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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Mundo Nuestro. Asís Hallab, viajero en este mundo nuestro, y de visita en África. Así se define a sí mismo: "Káliman admirador del viento susurreando en los bosques coníferas de México."

Este breve relato nos abre al misterio del continente que Kapuzinzky bautizó como Ebano.



La primera noche en Kenia ya sobreviví.

En la tarde salí con un amigo de la familia, Marc, y pasé con él por el centro de Kisumu. Carreteras polvorientas con innumerables motocicletas, taxis tuk-tuk, ruido y más gente. No entiendo por qué a pesar del calor los kenianos usan chaquetas e incluso bufandas acá en los trópicos. Hasta cuando están sudando chorros no se quitan la chamarra. En el centro hay un cuadro de edificios de oficinas en el estilo de los años 60, en este divertido diseño de lámpara de lava y tonos marrones anaranjados. En las calles cabras y vacas una y otra vez. Todos se llaman hermano, hermana, mamá o papá. El mercado es un laberinto de callejones estrechos por donde ningún burro pasaría. Pequeños comercios que exhiben y trabajan la mitad delante de la puerta y la otra mitad adentro. Verduras y frutas se venden al lado del sastre y su vecino es un taller y herrería.



Luego, por la tarde, salimos hacia el lago Victoria. Los edificios están hechos de hierro corrugado y arcilla. Parecido a lo que ves en las carreteras rurales de México. La gente vive con sus animales y del comercio de la carretera. En sus orillas se encuentran muchos puestos de comida casera y lavaderos de coches. No sé por qué puedes lavar tu auto en cualquier parte. El lago es enorme y totalmente tranquilo.



En una acacia, que estaba medio inundada, anidan estos pequeños pájaros tejedores amarillos, que hacen sus nidos esféricos en las ramas. Los enjambres de libélulas danzan sobre los nenúfares, tres especies diferentes de garzas vuelan alrededor. Cuando el sol se pone, el lago se pone rojo y se anuncia una tormenta. Tomamos un barco para buscar hipopótamos, pero no había ninguno. Luego pescado fresco en una salsa agridulce de tomate. Finalmente me caí en la cama a las nueve y media y sólo me desperté de nuevo cuando estaba claro que tenía que colgar urgentemente el mosquitero. Completamente pinchado y con el zumbido constante de los mosquitos volando por mis orejas. A las cuatro de la mañana el vecino se despertó con sus tres horas de oración súper ruidosa del viernes musulmán. No es un lugar quieto Kenia.

Ahora estoy en un autobús completamente sobrepoblado para ir a la sabana a las famosas formaciones rocosas.

Un país loco y colorido.

Mundo Nuestro. Dos activistas mexicanos, y mejor diremos, tehuacaneros, han ido a Canadá a difundir las luchas civiles en defensa del medio ambiente y los derechos humanos en México. Martín Barrios y Omar Esparza. Ambos son entrevistados por Radio Canadá Internacional. Esta es la entrevista.



Este viernes y sábado en Montreal se presentó la conferencia Luchas sindicales y de defensa territorial: perspectivas mexicanas y de solidaridad. Los invitados Martín Barrios, Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, Omar Esparza, Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ) vienen a hablar de la manera en que la sociedad civil mexicana se está organizando alrededor de esos tema. Martín Barrios y Omar Esparza pasaron por los estudios de Radio Canadá Internacional.

Para comenzar, le pedimos a Martín Barrios que nos explicara el contexto de las luchas que llevan en la ciudad de Tehuacán, en el estado de Puebla, donde él vive y que después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, se convirtió en la capital de la producción de jeans en México. Paralelamente, nos dice, se están desarrollando proyectos mineros en la región de la Sierra Norte, que limita con la región, con impactos en las comunidades indígenas que viven allí y en sus territorios.

En esta liga se puede escuchar la entrevista:



Luchas sindicales y territoriales mexicanas llegan a Canada

El evento Du Mexique au Québec: luttes syndicales et défense du territoire, es presentado por dos organismos quebequenses Lutte Commune y CISO – Centre international de solidarité ouvrière.



