abril 5, 2026, Puebla, México

abril 5, 2026, Puebla, México

Déjame que te cuente- Tochimilco, la bajada de Cristo de la Cruz / Emma Yanes Rizo

Al pie del volcán Popocatépetl, entre una frondosa vegetación y un intenso cielo azul, se deja ver desde lejos este Viernes Santo, a la manera de una muralla, el Templo de La Asunción de Nuestra Señora de Tochimilco, Puebla, fundado por los franciscanos en 1560. Según María del Rayo Vázquez Torres, el origen de Tochimilco pertenece al siglo XII, producto de migraciones de Tula, cuando dicha población se desintegró. Es tierra de maíz, amaranto y café. Posteriormente, con la llegada de los franciscanos a la zona, como un elemento central de la evangelización, se realizaron ahí templos provisionales en espacios abiertos para impartir el ritual católico, donde se congregaba la población indígena, misma que participó en la construcción del convento. Este se construyó en dos etapas: 1540-1550 y 1560-1570. Su edificación, se dice, está basada en los tratados de Alberti y Vitrubio. Cuenta con una capilla abierta y un aljibe que se nutre del agua que transporta un acueducto con agua del volcán Popocatépetl, del cual se nutre también la enorme huerta.  

Al convento lo rodea una muralla de adobe que, sin embargo su acceso principal carece de reja, es decir, no requiere resguardo. Al entrar, se ingresa a un inmenso patio, en cuyo centro se encuentra la cruz católica. El convento resguarda en su portada un nicho con una imagen, al parecer de talavera, de la Virgen de La Asunción. En el interior, aún se conservan dos columnas cercanas al altar con frescos del siglo XVI; al igual que en el patio adyacente, donde las pinturas religiosas se entrelazan con el cordón franciscano; en ese patio vemos colgada ropa y sábanas en los barandales como si fuera una vivienda popular. Es ahí el camerino de los actores de la crucifixión en este Viernes Santo.

La escena del descendimiento de Cristo ocurre al pie de un enorme cedro, donde Jesús es recibido por la Virgen María, con dolor y resignación, a la que acompañan algunos de los apóstoles, ante el estupor del piquete de legionarios romanos. Todo ello lo escenifican jóvenes nahuas de la comunidad, que estremecen a los devotos, quienes los acompañan en la procesión a la iglesia con cantos de lamento. Es así como esta iglesia del siglo XVI mantiene viva la tradición católica de la Semana Santa. Los cirios pascuales, elaborados por artesanos y artesanas locales, las alfombras de aserrín que rodean el convento para el paso de las imágenes y la manufactura de la ropa, con telas estridentes, son parte de la tradición local, del trabajo en común y también del movimiento económico.      

La teatralidad de los principales acontecimientos religiosos de la Iglesia católica fue parte de la estrategia de la evangelización, en particular de los franciscanos, para atraer a los indígenas a la fe. La teatralidad religiosa en España es de origen medieval. Por su parte, la orden franciscana buscaba en la Nueva España la utopía de volver al cristianismo original, austero y amoroso, por lo que pusieron particular empeño en la defensa de los indígenas; se opusieron, entre otras cosas, a la explotación en las encomiendas y el pago de tributo, además de fomentar las repúblicas de indios respetando su organización interna. Fueron estudiosos de su lengua, tradiciones y costumbres, por lo que pronto descubrieron que la música, los ritos teatrales y los cantos eran esenciales para la religiosidad de los indígenas, por lo que el método persuasivo de la escenificación, en particular de la Navidad y de la Semana Mayor, fue ampliamente aceptado por los nativos. La orden ya había tenido experiencia en esa forma de atracción hacia la fe católica en España, en particular en Toledo y Valencia, con musulmanes y judíos. Y vieron en los rituales prehispánicos semejanzas que usaron a su favor.

La participación colectiva de los jóvenes tanto en la escenificación de la bajada de Jesús de la Cruz, como en el acompañamiento de los feligreses, nos habla de la cercanía que permite la religión católica a los devotos con sus ritos de fe. Dios se hizo hombre para acercarse a los humanos y sacrificó a su hijo. Ese acto ha permitido, durante siglos, la identificación de los mortales con la vida de Cristo. Y a través de la teatralidad, cualquiera de nosotros puede ser un personaje bíblico. Tan cerca y tan lejos estamos todos de Dios.

Afuera de la iglesia, dos perros duermen la siesta.