníamos que volver a salir este uno de mayo porque los derechos la única forma en que se conquistan, que se pueden hacer leyes, es en las calles, es luchando”, recuerda Avalos. Esta nueva manifestación “era volver a reivindicar ese derecho de salir, de ser sujetos políticos y nuestra obligación, por supuesto, porque es como el mensaje frente a la ciudadanía, las mujeres jóvenes, las feministas, que tenemos que seguir poniendo el cuerpo, el corazón y la rebeldía y nuestras voces en esta lucha, que no nos hemos rendido, que no nos vamos a rendir”.

El próximo sábado, 18 de mayo, siguen en la lucha con una convivencia que arranca a las 12 de la mañana y que se prolongará hasta la noche porque, como dice Avalos, “si nos vencen a nosotras es vencer a una parte de la ciudadanía que somos las mujeres”. Y no están dispuestas a eso.

Represión y criminalización de la lucha

Avalos no participó en la organización de la movilización de 2014; sin embargo, es una de las tres imputadas en una causa que fue archivada y reabierta. La asociación de Abogados Cristianos, con sede en Valladolid, denunció en Madrid unos hechos ocurridos en Málaga y Sevilla y fruto de aquello tres mujeres, elegidas al azar de entre las participantes en una movilización en la que hubo un fuerte dispositivo policial, pero ninguna identificación, fueron imputadas. “Sin conocernos y sin haber ellos presenciado nada de la manifestación y desconocer que todas nuestras reivindicaciones son políticas, sociales y legítimas y tienen que ver con las mujeres, sus derechos o nuestras opresiones. Suena rocambolesco, pero realmente tiene la lógica de la represión y de la criminalización”, nos cuenta Avalos.

Desde la Red de Apoyo que se creó se habló de la existencia de listas negras en la Brigada de Información de la Policía Nacional. “Como habíamos estado participando en el movimiento en contra de la ley del aborto cogieron a una chica joven universitaria, a una chica anarquista española y a una mujer mayor inmigrante, como los tres perfiles, para castigarnos, criminalizarnos y como ejemplo de que esto que nos atrevimos a hacer tenía consecuencias y tenía un castigo”, cree Avalos, “porque no encuentro otra razón de cómo pueden saber que esta que está por ahí bailando corresponde a este nombre si no nos identificaron y no me conocían ni a mí ni a mis compañeras de nada la policía”.

Desde entonces, han pasado cinco largos años de justicia patriarcal, en un proceso en el que la Fiscalía, que nos representa a todas, tomó el relevó de la acusación cuando los abogados cristianos no quisieron abonar la fianza para seguir como acusación particular. Le preguntamos si considera que ese hecho lanza el mensaje de que el Estado está en contra de las mujeres y responde sin vacilar: “Sí, por supuesto, el Estado está en contra de las mujeres y esa justicia que nunca llega a nuestras vidas. Esa justicia que es para los hombres y para los jueces y para la gente de poder”. Además, denuncia que la Fiscalía “incorpora un nuevo delito que es que nosotras dudamos del dogma de la virginidad de la Virgen María” y nos devuelve la pregunta “un Estado aconfesional, ¿cómo puede recriminarnos que no creamos en ese dogma?”.

El 8M, la explosión de la rebeldía

La manifestación de este 1 de mayo ha sido mucho más numerosa que la de 2014 y es que, desde entonces, el feminismo ha dado saltos de gigante en nuestro país. El tren de la libertad y el 7N abrieron un camino imparable de diálogo intergeneracional, considera Avalos, “y ya con lo del 8M vimos una explosión de feminismo, de rebeldía, de discursos, de reivindicaciones, de nuevas formas de estar en las calles, pero también de cuestionarnos nuestra vida íntima, privada, las formas de amar, de ser, de estar en el mundo, de hacer política, de cuestionar al Estado, de reclamarle a los hombres también…”.

Avalos, que se reivindica como mujer migrante “porque no todas las mujeres tenemos los mismos derechos y eso lo quiero dejar claro por mí y por todas, las mujeres empleadas del hogar, todas las hermanas que no tienen papeles, las que son explotadas”, cree que la movilización de 2014 fue posible gracias a las protestas contra la ley Gallardón. “Eran también tiempos fuertes de la crisis económica, pero se conjugan desde mi punto de vista muchas condiciones económicas, políticas, ideológicas, culturales, las nuevas generaciones que hacen posible que esta manifestación sea como una síntesis de todo ese hartazgo, de todos esos deseos de justicia social, de tener mejor calidad de vida y en ese contexto surge y, por eso, es tan impactante”, señala. Además, “con este nuevo discurso de apropiarnos de nuestro cuerpo, de nuestro coño” algo que considera como “una gran revolución dentro del feminismo”, el hecho de “utilizar una estrategia de lucha que pone en jaque al sistema patriarcal en su conjunto que se sustenta, desde mi punto de vista, en la explotación de los cuerpos de las mujeres”.

Frente al miedo, el amor

Sin embargo, los costes personales no son una cuestión menor. “A mí me ha generado sufrimiento, soledad también, miedo”, narra Avalos. “Cuando yo fui imputada por primera vez no tenía papeles y el pensar que me expulsaran del país o cualquier otra consecuencia me daba terror porque es como una persona tan pequeñita frente al poder del Estado y frente al poder de una asociación que tiene muchos recursos económicos y mucho odio hacia nosotras, hacia las mujeres, que las consecuencias yo no las podía medir y que me daba miedo no volver a ver a mi hija porque mi hija vive aquí y está estudiando, me daba mucho miedo. Y sí, te sientes vulnerable, triste”, confiesa.

El riesgo de la autocensura siempre está ahí, “el peor riesgo de la represión es cuando tú interiorizas tanto ese miedo que ya no necesitas los censores externos sino que tú solita te controlas qué decir y qué no decir porque sabes que van a venir a por ti”. Pero, ella es puro poderío y resiliencia y no se deja vencer tan fácilmente: “Yo, pese a eso, que mis hijos también tienen miedo y me dicen “mamá, ya no sigas cosas en facebook, por favor, que tal y que cual”, no te digo que no tengo miedo, pero siempre me debato entre el miedo y mi deseo de libertad y mi rebeldía y yo creo que lo que me hace sujeto y persona y tener dignidad es no acallar mi voz para siempre”.

Su pena de banquillo ya está a punto de terminar, una pena que te mantiene en la angustia de la espera y que ella ha combatido con amor. “Las mentiras por más grandes que fueran no pueden contra esa verdad tan pequeña, pero tan potente que es el amor y vivir la vida y apostar a la vida”, nos dice. El 3 de octubre se cierra una etapa, pero Avalos sabe que no será la última: “Si ellos ganan nosotras vamos a recurrir y sabemos que si nosotras ganamos, ellos van a recurrir; pero a continuar con la lucha. Esa convicción está en mi corazón y en mi pensamiento y en mis compañeras también”; por eso, afronta el juicio “con esperanza, con dignidad y con resistencia y desde el feminismo”.

Porque Antonia Avalos lleva tatuado en su piel como con tinta invisible los versos de Benedetti y defiende la alegría como una trinchera. “La alegría es un acto de resistencia, de creatividad, de libertad”. Y eso, con todas las dificultades, a Antonia y a su coño insumiso no se lo quita nadie