El domingo 23 de marzo de 1980, en la homilía de la misa dominical, Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo de San Salvador, se dirige a los integrantes de las Fuerzas Armadas de El Salvador y les dice:

"Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla (…) En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

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Al día siguiente, a las 18.20 del 24 de marzo de 1980, lo asesinan mientras celebra misa en la capilla del Hospital Divina Providencia, en la colonia Miramontes, de la capital salvadoreña. Ya antes había recibido amenazas de muerte y sobrevivido a un intento de asesinato. Romero, a pesar de los continuos ataques de la ultraderecha fascista, apoyada por el gobierno militar, no dejó, era lo que se quería, de denunciar la violación de los derechos humanos y la represión contra el pueblo de parte del gobierno.

En 1990, diez años después de su muerte, se inicia la causa de canonización del arzobispo. A partir de 1997, el proceso es bloqueado porque sectores de la derecha, al interior de la Iglesia, y del propio gobierno salvadoreño acusan a Romero de haber sido un “comunista” y un “desequilibrado”. El papa Juan Pablo II hace caso de esos juicios que se proponían que Romero no fuese reconocido como mártir, porque hacerlo era aceptar la legitimidad de su lucha contra los crímenes del Estado salvadoreño.

En 2012, el papa Benedicto XVI, poco antes de anunciar su renuncia, desbloquea el proceso. En 2015, el papa Francisco autoriza que se reconozca a Romero mártir de la Iglesia, asesinado por “odio a la fe”. Ese mismo se le declara beato en una ceremonia en San Salvador a la que asisten 300,000 personas de 57 países.

A Romero, el próximo domingo 14 de octubre, la Iglesia lo celebra como santo en una ceremonia en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Años atrás ya lo había hecho la Iglesia anglicana que lo reconoce como mártir y santo. Romero es un ejemplo a seguir, más allá de toda dificultad, de congruencia entre lo que se piensa y se hace. Es un ejemplo a seguir en su determinación, más allá de las amenazas, de defender lo que se piensa es justo. Es un ejemplo a seguir en su valentía, más allá de los miedos, al denunciar la injusticia y el crimen.

En la misma ceremonia serán canonizados Pablo VI, el papa al que le toca terminar el Concilio Vaticano II, iniciado por el ahora también santo Juan XXIII; los sacerdotes italianos Francesco Spinelli y Vincenzo Romano; la religiosa alemana Maria Caterina Kasper y la española Nazaria Ignacia March Mesa. Su familia y ella se trasladan de España a México. Ella realizó su trabajo más importante en Bolivia donde pidió ser enterrada.

Twitter: @RubenAguilar

Vida y milagros

Cuando miramos nuestra vida en retrospectiva, cuántas de las cosas que hicimos nos parecerán que valieron la pena y cuántas hubiéramos querido hacer de otro modo. ¿En qué momentos claves pensamos que debimos tomar un camino distinto? Quien diga que no tiene nada de que arrepentirse creo que no está siendo sincero consigo mismo. Jodorowsky dice que hay que atreverse a ser audaces, a vivir siguiendo los impulsos del corazón y que si te equivocas tendrás al menos la experiencia. Tendrás la experiencia si no se te fue la vida en ello, o muchas veces tendrás la experiencia pero te darás cuenta claramente de que cometiste un gravísimo error. No es fácil vivir con los errores como tampoco es fácil vivir con la palabra "hubiera" resonando en la cabeza.



En estos días en que veo al patético y cínico de Daniel Ortega defendiendo su gobierno y su gestión corrupta apoyado en los discursos de voz falsa y melosa de su abusiva señora y vicepresidenta de Nicaragua, hablando del amor al prójimo para defender su dictadura mientras les echa los tanques y los paramilitares a universitarios parecidos a los muchachos que lucharon hace 39 años a su lado para derrocar a Somoza, no puedo dejar de pensar en Araceli Pérez Darias, mexicana hija de españoles, partícipe activa del movimiento que derrocó a Somoza y asesinada en Nicaragua dos meses antes de la caída de esa dictadura . ¿Qué pensaría Araceli si viviera? ¿Hubiera pensado que había otros caminos para derrocar a Somoza? ¿Se hubiera imaginado que Daniel Ortega sería hoy el enemigo a vencer para cientos de jóvenes universitarios nicaragüenses, como los que ella conoció y apoyó?

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Araceli Pérez Darias, la guerrillera mexicana asesinada por el ejército somocista el 16 de abril de 1979, en León, Nicaragua.



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Mi cuñada, la historiadora Emma Yanes Rizo, escribió un libro sobre la vida y muerte de Araceli, un recuento perfecto que le llevó 20 años construir, basado en investigación dura y recuerdos propios. El libro se llama "Araceli, la libertad de vivir. Nicaragua, 1976-1979". Me impresionó mucho su lectura porque encontré ahí las ilusiones que casi todo joven siente para cambiar o mejorar el mundo, cada quien de la manera en que cree que puede ser útil. Me impresionó la ruptura de Araceli con su ultra conservador padre, un español franquista que migró a México con sus hijos, entre ellos Araceli, a la que no perdonó en vida por irse a luchar a Nicaragua, pero que en cuanto la supo muerta se lanzó a Nicaragua a buscarla. Ahí movió el cielo y la tierra hasta averiguar su final, dar con sus restos y regresarla "a casa". Todo lo que no la comprendió en vida, la aceptó, amó y admiró en su desaparición y muerte.



Mi cuñada Emma conoció a Araceli cuando se volvieron vecinas en unos departamentos en México, a los que Emma llegó a vivir con su familia. Emma tenía 15 años y Araceli iba a cumplir 30. Araceli ya había roto con su familia, era una próspera psicóloga, vivía sola y ya llevaba rato apoyando a los asilados nicaragüenses, alumnos de colegios jesuitas, que desde México preparaban el derribo de la dictadura de Somoza. La casi niña de 15 años, Emma, la futura e inquieta investigadora e historiadora, veía desde su departamento las entradas y salidas de jóvenes al departamento de Araceli e intuía que algo especial se cocinaba ahí. La energía vibrante, los sueños eléctricos de esa juventud madura y audaz que cree y sueña con mejorar el mundo, medio ciegos a los riesgos y a la violencia de la que son capaces los adictos al poder, como entonces Somoza, como hoy Ortega.

Veo en las fotos de Araceli, en su sonrisa abierta y sus ojos negros y radiantes como de gitana y en su postura confiada, la postura de quien cree en las bondades de su lucha y en la certeza de sus convicciones. Araceli y Emma trabaron una amistad peculiar aunque las separaba la diferencia de edades. Emma andaba de novia con alguien y Araceli le dijo: "No platiques en la calle, vente a platicar a mi casa, puedes estar tranquila y al mismo tiempo segura"- un lindo gesto. La trató como a una hermanita menor. No sé cuánto tiempo fueron amigas, seis meses, un año, no lo recuerdo porque no encuentro el libro y solo estoy relatando de memoria los recuerdos de su lectura y lo que escuché decir a Emma el día que presentó el libro en 2008.

Un día de 1977, Araceli desapareció junto con sus amigos. El departamento quedó vacío, pero no la memoria de Emma, que guardó el recuerdo de esa amiga especial. Quizá por amigos supo de su muerte violenta, pero no mucho más. Diez años después, en 1987, pasó por enfrente de su antigua casa y se bajó a mirar. Ahí, recordando lo que había visto, tomó la decisión de investigar a fondo la historia de su amiga perdida. Muchos habían llorado su muerte a solas, pero nadie se había ocupado en pegar con cuidado los pedacitos de su vida rota. Emma lo hizo sin prisa y tardó 20 años en juntar textos, cartas y entrevistas. Así sabría que cuando dejó de ver a Araceli en 1977 fue porque ya había tomado la decisión de irse a Nicaragua a luchar contra la dictadura de Somoza. Supo que desde 1975 se había unido al Comité Mexicano de Solidaridad con Nicaragua. Que su departamento había sido una especie de casa de seguridad donde se reunían y hospedaban importantes cuadros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, como Germán Pomares y Fernando Cardenal, sacerdote jesuita. Araceli se adentró en Nicaragua en 1977 y solo regresaría a México una vez, en 1978 para despedirse de sus más cercanos. Para ese entonces seguramente ya sabía los peligros de muerte que corría. En 1979 ya era parte del estado mayor del Frente Sandinista y responsable de organizar la insurrección final en la zona occidental de Nicaragua. Dos meses antes de la caída de la dictadura, el 16 de Abril de 1979, en León, Nicaragua, la casa de seguridad en la que se encontraban Araceli y siete compañeros más, fue rodeada por 80 militares de la guardia nacional. A los hombres los ejecutaron de inmediato, las mujeres, Idania y Araceli, fueron llevadas al Fortín de Acosasco donde fueron torturadas y asesinadas. Dos meses después, el 7 de Julio de 1979, cayó Somoza. Los compañeros que la recuerdan dicen que fue un ejemplo de entrega y lealtad. Escribiendo esto me pregunto si Araceli disparó una pistola, si fue capaz de matar en medio de esa guerra.

La toma de León, el 20 de junio de 1979. Al frente de los combatientes sandinistas, la tanqueta "Araceli", en honor a la guerrillera mexicana asesinada por el ejército somocista.

Ignoro si Araceli conocería personalmente a Daniel Ortega. Ignoro si logró adivinar en él lo que vieron algunos de sus compañeros de entonces, a un hombre de mente torcida y manipuladora, ávido de poder, dinero y todo lo que eso puede dar. Las guerras son caldos de cultivo para que florezca lo malo y lo peor ¿Alguno de aquellos muchachos vislumbraría en Daniel Ortega al hombre ambicioso que ha probado ser, al futuro violador de su hijastra de 12 años, Zoila Narváez, hoy asilada en Costa Rica, hija de su actual esposa Rosario Murillo, a la que quiere heredar el poder sobre Nicaragua y a quien ya hizo vicepresidenta? Viendo en un noticiero la cara dura de Ortega y oyendo la voz de su esposa, recordé anoche a Araceli. ¿Valió la pena morirse así, pensé? ¿Fue buena tu elección, fue lo que imaginaste?

Araceli escribiría a su hermano en una carta: "¿Qué es lo que se arriesga en la lucha?: morir, Pero si no estás, te quedas con una vida insatisfecha. ¿Qué es lo que se puede ganar?: todo. Recuperar el mundo y saberse dueño de uno mismo, dejar de sentir la vida como algo extraño, como algo que nos angustia porque no sabemos qué hacer con ella". Leo esta frase recuperada en internet acompañada de nombres de pueblos como Masaya y sus iglesias, nombres que aparecen en la historia de Araceli, pueblos e iglesias atacadas de nuevo pero ahora por los paramilitares de Daniel Ortega, ese hombre que se volvió la calca del dictador que derrocó.

La historia de hoy en Nicaragua debe de estar llena de mujeres como Araceli, de jóvenes llenos de sueños democráticos y de un país mejor, que miran perplejos como Daniel Ortega es hoy el tirano a derrocar. ¿Alguno de ellos será el tirano del mañana?

¿Por qué Emma rescató la historia de Araceli? ¿Es buena la memoria o es bueno el desencanto? Quiero ser optimista y pensar que es bueno saber que hay quien guarda la memoria de los ideales democráticos de quienes derrocaron a Somoza, recordar también que los tiranos no siempre lo fueron y recordar también cómo es que se construyen. Es buena

La memoria de que los gobiernos no pueden hacer y deshacer sin acordarse de que hubo gente que dio su vida porque las cosas fueran distintas, por objetivos concretos de democracia.

¿Valió la pena Araceli? Casi 40 años después estamos de regreso a lo que dejaste en Nicaragua ¿Hay otros caminos para derrotar a los Somozas o a los Ortegas? ¿Solo quedan los caminos violentos, la resistencia inútil que estamos viendo en las frías pantallas de la televisión? ¿Será el único camino sensato la aparentemente aburrida gradualidad?

Mundo Nuestro. El teólogo brasileño Leonardo Boff es una de las más lucidas voces en latinoamérica. Mucho se le debe para comprender el alcance de uno de los pensamientos progresistas más importantes de la vida nuestra, el contemplado en la llamada Teología de la Liberación. Aquí su postura sobre lo que ocurre en Nicaragua y su exigencia explícita al gobierno de Ortega de cesar la matanza.

PRONUNCIAMIENTO DE LEONARDO BOFF SOBRE NICARAGUA


Queridos compañeros y compañeras:

Como Presidente de honor de nuestro Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, Río, me uno al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos que con su Comunicado de apoyo a los Obispos, hace una justa critica al gobierno que está perseguiendo, secuestrando y asesinando sus propios compatriotas. Repito las palabras del Papa Juan Pablo II: no hay guerra santa, ni guerra justa, ni guerra humanitaria, porque toda guerra mata y ofende a Dios. Lo mismo vale para quien comanda semejantes práticas contra su pueblo.



Estoy perplejo por el hecho de que un gobierno que condujo la liberación de Nicaragua pueda imitar las prácticas del antiguo dictador. El poder existe no para imponerse a su pueblo, sino para servirlo en justicia y en paz.

Nicaragua necesita del diálogo, pero antes de todo necesita que las fuerzas represivas cesen de matar, especialmente a jóvenes. Esto es inaceptable. Nicaragua necesita paz y de nuevo paz.

Cito la más bella definición de la paz, consignada en la Carta de la Tierra, que reza:

“La paz es la plenitud que resulta de relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte’ (n.16 f). Es decir, la paz no existe en sí misma. La paz es la consecuencia de relaciones correctas en todas las instancias personales y sociales. Esta paz, fruto de tales relaciones, es lo que más deseamos al pueblo, al Gobierno y a toda Nicaragua.

Con la solidaridad del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, Río, y la mía personal, nos sentimos unidos a todos ustedes también en oración delante del Señor, príncipe de la paz.



Leonardo Boff, teólogo y presidente del CDDH de Petrópolis, Río de Janeiro.

Petrópolis 21 de julio de 2018.

Mundo Nuestro. Se cumplen tres meses del estallido de la rebelión en Nicaragua. Tres meses de terror y muerte en una Nicaragua sometida por la dictadura Ortega-Murillo. Con esta carta lo recuerda la comunidad nicaragüense en Puebla.



CARTA DE AMOR URGENTE A NICARAGUA desde PUEBLA, MÉXICO

Para fomentar el deseo

“No todos los deseos conducen a la libertad,

pero la libertad es la experiencia de un deseo que se reconoce,



se asume y se busca.

El deseo no implica nunca la mera posesión de algo,

sino la transformación de ese algo.



El deseo es una demanda:

la exigencia de lo eterno, ahora.

La libertad no constituye el cumplimiento de ese deseo,

sino el reconocimiento de su suprema importancia”

John Berger

Hermanos y hermanas de Nicaragua que resisten y luchan contra la dictadura Ortega-Murillo:

Reciban un abrazo fraterno azul y blanco. Su dolor y su lucha son nuestras. Ustedes somos nosotros. Somos juntos un volcán, somos esa otra Nicaragua que sueña y desea libertad, justicia, dignidad, democracia. Saben que cuentan con nuestro amor, nuestra solidaridad y apoyo a la distancia pero muy cerca en el corazón.

Los nicas que hoy vivimos en Puebla desde hace años hemos sufrido con ustedes, pero reconocemos que ahora ustedes han puesto el cuerpo, el deseo y la sangre en cada barricada, en cada tranque y en cada joven brutalmente asesinado. Duele, duele mucho saber de las masacres y de la deshonestidad orteguista. Sabemos de los paramilitares extranjeros francotiradores asesinos y de la traición al sandinismo. Sabemos de los diálogos frustrados y las negociaciones de organismos de derechos humanos. Deseamos que esta pesadilla termine con la salida de Ortega, que se haga justicia a los asesinados y que Nicaragua logre reconstruirse con dignidad y horizontalidad que soñamos todos los que amamos a nuestro paisito.

Reconocemos y admiramos a los diferentes movimientos sociales que hoy resisten pero sabemos bien que luchan desde hace años contra la impunidad, la piñata sandinista, el nepotismo, el cinismo y la deshonestidad orteguista. Por eso todo nuestro respeto para:

  • la renovación sandinista tejida desde el corazón de la revolución sandinista de los 70´s que sigue luchando;
  • los campesinos que defienden a la madre tierra y la madre agua contra proyectos de muerte (canal, minas, hidroeléctricas, eólicos) y hoy son acusados de terroristas y encarcelados;
  • los jóvenes estudiantes que desean una Nicaragua más justa, digna, humana y que han puesto el cuerpo y hoy representan una esperanza en Nicaragua; jóvenes que no se rinden a pesar de ser hostigados y rafagueados dentro de sus universidades;
  • la sociedad civil diversa; colectivos feministas, de derechos humanos; sociedad autoconvocada, “minúscula y vandálica” que sale a las calles inundando el espacio y el tiempo sin miedo y grita ¡que se vayan, que se vayan todos, que se rinda tu madre!;
  • la iglesia católica que se hace pueblo rebelde defendiendo cuerpo a cuerpo a los que resisten;
  • la prensa valiente que informa en medio de las balas, asesinato de periodistas y amenazas de muerte;
  • las barricadas y tranques que representan la lucha más linda de la gente con sus manos y cuerpos expuestos para decir NO a los Ortega-Murillo, NO a la corrupción del sandinismo.
  • todos los asesinados que dieron su vida poniendo el cuerpo por la libertad y el deseo de democracia.

Esta carta de amor sólo quiere decirles gracias por su fortaleza y su lucha; que los admiramos, respetamos y consideramos MAESTROS de lucha y dignidad. No olvidaremos los nombres y rostros de cada joven asesinado nunca. Va un abrazo enorme para los familiares de los asesinados, desaparecidos y encarcelados. Acá estamos.

NICAS EN PUEBLA, colectivo autoconvocado

19 de julio 2018 Puebla, Pue. México

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Rebelión en Nicaragua: "19 de abril y entonces..."

Mundo Nuestro. Carlos Mejía Godoy, un nombre mítico para una generación entera, vuelve a cantarle a su patria Nicaragua, a su aguerrida Monimbó, cuarenta años después.

Mundo Nuestro. Reproducimos aquí la crónica del periodista nicaragüense Carlos Salinas Maldonado, publicada este jueves 31 de mayo en el diario electrónico Confidencial.

La crisis en Nicaragua ha llegado a un punto sin retorno. La narración de lo ocurrido el miércoles en las calles de Managua no deja lugar a duda sobre la magnitud de la tragedia nica.

Caían uno a uno sobre el pavimento. Uno de ellos frente a su propia madre. Las balas llovían sobre una marea azul y blanca, que marchaba orgullosa de recuperar una ciudad secuestrada por el odio. Uno a uno caían los jóvenes. Poco a poco vamos conociendo sus nombres. Al menos ocho muertos hasta ahora en Managua. Entre ellos Jorge y Edgar, Francisco y Michael, Daniel y Orlando, de apenas 15 años. Es el regalo de Daniel Ortega a las madres. Las de los muertos de abril y las nuevas enlutadas por el odio del Dictador.
¡Qué día tan hermoso hacía el miércoles en la capital! Después de tres días de tormentas que limpiaron las hojas de los árboles, la ciudad florecía con su propia primavera. En la rotonda Jean Paul Genie se reunían centenares de nicaragüenses. Venían con sus banderas azul y blanco, alegres, festivos, en enormes filas, llegaban a homenajear a sus madres y las de los caídos por la violencia del régimen. “¡Qué vivan los estudiantes!”, gritaban. “¡Qué vivan las madres de abril!” La gente se reconocía, se saludaba y abrazaba. Madres con hijos pequeños, abuelas en sillas de rueda. Muchachos jovencísimos tomados de la mano, besándose, cantando. Jóvenes con sus mascotas también vestidas de azul y blanco. ¿Qué mejor celebración después de tanto luto, de tragedia, de odio irracional? Esta vez se cantó el “Ay, Nicaragua, Nicaragüita” con otro tono. No con aquella nostalgia que despierta la célebre letra de los Mejía Godoy, sino con la esperanza que esa preciosa melodía quiso inocular desde un inicio. Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más. Porque era la sensación de la libertad recuperada lo que embriagaba a los centenares de miles de nicaragüenses que ayer marcharon pacíficamente por Managua. Una masa gigantesca que bailaba al ritmo de chicheros, que estaba ahí para gritarle un ¡basta! a la Muerte.
masacre del Día de las Madres
Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.
Aquí estaba Jessica Rivas, la madre de Jesner, el joven de apenas 16 años asesinado cuando heroicamente intentaba resguardar un supermercado del barrio La Fuente, de la capital, atacado por saqueadores. Rivas señala a la Policía. Asegura que la Policía mató a su muchacho. Fueron varias balas, dijo. Un crimen en la impunidad. Por eso aquí estaba, cargando la foto del joven, con un listón negro en la blusa y un ramo de flores en las manos. “Me duele estar aquí”, dijo. Duele compartir este dolor con estas madres. “¡No es justo lo que nos hizo Daniel Ortega!” La rabia acumulada por más de un mes. El dolor. La indignación. “Si aquí hubiera pena de muerte, eso pidiéramos para él”. Junto a Rivas estaban las otras madres, todas cargando las fotos de sus hijos. Como Alba del Socorro García Vargas, quien lloraba el asesinato de Moroni López, estudiante de Medicina de 22 años, asesinado el 20 de abril en la Catedral Metropolitana, mientras ayudaba a socorrer a los heridos de aquel día brutal. “Siento que estoy como él, muerta”, dijo la mujer, el rostro moreno desfigurado por el dolor, los ojos negros apagados, muestra de su honda tristeza. “Me quitaron un pedazo de mi vida”, asegura la madre, que iba acompañada de uno de sus hijos, de los tres que sobreviven. El muchacho, muy delgado, llevaba una cinta amarrada a la frente con la leyenda ¡Qué vivan los estudiantes! También cargaba la foto del hermano muerto, mientras escuchaba el lamento de su madre. “Vengo a esta marcha representándolo, porque quiero justicia. No quiero que su muerte quede impune. Este fue el regalo que me dieron: ¡cómo me destrozaron! Siento un dolor inmenso”, dijo la madre. El deseo era el mismo: Que se vaya Ortega. Las madres se abrazaban y lloraban y a ellas se acercaban otras mujeres, las que llegaron a marchar con sus hijos. Y el abrazo era demoledor. ¿Cómo se puede soportar tanto dolor?
La gigantesca ola azul y blanco recorrió cuatro kilómetros de la neurálgica Carretera a Masaya. Entre ellos iba el escritor Sergio Ramírez, con una gorra también azul y blanco para protegerse del sol. Se le notaba alegre, contagiado por el sentimiento general de libertad. “Esta es una demostración de fe en el futuro”, dijo. “En Nicaragua, a pesar de la tragedia que hemos vivido y los crímenes masivos que se han cometido, el pueblo tiene fe en que la paz vendrá y la única manera de que venga la paz es la democracia”. Un grupo de muchachas se acercó al Premio Cervantes, me permite una foto, don Sergio, y el escritor paró su marcha para fotografiarse en la calle.
Aquí iba también Vilma Núñez, la incansable defensora de los derechos humanos. ¡Qué alegría!, dijo. A pesar del dolor de sus piernas, del peso de la edad, de haber vivido una y otra vez el horror de un país que repite sus tragedias, ella estaba feliz. La gente se le acercaba para abrazarla, besarla, para fotografiarse con ella. Las muchachas la agasajaban como a una madre. Gracias, le decían. Gracias. Era el reconocimiento a toda una vida dedicada a defender los derechos humanos, de denunciar la brutalidad, de cuestionar la dictadura, la de ayer y la de hoy.
masacre del Día de las Madres
Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

La masa avanzaba hacia la Rotonda Rubén Darío. Cruzaba el Paso a Desnivel de la Centroamérica. Cientos de miles de “minúsculos vandálicos” retando la fuerza del Dictador. Era la mayor demostración pacífica de la historia reciente de Nicaragua. Los capitalinos le quitaron “su” plaza y las calles a Ortega. Lo relegaron a una esquina de la ciudad en la avenida de Bolívar a Chávez, poblada por decenas de arbolatas, el odiado símbolo del poder de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. En una concentración de empleados públicos reunidos en cinco cuadras, allá, al lado del rostro amarillo de Hugo Chávez, su benefactor, habló el Dictador ante sus partidarios. “Nicaragua no es propiedad privada de nadie”, dijo Ortega. “Nicaragua nos pertenece a todos y aquí nos quedamos todos”, afirmó.



Sus palabras ni siquiera fueron escuchadas en la marcha de las madres. Aquí no interesaban. A las cinco de la tarde, la marcha terminaría frente a la Universidad Centroamericana con un evento cultural. Hablarían una de las madres de abril y un estudiante universitario, con el homenaje final a estas mujeres cuyos hijos ya son vistos como héroes. Para recordarles y recordar que no debía haber un muerto más. “¡Qué se vaya Ortega!”, gritaban. Y las balas sonaron a 100, 200 metros, en el sector de la Universidad Nacional de Ingeniería. Les disparaban desde el Estadio Nacional de Beisbol Dennis Martínez. El Dictador no solo mataba a sus hijos, sino que las amenazaba a ellas. Uno a uno fueron cayendo los heridos sobre el pavimento. Ocho muertos en Managua. Entre ellos Jorge y Edgar, Francisco y Michael, Daniel y Orlando, de apenas 15 años. Las balas tiñeron de sangre el azul y blanco que pedía libertad.